lunes, 11 de julio de 2011

Fernando de Trejo y Sanabria

Fernando de Trejo y Sanabria.

Segundo obispo de Santiago

Monseñor Fernando de Trejo y Sanabria, segundo Obispo de Santiago del Estero fue designado con el confuso título de Obispo “Del Tucumán”1. Los méritos del Obispo Trejo fueron excepcionales. Fue el Obispo de la Educación, la fundó en todos los niveles; convocó  a numerosos sínodos; edificó la nueva catedral; en su labor apostólica, ejerció una gran defensa de los derechos de los indios; pero sobre todas las cosas su gloria radica en su acción en el campo de la educación.
Fernando de Trejo y Sanabria fue el primer Obispo de origen americano en estas regiones del Imperio Español. Nació en territorio paraguayo, en la costa del océano, que actualmente es territorio brasileño.
Hijo del Capitán don Hernando de Trejo y de doña María de Sanabria, heroína de la defensa de los indígenas. Fue famosa por su acción contra los portugueses y los españoles. Actuó heroicamente en defensa de los derechos de los indios, debió cruzar  a pie la selva desde la costa oceánica hasta la capital del Paraguay.
Falleció su esposo, y en segundas nupcias nació Fernando Arias de Saavedra, conocido en la historia como Hernandarias; ilustre gobernador del Paraguay, cuya acción se extendió hasta el Río de la Plata.
Trejo ingresó a la orden franciscana en Lima, en mayo de 1569, a los quince años. Se ordenó sacerdote a los veintidós años.
El Consejo de todas las Indias propuso su nombramiento al Rey Felipe II el 30 de mayo de 1592 como candidato al Obispo Trejo “por sus dotes de letrado y predicador y de muy loable vida y costumbres” para suceder a Monseñor Francisco de Victoria, siendo provincial de la orden en Perú. Además sabía la lengua de los naturales.
El virrey García de Mendoza aprobó la designación, el archivo general de Indias y la audiencia de Charcas la presentaron ante el Vaticano.

Acción pastoral
Durante su obispado llamó a tres sínodos, el primero de los cuales durante el primer año, 1599. Los siguientes sínodos los llamó en 1606 y en 1607. El primer sínodo tomó resoluciones fundamentales para la organización de la Iglesia. Adoptó como normas las resoluciones del Sínodo Limense Tercero. Es notable la organización interna en el Concilio donde se reservaron asientos para distintas personalidades señalando los lugares de reuniones, horarios, designación de consultores, y reservando una cátedra para el obispo. Se establecieron cincuenta y cinco constituciones elaboradas por el sínodo. Las resoluciones pueden dividirse en tres consignas:
a) Doctrinas
b) Sacramentos
c) Diversas materias
Punto fundamental fue lo referente a las reducciones de indios, para ser adoctrinados con comodidad. Para ello debían reunirse en reducciones, delegando al gobernador vigilar el cumplimiento y además la presencia de un fiscal en cada poblado aborigen, es decir “un indio de buen ejemplo, casado de cuarenta años”, encargado de cuidar el orden en cada una de las comunidades. Debía vigilar el buen trato de los indígenas, para “impedir muchas crueldades que exceden los límites de la justicia humana y la piedad cristiana”.
En cuanto a la enseñanza de la doctrina y práctica de los sacramentos, especialmente bautismos y confesiones. La instrucción debía ser dada en idioma aborigen, para lo cual tradujeron los catecismos redactados en el Sínodo Limense Tercero. El objetivo principal era promover la cristianización y la civilización de los aborígenes.
Su acción en beneficio de los indios fue prioritaria. En esto tuvo un gran apoyo de la Compañía de Jesús, a tal punto que molestó a los españoles. La Compañía debió alejarse de Santiago del Estero, y concentrar su acción en Córdoba.
Resolver el problema de la escasez de sacerdotes fue una acción prioritaria del Obispo. Había encontrado solamente cuatro en la Diócesis, y en 1610 escribía al monarca: “Tengo hoy cuarenta y seis doctrinantes y curas, habiendo hallado cuando entré en este Obispado, solamente cuatro clérigos que los adoctrinaba”. En esa tarea logró la colaboración de distintas órdenes religiosas: mercedarios, dominicos, franciscanos y jesuitas.
El Obispo Trejo dedicó gran parte de su gobierno a la construcción de la Catedral, para lo cual solicitó apoyo económico a distintas organizaciones, no solicitando tributos sino ayudándolos él mismo con sus rentas. La Catedral de Santiago del Estero ya estaba construida antes de iniciarse la de Córdoba.
La principal orientación del Obispado de Monseñor Trejo y Sanabria, fue la educación. Al hacerse cargo de sus funciones, el había manifestado que se dedicaría fundamentalmente a organizar la educación en todos sus niveles. Inició su escuela primaria.
Desde el primer Sínodo de 1597, y dando cumplimiento a la Real Cédula de Felipe II de 1592 que mandaba la fundación de seminarios en las Diócesis de las Indias, decidió la erección del primer seminario en Villa Nueva Madrid de las Juntas. La principal dificultad era la obtención de recursos para la manutención, para lo cual solicitó la contribución de los padres de los alumnos. Sin embargo no existe documentación fehaciente sobre si realmente este seminario funcionó.
En 1609 el Rey dictó una Real Cédula, poniendo el seminario bajo la dirección de la Compañía de Jesús. El Superior Jesuita Padre Diego de Torres, el 11 de noviembre de 1611 levantó Acta ante notario fundando el seminario de Santa Catalina, cuyo nivel docente era universitario y siendo su primer rector el padre Juan Romero.
En la erección de esta obra, el Obispo prometió ceder a la Compañía de Jesús la suma de veinte mil ducados, para que se pudieran construir casa e Iglesia en Santiago y atender el seminario. En el mismo acto hizo donación de todos los bienes que hubiere a su nombre, con el mismo fin.
Este es el punto de partida de lo que en Argentina se ha dado en llamar Enseñanza Superior. Cabe aclarar que los jesuitas debieron salir de Santiago del Estero por su prédica a favor de los aborígenes, lo cual provocó violentas reacciones. Trasladados los jesuitas a Córdoba la erección formal de la Universidad por resolución del Vaticano y del gobierno imperial, se realizó posteriormente en Córdoba. Así es como se erigió el seminario convictorio San Francisco Javier el 26 de julio de 1613 siguiendo el modelo del que se existía en Lima, confiando su dirección a los jesuitas. En 1610 el Padre Diego de Torres, provincial de los jesuitas, había instalado el colegio máximo en Córdoba, pero por falta de recursos y por la oposición contra la orden a favor de los jesuitas, debió ser trasladado provisoriamente a Santiago de Chile.
A pesar de su múltiple acción, que se extendió al cumplimiento de su acción apostólica, a su acción a favor de los indios, a la acción política a favor del puerto de Buenos Aires, a cumplir las resoluciones de los Sínodos; la gloria mayor del Obispo Trejo es en materia de educación.
Organizó de acuerdo a su deseo original, la educación primaria, la educación secundaria, particularmente los seminarios, y sobre todo su gran iniciativa de elevar la educación hasta los niveles más altos, es decir la fundación de la primera universidad en territorio nacional.
La intensidad de su múltiple actividad para lo cual se trasladaba a los centros de su acción pastoral y civilizadora en su dilatada diócesis, afectaron su salud. Solicitó por carta al Rey Felipe II el 12 de mayo de 1607 “que se le hiciera la gracia de ser trasladado a Perú”, donde encontraría mejor atención, pues sus enfermedades y vejez no permiten otra cosa. Encontrándose de visita pastoral en Córdoba en 1614, se hospeda con los jesuitas; sintiéndose restablecido quiso regresar a su sede en Santiago del Estero y sin escuchar consejos partió. En el camino se agravó y falleció el 21 de diciembre de 1614.
Sus esfuerzos pastorales fueron tan intensos que realmente entregó su vida en el ejercicio de su obra.
La obra múltiple de Fernando de Trejo y Sanabria merece ser reconocida. Su principal gloria es haber promovido la educación en todos los niveles. Y por ello también merece el título de Patrono de la Educación en Argentina.

1 Digo que es una designación confusa, porque por tradición milenaria de la Iglesia el título de los obispos fue siempre el nombre de la ciudad sede en la cual actuaba. Esta excepcional designación fue posible, seguramente por la escasez de conocimientos que tenían en Europa tanto las autoridades del Imperio como las de la Santa Sede, sobre estos lugares remotos.

Bibliografía consultada
Achával, José Néstor: Historia de Santiago del Estero. Siglos XVI – XIX. Ediciones Universidad Católica de Santiago del Estero. 1988.
Achával, José Néstor: Historia de la Iglesia en Santiago del Estero. Siglos XIX y XX. Ediciones Universidad Católica de Santiago del Estero. 1993
Alen Lascano, Luis C.: Historia de Santiago del Estero. Editorial Plus Ultra.  1996.

De un artículo de Néstor Rné Ledesma en Sitiales, libro editado por la Academia de Ciencias, Artes y Letras. 

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