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viernes, 20 de noviembre de 2015

César Cisneros de la Hoz

César Cisneros de la Hoz
Poeta, escritor, editor

En la década del 90 irrumpe en el ámbito cultural santiagueño, un joven y apuesto caballero, talentoso y emprendedor de notoria presencia en actos literarios, conferencias, paneles, afianzándose con una nota de adhesión, un poema de su autoría o con su elocuente participación.
Su nombre es César Cisneros de la Hoz, que de inmediato se integra al grupo literario “Reencuentro”, a la Sociedad Latinoamericana de Artes y Ciencias, a la Sociedad Argentina de Escritores, al Alero Quichua Santiagueño, entre otros. Editó sus propias producciones. Pubicó 67 plaquetas culturales, los libros “Llamaradas”, “Amáraka (tierra de los inmortales), “33 sonetos de amor” y “Don Señor”, trabajo documentado de la obra filantrópica de Belindo Farías.
Editó además “Estampas sureñas”, libro de Antonio Garzón, con un comentario de tres páginas, el periódico cultural “Adelante”, del cual es director y editor, la revista cultural “Reencuentro”. Publicó comentarios y críticas culturales en diarios y revistas.
En estos momentos tiene en prensa la edición de la “Historia de Atamisqui” y se propone la publicación de “Rosa del monte”, novela ambientada en los años 40 hasta la fecha en el norte del país, “El pensamiento político”, ensayo, recaba antecedentes para publicar la biografía de Felipe Corpos. Además, se propone dedicar más tiempo al trabajo editorial en favor de aquellos escritores que hasta hoy no tuvieron posibilidades de editar.
Disertó en el café Tortoni, en la Casa de Santiago, en la Feria Internacional del Libro, en el salón cultural de arte y en el centro cultural Lugones, todos de la Capital Federal, en Santiago del Estero y en toda la provincia.
En Wilde, provincia de Buenos Aires, con auspicios de la municipalidad de Avellaneda, promueve la publicación de la separata “Siembra temprana”, con pequeños poemas de niños de 5 a 14 años, trabajos que serán incorporados al libro “Mi pequeño carozo”. Ya publicó tres separatas con diez poesías cada una, por lo que recibió sendas plaquetas de plata, en reconocimiento a su trabajo. La radio de frecuencia modulada Wilde, también lo premió en 1994, 1995 y 1996.
El salón de arte del café Tortoni le entregó la Gran Medalla de las Artes y del Gran Trofeo de las Ares, ambos por su trayectoria, en 1994.
La asociación artística y literaria “María Adela Agudo”, de La Banda, le entregó la primera mención de honor en 1994, el grupo literario Rencuentro el galardón al mérito en 1995.
 El centro cultural de la Piedra Movediza de Tandil, le otorgó dos certificados por su producción poética.
Resultó finalista del certamen Argenta 2000, convocado por la editorial Argenta, de Buenos Aires, en el rubro poesía, novelas y cuentos breves, distinción por la cual se lo invitó a editar sus obras en el orden nacional.
Del 18 al 20 de ocubre del 2000, intervino como panelista en el congreso internacional de quichua celebrado en la Universidad Nacional de Santiago del Estero. Obtuvo el premio de poesía del grupo literario Ciudad del Barco 2000.
La revista “Nuevos caminos” publicó una síntesis de su proyecto de reglamentación de la ley de creación de un consejo provincial de cultura. Quizás esta sea la mayor aspiración de su vida, que la cultura tenga un medio sólido que la impulse, de tal forma que todos sus hacedores tengan oportunidad de impulsar su producción para que el púbico juzgue su capacidad.
Cisneros de la Hoz es un joven poeta que vive la edad de los sueños.
(Del currículum vitae publicado en “Estampas sureñas”, de Antonio Garzón. Ediciones César Cisneros de la Hoz. 1996).

viernes, 6 de noviembre de 2015

Hacia una sistematización de la literatura escrita por mujeres


"Las desigualdad obligó al silencio"

*Hebe Luz Ávila
Por qué las mujeres
Me atrevería a aventurar que Anónimo, que tantos poemas escribió sin firmarlos, era a menudo una mujer. 
Virginia Woolf.

La mujer individualizada como sujeto de un discurso intelectual es algo muy nuevo en la larga historia de la humanidad, ya que desde hace mucho menos de un siglo recién el foco de algunos sectores del pensamiento se ha centrado en la mujer. Con la aparición del feminismo – considerado como una oposición moral a la dominación masculina- se pone de relieve algo al parecer antes no notado: que las formas de pensar en los diversos ámbitos de las sociedades están plasmadas por y para las personas del sexo masculino. En efecto, el discurso de la historia, la filosofía, la política, y hasta el religioso siempre se ha formulado desde la primera persona del masculino. Más aún, el sujeto de la historia - desde el hombre de las cavernas, el medieval, el renacentista, etc. – siempre ha sido masculino, lo mismo que todo el pensamiento humanista tradicional. Decir "las edades del hombre" para referirse a la evolución de toda la humanidad es un ejemplo de este pensamiento androcéntrico, pues con ese término no se sabe si, o se intenta englobar a las mujeres, que en ese caso forman parte de él invisibilizadas o, si no fuera así, quedan excluidas. El androcentrismo supone, por tanto, considerar a los hombres como el centro y la medida de todas las cosas. oposición, el hombre, es decir la masculinidad como objeto de estudio.
En realidad, aunque se nombra como hombre, se trata de un ser asexuado, pues no se identifica como hombre o como mujer. Recién la nueva visión de los estudios de género intentará consolidar un nuevo sujeto marcado por el género y distinguir a la mujer separada de ese sujeto históricamente sin sexo. Y así, de esta nueva visión, surge luego, por con este movimiento la mujer adquiere - por su propia lucha - el derecho a expresarse. Sin embargo, y si nos instalamos en el mirador de la Historia, distinguimos que algunas veces los hombres la han hecho objeto de su referencia generalmente para menoscabarla o demonizarla (Lilith, Eva) en un discurso misógino.
Parece ser que desde siempre la mujer ha inspirado en el varón un poderoso sentimiento de miedo, a causa, esencialmente, del enigma de su maternidad, de su vínculo con la naturaleza y de la atribución de una sexualidad imaginada como insaciable y devoradora. De esta manera, el hombre, dueño de una mayor fuerza física y con mayor libertad al no tener que asumir las cargas y limitaciones propias de la generación de hijos, intentó dominarla. Así, consiguió confinarla en un rol económico-social inferior, tacharla de irracional (Aristóteles la considera "macho deficiente e imperfecto") y cerrarle el acceso al poder y a la cultura.
Desde siempre, la mujer ha sido condenada al silencio, o desterrada su habla al interior del hogar, puesto que, si saber es poder, tomar públicamente la palabra representa uno de los mayores ejercicios del poder. Por ello, refranes populares antiquísimos la circunscriben a su lugar: "La mujer y la sartén en la cocina están bien", y más adelante, los revolucionarios franceses - aquellos que levantaron la bandera de lucha contra la represión y la desigualdad - mostraban su incongruente misoginia con el lema ahora ofensivo:"La mujeres a la cocina o al burdel".
Con todo, no podemos desconocer que, a pesar de las restricciones impuestas, hubo mujeres que desde siempre escribieron enfrentando a su época. Nos basta recordar, cronológicamente, a Safo, Eloísa, Santa Teresa de Jesús, Sor Juana Inés de la Cruz, Madame de Staël, George Sand, Emilia Pardo Bazán, Virgina Woolf o Simone de Beavoir.
Generaciones y generaciones de mujeres pasaron su existencia confinadas en el silencio y el sometimiento a los injustos roles establecidos. La mayoría de ellas han aceptado e interiorizado, por siglos, los estereotipos femeninos y el restringido marco vital, ideológico y moral que se les señalaba. Así, desde la época clásica y hasta entrado el siglo de las luces, se consideró que era contraproducente que las niñas aprendieran a leer y a escribir. Por esta causa, muchas mujeres escritoras se sintieron torturadas por estar desobedeciendo las normas, al hacer algo prohibido. Recordemos que, por estas circunstancias, durante siglos las mujeres que querían estudiar o escribir tuvieron que encerrarse en conventos y hasta usar nombre de varón.
Consecuente con esta realidad, la crítica literaria se ha caracterizado por poner énfasis en la literatura masculina y marginar las creaciones femeninas. Cientos de antologías no incluyen ni una mujer entre los autores seleccionados, aunque no todos los hombres que en ella aparecen sean geniales ni sus escritos representen la más alta literatura. Desde hace pocas décadas, el péndulo de la crítica comenzó a inclinarse hacia la literatura de mujeres. De ahí nuestra intención con una idea de hacer justicia: poner en el otro platillo de la balanza la literatura de mujeres. Cuando el fiel llegue al punto medio, señalará un centro más ancho del universo literario, contenedor de toda la literatura, y solo habrá diferencia, entonces, entre las obras estéticamente superiores y las inferiores.

Qué entendemos por literatura de mujeres
La pregunta acerca de si existe una literatura de mujeres nos recuerda, en parte, a aquellas que se hacían los teólogos en el siglo XIII sobre si tenían o no alma las mujeres.
Dejaremos de lado otras divisiones más sutiles, y solo nos ocuparemos de la literatura de mujeres, es decir, el conjunto de obras literarias cuya firma tiene valencia sexuada: el corpus literario escrito por mujeres.
Estamos al tanto de las extensas disquisiciones acerca de literatura femenina y literatura feminista, de la evolución del feminismo de la igualdad al de la diferencia y algunas posiciones que rechazamos por extremas y fuera de lugar. Así, las que invitan a las mujeres a "escribir el cuerpo" con lo intrínsicamente femenino - la vagina, el vientre, los pechos, los líquidos propios- para librarse de lo que consideran predominación falo-logocentrista masculina. O la que incitan a sus congéneres a lograr una escritura política y militante para expresar un nuevo mundo que no esté basado en diferencias sexuales, a fin de destruir el concepto de "mujer" y sustituirlo por el concepto de "lesbiana". No nos adscribimos a ninguna de estas posturas, que consideramos desnaturalizadoras y retorcidas.
Resulta muy difícil clasificar a un escritor... y si lo intentamos, su encasillamiento terminará siendo incompleto, injusto. En efecto, podría tratarse de un autor que escriba en más de un género literario, o alguno clasificado con un enfoque étnico/nacional, en el que deberá quedar afuera el plus que no corresponda a su visión de la cultura local. En muchos casos, si no conocemos al autor o autora, es improbable la determinación tajante de que un texto esté escrito por un hombre o una mujer. Por ello, Virginia Woolf escribe: "es imposible averiguar el sexo de una frase".
Sin embargo, en este trabajo intentaremos señalar los rasgos propios que pudieran observarse en la literatura escrita por mujeres, basándonos en los estudios más serios realizados desde la investigación lingüística.
Por otra parte, y debido a esa historia de represión y de desigualdad que obligó al silencio, pensamos que las mujeres pueden aportar un punto de vista particular a la cultura humana en general y a la literatura en particular. Porque, como señala Rosa Montero, " hay una historia que no está en la historia y que sólo se puede rescatar escuchando el susurro de las mujeres".

Una expresión diferente
El testimonio de las mujeres es ver lo de fuera desde dentro. Si hay una característica que pueda diferenciar el discurso de la mujer, es ese encuadre. 
Carmen Martín Gaite.

Entre el hombre y la mujer hay diferencias biológicas que determinan dos identidades distintas. Aparte de las obvias y visibles - que ya desde la primera ecografía pueden distinguirse-, recordemos que en su génesis, los primeros 22 pares de cromosomas del embrión son iguales en ambos sexos. Esa es la prueba máxima de la identidad esencial entre hombres y mujeres, y -podemos ir más allá aún - la que demuestra que el ser masculino se forma a partir del primigenio femenino, con una pequeña diferencia en la última etapa del proceso: el par de cromosomas 23 ( XX en las mujeres y XY en los varones). Desde hace pocos años, se ha determinado que el gen llamado SRY del cromosoma Y es el que inicia, en la séptima semana de gestación, el proceso de masculinización del embrión, al activar en cascada otros genes que ocasionan la transformación de las gónadas indiferenciadas en testículos. Si este gen no llega a actuar, se forman el útero, trompas de Falopio y vagina, y desaparecen los tejidos que se convertirían en órganos sexuales masculinos.
A partir de entonces, comienza un largo y complejo proceso en el que interactúan la biología, el ambiente y la educación hasta que el nuevo ser humano alcance su estado adulto.
La biología identifica otras diferencias. Así, ya es una evidencia científica la mayor longevidad de las mujeres, mientras que los cardiólogos han comprobado en los varones una mayor predisposición a los infartos. Por su parte, los neurólogos reconocieron una organización de los hemisferios cerebrales más asimétrica en los varones que en las mujeres en lo que concierne al habla y a las funciones espaciales, a la vez que comprobaron la superioridad femenina en las actividades verbales frente a la superioridad masculina en las tareas visoespaciales (evidentes ya desde la infancia, aunque acentuadas a partir de la pubertad)
Al parecer, los experimentos, confirmarían la tesis popular de que mujeres y varones perciben el mundo de maneras algo distintas y talvez con el tiempo puedan explicar las causas por las que las niñas empiezan a hablar antes que los niños, o poseen un mayor vocabulario, o si la zurdera más frecuente en los varones tiene relación con la dominancia cerebral; también por qué el tartamudeo es casi exclusividad de los varones, quienes por lo general tienen voces más graves o la causa de la tendencia de las mujeres a ser más daltónicas.
Sin embargo, estas diferencias se relativizan con las circunstancias –socioculturales especialmente- de cada individuo, y terminan siendo discrepancias solo de grado.
Si intentamos establecer rasgos característicos en la escritura de mujeres, antes deberemos tratar de señalar los propios del habla femenina, ya que, consecuentemente con estas determinaciones científicas, se han reconocido, desde la lingüística, notas distintivas de un sociolecto femenino. Este sociolecto es resultante de una correlación entre la variación lingüística y el sexo, aunque la variación lingüística que se da entre hombres y mujeres talvez sea consecuencia del género y sólo indirectamente del sexo (Eckert, 1989).
En las últimas tres décadas, la distinción entre sexo y género ha sido objeto de miles de páginas de definiciones y estudios. Señalemos que el término género sirve para estructurar la fundamental diferencia entre la femineidad y masculinidad como conceptos elaborados socioculturalmente (estereotipos), frente a los significados tradicionales del sexo (macho y hembra), asentados en diferencias puramente biológicas.
Indudablemente, las palabras del diccionario están en el diccionario a disposición de todos, la gramática que se emplea para crear las oraciones es una sola y las teorías y escuelas literarias no presentan una variación femenina y otra masculina. No hay palabras exclusivas para hombres y otras para mujeres, sin embargo todos reconocemos que las más expresivas y delicadas suelen ser más usadas por mujeres y las malsonantes o insultos aparecen con mayor frecuencia en boca de hombres. Así, en lo relativo al vocabulario, Robin Lakoff (1995) reconoce algunas en la frecuencia de aparición de algunas voces, como distinciones léxicas, en campos específicos como el color (magenta, malva, chocolate) o abundancia de adjetivos valorativos positivos (adorable, encantador, divino). De igual manera, la profusión de elementos que sirven para dar énfasis, como diminutivos y superlativos.
Pero las diferencias más significativas parecen estar en el componente pragmático del habla de cada género (en la interacción comunicativa), de lo que se ha podido corroborar, luego de ingentes estudios, que los hombres tienden a imponer más su tema de conversación, en un discurso dominante, que prescinde del interlocutor, mientras las mujeres plantean más preguntas (Zimmerman y West, 1975). En cuanto a los turnos de la conversación, los hombres interrumpen más a las mujeres que al revés. Es decir, es más de uso masculino el discurso asertivo, argumentativo, con intención de mantener el control, mientras que el lenguaje empático, el diálogo y la búsqueda de avenencia son más propios de las intervenciones femeninas.
Con los estudios transculturales, se ha señalado también en el habla de varones y mujeres una marcada discrepancia, con un estilo explícito o directo en ellos, e implícito o indirecto en ellas, lo que se patentiza en las maneras de connotar la cortesía y de salvar las apariencias, en las mujeres con mayor uso de recursos de atenuación (Brown y Levinson, 1987).
Sin embargo, las diferencias entre género no pueden desvincularse de la posición social que ocupan los hablantes, ya que la presencia de estos recursos se incrementa en los contextos comunicativos en los que se hacen más patentes las desigualdades de poder.
Por otro lado, las investigaciones sociolingüísticas coinciden en observar que, en iguales condiciones de edad, clase social y nivel educativo, el habla de las mujeres es cualitativamente mejor y con un vocabulario más rico, una sintaxis más completa y una pronunciación más cuidada que la de los hombres.
En realidad, las notas distintivas en la expresión femenina parece deberse más que a alguna determinación biológica, al hecho de que han sido educadas para responder al estereotipo por el cual la sociedad espera siempre que las mujeres se comporten en todos los sentidos mejor que los hombres.
Uno de los descubrimientos más indiscutibles en el estudio de la variación lingüística debida al género, es el hecho de que las mujeres utilizan menos formas no estándares que los hombres. Esto fue verificado en trabajos de campo en muy variadas comunidades e idiomas y en hablantes femeninos de todas las clases sociales. La llamada teoría del mercado lingüístico explica esta situación en que las mujeres hacen uso del prestigio lingüístico por falta de prestigio material (Eckert, 1989)
Otra explicación que no desplaza a la anterior es la teoría de la imagen, que explica que los grupos subordinados tienen que ser corteses. Durante siglos, las mujeres han tenido menos poder que los hombres, por lo que se ven forzadas a mostrar respeto y a mantener su imagen (es decir, su autoestima). Al emplear una variedad lingüística estándar (desechando las formas vernáculas o vulgares) parece que se satisfacen ambas pretensiones, pues son educadas con el interlocutor y reclaman respeto al marcar su propio prestigio. Para la preferencia femenina de estas formas hay otras explicaciones, como la crianza de los hijos, pues al tener conciencia de ser un modelo - también lingüístico- para ellos, utilizan las formas "más correctas". Asimismo, estamos en condiciones de aportar otra razón que justifica esta particularidad, en el empeño propio de mujeres de agradar, de ser aceptadas, de gustar, el mismo que las lleva habitualmente a arreglarse y embellecerse.
A pesar de su novedad, los estudios sobre las particularidades lingüísticas de las mujeres resultan inabarcables, y algunos exageradamente minuciosos* , aunque las diferencias terminan siendo solo de grado.

Un estilo femenino
Mi única ambición es llegar a escribir un día, más o menos bien, más o menos mal, pero como una mujer. (...) Pues entiendo que una mujer no puede aliviarse de sus sentimientos y pensamientos en un estilo masculino, del mismo modo que no puede hablar con voz de hombre. 
Victoria Ocampo.

Los rasgos distintivos del habla de mujeres es posible que se vuelquen también en su escritura, y que aparezca así la connotación de un registro femenino. En efecto, si atendemos a los enfoques lingüísticos (que comenzaron estudiando la lengua como una abstracción, desconectada de toda circunstancia, luego – muy recientemente- el análisis del discurso, de la conversación, el textual), habrá que esperar a Benveniste para que se enfoque al sujeto de la enunciación. Así, la presencia del locutor en la enunciación hace que cada instancia del discurso se instituya en un centro de referencia interna expresada por formas específicas (deixis) y procedimientos accesorios ( la modalidad).
Greimas irá más allá, al centrarse en ese sujeto y afirmar que no se puede hablar de enunciación sino en la medida en que está enunciada.
Y que para conocer quién habla en el discurso habrá que reconstruirlo o descubrirlo con un esfuerzo de interpretación (lo que Hjelmslev llama encatálisis). Greimas entiende que las instancias de enunciación puestas en discurso tienen su fuente en la subjetividad enunciante. Para hacer un análisis de discurso, se deberá hacer una reconstrucción de las condiciones (subjetivas) de producción. El sujeto así planteado (en la literatura el autor, o autora en nuestro estudio) centra la significación con relación a un saber y a un hacer (piensa, enuncia, afirma, desarrolla una actividad cognitiva). Así también, las modalidades mediante las que se expresan las competencias del hacer del sujeto tienen que ver con el querer, el deber, el poder y el saber hacer. En la dimensión del ser del sujeto es donde se manifiestan las pasiones, que se organizan a través de una sintaxis de modalidades. Este sujeto pasional de la enunciación se establece no sólo por la combinación de modalidades sino también por modulaciones, las que comprenden un conjunto de rasgos aspectuales y tensivos que acompañan a toda pasión. Las modulaciones serían así rasgos del plano de la expresión - el estilo de una pasión- que permitirían establecer la presencia de determinada pasión. De esta manera, se puede reconocer al depresivo por la disminución en el ritmo de sus movimientos, o al ansioso por su agitación.
Buscando el lugar donde estarían ocultos los rasgos de género, surge la lingüística crítica y estilística feminista, las que trabajan sobre la teoría literaria y sobre la lingüística con el objeto de producir análisis de los textos a partir de modelos lingüísticos, y así determinar cómo se representan los significados de género en la cultura. A su vez, el aporte de Voloshinov (" La palabra siempre aparece llena de un contenido y de una significación ideológica o pragmática") establecerá un marco para la posición de sujeto de género a partir de las condiciones de producción simbólicas de la cultura y de la ideología, ya que ése es el lugar de su emergencia discursiva como sujeto de la diferencia sexual.
Por ello se asegura que toda literatura es autobiográfica, porque proviene de la experiencia del autor, que aun cuando no escriba en primera persona, crea sus personajes - consciente o subconscientemente - según sus propios rasgos personales o los de otra persona que conoce. La escritura proviene de su experiencia: de allí vienen sus ideas, los acontecimientos, los lugares descriptos, las imágenes.
A pesar de la poca antigüedad que tienen los estudios sobre la escritura de mujeres, se cuenta con un ingente número de ellos en todo el mundo, de los que trataremos de señalar los resultados más coincidentes. Destaquemos, a la vez, que este reconocimiento de características propias en la literatura escrita por mujeres es posible porque todavía es lo bastante minoritaria y excepcional (por razones históricas no hay una simetría con la escrita desde siempre por los hombres**) aunque, a medida que sean más las mujeres que escriban, habrá mayor diversidad y posiblemente se irán diluyendo estos rasgos comunes.
La mayor coincidencia talvez sea la de reconocer la existencia de un imaginario propio del género, así como una historia también propia (un "vivir y escribir como mujeres"), el uso de un lenguaje más reflexivo, matizado y sensual, con cierto tono intimista. Consecuentemente, las escritoras se inclinan hacia un mayor empleo de la primera persona y la autobiografía, una mayor presencia de lo cotidiano y una forma distinta de tratar las experiencias eróticas. Se contrapone un estilo más visual y descriptivo en los hombres y más sensual y plástico en la mujer, pues ellos tienden más a contar lo que ven y ellas lo que sienten. Hay unanimidad en destacar una serie de tópicos como la relación madre-hija, o la de pareja que, desde el punto de vista de la mujer, se distinguen de la perspectiva masculina.
Una constante muy definida se da en la defensa de unos valores originados en la relación con el orden simbólico de la madre y lo divino, y que inclinan tradicionalmente sus obras más a enseñar y conmover que a deleitar, aunque fundamentalmente éste es el rasgo que más está cambiando. Ya desde Teresa de Jesús encontramos la defensa de estos valores y, muy especialmente, una inteligencia emocional paralela a la inteligencia racional. También en las obras de la santa de Ávila se registra una decidida opción por los afectos y el uso del yo, en una enunciación personal, con forma autobiográfica e intimista.
Desde este enfoque más psicológico y experiencial (la interdisciplinariedad es la clave de los estudios sobre género en la actualidad), se marca como característica la incorporación de los sentimientos amorosos y las relaciones familiares, especialmente en la narrativa, aunque la incorporación del deseo amoroso se ha reconocido en principio como una raíz de la escritura femenina. Esto determinará, en lo formal, un punto de vista personal, que a la vez justifica el uso del yo como la fórmula predilecta de la enunciación femenina. También se relaciona con otro de sus rasgos universales una visión del mundo exterior desde adentro, con una fuerte implicación personal.
Este yo de la escritura de mujeres (su enunciación personal y la correlativa forma de autobiografía) es síntoma de una manera de ver el mundo y de instalarse en él, que suele expresarse también en visiones parciales, existenciales, aleatorias. Esto resulta en contraposición a las formas impersonales que muestran el mundo desde afuera, desde arriba y visto en su totalidad, propias de la tradicional escritura masculina.
En cuanto a la estructura, Jespersen ha definido la organización narrativa femenina como collar de perlas, mientras que a la masculina la compara con cajas chinas. Son más propios de la escritura de mujeres los finales abiertos, frente a la característica masculina de finales cerrados, en lo que todo queda bien atado.
En la literatura escrita por mujeres es común encontrar formas acumulativas, cíclicas, disyuntivas, donde tenga cabida lo fragmentario y hasta el mundo inconsciente, con una clara preferencia hacia lo parcial frente a la totalidad, característica que connota la segmentación de sus vidas. Se trata de una estructura relacionada con el proceso discursivo, que va enlazando las partes en un relato sarta y muchas veces como espiral, con varias líneas narrativas y libertad temporal y espacial. Resulta interesante señalar que correspondería a una organización anti barroca, cercana a las formas medievales, similar a las del Amadís y el Quijote.
Los saltos temporales suelen organizar el discurso, puesto que más que el tiempo cronológico se sigue el tiempo interior, subjetivo, en el que el presente muchas veces es explicado por el pasado, habitualmente enraizado en la infancia y las relaciones personales.
onsecuentemente con la mirada subjetiva, se ha determinado la preferencia femenina por los lugares interiores y los movimientos de horizontalidad, mientras que sus descripciones apuntan a detalles significativos vistos desde adentro.
El lenguaje que expresa esta visión particular del mundo suele ser indirecto, vacilante, a veces repetitivo, oscuro y hasta exagerado, con la espontaneidad del lenguaje oral y sus frases incompletas (recordemos los anacolutos que se le reprochan a Santa Teresa), todo ello en una expresión sencillista, calificada como "estilo en zapatillas".
Muchas veces se rompe la sintaxis y el orden lógico, denotando significativos silencios y elipsis, con una escritura paratáctica que señala que no es sólo logocéntrica, devenida puramente del pensamiento, sino también de la pasión y el deseo, con emoción y hasta lágrimas.
En síntesis: Se pueden destacar rasgos caracterizadores de una literatura escrita por mujeres, aunque éstos pocas veces son exclusivos, ya que, al parecer, solo la perspectiva y algunos motivos temáticos diferirían cualitativamente de los masculinos, mientras que las demás características son solo de grado, de mayor frecuencia de uso.

En Santiago del Estero
Blanca Irurzum.
Hay otras características que nos interesa muy especialmente para esta empresa de estudiar la literatura de mujeres en nuestra provincia, y es que por lo general, la actividad de cada una se desarrolla de forma aislada e individual y que la mayoría mimetizan la escritura de la época.
Las mujeres que escribieron en Santiago del Estero constituyen, como en todo el mundo, una minoría. No olvidemos que en una provincia tan mediterránea, tan del interior, la sociedad es más conservadora, y los cambios llegan con mayor retraso.
Para ser escritora se necesita, en primer lugar, una cultura superior, con abundante y buena lectura, lo que no es común en una provincia históricamente pobre y con altos índices de analfabetismo. Y se necesita lo que Virginia Woolf identificó como "un cuarto propio y una renta" suficiente, es decir, independencia y cierta soltura económica, condiciones que no son propias de mujeres, de ordinario atadas a una familia que atender. Y si todavía exigimos que escriba literatura, es decir calidad artística- que muy pocos de los que escriben lo consiguen- la cantidad se reducirá considerablemente.
En cuanto a los movimientos feministas y a su lucha por la igualdad del género, podríamos decir que su virulencia no llegó a nuestro ámbito provinciano, donde las diferencias de poder entre hombres y mujeres se fueron acomodando a las nuevas circunstancias mundiales de forma casi natural. De esta manera, si atendemos a las tres últimas generaciones, recién en la de las mujeres jóvenes de hoy se da un ingreso más masivo en el mercado de trabajo. Y a partir de las reivindicaciones políticas del peronismo, la mujer tiene un cupo en las listas de candidatos a cargos legislativos y ejecutivos.
Por otro lado, nos atreveríamos a afirmar que las pocas mujeres que en nuestro medio accedieron a la escritura no tuvieron una fuerte resistencia de parte de los hombres; más aún, muchas veces compartieron con ellos los espacios literarios, como los de la Brasa o la Carpa y hasta fueron festejadas y reconocidas por sus colegas masculinos.
Además, es preciso destacar que por sobre los valores de género siempre van a primar los valores personales, lo individual sobre lo grupal. Atendiendo a estas circunstancias, estamos en condiciones de señalar que podemos determinar tres tipos de posturas en la que, en general, se inscribirían las escritoras de Santiago del Estero en cuanto a la relación escritura-género. A la vez, asignamos para cada una de estas posturas una figura prototípica de la misma, entre las literatas consagradas.

Tres posturas básicas
María Adela Agudo
1 La tradicional femenina, que sigue el conocido estereotipo: Una mujer delicada, sensible, humilde, maternal, que escribe como bordando, con afán didáctico, sobre lo fragmentario, lo diminuto, componiendo canciones de cuna, rondas infantiles. Los temas íntimos y amorosos son lo suyo y muy especialmente la poesía: recordemos que en el ámbito cultural instituido por los hombres, se acepta más fácilmente que una mujer practique la poesía - y de ese modo se la caracteriza como más emocional e intuitiva, a la vez que se la aleja de la visión global y racional -. Una escritora que se acerque a estas características escribirá desde la marginalidad a la que la ha relegado el sistema patriarcal.
Ya hicimos mención a la dificultad y hasta injusticia de los encasillamientos – fea palabra- , porque se generaliza, se dejan de lado aristas personales que pueden ser significativas. Pero, como señalamos, nuestro intento es sistematizar de alguna manera la literatura escrita por mujeres. Y entendemos que una primera generalización como la que intentamos podrían servir de base teórica, a modo de fundamentos – ojalá no tan endebles – para otros estudios más minuciosos, más particulares, más enriquecedores.
Nos decidimos por María Adela Agudo como representante de esta actitud de tantas literatas mujeres que eligen sacar partido de los márgenes a los que el escritor hombre las confinó para desde allí poder incorporarse al centro del sistema literario, atendiendo a fundamentos que sintetizaremos en los siguientes:
Canal Feijoo la considera "una desterrada en su propio mundo" y rescata su profundo temperamento lírico.
Nicandro Pereyra confiesa: "nos ha quedado de ella una lección de humildad, serenidad y valentía".
José Andrés Rivas califica: "Los suaves tonos de sus versos, y las imágenes nuevas o inesperadas que nos deparan, nos dan cuenta de la existencia de un espíritu que escondía pudorosamente su batalla interior. Como ella fue en sus días en la tierra, su poesía sigue siendo una forma de la delicadeza."
De sus poemas extraemos expresiones que apoyan nuestra inclusión en este apartado: "mujer de la casonas moliendo un cereal de cantares", "vuelve a mi soledad, donde estamos ataviadas de distancias/ seductoras de tu última risa", Porque yo no tengo aún hijos de sangre y tú eras para mí un hijo hermoso y el niño y el hombre, para mí la niña, la madre viva", "mi anhelante nostalgia de eternizarme en trinos", "Para qué ser tan coqueta, por qué la apostura de mis tobillos", "las terrazas están llenas de niños y de ángeles". Algunos títulos de sus poemas también dan cuenta de los rasgos que distinguimos: "Pequeño poema", "La otra amante", "Ronda de la avenida", "La santarrita", "Fruta", "Dolor".
2 Una segunda postura se define por actitud tradicionalmente masculina de escribir, desde la centralidad, con un mensaje fuerte y urgida por ese mensaje. Se trata de una literatura realista, "de pensamiento" y con obras de mayor aliento, como el ensayo y la novela. Deja un tanto de lado la situación personal de mujer (sin perder los rasgos esenciales que señalamos en la expresión femenina), preocupada más por una temática social o política, de la que resulta una literatura muchas veces combativa, testimonial o "de tesis".
Con mayor seguridad que en el caso anterior, nos decidimos por la figura de Clementina Quenel como paradigma de esta postura en la literatura de mujeres de Santiago del Estero. Como en el ítem anterior, presentaremos muy rápidamente los fundamentos de esta elección:
I. José Andrés Rivas resulta uno de los apoyos más firmes para nuestra decisión, cuando señala que Silvestre, la protagonista de El Bosque Tumbado "se convertiría en metáfora de su propia autora. Como ella, tuvo que enronquecer su voz para hacerse oír en un mundo de hombres".
II.También resulta decisiva la afirmación de Roa Bastos: "La Argentina tiene un Horacio Quiroga mujer".
Clementina Rosa Quenel
III. Luis Alén Lascano reconoce en su obra literaria una conjunción de "emoción y pensamiento". IV. Su ingente obra comprende todos los géneros: poesía, cuento, novela, dramaturgia, ensayos y hasta incursionó en el periodismo. Se inscribe dentro del realismo, regionalismo y más específicamente en el movimiento nativista. A lo largo de sus páginas está siempre presente la denuncia, lo testimonial y un fuerte contenido telúrico.
V. Los títulos de sus obras denotan los rasgos señalados: El bosque tumbado, Elegías para tu nombre campesino, La Luna Negra, Los Ñaupas.
3 Una tercera postura – quizás más cercana en el tiempo- correspondería a una literatura escrita por mujeres que tratan de romper con las formas anteriores, comienzan a apropiarse del lenguaje y juegan con él. Transparentan por lo general una temática feminista, y conciencia de su búsqueda de una voz diferente. No encontramos, para esta postura, una representante que detente la rotunda definición de las anteriores. Creemos encontrar algunos rasgos que las ubiquen en esta nueva expresión, en las poesías de Betty Alba, con un lenguaje distinto, una poesía que más que intimista se puede considerar introspectiva y hasta con sentido trágico: "Penetrar en el amor como en un gran cementerio con espadas"( "Consagración"). Lo reducido de su producción nos hace entrever estas notas, que no se sostienen por falta de una obra de mayor alcance.
Pensamos que algunas escritoras (poetisas casi todas) que actualmente están produciendo en nuestro medio, podrán con el tiempo y una mayor producción, sustentar esta postura.

Telurismo
Ya habíamos advertido, al comienzo de nuestro trabajo, que los encasillamientos resultan incompletos, injustos y dejan de lado notas muchas veces significativas. Por ello, no podemos cerrar estas líneas sin reconocer, también en la literatura escrita por mujeres de nuestra provincia, un rasgo que caracteriza a la literatura santiagueña, que podríamos llamar telurismo, el que deviene de la descripción del paisaje y los tipos humanos nativos, el folklore, la mirada hacia adentro, hacia las raíces y los motivos tradicionales.
Terminamos, entonces, con lo que expresamos al principio del trabajo: nuestra intención de hacer justicia: poner en el otro platillo de la balanza la literatura de mujeres. Cuando el fiel llegue al punto medio, señalará un centro más ancho del universo literario, contenedor de toda la literatura, y solo habrá diferencia, entonces, entre las obras estéticamente superiores y las inferiores. Ojalá podamos llegar a esa situación.©El punto y la coma y la autora.
Notas:
* Lillian Glass (1995). El dice, ella dice, cómo mejorar la comunicación entre el hombre y la mujer, Barcelona: Paidos. La autora establece 105 diferencias originadas en la comunicación por el sexo del hablante.
** No vamos a extendernos en consideraciones feministas, pero es sabido que la mujer estuvo siempre relegada al seno del hogar y alejada de la cultura, la lectura y más aún de la escritura. Así, la hostilidad hacía la mujer culta es algo tan característico que se puede encontrar ya en Juvenal, en el siglo I de nuestra era, pasando por Moliere (Las mujeres sabias), Quevedo (hembrilatinas), Andre Gide... y recorre nuestra cultura hasta nuestros días.

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* Publicado por primera vez en "El punto y la coma"

jueves, 29 de octubre de 2015

Alfonso Nassif ya es "Doctor Honoris Causa"

Alfonso Nassif

La poesía, las antologías, la difusión de la literatura

La Universidad Nacional de Santiago del Estero, otorgó la distinción de “Doctor Honoris Causa”, al escritor santiagueño Alfonso Nassif, en mérito a su “relevante trayectoria”,  se lee al final de la resolución del Consejo Superior de la casa de altos estudios que lleva el número 160 y fue firmada por su rectora, Natividad Nassif y  María de los Ángeles Basbús, directora de Despacho. La nominación fue propuesta por los prestigiosos escritores y académicos Salvador Chaila (padrino interno) y Carlos Artayer (padrino externo).
Recuerda la Universidad que, entre las figuras de la cultura local, Alfonso Nassif se destaca no sólo por su obra poética sino también por su importante contribución como antólogo, editor y difusor de la literatura provincial y del noroeste de la Argentina.
Nassif nació en Icaño, departamento Avellaneda, el 20 de agosto de 1932, y a través de sus presentaciones, recitados, disertaciones y por haber sido contemporáneo de grandes escritores argentinos y latinoamericanos, “ha enriquecido el imaginario cultural y el corpus literario de la poesía argentina de todas las regiones y estilos, dando a conocer autores y textos, que fueron incorporándose tanto en ámbitos académicos, así como al cancionero musical popular, con creaciones de prestigiosos compositores".
Ejerció la presidencia de la filial local de la Sociedad Argentina de Escritores en cinco períodos; en el orden nacional presidió su Consejo Federal Consultivo de 1973 a 1976 e integró su comisión directiva entre 1984 y 1988 y entre 1995 y 1998.
Tiene en prensa la “Antología de poetas del noroeste”, con el registro de alrededor de 290 poetas de la región; “La Telesita una deidad santiagueña” y la obra inédita de María Adela Agudo.
Entre otras muchas consideraciones, la resolución del Consejo Superior agrega que “su poesía abarca desde la tradicional o clásica hasta la de vanguardia, pero sin enrolarse en ninguna escuela literaria en particular”. Su poética, según expresa la crítica literaria sobre su oba, “manifiesta el drama del hombre santiagueño, sus sufrimientos, la pérdida del paisaje, pero también la esperanza en un porvenir, la conexión del hombre con el universo a través de la palabra, la comunión de Dios con el hombre y el amor”.
Propuso un nuevo género poético denominado “poesía espacial”, cuyos planeos teóricos son la clave del libro “El poeta de la calle aérea" (poesía), recientemente publicado por la editorial Vinciguerra, obra desarrollada a lo largo de cincuenta años de indagaciones y experiencias poéticas a partir de la década del 60.
Enre los libros publicados hasta el 2014, se destacan “Muestra poética” (1968, en coautoría), “Poesía 69" (1969), “Antología de poetas santiagueños” (1978, con tres reediciones ampliadas, la última publicada en el 2014 por la Subsecretaría de Cultura de Santiago del Estero), “Sed y canto” (1983) y “Poemas para el amor y complicidad terrestre” (1996).
Ha brindado conferencias en casi todas las provincias del país e invitado a participar como referente de la literatura nacional en numerosos actos culturales en el extranjero: Chile, Paraguay, Brasil, Uruguay y Cuba.


jueves, 22 de septiembre de 2011

Guillermo Eduardo Dárgoltz

Guillermo Eduardo Dárgoltz.
El periodismo, las relaciones públicas, las asociaciones privadas

Nació en la Capital Federal el 20 de abril de 1948 y vive en Santiago desde 1956. Casado con Hilda Ledesma Pereyra, tiene cuatro hijas y cinco nietos.
Cursó hasta tercer año la carrera de abogacía y estudió relaciones públicas.
Se dedicó a la crítica de cine con el seudónimo de Ged en prensa escrita, radial y televisiva, publicó cuentos en “Cuadernos de cultura”, “meridiano” y el diario El Liberal, en Santiago. Obtuvo premios en concursos de este género literario. Creador de la página de espectáculos del diario El Liberal, medio en el que publicó numerosos artículos periodísticos sobre diversos temas. Produjo varios programas de televisión por Canal 7 de Santiago, entre ellos “Nuestra cultura y el mundo”, premio Unidad Nacional del Comité Nacional de Radiodifusión. Esa emisora condujo diversos programas incluyendo el noticiario.
En 1998 estuvo a cargo, en su inicio, del canal de televisión de la Universidad Nacional de Santiago del Estero.
Desde el 2000 es editor de la revista “La fundación cultural”. Años antes, en 1974, fue fue jefe de raedacción de la revista Boletín forestal.
Periodista y hombre de medios de comunicación, se ha especializado como gestor cultural en la  fundación Ortega y Gasset de España y de la Argentina y en la Universidad Nacional de Santiago del Estero y ha ocupado los cargos públicos de secretario de relaciones públicas de la Corporación del Río Dulce a los 19 años, asesor de relaciones públicas del ministerio de Economía de la provincia, jefe de relaciones públicas de la Dirección de Bosques, director de LRA 21, Radio Nacional, director de cultura de la Municipalidad de Santiago, concejal de la capital, vicepresidente segundo del Concejo Deliberante, vocero del intendente mario Bonacina y en el ámbito privado, gerente de Canal 3 de televisión de Catamarca y desde su creación en 1990, gerente de la Fundación Cultural de Santiago del Estero.
En el ámbito deportivo fue directivo del club de fútbol Estudiantes, de la Asociación Santiagueña de Tenis y el Santiago Lawn Tenis Club.
Miembro de la comisión directiva de la biblioteca Sarmiento y socio del Club del Progreso de Buenos Aires, fundado en 1852 por Diego de Alvear.
Tomado de Santiagueños notables III, de Roberto Arévalo.

martes, 13 de septiembre de 2011

César Rodolfo Beltrán “Rody”

Rody Beltrán.

La fotografía, el cine, el periodismo

Estaba de espaldas a la policía para tomar la escena de la gente que corría hacia la plaza San Martín huyendo de los disparos que salían de la Casa de Gobierno. Todo era movimiento en derredor, pero permanecí inmóvil para atrapar esas imágenes; estaba solo en medio de la calle como un blanco perfecto. El estampido de las armas de fuego no dejaba de sonar, por un instante pensé que una bala me iba a atravesar la espalda”. Durante algunos años las marcas de esas balas permanecieron en una construcción de la esquina de Rivadavia y Absalón Rojas, testimoniando la furia de aquella jornada del año 93, que la historia hoy recuerda como el Santiagazo. El relato es de Rody Beltrán, fotógrafo, periodista, escritor y cineasta. Galardonado a nivel nacional e internacional, su trabajo abarca desde el testimonio periodístico hasta la fotografía artística, culminando en una importante producción cinematográfica, que actualmente está en pleno proceso creativo rescatando la vida de los pueblos del interior.
Beltrán no niega que el miedo está presente en medio de las balas, pero asegura que arriesgaría su propia vida por una fotografía. Ante sucesos como los del santiagueñazo considera que el fotógrafo tiene obligado a no huir. “Si no fuera por esas fotografías nadie podría llegar a ver como fueron esos momentos. Mientras el hombre común se pone a resguardo, yo tengo que hacer lo contrario porque este es mi trabajo; si no hay fotos la historia pierde valiosos testimonios. En el futuro las generaciones por venir podrán apreciar lo que sucedió en Santiago”. 
 ¿Qué sería de la humanidad sin la fotografía?, plantea Beltrán de manera absoluta y sentencia que ella ha testimoniado durante casi dos siglos los hechos de la humanidad. Para fundamentar recuerda que la fotografía fue vislumbrada por el genial Leonardo Da Vinci, haciéndose realidad recién en 1824 de la mano de Nicéphore Niepce, comenzando desde ese momento a tomar registro de todos los hechos de los hombres. A finales del Siglo XIX los hermanos Lumiere crean el cine que no es otra cosa que una sucesión de fotografías en movimiento, y que hoy consideramos unánimemente como el séptimo arte, reflexiona mientras asegura que por ser la fotografía la madre del cine, es un arte indiscutible.
Su primera cámara fue la elemental y accesible Kodak Fiesta, y su primer modelo una niña de su familia. Allá por sus 14 años de edad el arte de la fotografía no mostraba muchos cultores en Santiago, pero ahorrando peso sobre peso abrió la puerta hacia esa pasión que jamás habría de abandonar. Todo comenzó de manera intuitiva por la fotografía artística, pasando por los paisajes, hasta perfeccionar su técnica de retrato, “que es en lo que mejor me expreso”.
Hacer de la fotografía una profesión lo llevó a estudiar cine en Buenos Aires (en la Escuela Panamericana de Arte). De su maestro Oscar Gamardo (quien fuere compañero de Roman Polanski en la universidad de Lots en Polonia), aprendió no sólo invalorables conocimientos de fotografía sino también el compromiso social que debe tener un fotógrafo con su cámara.
Aquellos ideales de juventud parecen estar aún presentes, dado que cuando regresó a Santiago lo hizo para volcar sus conocimientos en su tierra natal y esto lo testimonian todas sus películas, y quizás más cabalmente su último trabajo, “Así es mi Santiago”, donde refleja el paisaje, las costumbres, la gente y la música santiagueña.
Esa búsqueda permanente a través de la fotografía lo acercó también a los medios de prensa. Sus trabajos fueron tapas de los diarios y revistas de Santiago y del país. Con las fotos del santiagueñazo obtuvo el premio nacional de 1993 por la portada de la revista Noticias, trabajo que desde luego se difundió por el mundo. Otros trabajos suyos alcanzaron halagos similares, como las fotos del motín de 1985 del Penal de Varones.
Su cámara retrató el regreso de Perón a la Argentina, la masacre de Ezeiza, los disturbios en la Plaza de Mayo cuando la asunción de Cámpora; y quizás esa violencia que imperó en los 70 lo haya marcado como corresponsal siempre dispuesta para apuntar el objetivo en la primera línea de fuego. “Junto a otros compañeros nos forjamos en una época muy violenta de país; pertenezco a la generación de los desaparecidos, a esa generación que debió exhibir capacidad intelectual y coraje. Cuando trabajo y hay balas, bombas, palos o fuego, hago abstracción de todo lo que es peligro y me sumerjo en mi tarea, sin tener en cuenta para nada la posibilidad de riesgo”, asegura.
No tengo paciencia para enseñar fotografía a quien después se va a dedicar a fotografiar a su mascota. Sí pongo empeño en acompañar a quien tenga intuición artística y que necesite conocimientos técnicos para expresarse mejor. Hoy la mayoría de la gente tiene acceso a la producción fotográfica, con la cámara digital, la familiar y hasta con el teléfono. Obviamente hace falta educación en el manejo de la imagen. Esto es lo que deberían considerar y tener en cuenta quienes educan desde el Estado, debe haber una apertura para que quienes conocen este arte ilustren a los jóvenes, para que puedan expresarse a través de la imagen.
“La  fotografía es el arte de detener el tiempo en la vida de una persona o una cosa. Es ese instante y nunca más, es irrepetible. Es un destello de creatividad en el fotógrafo para que esa imagen sea trascendental”.
 -¿Qué imagen elegiría para representar a Santiago?
-Me introduciría en el río Dulce para fotografiar el Puente Carretero, porque es Santiago del Estero.
-¿Qué es más importante una foto o su vida?
-La foto, siempre la foto porque es la razón de mi vida.
Entrevista de Ariel Sequeira, en El punto y la coma.

Puente carretero con sirena


Julio Carreras

Julio Carreras.

La poesía, la mística, la cultura

Julio Carreras (registrado como "Carrera" en el acta de nacimiento), poeta, escritor, docente y hombre público santiagueño de proyección nacional, vio el mundo por primera vez en La Noria, departamento Loreto, Santiago del Estero, el 23 de julio de 1928. La gigantesca Estancia la Noria pertenecía a una empresa de Buenos Aires, propiedad del español José Carot. Su abuelo Francisco Carrera, era el Encargado de la estancia.
Su tatarabuelo Napoleón, oriundo de Entre Ríos, era primo del caudillo chileno José Miguel Carrera. Prófugo de allí luego de la traición de Pancho Ramírez, Napoleón Carrera emigró con su familia a Santiago del Estero, donde revistó como Sargento Mayor en el ejército regular de Juan Felipe Ibarra.
Su padre, Brígido Carreras (el primero que usó el apellido agregándole una ese) fue comisario de policía y se jubiló con el grado de Comisario General.
En 1946, a los 18 años, Julio Carreras obtiene su título de Maestro, con medalla de oro, en la Escuela Normal del Centenario. Discípulo dilecto del profesor Gaspar Baltasar Orieta, elige al eminente filósofo como padrino, consejero y amigo de toda su vida. Efectuó numerosos ciclos de perfeccionamiento a nivel universitario, en Córdoba, por cuya universidad fue designado profesor ayudante en Medios Audiovisuales y Buenos Aires.
Allí el CIFRE (Centro de Investigaciones, Formación y Relaciones Empresarias) le otorgó en 1966 el diploma de Ejecutivo en Relaciones Públicas. Trabajó en el primer equipo de profesionales que impulsó la Corporación del Río Dulce.
A los 19 años, fue secretario privado en el Estudio Jurídico del Dr. Absalón Rojas, en Buenos Aires. Allí trató con su hermano, el gran escritor nacionalista Ricardo Rojas, de quien adquirió vivencias inolvidables.
También integró, junto con el Arquitecto Galíndez, Juan Manuel Acuña y un sacerdote, el Consejo Asesor que tenía la responsabilidad de analizar los prontuarios para recomendar indultos o conmutaciones de penas en la cárcel. Entre otras distinciones, fue designado en la década de los 60 para representar a nuestra provincia en un Congreso Latinoamericano sobre Centros de Documentación Educacional, organizado por la Organización de Estados Americanos.
Antes de sus 30 años superó las 2.000 piezas periodísticas y literarias, entre audiciones de radio, artículos sobre sociología, educación, literatura y ciencias, además de numerosas poesías y dos novelas, por siempre inéditas. Con sus hermanos Mariano y Agustín compusieron un libro, provisto de preceptiva docente, material literario, teatro escolar, poemas e información histórica con destino al uso de las escuelas, que asimismo jamás fue editado. Entre fines de los 60 y principios de los 70 se editaron unos veinte números de Santiago Educacional, antológica revista para la docencia que lo tuvo como director y redactor. Luego de dos décadas de silencio público, lo rompió sólo para editar el pequeño pero medulosísimo libro Tríptico de Amor, dedicado a su esposa Mercedes Silvetti, a quien hacía poco perdiera, a sus padres Brígido Carreras y Corina Coria, y a sus hermanos, Pura, Agustín y Mariano.
Hacia 1968, a sus 40 años, Julio Carreras había decidido dejar de escribir textos que se publicaran con su nombre. Entre 1955 y 1958 su desempeño como director artístico y guionista de LV11 lo habían obligado a producir miles de páginas, pues todos los programas de radio eran escrupulosamente recitados bajo guión. Muchos de aquellos guiones eran verdaderas piezas de teatro. Él mismo leía algunas de sus obras: todas las noches, a las 22.00, conducía un programa que se llamaba "La hora de las madres". Cada noche contaba una historia distinta, esperada devotamente por la población de Santiago, que sollozaba o reía de gozo junto a los receptores sin perderse una audición.
Tito Sánchez Ruiz, ex magistrado ahora residente en Córdoba, narró la siguiente anécdota:
"Yo admiraba a Julio Carreras, a mis 18 años... no perdía ninguna de sus audiciones, esperaba con ansia cada uno de sus programas anunciados… Una vez, le pedí a Pedro Pablo Gorosito, su locutor preferido, que era amigo mío, que por favor me lo presente… fue una tarde, lo recuerdo como si fuera hoy, en la esquina donde antes era Bonafide (Libertad y Tucumán)… era un hombre muy buen mozo, elegante, de una extraordinaria elocuencia… Con toda cordialidad se prestó al diálogo con ese adolescente, que lo admiraba… me regaló varios de los guiones de sus programas de radio, que yo atesoraba…"
Después, casi todas aquellas creaciones fueron entregadas al fuego. Adscrito a las vanguardistas tesis de Mashall Mc Luhan y el Di Tella, hablaba de la "muerte del arte" y se aplicaba con rigor disciplinado a la difusión de los por entonces llamados "medios audiovisuales". Creía que la imagen cinematográfica o la TV demolerían todo: escultura, pintura, literatura, teatro, poesía, música de salón…
Junto a su familia adhirió al peronismo desde su origen, en 1946, razón por la que padecería persecuciones durante gran parte de su vida.
Pero quizá el mayor aporte que hizo este intelectual a su provincia, fue la creación del Cine y Radio Móvil en Santiago del Estero. Con ésta institución, se encargó de llevar por primera vez en toda su historia a los lugares más aislados del interior los mayores avances de la tecnología de los 50: el Cine y la Radio, que se transmitía para áreas del interior desde un equipo móvil.
En 1958 -a los 30 años- creó la Dirección de Cine y Radio del Consejo General de Educación. Con un proyector de 18 Mms. obtenido en donación de la Embajada de Alemania y la película Shunko, donada por Lautaro Murúa, recorrió el campo santiagueño hasta sus lugares más inaccesibles. Junto a César Suárez -chofer, técnico y operador de proyección-, se internaban en la "estanciera" del Consejo de Educación por caminos anteriormente transitados sólo por zorras o carros transportando carbón.
En pocos años, la Dirección de Cine y Radio llegó a poseer una variada colección de películas, provenientes de casi todas las embajadas europeas.
Con frecuencia las personas que las veían hacían con esto su primera experiencia ante el cine. Jamás antes habían visto una película. Hacia 1969 creó el Boletín Educacional que se convertiría muy pronto en "Santiago Educacional", revista de distribución masiva entre los docentes, que se convertiría en un hito sin precedentes para nuestro medio. Para entonces la Dirección de Cine y Radio se había convertido en Dirección de Servicios Técnicos Educacionales, ampliando su personal y comenzando a incorporar profesionales universitarios.
Así, fue destruyendo, regalando, "perdiendo" todas las obras creadas desde sus 16 o 17 años, cuando comenzó a escribir, y sometiendo su pluma anónima sólo a las necesidades puntuales de las circunstancias. Escribió miles de discursos patrios, religiosos, poesías conmemorativas, bautismales, celebratorias, etcétera, de un modo anónimo, para otras personas que se lo pedían… y jamás cobró un centavo por ello. Directoras de escuelas, maestras, profesores, abogados u otros profesionales, sabían que en él tenían a un virtuoso de la palabra que los "sacaba de apuro" –a veces dándole unas pocas horas antes del acto, como frecuentemente se quejaba– ante cualquier requerimiento discursivo y ante cualquier público.
Efímera y Eterna, una novela escrita en el cenit de su exaltación literaria y juvenil, fue a parar a manos de Ramón Alberto Zárate, un amigo que lo admiraba y a quien dijo, en 1972: "Toma, te la regalo, publícala si quieres con tu nombre"…
Recorte periodístico
del año 1947, luego de obtener
 el primer premio en el
principal certamen literario
de la provincia.
Infortunadamente, Zárate, que había integrado la custodia personal del gobernador Carlos Arturo Juárez, fue secuestrado en 1977, en una operación que se atribuyó a inquina personal del tristemente célebre Musa Azar. Jamás se supo nada de él y por cierto, tampoco de la novela.
Finalmente, el mismo Carlos Arturo Juárez fue quien le restituyó su cargo directivo, en la misma institución de la que fuese fundador. Más tarde, ya durante el gobierno de César Eusebio Iturre, fue designado asesor de Cultura del gobernador. Fue en esta circunstancia cuando accedió a su jubilación, con la categoría de Secretario de Cultura de la Provincia.
Dedicó desde entonces todos sus esfuerzos a la vida consagrada, atendiendo bajo dirección sacerdotal y diariamente a numerosos pobres y carecientes, tanto en el plano económico -cosa que hacía con su propio peculio- como en el espiritual ya que llevaba la comunión a su domicilio a personas que no podían trasladarse por enfermedad o vejez.
La consecuencia con un imperativo ético, sin embargo, fue el que desde aquella etapa lo llevó más y más a renunciar a su propia expresión. Este imperativo era su convicción de que ante la magnificencia de la obra divina, buscar la afirmación propia era poco menos que un escandaloso narcisismo.
En sus últimos años, Julio Carreras se había dedicado a recoger pensamientos de grandes autores, desde el Rey Salomón hasta Bertrand Russell, para publicarlos en un libro. "¿Qué puedo decir yo que no se haya dicho ya, y seguramente mejor?", afirmaba con extrema humildad. Y sus pensamientos, también intercalados entre los de los grandes, en la selección, carecían de firma, o en algunos pocos casos, apenas unas iniciales: J.C.
Falleció en Buenos Aires, el 5 de febrero de 2007 a las 13:00, luego de cinco difíciles operaciones en el transcurso de 20 días: finalmente su organismo no resistió.
Sus últimos momentos los transcurrió con lucidez, serenidad y entereza envidiable. Jamás dejó de invocar a la Virgen María, a quien consagraba cada minuto de su vida.
Tomado de Metapedia

Cántico Espiritual

Mi vida en el pecado ya es pasado
Lejos de Ti, de culpas remordido
Cerca de Ti, Señor, cuánto he llorado,
Llamando a tu silencio, arrepentido.
Como el hijo perdido que ha tornado
Después de larga ausencia entristecido
Tan por siempre en mi pecho conmovido
Irá latiendo un corazón sangrado.
Si por haberme amado me has herido
Y al verme herido mucho más amado,
Quiero dar por perdido lo ganado
Y por ganado todo lo perdido.
Pues que andando en tu amor todo es cambiado
Hoy tengo por gozado lo sufrido
Y tengo por sufrido lo gozado.