jueves, 8 de octubre de 2015

Los que fundaron Santiago


Los que llegaron con los conquistadores, vida, obra

Abad, Alonso (n. 1526 † 1595): Vino con Núñez de Prado, a quien acompañó en las fundaciones del Barco I, II y III (1550, 1551 y 1552); acompañó a Aguirre en la de Santiago del Estero (1553); formó parte de la población de San Miguel de Tucumán en 1565; y en 1582 acompañó a Lerma a fundar Salta. En 1577, mientras seguía a Abreu en la  conquista del valle del Calchaquí, seguramente exasperado por su incapacidad y exigencias, decidió abandonarlo para regresar a Santiago del Estero, junto a Pérez Moreno, Blázquez, García Sánchez y Lorenzo Maldonado. Abad ocupó muchos cargos en la ciudad de Santiago del Estero, como procurador general (1585) y regidor (1590).  En 1585 realizó una importante información destinada a probar los servicios  prestados por los vecinos de Santiago del Estero, en la fundación de las ciudades de San Miguel de Tucumán, Talavera, Córdoba y Salta.

Blásques (o Blázquez), Santos (n. 1525): vino al Tucumán con Núñez de Prado y los acompañó en las tres fundaciones de El Barco. Luego acompañó a F. de Aguirre en la fundación del Sgo. del Estero y en la pacificación de los calchaquíes, salavinas y sanavirones que estaban en guerra. Luego, con Pérez de Zurita estuvo en las fundaciones de Córdoba del Calchaquí y Cañete. Y acompañó a Mejía de Miraval cuando éste prendió al cacique Chumbicha. Cuando la gobernación de Castañeda, se vio hostilizado por él y cuando aquel abandonó la provincia, fue uno de los que la defendió con más ahínco del asedio al que la sometieron los indios. Fue alcalde ordinario cuando el gobierno de Diego Pacheco, en 1656. Estuvo en la fundación de Nuestra Señora de Talavera y en la pacificación de los indios de Esteco, con Juan G. Bazán. Tuvo malas relaciones con el gobernador Abreu, tanto que en una de las expediciones al calchaquí, junto con tres capitanes lo dejaron en la quebrada y regresaron a Santiago del Estero.

Cano, Juan (n. 1525): fue uno de los hombres de refuerzos –con Juan Vázquez y Alonso Díaz- que llegaron para Núñez en 1552. Fue herido de varios flechazos en un combate contra los indios. Asistió a la fundación del Barco III. Fue a Chile y regresó de allí con refuerzos y sacerdotes para Santiago del Estero, donde fue regidor (1567) y alcalde (1583, 1585 y 1587). Acompañó a Pacheco en la fundación de Talavera y a Cabrera en la de Córdoba.

Carvajal Francisco de: hubo dos conquistadores con el mismo nombre. El que acompañó a Núñez de Prado tomó parte de la fundación del Barco I, II y III. Y el que acompañó a Aguirre al fundar Santiago de Estero y a Zurita al fundar Cañete. Debió participar en la pacificación de los indios y en 1562 socorrer a Londres, Cañete y Córdoba cuando fueron atacadas. Fue alcalde de Santiago del Estero en 1569. Cuando el gobierno de Pacheco, viajó con Nicolás Carrizo acompañando un convoy de mercaderías al Perú.

Contreras, Alonso de (n. 1521 † 1591): acompañó sucesivamente a Bazán, a Pérez de Zurita y a Carrizo a pacificar a los naturales. En 1557, cuando entraron a Santiago del Estero partidarios de Núñez de Prado y prendieron a las autoridades, Contreras fue uno de los que más tarde detuvo a los sediciosos y encargado de llevarlos presos a Chile. Asistió a la población de Córdoba del Calchaquí, Cañete, Talavera de Esteco y estuvo en  Londres. En 1562, cuando Castañeda abandonó la gobernación, Contreras con otros  vecinos de Santiago del Estero debió concurrir a socorrer primero a Londres, luego a Córdoba y finalmente a Santiago del Estero de los ataques de los indios. Acompañó a Villarroel en la fundación de San Miguel de Tucumán. En 1567 fue regidor de Santiago del Estero y alcalde con Lerma. Como Contreras desobedeció la orden de Lerma de detener a los sacerdotes Vázquez y Solís, fue desposeído de los indios de su repartimiento. En la oportunidad Lerma manifestó, respecto de Contreras, que “era un villano, que había que echarle la ventana abajo y que debía amanecer ahorcado una mañana”. Acompañó a Cabrera en la expedición a los comechingones, a Gaboto y en la fundación de Córdoba.

Díaz Caballero, Alonso: Acompañó a Núñez de Prado y fue uno de los fundadores del Barco I, ciudad de la cual fue regidor. Fue enviado con el minero Pedro Jiménez  a buscar oro y fue uno de los primeros conquistadores del Tucumán en encontrarlo. Acompañó a Pérez de Zurita en las fundaciones de Londres, Córdoba del Calchaquí y Cañete, ciudad en la que fue justicia mayor (1560). Al ser destruida por los indios la ciudad de Cañete, Díaz Caballero fue el único en salir con vida. Estando en Potosí (21 de enero de 1564) envió una carta al Rey en la que le sugiere separar al Tucumán de la gobernación de Chile. Le informó de los inconvenientes que esa unión ocasionaba, de las hostilidades de Francisco de Villagra contra Núñez de Prado y que ése debió mudar la ciudad del Barco desde donde estaba, en el valle del Quiri Quiri, unas 25 leguas más arriba para –precisamente- para salir de la jurisdicción de Pedro de Valdivia.

Garnica, Nicolás de (n. 1529): “hombre noble y principal”, era contador del Rey, participó activamente en la conquista de Chile, donde ocupó las funciones  de contador, tesorero, veedor de la real hacienda, regidor, escribano y alférez del Cabildo de Santiago de Chile. En 1579 lo designaron oficial real en Potosí. Fue uno de los primeros soldados de F. de Aguirre, con quien cruzó los Andes y entró en el Barco III. Lo acompañó en todos sus descubrimientos y en mérito a ello, el conquistador le otorgó el repartimiento de Guacaragasta. Valdivia le otorgó dos encomiendas en Chile.  Con su mujer Da. María (de la que se desconoce su apellido), tuvo tres hijos: Martín López de Garnica, Juan de Garnica y María de Garnica, esposa de García de Medina (hijo de Gaspar).  

Luna, Luis de (n. 1520): llegó desde Chile en 1557 con Pérez de Zurita, fue fundador de Londres y tras ser destruida por los indios, se refugió en Santiago del Estero, la que defendió de los ataques de los indios. Acompañó a Aguirre y a Carrizo a pacificar a los naturales; más tarde a Villarroel en la fundación de San Miguel de Tucumán; y por último fue con Cabrera a fundar Córdoba.

Maldonado, Lorenzo (n. 1519): Vino con Núñez de Prado, fue fundador y regidor del Barco I. Fue quien le advirtió a Núñez de su debilidad ante Villagra y le pidió a padre Carvajal que intermediara para evitar mayores complicaciones. Asistió a las fundaciones del Barco II y III, de la que fue regidor. Y el mismo cargo en Santiago del Estero al fundársela. Más tarde aparece un homónimo.

Mansilla, Bartolomé de: uno de los primeros capitanes de la conquista. En 1556 fue con Mejía de Miraval y otros cuatro compañeros hacia Copiapó, Chile, a solicitar auxilios para Santiago del Estero a Francisco de Aguirre. En 1567 fue alcalde de Santiago del Estero. Asistió a la fundación de Córdoba. En 1581, cuando se estaba juntando gente para fundar la ciudad de Salta, Mansilla –que era procurador general de la capital de la provincia- pidió al gobernador que no consintiese en llevar -ni llevase- toda la gente de la ciudad para la de Salta, porque Santiago se quedaría sola y desamparada. Debido a ese pedido, Lerma llamó “bellaco” a Mansilla y a quienes lo acompañaban; lo mandó prender y lo metió preso en compañía de negros, indios y mulatos, y lo liberó  recién al cabo de varios días. Y como pena accesoria, lo envió a la fundación de Salta. En 1582 fue alcalde.

Medina, Gaspar de (n. 1530 † 1598): se desconoce con exactitud el lugar de nacimiento. Provenía de familia noble, era hijodalgo. Medina estuvo íntimamente vinculado a Francisco de Aguirre. Al cruzar F. de Aguirre la cordillera de los Andes para venir al Tucumán, entre su ejército de 60 soldados se encontraba D. Gaspar. Cuando Aguirre fundó Santiago del Estero en 1553, Gaspar de Medina fue el escribano mayor de la gobernación y al momento en que Aguirre fue detenido y enviado prisionero (1557), Medina era su secretario particular. Lo acompañó en La Serena (1549), en la conquista de los diaguitas, en la pacificación de los calchaquíes y cuando regresó a Chile tras el fallecimiento de Valdivia. Tan leal le era al conquistador, que cuando gobernaron Pérez de Zurita y Castañeda, Medina no intervino en los asuntos de la gobernación.
Cuando se produjo el motín contra Aguirre dirigido por Berzocana y Heredia, Medina acompañado por Ardiles, Carrizo y Pérez Moreno lo sofocaron, restituyeron la autoridad y Medina tras un juicio sumario decapitó a esos revoltosos. En San Miguel de Tucumán fue alcalde y regidor, acompañó a Cabrera en la fundación de Córdoba.
El capitán Medina era un hombre muy valiente, cuando con Aguirre entraron en el valle del calchaquí, fueron cercados por casi 4.000 indios. Aguirre y Medina los enfrentaron denodadamente y los hicieron huir matándoles mucha gente. En el  alzamiento de octubre de 1578 del cacique Gualán, Medina lo enfrentó y le dio muerte con su espada, lo que produjo un gran temor entre los indios.
Durante el gobierno de Pacheco vivió en San Miguel de Tucumán, donde fue teniente, alcalde y regidor. Acompañó a Cabrera en la fundación de Córdoba.,
Cuando llegó a Santiago del Estero Hernando de Lerma, Medina sufrió una serie de persecuciones e injusticias, encarcelado, privado de sus bienes y de los de su esposa, tuvo que emigrar y refugiarse en Charcas (1585). Cuando asumió como gobernador Ramírez de Velasco, llegó a La Plata en 1585, donde fue visitado por todos los expatriados que estaban allí por culpa de Lerma y tras conversar con él, regresaron todos a Santiago del Estero.  Viviendo en La Serena, Medina contrajo matrimonio con doña Catalina de Castro. De ese matrimonio nacieron García, Luis, doña Bárbola, Juan, Isabel, Diego y Gaspar (h). García se casó con María de Garnica.
Su primera esposa, Da. Catalina de Castro, era hija de Garci Díaz de Castro, sevillano, expedicionario a Chile con Almagro; acompañó a Pedro de Valdivia cuando fundó Santiago (de Chile). Fue su madre doña Bárbara Coya, sobrina del rey Inca del Perú. Era nieta de Manco II, el inca soberano del Perú, hijo de Huayna Cápac. El nombre “Coya” predicaba su estirpe, así denominaban a la mujer del Inca y a sus hijas, y significaba reina.
Al fallecer su esposa doña Catalina, contrajo nuevo matrimonio, esta vez con doña Lorenzana de Arroyo. Gaspar de Medina falleció en 1598 y fue enterrado en la iglesia de San Francisco, detrás del altar mayor (Luque Columbres, Carlos A.: “Gaspar de Medina, Conquistador y Genearca”, Universidad Nacional de Córdoba, 1948).

Mejía de Miraval, Hernán (n. 1531 † aprox. 1596): Uno de los conquistadores que merece un párrafo especial es este sevillano, que vino al Nuevo Mundo a probar suerte. Llegado al Perú, se unió al licenciado La Gasca. Durante 40 años prestó servicios continuos a la causa del rey en el Tucumán y contribuyó a fundar muchas ciudades. Ningún conquistador puede presentar mejor probanza de méritos y servicios que él.
En el Tucumán se destacó por su austeridad, valentía lealtad y obediencia a la autoridad, salvo en la época del arbitrario Lerma, en el que tuvo que emigrar al Perú como tantos otros perseguidos, para luego regresar a Santiago del Estero junto a Ramírez de Velasco. Fue consejero y guía de los gobernadores Núñez de Prado, Francisco de Aguirre, Pérez de Zurita, Pacheco, Castañeda, Abreu, Cabrera y Ramírez de Velasco.
Contribuyó con su acción y aportando bienes de su hacienda en las fundaciones de las ciudades del Barco, Cañete y San Miguel de Tucumán. Antes de fundar Cañete, Aguirre le ordenó recorrer la región y someter a los aborígenes, lo que hizo con toda eficiencia. Junto a Julián Sedeño, Mejía aprehendió en los valles a Chumbicha, el hermano del cacique Juan Calchaquí, circunstancia que permitió pacificar la región y fundar allí la ciudad de Córdoba, en 1560. Acompañó a Juan de Garay al descubrimiento del Río de la Plata.
Cuando el feroz ataque indígena a San Miguel de Tucumán, su decisión y rapidez salvó a la ciudad de una completa destrucción y de la muerte a sus habitantes. Mientras estaban cercados, llegó a Santiago del Estero la noticia del ataque y Mejía de Miraval, en una hora reunió a 30 hombres dispuesto a socorrerla. En un día y una noche recorrió velozmente las 25 leguas de distancia que separaban con Tucumán y pudo auxiliar con todo éxito a Gaspar de Medina y a su gente. Mejía comandó la expedición en búsqueda del “Mesón de Fierro”, en el año 1575. Salvo la función de gobernador, Mejía de Miraval ocupó casi todos los cargos administrativos, inclusive teniente de gobernador (con Abreu, en 1579). Con Cabrera fue regidor y capital general de la ciudad de Córdoba.
En 1590 fue enviado a España, vía Lima-Panamá, como procurador de las ciudades de Santiago del Estero, San Miguel de Tucumán, Córdoba y Talavera. Sus representadas le habían encomendado gestionar ante el Rey una serie de beneficios, como encomiendas por cuatro vidas, mercedes, autorización para comprar negros del Brasil y utilizarlos en lugar de los aborígenes; para el gobernador Ramírez de Velasco gestionó el título de adelantado y gobernador de todas las tierras existentes hasta el Estrecho de Magallanes; solicitó para sí mismo el título perpetuo de mariscal general de la gobernación, como también  el derecho a ocupar el cargo de gobernador del Tucumán cuando faltase el titular. A partir de 1596 no se tienen más noticias de él. Su yerno, Francisco de Argañaraz informó que su suegro había fallecido en Madrid mientras efectuaba esos trámites.
En la vida personal o afectiva del valeroso conquistador Mejía de Miraval, hay que destacar dos etapas: la primera, su concubinato con una india llamada María; y la segunda, su matrimonio formal con una española, doña Isabel de Salazar.
En 1553 el cacique de una de las tribus de los juríes, señor del Mancho, de la provincia de Santiago del Estero, le habría entregado a Hernán Mexía de Miraval una hija suya bautizada con el nombre María. Aparentemente -y para entonces- los pueblos de aborígenes tenían como práctica el ofrecer sus mujeres a los conquistadores en prueba de amistad o de alianzas, o bien  para establecer una convivencia pacífica. En el testamento que medio siglo después hiciera María del Mancho o María de Mexía, manifestó que tuvo con el conquistador una amorosa relación larga y fructífera de más de quince años.  De la unión nacerían cuatro hijos (tres mujeres y un varón) que vendrían a ser la primera generación de criollos en nuestro país. Cuando debió separarse de su mujer india para casarse con una española, la casó con otro español y a sus hijas mestizas habidas con ella,  Mejía las llevó al Perú para educarlas como españolas y para que se casasen allí. Mejía reconoció formalmente a esos hijos extramatrimoniales asumiendo sus responsabilidades paternas y deberes de su crianza. De una de esas hijas con María desciende el general Román Antonio Deheza (1781-1850), soldado de la Independencia, del ejército libertador de Chile y de Perú, y que fuera gobernador de Santiago del Estero (Ávila, Hebe Luz: “Tejer la identidad: los hilos que conforman la trama”, 2009).
Hacia 1566 Mejía de Miraval se casó formalmente con la española doña Isabel de Salazar, que era una joven a quien los araucanos mataron sus padres en Chile cuando ella tenía 10 años y la raptaron. Liberada luego de un largo cautiverio, ella fue una de las nueve doncellas españolas huérfanas que trajeron desde Chile, Gaspar de Medina y su esposa, con el objeto de casarlas con conquistadores.
De este matrimonio nacieron tres mujeres y un varón: Clara Leonor, que se casó con el capitán Tristán de Tejeda; Bernardina, que se casó con el capitán Francisco de Argañarás y Murguía y Ana, casada con el capitán Alonso de Cámara. Hernando Mejía, que fue fraile.
Del matrimonio de doña Leonor con Tristán de Tejeda nacieron cuatro varones y tres mujeres, todos casados con otros tantos hijos de conquistadores. Tejeda fue un importante capitán a quien el gobernador Zárate puso al frente de las tropas del Tucumán que en 1594 debieron marchar raudamente para defender la ciudad de Buenos Aires, amenazada por corsarios ingleses.
Del matrimonio de doña Bernardina con Francisco de Argañarás y Murguía, nacieron varios hijos, entre ellos Francisco de Argañarás y Murguía, que fuera capitán, justicia mayor y procurador de Santiago del Estero (en 1728) y fue el fundador de San Salvador de Jujuy. De ellos descienden ilustres familias, entre ellos Sánchez de Bustamante, González Araujo, Tezanos Pinto, el general Martín Güemes y el presidente José Evaristo Uriburu.
El padre Hernando Mejía fue quien levantó el primer convento establecido en territorio argentino.
Cuando doña Isabel enviudó de Mejía de Miraval, contrajo nuevo matrimonio con el capitán Alonso de Vera y Aragón, fundador de Concepción del Bermejo. Era muy común en esa época que cuando fallecía un conquistador, dejara a su esposa e hijos en la pobreza, como lo fue este caso puntual. Y que la viuda contrajera un segundo y hasta un tercer matrimonio. A lo largo de esta obra el lector lo podrá comprobar.
Al fallecer Vera y Aragón, Da. Isabel heredó las encomiendas que él poseía en Concepción del Bermejo, pero como el gobernador Hernandarias era enemigo de su marido, injustamente se las quitó. En 1611 ella escribió al Rey solicitándole se las devolviera, carta que llevó su hijo del primer matrimonio, Hernando Mejía, sacerdote dominico. Fundaba su pedido en que eran encomiendas otorgadas por “dos vidas” a Vera y Aragón, y que como él no había tenido descendencia le correspondía a ella la “segunda vida”, por ser su  viuda.

Pérez Moreno, Juan (n. 1520): integró la expedición de Diego de Rojas y luego la de Núñez de Prado. Participó en las tres fundaciones de la ciudad del Barco y la mudanza que efectuara Aguirre en 1553. Acompañó a Francisco de Aguirre en sus incursiones por el río Salado. Acompañó luego a Pérez de Zurita en las fundaciones de Londres, Cañete y Córdoba. Cuando el ataque a Cañete, Castañeda envió desde allí a Pérez Moreno a Santiago del Estero en busca de ayuda. Fue un defensor de la capital ante los ataques de los indios. Formó parte de la fundación de San Miguel de Tucumán, acompañando a Villarroel. Junto con Medina, Carrizo y Ardiles restablecieron la autoridad real en Santiago del Estero, cuando la insurrección de Berzocana y Heredia en la que se apoderaron del gobierno. Participó luego en la fundación de Talavera y de Córdoba. Cuando la rebelión de los indios Olcos y tras el triunfo de ellos ante el capitán García Sánchez, el gobernador Cabrera envió a Pérez Moreno con 40 soldados y éste los puso en fuga. También derrotó levantamientos de naturales en Silípica, San Miguel y Saliaguyta. Abreu lo llevó consigo cuando su jornada en el valle del Calchaquí y la fundación de San Clemente (1577). Cuando los indios atacaron y quemaron San Miguel (1578), se destacaron en su defensa G. de Medina y Pérez Moreno.  Abreu nombró a Pérez Moreno como su teniente de gobernador, pero lo destituyó al año siguiente por no cumplir la orden de apresar a Alonso de Vera. Abreu hostigó a Pérez Moreno, al igual que a los antiguos conquistadores. En cierta oportunidad el gobernador lo llamó “bellaco, panadero, hijo de la partera”, agregando: “¡queríais ir a Chuquisaca a decir mal de mí; voto a Jesús que os ahorque al uno de los pies y al otro del pescuezo!” (en ese momento Pérez Moreno se encontraba junto con Andrés de Herrera). En otra oportunidad Abreu hizo encerrar a Pérez Moreno en una despensa del Cap. Pedro Cobo, que estaba repleta de cosas que olían mal. Ante tales humillaciones optó por irse del Tucumán, regresando con Ramírez de Velasco. Fue alcalde (1592) y teniente de gobernador (1597).  Pérez Moreno se había casado con una hermana de la mujer de Hernán Mejía de Miraval y vivió más de 100 años.

Rentería, Martín de (n. 1516): entró al Tucumán con Diego de Rojas y Francisco de Mendoza hasta el Río de la Plata (1542/1546). Estuvo en la provincia de diaguitas explorándola por más de un año, por las actuales Catamarca, La Rioja y San Juan. Pasó a la provincia de comechingones y defendió el fuerte de Malaventura. Cuando Mendoza fue muerto por sus soldados, Rentería volvió a las provincias de los diaguitas y los juríes, para descubrir el Salado y los lules. Regresó al Perú en 1546 y participó de la guerra civil luchando contra Pizarro. Volvió al Tucumán con Núñez de Prado, asistió a la fundación del Barco I, donde lo eligieron como su primer alcalde (1550). El gobernador Núñez lo envió con 20 hombres a explorar y conquistar nuevas tribus, haciendo poner cruces en los pueblos que sometía, dando a entender a los naturales que era para que los conquistadores cristianos supieran que estaban en paz y no les hicieran daño ni les quitasen sus haciendas. Más tarde con Núñez recorrió el Salado buscando una nueva ubicación para su ciudad. Estaba con Núñez de Prado cuando éste ordenó atacar el campamento de Villagra, con tanta mala suerte, que luego debió rendirse. Tras la capitulación de Núñez, Villagra designó a Rentería como alcalde. Al fundarse el Barco II, Rentería fue también alcalde (1551). Estaba en el Barco III, cuando F. de Aguirre se apoderó de ella ordenó la mudanza de la ciudad al nuevo sitio y con nuevo nombre. Posteriormente fue regidor, cabildante, teniente de gobernador (1554), alcalde (1556) y tesorero (1569).

Rodríguez Juárez, Juan (n. 1529): llegó al Tucumán con Núñez de Prado a quien acompañó en las tres fundaciones del Barco y luego Aguirre lo hizo prisionero. Acompañó a Pérez de Zurita en las fundaciones de Cañete, Londres y Córdoba. Participó en las luchas contra los indios de las provincias de Guatiliguala, Olcos, Socotonio y Lules (1558/1561). Acompañó a Castañeda a fundar la ciudad de Nieva, y tuvo que defender la gobernación y Santiago del Estero cuando ese gobernador huyó a Chile. Asistió a la fundación de San Miguel de Tucumán, fue teniente de Aguirre en 1565, y tomó parte en la campaña contra los comechingones (1566). Socorrió a Talavera y fue con Carrizo escoltando un convoy de carretas con mercaderías que desde Santiago del Estero se envió a Charcas. Asistió a la fundación de Córdoba (1573). Fue alférez de la expedición al Paraná y socorrió a Juan de Garay contra el ataque que le preparaban los indios. Como premio a sus servicios se le otorgó un repartimiento de indios en Carcarañá. Se enemistó con el gobernador Lerma, quien ordenó su detención y lo tuvo engrillado. En otra oportunidad, pudo Rodríguez Juárez escapar de la orden de arresto y en venganza Lerma le quitó todos los indios de su repartimiento, los del servicio de su casa y hasta las amas que cuidaban a sus hijos, lo que provocó la muerte de hambre de un nieto, por falta de leche. Sus hijos fueron Pedro Rodríguez Juárez y Juan Juárez Babiano, ambos fundadores de la ciudad de Salta.

Rosales, Blas de  (n. 1514 † 1573): vino con Núñez de Prado, a quien acompañó en las tres fundaciones del Barco y fue uno de sus más destacados soldados. Estuvo con Francisco de Aguirre cuando fundó Santiago del Estero y fue regidor, oficial real de hacienda (1554), alcalde (1554). En 1555 fue a Chile por socorros para la ciudad. Asistió a la fundación de Córdoba (1573) y fue alcalde de su primer Cabildo. Recibió de Cabrera una encomienda en una zona de indios rebeldes. Fue muerto por los indios en un alzamiento.
Sánchez, Garci (n. 1527): vino con Núñez de Prado y lo acompañó en las tres fundaciones del Barco. Cuando este gobernador fue desterrado por Aguirre a Chile, lo acompañó. Regresó al Tucumán y acompañó a Pérez de Zurita en la fundación Londres, Córdoba y Cañete, ciudades a las que luego intentó defender. Ayudó a fundar Talavera. Fue uno de los soldados que abandonó en 1577 a Abreu en el valle del calchaquí por no estar de acuerdo con él. Ocupó las funciones de alcalde (1582), teniente de gobernador de Lerma (1584), regidor (1587, 1599 y 1601).

Sedeño, Julián (n. 1526): uno de los primeros conquistadores del Tucumán, entró con Núñez de Prado, a quien acompañó en las tres fundaciones del Barco, y a Francisco de Aguirre cuando el traslado de 1553. Exploró el territorio y regresó con muestras de oro descubiertas en el valle del calchaquí. Fue regidor del primer Cabildo santiagueño y en 1556. Junto a Mejía de Miraval y Nicolás de Garnica, encabezó una expedición punitiva contra los indios lules. Cuando el gobierno de Pérez de Zurita, dirigió la conquista y pacificación del calchaquí con el objeto de fundar Córdoba. En 1559, efectuando una redada, Sedeño y Mejía de Miraval prendieron al cacique Chumbicha, hermano del cacique Juan Calchaquí, lo que motivó la sumisión de las tribus.
 (Tomado del libro “Historia de Santiago del Estero – Muy Noble Ciudad (Siglos XVI a XVIII)”, de Antonio Virgilio Castiglione)



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