martes, 12 de julio de 2011

Rafael Delgado Castro

El kakuy esculpido por Rafael Delgado.

La escultura

Fundador de un linaje de artistas, Rafael Delgado Castro, nació en 1889 en la Córdoba española. Dicen que su llegada a la Argentina, a los 20 años, fue para dar con el paradero de uno de sus hermanos, que había huido de la Guerra Civil Española a comienzos del siglo XX.
Llegó a Buenos Aires con sus títulos de ebanista, escultor, aparejador y constructor. Pero la gran ciudad no lo sedujo y llegó así a Córdoba, donde trabajó como maestro en la construcción de la Iglesia del Carmen.
Poco tiempo después de crear una escuela de dibujo y escultura, por primera vez emprendió viaje hacia la capital santiagueña, con la propuesta de construir una casa. Lo que debió ser un viaje de trabajo, se convirtió en un cambio de vida. Había algo en la gente que despertó la atención del artista, su idiosincrasia, su cultura fueron motivo para que se radicara definitivamente en Santiago en 1912.
Impresionado por los mitos y leyendas encontró los materiales para su expresión artística en la madera del bosque; quebrachos y algarrobos dieron vida a sus primeras creaciones entre las que se puede citar El Hachero, Abuela Quichua y Aborigen (donada por el Ministerio de Instrucción Pública de la Nación al presidente de Brasil, Getulio Vargas).
Se destacó como constructor, arquitecto y frentista de importantes edificios públicos y privados de la ciudad: la biblioteca Sarmiento, la Sociedad Española, el Banco Hipotecario, ornatos de la capilla de las hermanas franciscanas, panteón funerario de las hermanas dominicas.
En 1940, le encargaron el diseño y realización del monumento al kakuy, la leyenda popular de la mujer pájaro, que por entonces no era demasiado conocida y que hoy adorna el parque Aguirre.
Recorrió casi todo Santiago junto a Orestes Di Lullo y comenzó destacadas investigaciones arqueológicas de la cultura chaco-santiagueña, fundando junto a Alejandro Gancedo y el doctor Bustos Argañarás el Museo Arcaico, hoy Museo Arqueológico, con el aporte de más de 4.500 piezas.
En el año 1945, dejó el trabajo activo y cedió el taller a su hijo Roberto.
Sus magistrales obras constituyen un documento histórico y artístico, que registró apasionadamente hasta su muerte en Santiago en 1957.

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