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martes, 2 de febrero de 2016

Andrés Chazarreta y Walt Disney

En el hotel Alvear de Buenos Aires
La fotografía, el documental, la crítica

Fotografía tomada en 1941 en la terraza del hotel Alvear Palace, cuando Disney y su grupo recorrieron nuestro país durante el rodaje de un documental, los amplificó y desde allí eligió los puntos de referencia para ir reconstruyendo cada detalle de la travesía en un documental muy bien recibido por la crítica, cuyo estreno en la Argentina es una incógnita.

Del contacto con figuras del espectáculo como el Profesor Chazarreta y su compañía de músicos y bailarines, nacieron poco después dos exitosos largometrajes: Saludos amigos , de 1942, y Los tres caballeros, de 1945. En la fotografía puede apreciarse a Walt Disney bailando una zamba junto a Anita Chazarreta (h) y de fondo la orquesta dirigida por Chazarreta.
(Toma aportada por Adriana Lizondo),

domingo, 22 de noviembre de 2015

Imprentas y editoriales de Santiago del Estero


"El Guardia Nacional" de 1859 
Antonio Virgilio Castiglione

La Historia y la Literatura rinden homenaje a los historiadores y a los literatos, con toda justicia. Nosotros pensamos que también hay que recordar a aquellos que los han apoyado técnicamente con la impresión de sus obras.
En este trabajo recapitularemos las imprentas que hubo en nuestra provincia, y mencionaremos algunos trabajos editados en ellas, sea los únicos que conocemos, sean los más antiguos, o los más conocidos que hemos podido compulsar.
La historia de la imprenta debemos iniciarla con la adquisición de la primera máquina.

El general Belgrano y la primera imprenta santiagueña
Queremos aprovechar este trabajo para expresar nuestro punto de vista. Ocurre que hasta ahora se sabía que la primera imprenta santiagueña había sido adquirida al gobierno de la provincia de Tucumán. En julio de 1854, la Legislatura tucumana autorizó al gobernador José M. del Campo para vender la vieja imprenta del Estado al gobernador de Santiago del Estero, compensado con ella una deuda que la primera tenía con la segunda. Se trataba de “una
máquina con treinta años de servicios, manejada por operarios sin inteligencia, abandonada y desatendida; era de madera tan antigua que para entonces apenas servía para imprimir medio pliego de papel escrito”. Y sus tipos de plomo (las letras) habían sido fundidos para fabricar con ellos proyectiles, que reclamaba con suma urgencia el Gral. Martín M. de Güemes para detener los avances realistas sobre Salta.
Según el distinguido historiador Alfredo Gargaro, a quien seguimos en este tema, “esos antecedentes destruyen la suposición de que se trataba de la imprenta que sirvió al Gral. Manuel Belgrano para publicar los boletines de su Ejército Auxiliar del Perú durante la guerra de la Independencia, porque se olvidan que el Gral. Belgrano se sublevó con su ejército en Arequito (Santa Fe), cuando marchaba hacia Buenos Aires a requerimiento de Rondeau, circunstancia que no permite suponer que la pequeña imprenta volviera sola a Tucumán”. Y que “la nota del gobernador del Campo de 1854 expresa que hace 30 años que se encuentra en uso, que la de Belgrano era de 1817, no coincidiendo por consiguiente los términos en años en uso”.
Nosotros teníamos nuestras reservas de que no fuera la misma imprenta (tesis sostenida por Gargaro y hasta hoy vigente). Si bien es verdad que entre 1817 y 1854 hay 37 años de separación, cuando el gobernador de Tucumán sostiene que “hace treinta años que se encuentra en uso”, esa afirmación debe ser tomada con cuidado.
Además, en ningún documento hemos constatado que Belgrano la llevó consigo hacia Buenos Aires, cuando lo convocara Rondeau para que enfrentar a los caudillos del litoral.
Finalmente, el tucumano Raúl S. Martínez Moreno –investigador, Miembro de Número del Instituto Belgraniano de Tucumán, y nuestro recordado profesor de Derecho Internacional Público en la U.N.T.-, en su obra “Belgrano, el ciudadano ejemplar”, afirma con toda seguridad: “en 1854, esa imprenta –que llevara Belgrano a Tucumán-, fue vendida siendo trasladada a Santiago del Estero.

La imprenta “21 de Octubre”
En 1858, la imprenta comprada en Tucumán funcionó bajo el nombre de imprenta “21 de Octubre” y en ella se editó el folleto “Protesta de Adolfo E. Carranza. Adolfo Carranza ante el pueblo argentino, por Manuel Taboada”.
Su nombre, “21 de Octubre”, se debía a la fecha de la victoria de “Tacanitas”. Esa imprenta fue utilizada para publicar documentos oficiales, hasta que el 17 de septiembre de 1859 se imprimió el primer periódico santiagueño, “El Guardia Nacional”.
Esta imprenta duró hasta 1860, en que dejó de utilizarse por falta de presupuesto y el gobierno de Pedro R. Alcorta se la facilitó al Club “25 de Mayo”.
En 1862 Mitre envió a Taboada una nueva imprenta.
Hay autores que sostienen que el primer tipógrafo santiagueño fue Segundo R. Araujo, pero Alfredo Gargaro afirma que quien lo fue en realidad fue Ramón R. Bravo.

Otras imprentas
En 1869 se imprimió el libro de 83 páginas, titulado “Contestación documentada a las calumnias de la Carta Manifiesto del presidente Sarmiento contra los Taboada”, en Imprenta del Norte que pertenecía al diario taboadista “El Norte”, editado por Segundo R. Araujo.
En 1879, en los talleres de “La Prensa Libre”, periódico oficial del gobierno de Pedro R. Alcorta, se publica el “Mensaje del gobernador Mariano Santillán a la Sala de Representantes”, de ese año. Esa imprenta duró hasta el año 1880.
En 1882, Nerio A. Rojas fundó el semanario “La Opinión Pública”, para sostener la candidatura de Absalón Rojas. Su imprenta funcionaba en calle Avellaneda 40/44. En esa imprenta se publicó el “Mensaje del Poder Ejecutivo a la Legislatura”, del gobernador Sofanor de la Silva, efectuado el 1º de mayo de 1885. En 1889 se publicó la “Ley de Registro Civil de la Provincia de Santiago del Estero”. En 1883, se fundó el periódico “El País”, de Manuel Gorostiaga, siendo su editor Segundo R. Araujo y que funcionaba en calle Independencia 87. En esta imprenta se imprimieron el “Informe en derecho en la causa promovida por el Gral. Antonino Taboada presentado ante la Corte Suprema de Justicia” por el Dr. Manuel Argañarás (1885), y “La planta en la creación”, conferencia el 14/08/1886 (1886), del rector del Colegio Nacional, Dr. raimundo Linaro.
En 1896, el establecimiento tipográfico “La Provincia”, fundado como órgano del oficialismo,
editó el “Mensaje del gobernador Adolfo Ruiz a las H.H. Cámaras Legislativas, del ese año. “La Provincia” cerró en 1898, una vez que fuera intervenido el gobierno de Adolfo Ruiz.
En 1897, Vicente Rodríguez creó la imprenta Rodríguez & Cía., que funcionó en la esquina de las calle 9 de Julio 201 e Independencia. Hoy “Paseo El Siglo”. De ese año es “Tipografía Argentina”, de Rodríguez & Cía., que editó “La Ley Orgánica y de Procedimientos de la Provincia”. En 1903 publicó, entre otros trabajos, la obra “Agustina” (Palacio de Libarona),
del Dr. Francisco Viano; y la “Geografía antropológica”, conferencia de Felipe S. Giménez (1903). En 1904 los “Apuntes históricos sobre el idioma inglés”, de Carlos Weyenberg, y varias obras de Baltasar Olaechea y Alcorta. El 18 de junio de 1907 publicó el siguiente aviso periodístico en el diario “El Siglo”: “Librería Argentina”, de Rodríguez & Cía., imprenta a vapor, librería, encuadernación, libros de texto y útiles para el colegio.
En 1899, en Imprenta El Estado, se editó el “Reglamento de la Cámara de Diputados de la Provincia”. En 1899 funcionaba en calle Entre Ríos esq. Sarmiento, la imprenta “La Reforma”, siendo de esa época la “Ley de Elecciones provinciales”, y de 1900 “La educación industrial”, de Ramón Carrillo.
En 1902 se publica los “Estatutos y Personería jurídica”, del Centro de Tiro Federal, en Imprenta y Encuadernación Española, de C. Alén, en Tucumán esq. Libertad.
En 1903 y 1904 Tipográfica “Estímulo y Defensa” publicó “Evolución del lenguaje”, de Ramón Carrillo (1903), “Anales del Colegio Nacional”, de Baltasar Olaechea y Alcorta (1904), Reforma de la educación pública en la Prov. de Santiago del Estero”, de Antenor Álvarez (1904); “Discurso pronunciado por Napoleón Taboada el 6/1/904 proclamando la fórmula presidencial Uriburu-Udaondo” (1904).
En 1905 encontramos Tipográfica Santiago, que editó “Noticia histórica del Señor de los Milagros de Mailín”, de Baltasar Olaechea y Alcorta (1905).
En 1909 Ramón Ribas fundó la imprenta “R. Ribas”, en calle Independencia 202, y de esa época es “Anales del Colegio Nacional”, de Baltasar Olaechea y Alcorta (1909).
En 1910 funcionaban las imprentas de “El Porvenir”, “El Siglo”, de Federico Lannes, la de  Almonacid, Tipográfica “Los Colegios”, de Jesús Osés y Hno., Tipográfica Española, de Celestino Alén, la que funcionaba en la esquina de Libertad y Tucumán.
De la imprenta “Los Colegios” es la publicación de “Hay tiempo para llorar (tradición santiagueña), composición que obtuvo el 2º premio, 24/07/1910”.
La imprenta de Federico Lannes funcionaba en calle 24 Septiembre al 400 al lado de la casa (lindera al Sud) que luego sería del Dr. Mario Tula Gómez, que era donde vivieron Saturnina
(Bravo de) Rueda, Federico Lannes y Elena Lannes. Utilizaba una impresora “Minerva”,
y de 1910 es la impresión de “Aurora inquieta”, de Carlos Schaeffer.
Carlos Schaeffer Gallo escribió: “Ahí estaba, en la vieja casona, su campo de batalla: la pequeña imprenta, donde la sufrida “Minerva” tiroteaba día y noche defendiendo la precaria
trinchera, alzada a fuerza de tremendos sacrificios Menciona al periódico literario “El Alba” de precaria existencia ... Pero el crédito editorial de la imprenta, lo constituía la edición mensual de larevista que administraba, redactaba y dirigía el mismo Lannes: “La Escuela Cívica”. Ahí estaba resumida su vocación de educador y combatiente. Concretaba programas patrióticos a retazos y discriminaba problemas de arte de hondo sentido crítico”.
En 1913 Talleres Gráficos Contreras, de César Contreras, editó la “Actuación política de Rosas”, de R. Lugones Vieyra (1913).
En el año 1914 aparecen publicaciones de editorial “El Liberal”, las que se extienden hasta el año 2009. Funcionó en calle Libertad 263. Entre sus primeros trabajos podemos citar el “Catálogo de la Biblioteca Sarmiento” (1914); los “Discursos sobre Educación”, de
Dámaso Jiménez Beltrán (1914); “Conversación del Inspector Pedro A. Abregú” (1916).
Hacia 1985, por sugerencia de uno de sus socios, del Dr. Virgilio Juan Castiglione, se decidió crear la “Fundación Castiglione”, la que se bien nunca llegó a instrumentarse en papeles, de hecho publicó varios libros subvencionados la familia. En “Una fuente de energía”, de Carlos M. de Heredia, ya se menciona a esa Fundación.
Quizás por la tecnología incorporada de la época, la imprenta de “El Liberal” haya sido la que más aportó en libros a la provincia. Así, merecen citarse los libros de Achával, Alén Lascano, Álvarez Valdés, Archetti, Ávila, Bravo, Castiglione, Díaz de Raed, Rava, Sayago, las revistas y libros de la UCSE, UNSE.
Son muy importantes históricamente hablando los suplementos de los 25, 50, 75 y 100 años del diario “El Liberal”. Quizás el del 50º Aniversario (del año 1948) haya sido el más valioso, a
nuestro criterio. La imprenta de El Liberal lamentablemente fue cerrada en 2009.
En 1915 aparece una imprenta que no es muy conocida, del Dr. S. Usishquin, que funcionaba en Colonia Dora. Ella editó “Fiesta íntima en honor a la Sra. Cristina Lastra de López Agrelo y su hija Dora, el 2/12/1915”.
En 1916, Talleres Gráficos “La Libertad” publicó el “Discurso pronunciado en Loreto el 25/07/1916, en el acto inaugural del canal de Tarapaya a V. San Martín” (del Dr. Antenor Álvarez, Dámaso L. Beltrán y Luciano Figueroa).
En 1917, la Imprenta de Paz, que funcionaba en calle Tucumán 63 editó el “Discurso de Manuel Argañarás, en la fiesta del árbol” (18/08/1917). En 1918 la imprenta “La Paz”, de F. Molinari, editó “Discurso”, de Alejandro Gancedo (h).
En 1918 nació la imprenta “Molinari”, de Fortunato Molinari, que tuvo una larga trayectoria.
Funcionaba en calle Tucumán 368 esq. Rivadavia. Entre sus importantes publicaciones podemos citar la Revista del Archivo Histórico de Santiago del Estero (1924/1927) y el Boletín Oficial.
En 1925 el inmigrante italiano Constanzo Grandi creó una imprenta y papelería en calle 24 de Septiembre, al lado de la entonces Escuela Normal (luego Escuela de Comercio), en
calle 24 de Septiembre 120. Allí publicó en esa época “Juicios sobre la obra folklórica de Andrés A. Chazarreta”. Esa imprenta fue adquirida poco después por don Jesús Carrascosa,
y en 1944 publicó “Escuela y Educación”, de José F. L. Castiglione (1944). Más tarde lo hizo con “Reducciones y fortines” de Orestes Di Lullo.
En 1932 Samuel Yussem inauguró en calle Libertad 850 (frente al Colegio Nacional) sus talleres gráficos. Fue el imprentero de Carlos Abregú Virreira, Domingo Bravo, Segundo V. Osorio, Hipólito Noriega, Domingo Maidana, José F. L. Castiglione, etc. Su accionar continuó en 1946.
En 1933 funcionaba la imprenta “La Tribuna”, en Av. Belgrano esq. 9 de Julio.
En 1933 Leocadio Tissera era propietario del diario “La Hora”, y su imprenta funcionaba en Buenos Aires esq. 9 de Julio y luego pasó a Entre Ríos 55. En 1952 publicó el “Anuario”.
En 1952, don Francisco R. Santucho fundó en la calle Buenos Aires nº 149, en la antigua casa de los Taboada, el sello editorial de Librería “Aymará”, y publicó distintas obras entre los años
1952/1959. Destacamos la “Integración de América Latina” (1959), “El indio en la Prov. de Santiago del Estero” (1956), etc. Luego continuó como librería “Dimensión”, que todavía funciona.
“Barco Edita” tiene como editor a Alberto Tasso, con sede en Los Fresnos 85. Comenzó en 1974, editando libros de Tasso, Carlos Fernández Loza, Carlos V. Zurita, Ricardo Aznarez, Jorge Rosenberg, Lios C. Alén Lascano, Guillermo Pinto, Ramón Leoni Pinto, Franklin Ábalos, Fernán G. Carreras, Castor López, Ricardo Sgoifo, Fina Moreno Saravia, Cecilia Canevari, Selva Y. Ramos, José Andrés Rivas. Sgoifo.
“Ediciones V Centenario”, dirigida por el matrimonio de investigadores Amalia Gramajo y Hugo Martinez Moreno, comenzó en 1981, con un trabajo sobre la “Cruz de Matará”. Y posteriormente, realizando casi un libro por año de esos mismos autores.
“Lucrecia” fue fundada el 15 de agosto de 1986, siendo sus propietarios son Ing. Carlos A. Soler y la Prof. Teresita Darchuk de Soler.
Quipu Editorial, fue fundada en 1995 por Julio Carreras y trabajó hasta el 2003. Editaron entre otros “Quipu de Cultura”. En los últimos años dos o tres años aparece en el mercado editorial la firma “Idearte”. Finalmente, no podemos terminar esta investigación sin resaltar el importante aporte a la cultura y a la literatura de nuestra provincia, de la Fundación Cultural de Santiago del Estero, que desde 1999 edita su “Revista de la Fundación”.
(De Producción Académica, editado por la Academia de Artes y Ciencias de Santiago del Estero).

sábado, 14 de noviembre de 2015

Los Carabajal

Tapa del álbum Vamos a andar la noche 
con...(1973): Kali Carabajal. Oscar Testa, 
Oscar Evangelista, Kuti Carabajal.
La música, los Ckari Huainas, las formaciones

Los Carabajal es un conjunto de música folklórica de Santiago del Estero, la Argentina. Creado en 1967, fue integrado originalmente por Agustín Carabajal, Carlos Carabajal (ex integrantes del conjunto tradicional santiagueño Los Ckari Huainas) Cuti Carabajal y Kali Carabajal. Esa formación tendrá sucesivas integraciones, con la única permanencia de Kali.
En los primeros dos años se retiran Agustín y Carlos, quienes integrarían Los Manseros Santiagueños, al igual que luego lo harían Carlos Leguizamón y Cuti Carabajal, y en 1968 se incorpora Mario Carabajal, "Musha". Entre 1973 y 1978 el grupo lo componen Kali, Cuti y los salteños (Salto Argentino) Oscar Evangelista y Oscar Testa. Para fines de la década de 1970 se incorporan Roberto Carabajal y Peteco Carabajal, quedando con cuatro integrantes: Kali, Roberto, Peteco y Mario.
En la década del 80, Roberto y Peteco se van y el grupo lo integran Kali, Musha, Luis Paredes y Mario Álvarez Quiroga. Kali compone canciones como la zamba No despiertes aún y Álvarez Quiroga aporta Romance de aquel hijo y Penas y alegrías del amor. Se retira Álvarez Quiroga y entra Jorge Leguizamón, “el Mono”, y luego dos hijos de Kali: Walter y Carlos Enrique Carabajal.
En 1995 obtienen un notable éxito en el festival de Cosquín y se retira Leguizamón siendo reemplazado por Franco Barrionuevo. Incluyen canciones como Boquita de luna, Santiagueños de ayer y Corazón santiagueño.
A inicios de la década del 2000 se suma en el canto Lucio Rojas y Andrés Simón en teclados. En 2007 Carlos Cabral reemplaza a Rojas. Ese año celebraron su 40 aniversario con un espectáculo en el Teatro Ópera, de la Capital Federal.

Miembros originales
Agustín Carabajal, Carlos Carabajal, Cuti Carabajal y Kali Carabajal

Otros miembros
Oscar Evangelista, Oscar Testa, Roberto Carabajal, Peteco Carabajal, Luis Paredes y Mario Álvarez Quiroga, Jorge "El Mono" Leguizamón, Franco Barrionuevo, Andrés Simón, y Lucio Rojas.

Miembros actuales
Kali Carabajal, Musha Carabajal, Walter Carabajal y Blas Sansierra.

El grupo ha estado activo desde la década de 1960 y ha expresado varias generaciones del arte de la familia Carabajal, una destacada familia de músicos santiagueños. Algunas de las canciones más conocidas de su repertorio son La Telesita, Un domingo santiagueño, Vamos a andar la noche, Como pájaros en el aire, No despiertes aún, Romance de aquel hijo, Penas y alegrías del amor, Boquita de luna, Santiagueños de ayer y Corazón santiagueño, entre otros.

Álbumes
40 AÑOS – Parte I, 2008, Marka
100 años de chacarera, 2006, Marka
Aniversario, 2003, Marka
Espíritu, 2000, EMI
30 Años en vivo Volumen 1 y 2, 1997, (MyM)
Cuando el pecho se siente, 1996, (MyM)
Sueños, 1995, (MyM)
20 Grandes éxitos, entre 1992-1994,
Bailando en la Salamanca, 1992
Caminos, 1991, (Polygram)
Homenaje a Carlos Carabajal - En vivo
Carabajalazo,
De monte adentro
Los Carabajal, 1990
Entre ayer y mañana, 1989 (Microfón)
Sangre de mistol
Domingos santiagueños
Memorias de la tierra
No despiertes aún
Secretos de familia
Vamos a andar la noche con..., 1973 (Odeón)

(Tomado de Wikipedia).

jueves, 12 de noviembre de 2015

La Biblioteca Sarmiento y la difusión de la modernidad en Santiago del Estero (1880-1915)

Altos de la biblioteca (fachada)
Alberto Tasso

 Aunque el proceso de transformación que vivió la sociedad argentina a partir de 1880 ha sido ampliamente estudiado a nivel nacional, constituyendo un tópico vigente desde mediados del siglo XX, existen aún muchas zonas de sombra acerca de cómo fue vivido en las sociedades de provincia, cómo se articularon los nuevos códigos con los anteriores, cómo se produjo la urbanización modernizante y como fueron afectadas las reglas de sociabilidad, y aún las costumbres.
Dado que la Biblioteca Sarmiento nació en ese momento en la ciudad de Santiago del Estero, nos preguntamos acerca de esa sociedad, su población, y el clima cultural que se vivía durante las tres décadas elegidas para este análisis. Este artículo sólo presenta un esbozo del problema y algunas respuestas provisionales al amplio campo antes planteado. Para abordarlo se describe el contexto nacional y provincial mediante fuentes de época y estudios contemporáneos.
La historia de la Biblioteca fue recuperada mediante datos de su propio archivo, investigaciones recientes y entrevistas a descendientes de sus directivos.

El contexto
El contexto nacional ha sido estudiado por numerosos autores, y a los fines de este texto sólo cabe referir algunas de las ideas por ellos expuestas. Así, algunos hablan de una nueva oleada expansiva del capitalismo en su fase industrial sobre las nuevas repúblicas latinoamericanas. Mediante su impulso ellas se integraron más La Biblioteca Sarmiento y la difusión de la modernidad en Santiago del Estero (1880-1915) estrechamente a la economía europea, particularmente Inglaterra y Francia. En el caso argentino la producción de carne vacuna y
cereales le permitió alcanzar muy rápidamente un notable lugar en el concierto de la economía global, y junto con Australia y Canadá ofrecía la promesa de una nueva potencia, aunque este ciclo expansivo de la economía se detuvo luego de la Primera Guerra Mundial.
La hegemonía política de la burguesía aliada con el Ejército se expresó en el gobierno de Julio A. Roca, sostenida por un sistema electoral sui generis, que Germani (1960) llamó “participación limitada”, al que sólo accedían los varones que poeseían bienes raíces y sabían leer y escribir.
En cuanto al contexto provincial, la literatura muestra la celeridad con que se expresaron los cambios tecnológicos y las inversiones estatales y privadas, orientados al aprovechamiento de la tierra y el bosque, obteniendo nuevos productos dirigidos principalmente al mercado nacional.
La industria azucarera y la finca agropecuaria tuvieron rápida difusión en la región central, en tierras cercanas a los ríos Dulce y Salado, al tiempo que se extendía la red de riego. Los obrajes se multiplicaron en la región forestal, acompañando la extensión de las vías, que requería durmientes y permitía el transporte de leña y carbón.
El ferrocarril y la inmigración contribuyeron decisivamente a este proceso, y aunque su impacto fue desigual según las regiones, se tornaron dominantes en una economía que hasta entonces mostraba el predominio de la estancia ganadera. Entre 1876 y 1906 se construyen las primeras líneas férreas que vincularon a la ciudad con Tucumán, Rosario y Buenos Aires. En cuanto a la inmigración, de 135 extranjeros en 1869, pasa a 2.307 en 1895, y crecerá a 9.496 en 1914, constituyendo el 3,5 % de la población total. Aunque esta proporción es reducida con respecto a la de Buenos Aires y la región litoral, se admite que su influencia fue grande en el plano local. La ciudad
Estas transformaciones se percibieron nítidamente en la ciudad capital, que recuperó la primacía que el período independiente le había arrebatado: Romero (2011) sostiene que el caudillismo y las guerras internas habían “ruralizado” la vida urbana, pudiendo esto advertirse en la pequeña ciudad patricia y un tanto aldeana que era Santiago del Estero por entonces.
La “nueva ciudad” surgida en el 80 tendrá carácter y apariencia burguesa. Los empresarios y políticos ya no provienen sólo de las familias de prosapia que habían hecho de la estancia su feudo, sino de finqueros, comerciantes y gerentes de grandes firmas, varios de ellos extranjeros. La aristocracia nativa se difumina, y es reemplazada por una nueva clase dirigente, pragmática y admiradora del progreso. En contraste con la vida austera que cobijaban las casonas de adobe y tejas, ahora las familias pudientes construían chalets y hasta palacetes en las afueras de la ciudad, concebidos como casas de descanso veraniego.
La política urbanística del gobernador Absalón Rojas fue decisiva, pues con ayuda del agrimensor italiano Tulio Rusca diseña un nuevo mapa urbano del centro de la ciudad, delimitado por avenidas, cuyos nombres recuerdan apellidos históricos de la épica independiente: Moreno, Belgrano, Alsina, Rivadavia, y hasta contemporánea, como es el caso del presidente Roca y del propio Rojas. En 1889 se instala el alumbrado elétrico y pocos años después la red de agua. Arquitectura, servicios públicos, recreación, artes y formas de vestir registran el cambio. El arte y la recreación ganan espacio: los teatros Zanetti y Ollantay convocan a artistas y compañías de renombre, se extiende la práctica del paseo, aparecen confiterías y salas de billar.
En paralelo, se aprecia un florecimiento de la vida asociativa; surgen nuevas instituciones por iniciativa civil, y expresan una condición de ciudadanía que ya no dependerá de la Iglesia Católica como en décadas anteriores. Los “clubes” serán espacios de reunión habituales en los sectores altos y medios: citemos los de Ajedrez y Park Lawn Tennis, junto a entidades tales como la Sociedad de Tiro y Gimnasia, Sociedad Coronel Borges, Sociedad Filantrópica Escolar,Centro Agrícola Ganadero, y Escuela de Gimnasia y Esgrima (Anales, 1925: 173).
Santiago del Estero tenía 8.000 habitantes en 1895. El Estado sostenía un hospital y atendía unos pocos casos de extrema pobreza. Las epidemias de viruela, el paludismo y el Chagas endémico ponían límites estrictos a la duración de la vida. Quizá por primera vez en la historia de Santiago la salud comenzó a ser un problema social, y por eso los ingentes esfuerzos de los primeros médicos profesionales y las primeras enfermeras del naciente estado moderno por darle una respuesta apropiada.
Varios fueron los factores que incidieron en estos cambios. Además de la complejización del aparato productivo y la estructura  ocupacional, los datos reunidos señalan la consolidación del patrón de vida urbana y la reducción de la distancia entre estamentos y clases que eso implica.
Junto a ellos, hay otro factor que debe considerarse, porque resume las ideas liberales de la época y la acción del Estado. Se trata del crecimiento de la alfabetización, alentado por las políticas educativas de Avellaneda y Sarmiento. Luego de las escuelas rurales que creó Manuel Taboada con fondos provinciales y de la Nación, nacen de la iniciativa sarmientina la Escuela Normal para mujeres y varones y el Colegio Nacional, las primeras en la educación superior, que ocuparán un importante papel en las décadas siguientes.
Esta posibilidad estaba limitada a la ciudad, y sólo a algunos de sus habitantes. Pero aun así tuvo enorme importancia en el plano local.  Veamos algunas cifras que muestran el crecimiento de las ocupaciones con mayor calificación.

Evolución del grupo ocupacional de profesionales, técnicos y trabajadores asimilados en Santiago del Estero. 1869, 1895 y 1914

   
El crecimiento del número de maestros y profesores es el más elevado en este grupo ocupacional. Estas cifras permiten apreciar que así como el ferrocarril fue un vector de cambio en la economía, la educación lo fue en el plano de la vida social y cultural, y esto se refleja en la estructura ocupacional, así como en otros planos de la vida social.
Tres décadas después de iniciado la fase del modelo agro-forestal la ciudad se ha diversificado en sus funciones, se ha integrado al espacio económico pampeano mediante la circulación de capital, información y viajeros que permitían el sistema bancario, el telégrafo y el ferrocarril. Los fastos del Centenario dejaron un nuevo escenario urbano: la escuela homónima en calle Rivadavia, el Teatro 25 de Mayo en calle Avellaneda, y el hospital Independencia en avenida Belgrano.

La biblioteca
Es en este punto donde situamos al surgimiento de la institución bibliotecaria dentro de la compleja sociedad del período estudiado. En el caso que analizamos, debe registrarse su nacimiento en 1888 como Sociedad Sarmiento de Socorros Mutuos. Su inspirador y primer dirigente fue Juan Belisario Flores, que a su oficio de sastre reconocido en la ciudad agregaba el de profesor en la Escuela Normal. Como sastre tenía trato con muchos clientes, en la especial intimidad que exige el oficio, cuya tradición recordamos desde el nacimiento de la ciudad moderna. Como docente y ávido lector, prestaba libros y estimulaba la conversación sobre temas de interés colectivo.
La fundación de la Sociedad Sarmiento de Socorros Mutuos por su iniciativa el 31 de octubre de 1888 debe ser valorada como una pionera manifestación local del mutualismo moderno. Con sus amigos Segundo Guzmán y Aparicio J. Páez y otros da forma en pocos años a una obra social y un seguro de salud basado en la ayuda mutua mediante el pago de una cuota mensual. Cubría gastos de sepelio y se proporcionaba un subsidio mensual a los enfermos, además de otros servicios.
Flores era un atento observador de su tiempo, debiéndose consignar su actitud moderna y tradicional a un tiempo. En efecto, días después de la muerte de Domingo F. Sarmiento en Asunción, Paraguay, conforma una asociación de vecinos, un tipo de nucleamiento civil que este autor alentaba. La denominan con su nombre, y al mismo tiempo la colocan bajo el auspicio de la Virgen de la Merced. Al unir el patrocinio de Sarmiento y la Virgen logran una sincresis que no se observa en sus contemporáneos ni en sus sucesores.
Ciencia y fe, que fueron hostiles en ese momento, están aquí reunidas aquí en un cruce de idearios ‘modernos’ y costumbres ‘tradicionales’, unidos por el sentido de localidad o pago urbano. Los barrios céntricos de la ciudad coincidían con las parroquias, en cuanto jurisdicción religiosa. La Merced, Santo Domingo y San Francisco sostuvieron el culto durante las décadas que duró la reconstrucción de la Catedral concluida hacia 1897.
En 1893 la institución tomó un nuevo rumbo al fundar la Biblioteca Sarmiento por iniciativa del abogado Dámaso Jiménez Beltrán que donó a ese fin la suma de $ 3.000, cobrada por la elaboración del Código de Procedimientos de la Provincia. Al mismo tiempo se inició una campaña pública de donaciones de libros en todo el territorio provincial, que le permitió obtener no menos de un centenar de libros provenientes de bibliotecas de Loreto y Atamisqui.
La biblioteca se alojó transitoriamente en el primer edificio del Colegio Nacional, sobre la calle 25 de Mayo, hasta que algunos de sus libros fueron quemados en la calle por disposición de un rector que los consideraba perniciosos, dando lugar a la protesta de la Sociedad y a una intervención del Municipio que condenó el hecho. La naciente institución estuvo en el centro del debate entre la Iglesia y el Estado: en 1910 se escucharon los discursos de Baltasar Olaechea y Alcorta y Maximio Victoria, líderes de esas posiciones antagónicas. El pluralismo ideológico, expresado en la no distinción de razas, nacionalidades y credos, figura aún hoy en su Estatuto.
La Sociedad compró en 1902 una casa por $ 3.000, a la que se trasladó la biblioteca. El local no podía contener la creciente demanda de uso en los siguientes años, y desde entonces fue preocupación principal tener un local adecuado s sus fines; en 1906 se compró el de Libertad 674, y cuatro años depués se colocó la piedra fundamental con la presencia del gobernador y otras autoridades provinciales, dando lugar a otra etapa generacional e institucional.
Las preocupaciones culturales de los profesores y profesionales que la integraron desde aproximadamente 1900 desplazaron a las del período fundacional de los artesanos, y en 1913 se dispuso eliminar el servicio de socorros mutuos considerando que había cumplido su etapa y que era necesario atender otras preocupaciones culturales.
Para entonces, el Directorio estaba formado por profesores, entre los que cabe citar a Gumersindo Sayago (padre), Antenor Ferreyra, Ramón Carrillo (padre) y Juan Francisco Besares. También se registran abogados y médicos como Durval García y Teodomiro Bravo Zamora respectivamente, todos ellos pertenecientes a la elite cultural de la época, que ocupaban cargos en la administración municipal, provincial o nacional como funcionarios y representantes.
Lo muestran los casos del Dr. Durval García que interrumpió su mandato de Presidente para hacerse cargo de la banca de diputado nacional, y de Juan A. Figueroa que al año siguiente de ocupar el mismo cargo fue designado Intendente municipal.
En este momento, la obtención de recursos halló una coyuntura favorable. Un subsidio del Senado Nacional de $ 30.000 permitió la iniciación de las obras en 1910, con proyecto del ingeniero y arquitecto italiano Pedro Vozza, que condujo la obra hasta su inauguración en 1925.

Prácticas organizativas, lectura y política
La lectura de los Anales de la Biblioteca Sarmiento (1925) y de los libros de Actas del período analizado ilustran acerca de la forma en que los integrantes de las comisiones directivas, y en especial sus presidentes, veían a la educación, al libro y la lectura, y del rol de la institución en el contexto provincial.
En primer lugar, tomaremos en cuenta una frase del Acta de Fundación de la Sociedad en 1888, que expresa el propósito de sus integrantes de “ayudarse en los momentos difíciles de la existencia”.
Como justiticación del socorro mutuo que la inspiró, se manifestará en las décadas sucesivas, y sólo puede ser comprendido dentro de la problemática de la salud de la población, que en esos años aparece como una creciente preocupación pública.
Se trata de las sucesivas epidemias de viruela que afectaron a la ciudad desde 1879, que cobraron la vida de numerosas víctimas, entre ellas la de la esposa de Belisario Flores, y de varios trabajadores de la salud que atendían a los afectados en precarias condiciones de asepsia. Luego la fiebre palúdica se enseñorea de la ciudad, prolongándose hasta 1901, cuando por iniciativa del médico e higienista Antenor Álvarez se recupera mediante la plantación de eucaliptus la zona inundable, dando origen al Parque Aguirre.
La insuficiencia de los servicios del Estado para atender este problema era evidente, y reclamaba el trabajo de voluntarios. Como en otras ciudades de Argentina, el concurso de sus redes solidarias fue una importante ayuda ante el flagelo. Según los Anales y Actas, entre 1891 y 1897 la Sociedad aportó el servicio de hasta tres médicos, abonando medicamentos en boticas y subsidios familiares al 30 % de sus socios que se encontraban enfermos.
Pero no sólo la salud afectó la vida de la naciente institución, sino también la vida política nacional. En 1890 se produjo en Buenos Aires la llamada Revolución del Parque, considerada el nacimiento del radicalismo, en oposición a la hegemonía conservadora del Partido
Autonomista Nacional fundado por Mitre. Esta nueva fuerza política dio un paso hacia la ampliación de la participación ciudadana, que conduciría al poder a Hipólito Irigoyen en 1916, cuatro años después de la sanción de la Ley promovida por Roque Sáenz Peña.
Esta corriente política actuó como divisoria de aguas en la vida social, promoviendo debates que auguraban una etapa de mayor pluralismo y confrontación, legitimando el papel renovador de la oposición. La Sociedad Sarmiento no fue ajena a su influjo, que provocó una grave crisis interna en 1991 y 1992. Este último año la Comisión Directiva dispuso la separación de su socio fundador Aparicio J. Páez, embanderado en la nueva fuerza, seguida por la
renuncia de Segundo Guzmán. Recordemos que ambos habían acompañado a J. Belisario Flores como tesorero y secretario respectivamente, en 1988.
La significativa decisión implicaba un cambio de poder en la institución, que dejó solo a Flores al privarlo de sus primeros aliados. De hecho, este fundador no figura entre los 27 firmantes del Acta de Fundación de la Biblioteca el 25 de mayo de 1893, entre ellos el gobernador conservador Gelacio Lagar. No obstante, Flores siguió perteneciendo a la Sociedad, y entre 1895 y 1900 integró la Comisión Directiva como vocal y ocupó el cargo de Bibliotecario recientemente creado.
Luego de este primer conflicto interno los directivos de la Sociedad serán profesores y profesionales vinculados ocupacionalmente al Estado, que veían un riesgo en la adhesión al radicalismo, todavía marginal aunque ya en esos años se publicaba el diario Unión Cívica.
La Biblioteca Sarmiento, fase sucesiva de la Sociedad Sarmiento, supone una operación de alineamiento con el poder constituido en el plano nacional y provincial, que habría de dar resultados prácticos en los años siguientes, bajo la forma de subsidios que le permitirían sostenerse y ampliar su radio de acción.
No obstante, se observa una continuidad en la institución, proveniente del ideario liberal de la época, en buena parte proveniente de la inspiración masónica que había nutrido la obra de Sarmiento. La idea de la educación como superadora de la ignorancia de las masas populares está latente en todo el período analizado. La advertimos en el triángulo Flores-Guzmán-Aparicio y su actitud de servicio humanitario guiado por el espíritu positivo de la ciencia y la distancia que la separaba del marco eclesiástico hasta entonces dominante.
Recordemos también que la denominación de “sociedad” que comenzó a difundirse esos años en Argentina puede ser considerado,  en algunos contextos, como sinónimo de “logia” (Corbiere, 2002), en tanto agrupación con fines filantrópicos y de servicio formada por “hombres libres”, esto es, poseedores de pensamiento propio y de recursos económicos que lo sustentaran. De allí que el aporte de los socios mediante una cuota mensual fuese considerado una condición sine qua non para mantener su permanencia. A más de las purgas por razones políticas (socios que sembraban la “anarquía” y amenazaban el “principio de autoridad”), la falta de pago en las cuotas por más de tres meses bastaba para su separación, concretada en varias oportunidades cumpliendo el Estatuto al pie de la letra.
Por otra parte, señalemos el riguroso seguimiento de la práctica institucional republicana, obediente de un Estatuto de equivalencia constitucional, que además de requerir juramento al momento de asumir cada cargo dotaba al Presidente de un símbolo de poder de no escasa importancia: una banda de raso bordado utilizada en las Asambleas y otras ceremonias significativas. Esto no quiere decir en modo alguno que los integrantes de la Sociedad Sarmiento perteneciesen a la masonería –aunque sí fue el caso de su presidente Juan A. Figueroa durante el período 1895-96, poco antes de fundar el diario El Liberal– sino que estaban presentes en el geist y la práctica de la institución, junto a otros elementos del ideario liberal de la época, tales como su independencia en materia política y religiosa.
La promoción de la lectura y el “libre examen” que se admitía como principio fundante tenía como destinatarios no sólo a los estudiantes que carecían y libros propios, sino también a obreros y quienes cultivaban artes e industrias.

Conclusiones
Creemos que la Sociedad Sarmiento es la primera expresión pública de adhesión al ideario sarmientino en Argentina, luego comprobable en la iconografía en moneda y escultura, el ferrocarril, y entre otras instituciones aproximadamente veinte bibliotecas que llevan su nombre en la Argentina.
Los nuevos espacios de sociabilidad se nutrieron de la mentalidad dominante en la época, que aportaba una nueva visión del mundo, eco de la europea adaptada a las condiciones del país. Las ideas movilizadoras de esta corriente de pensamiento se nutrían principalmente de tres vertientes: el ideario republicano fortalecido en la gesta de la independencia, la concepción liberal del orden político expandido desde la Revolución Francesa, y el pensamiento positivo que provenía del desarrollo de la ciencia. La noción de progreso podía reunirlos en un solo haz.
El clima de creatividad e innovación que se vivió entonces, semejante a otras sociedades en otros momentos, ha sido atribuido a sujetos colectivos tales como ‘minorías creadoras’ y más tarde ‘elites’.
Esta interpretación sobrestima el rol de los grupos dirigentes, y en paralelo subestima al resto del colectivo social, colocándolo imaginariamente en una suerte de pasividad, que habría de ser levitada, movilizada o agitada por el impulso de las ideas. En esta primera aproximación al caso, sostendremos que esta visión estereotipada del progreso debe ser puesta en cuestión a través de una nueva lectura de los datos disponibles.

Fuentes
Libro de actas de Reuniones y Asambleas. 1888-1915.
Anales de la Biblioteca Sarmiento. 1926.
Formadora de conciencias. Biblioteca Sarmiento. 1993.
Archivo fotográfico.
Bibliografía
Alderete de More, Nelva (1998): Historia de la enfermería en
Santiago del Estero. Barco Edita, Santiago del Estero.
Alen Lascano, Luis (1992): Historia de Santiago del Estero.
Plus Ultra, Buenos Aires.
Cartier de Hamann, Marta (1972): La Brasa, una expresión
generacional santiagueña. Colmegna, Santa Fe.
Corbiere, Emilio J. (2002): La masonería en la Argentina,
Buenos Aires.
Germani, Gino (1960): Política y sociedad en época de transición.
Paidós, Buenos Aires.
Oddo, Vicente (1980): Historia de la medicina en Santiago del
Estero. Santiago del Estero.
Romero, José Luis (2011): Latinoamérica. Las ciudades y las
ideas. Siglo XXI, 2011.
Sarlo, Beatriz: Buenos Aires. Una modernidad periférica.
Buenos Aires, 2002.
Tasso Alberto (2007): Ferrocarril, quebracho y alfalfa. Un ciclo
de agricultura capitalista en Santiago del Estero (1870-1940). Alción,
Córdoba.
—(2012): “La Biblioteca Sarmiento de Santiago del Estero (1888-
2012). Enfoques, materiales y fuentes para el estudio de una institución
cultural”. Primer Congreso de Historia de Santiago del Estero

y la región. FHCSyS-UNSE, Instituto La Sagra.

(Tomado de Producción Académica 2012, de la  Academia de Artes y Ciencias de Santiago del Estero)

viernes, 6 de noviembre de 2015

Hacia una sistematización de la literatura escrita por mujeres


"Las desigualdad obligó al silencio"

*Hebe Luz Ávila
Por qué las mujeres
Me atrevería a aventurar que Anónimo, que tantos poemas escribió sin firmarlos, era a menudo una mujer. 
Virginia Woolf.

La mujer individualizada como sujeto de un discurso intelectual es algo muy nuevo en la larga historia de la humanidad, ya que desde hace mucho menos de un siglo recién el foco de algunos sectores del pensamiento se ha centrado en la mujer. Con la aparición del feminismo – considerado como una oposición moral a la dominación masculina- se pone de relieve algo al parecer antes no notado: que las formas de pensar en los diversos ámbitos de las sociedades están plasmadas por y para las personas del sexo masculino. En efecto, el discurso de la historia, la filosofía, la política, y hasta el religioso siempre se ha formulado desde la primera persona del masculino. Más aún, el sujeto de la historia - desde el hombre de las cavernas, el medieval, el renacentista, etc. – siempre ha sido masculino, lo mismo que todo el pensamiento humanista tradicional. Decir "las edades del hombre" para referirse a la evolución de toda la humanidad es un ejemplo de este pensamiento androcéntrico, pues con ese término no se sabe si, o se intenta englobar a las mujeres, que en ese caso forman parte de él invisibilizadas o, si no fuera así, quedan excluidas. El androcentrismo supone, por tanto, considerar a los hombres como el centro y la medida de todas las cosas. oposición, el hombre, es decir la masculinidad como objeto de estudio.
En realidad, aunque se nombra como hombre, se trata de un ser asexuado, pues no se identifica como hombre o como mujer. Recién la nueva visión de los estudios de género intentará consolidar un nuevo sujeto marcado por el género y distinguir a la mujer separada de ese sujeto históricamente sin sexo. Y así, de esta nueva visión, surge luego, por con este movimiento la mujer adquiere - por su propia lucha - el derecho a expresarse. Sin embargo, y si nos instalamos en el mirador de la Historia, distinguimos que algunas veces los hombres la han hecho objeto de su referencia generalmente para menoscabarla o demonizarla (Lilith, Eva) en un discurso misógino.
Parece ser que desde siempre la mujer ha inspirado en el varón un poderoso sentimiento de miedo, a causa, esencialmente, del enigma de su maternidad, de su vínculo con la naturaleza y de la atribución de una sexualidad imaginada como insaciable y devoradora. De esta manera, el hombre, dueño de una mayor fuerza física y con mayor libertad al no tener que asumir las cargas y limitaciones propias de la generación de hijos, intentó dominarla. Así, consiguió confinarla en un rol económico-social inferior, tacharla de irracional (Aristóteles la considera "macho deficiente e imperfecto") y cerrarle el acceso al poder y a la cultura.
Desde siempre, la mujer ha sido condenada al silencio, o desterrada su habla al interior del hogar, puesto que, si saber es poder, tomar públicamente la palabra representa uno de los mayores ejercicios del poder. Por ello, refranes populares antiquísimos la circunscriben a su lugar: "La mujer y la sartén en la cocina están bien", y más adelante, los revolucionarios franceses - aquellos que levantaron la bandera de lucha contra la represión y la desigualdad - mostraban su incongruente misoginia con el lema ahora ofensivo:"La mujeres a la cocina o al burdel".
Con todo, no podemos desconocer que, a pesar de las restricciones impuestas, hubo mujeres que desde siempre escribieron enfrentando a su época. Nos basta recordar, cronológicamente, a Safo, Eloísa, Santa Teresa de Jesús, Sor Juana Inés de la Cruz, Madame de Staël, George Sand, Emilia Pardo Bazán, Virgina Woolf o Simone de Beavoir.
Generaciones y generaciones de mujeres pasaron su existencia confinadas en el silencio y el sometimiento a los injustos roles establecidos. La mayoría de ellas han aceptado e interiorizado, por siglos, los estereotipos femeninos y el restringido marco vital, ideológico y moral que se les señalaba. Así, desde la época clásica y hasta entrado el siglo de las luces, se consideró que era contraproducente que las niñas aprendieran a leer y a escribir. Por esta causa, muchas mujeres escritoras se sintieron torturadas por estar desobedeciendo las normas, al hacer algo prohibido. Recordemos que, por estas circunstancias, durante siglos las mujeres que querían estudiar o escribir tuvieron que encerrarse en conventos y hasta usar nombre de varón.
Consecuente con esta realidad, la crítica literaria se ha caracterizado por poner énfasis en la literatura masculina y marginar las creaciones femeninas. Cientos de antologías no incluyen ni una mujer entre los autores seleccionados, aunque no todos los hombres que en ella aparecen sean geniales ni sus escritos representen la más alta literatura. Desde hace pocas décadas, el péndulo de la crítica comenzó a inclinarse hacia la literatura de mujeres. De ahí nuestra intención con una idea de hacer justicia: poner en el otro platillo de la balanza la literatura de mujeres. Cuando el fiel llegue al punto medio, señalará un centro más ancho del universo literario, contenedor de toda la literatura, y solo habrá diferencia, entonces, entre las obras estéticamente superiores y las inferiores.

Qué entendemos por literatura de mujeres
La pregunta acerca de si existe una literatura de mujeres nos recuerda, en parte, a aquellas que se hacían los teólogos en el siglo XIII sobre si tenían o no alma las mujeres.
Dejaremos de lado otras divisiones más sutiles, y solo nos ocuparemos de la literatura de mujeres, es decir, el conjunto de obras literarias cuya firma tiene valencia sexuada: el corpus literario escrito por mujeres.
Estamos al tanto de las extensas disquisiciones acerca de literatura femenina y literatura feminista, de la evolución del feminismo de la igualdad al de la diferencia y algunas posiciones que rechazamos por extremas y fuera de lugar. Así, las que invitan a las mujeres a "escribir el cuerpo" con lo intrínsicamente femenino - la vagina, el vientre, los pechos, los líquidos propios- para librarse de lo que consideran predominación falo-logocentrista masculina. O la que incitan a sus congéneres a lograr una escritura política y militante para expresar un nuevo mundo que no esté basado en diferencias sexuales, a fin de destruir el concepto de "mujer" y sustituirlo por el concepto de "lesbiana". No nos adscribimos a ninguna de estas posturas, que consideramos desnaturalizadoras y retorcidas.
Resulta muy difícil clasificar a un escritor... y si lo intentamos, su encasillamiento terminará siendo incompleto, injusto. En efecto, podría tratarse de un autor que escriba en más de un género literario, o alguno clasificado con un enfoque étnico/nacional, en el que deberá quedar afuera el plus que no corresponda a su visión de la cultura local. En muchos casos, si no conocemos al autor o autora, es improbable la determinación tajante de que un texto esté escrito por un hombre o una mujer. Por ello, Virginia Woolf escribe: "es imposible averiguar el sexo de una frase".
Sin embargo, en este trabajo intentaremos señalar los rasgos propios que pudieran observarse en la literatura escrita por mujeres, basándonos en los estudios más serios realizados desde la investigación lingüística.
Por otra parte, y debido a esa historia de represión y de desigualdad que obligó al silencio, pensamos que las mujeres pueden aportar un punto de vista particular a la cultura humana en general y a la literatura en particular. Porque, como señala Rosa Montero, " hay una historia que no está en la historia y que sólo se puede rescatar escuchando el susurro de las mujeres".

Una expresión diferente
El testimonio de las mujeres es ver lo de fuera desde dentro. Si hay una característica que pueda diferenciar el discurso de la mujer, es ese encuadre. 
Carmen Martín Gaite.

Entre el hombre y la mujer hay diferencias biológicas que determinan dos identidades distintas. Aparte de las obvias y visibles - que ya desde la primera ecografía pueden distinguirse-, recordemos que en su génesis, los primeros 22 pares de cromosomas del embrión son iguales en ambos sexos. Esa es la prueba máxima de la identidad esencial entre hombres y mujeres, y -podemos ir más allá aún - la que demuestra que el ser masculino se forma a partir del primigenio femenino, con una pequeña diferencia en la última etapa del proceso: el par de cromosomas 23 ( XX en las mujeres y XY en los varones). Desde hace pocos años, se ha determinado que el gen llamado SRY del cromosoma Y es el que inicia, en la séptima semana de gestación, el proceso de masculinización del embrión, al activar en cascada otros genes que ocasionan la transformación de las gónadas indiferenciadas en testículos. Si este gen no llega a actuar, se forman el útero, trompas de Falopio y vagina, y desaparecen los tejidos que se convertirían en órganos sexuales masculinos.
A partir de entonces, comienza un largo y complejo proceso en el que interactúan la biología, el ambiente y la educación hasta que el nuevo ser humano alcance su estado adulto.
La biología identifica otras diferencias. Así, ya es una evidencia científica la mayor longevidad de las mujeres, mientras que los cardiólogos han comprobado en los varones una mayor predisposición a los infartos. Por su parte, los neurólogos reconocieron una organización de los hemisferios cerebrales más asimétrica en los varones que en las mujeres en lo que concierne al habla y a las funciones espaciales, a la vez que comprobaron la superioridad femenina en las actividades verbales frente a la superioridad masculina en las tareas visoespaciales (evidentes ya desde la infancia, aunque acentuadas a partir de la pubertad)
Al parecer, los experimentos, confirmarían la tesis popular de que mujeres y varones perciben el mundo de maneras algo distintas y talvez con el tiempo puedan explicar las causas por las que las niñas empiezan a hablar antes que los niños, o poseen un mayor vocabulario, o si la zurdera más frecuente en los varones tiene relación con la dominancia cerebral; también por qué el tartamudeo es casi exclusividad de los varones, quienes por lo general tienen voces más graves o la causa de la tendencia de las mujeres a ser más daltónicas.
Sin embargo, estas diferencias se relativizan con las circunstancias –socioculturales especialmente- de cada individuo, y terminan siendo discrepancias solo de grado.
Si intentamos establecer rasgos característicos en la escritura de mujeres, antes deberemos tratar de señalar los propios del habla femenina, ya que, consecuentemente con estas determinaciones científicas, se han reconocido, desde la lingüística, notas distintivas de un sociolecto femenino. Este sociolecto es resultante de una correlación entre la variación lingüística y el sexo, aunque la variación lingüística que se da entre hombres y mujeres talvez sea consecuencia del género y sólo indirectamente del sexo (Eckert, 1989).
En las últimas tres décadas, la distinción entre sexo y género ha sido objeto de miles de páginas de definiciones y estudios. Señalemos que el término género sirve para estructurar la fundamental diferencia entre la femineidad y masculinidad como conceptos elaborados socioculturalmente (estereotipos), frente a los significados tradicionales del sexo (macho y hembra), asentados en diferencias puramente biológicas.
Indudablemente, las palabras del diccionario están en el diccionario a disposición de todos, la gramática que se emplea para crear las oraciones es una sola y las teorías y escuelas literarias no presentan una variación femenina y otra masculina. No hay palabras exclusivas para hombres y otras para mujeres, sin embargo todos reconocemos que las más expresivas y delicadas suelen ser más usadas por mujeres y las malsonantes o insultos aparecen con mayor frecuencia en boca de hombres. Así, en lo relativo al vocabulario, Robin Lakoff (1995) reconoce algunas en la frecuencia de aparición de algunas voces, como distinciones léxicas, en campos específicos como el color (magenta, malva, chocolate) o abundancia de adjetivos valorativos positivos (adorable, encantador, divino). De igual manera, la profusión de elementos que sirven para dar énfasis, como diminutivos y superlativos.
Pero las diferencias más significativas parecen estar en el componente pragmático del habla de cada género (en la interacción comunicativa), de lo que se ha podido corroborar, luego de ingentes estudios, que los hombres tienden a imponer más su tema de conversación, en un discurso dominante, que prescinde del interlocutor, mientras las mujeres plantean más preguntas (Zimmerman y West, 1975). En cuanto a los turnos de la conversación, los hombres interrumpen más a las mujeres que al revés. Es decir, es más de uso masculino el discurso asertivo, argumentativo, con intención de mantener el control, mientras que el lenguaje empático, el diálogo y la búsqueda de avenencia son más propios de las intervenciones femeninas.
Con los estudios transculturales, se ha señalado también en el habla de varones y mujeres una marcada discrepancia, con un estilo explícito o directo en ellos, e implícito o indirecto en ellas, lo que se patentiza en las maneras de connotar la cortesía y de salvar las apariencias, en las mujeres con mayor uso de recursos de atenuación (Brown y Levinson, 1987).
Sin embargo, las diferencias entre género no pueden desvincularse de la posición social que ocupan los hablantes, ya que la presencia de estos recursos se incrementa en los contextos comunicativos en los que se hacen más patentes las desigualdades de poder.
Por otro lado, las investigaciones sociolingüísticas coinciden en observar que, en iguales condiciones de edad, clase social y nivel educativo, el habla de las mujeres es cualitativamente mejor y con un vocabulario más rico, una sintaxis más completa y una pronunciación más cuidada que la de los hombres.
En realidad, las notas distintivas en la expresión femenina parece deberse más que a alguna determinación biológica, al hecho de que han sido educadas para responder al estereotipo por el cual la sociedad espera siempre que las mujeres se comporten en todos los sentidos mejor que los hombres.
Uno de los descubrimientos más indiscutibles en el estudio de la variación lingüística debida al género, es el hecho de que las mujeres utilizan menos formas no estándares que los hombres. Esto fue verificado en trabajos de campo en muy variadas comunidades e idiomas y en hablantes femeninos de todas las clases sociales. La llamada teoría del mercado lingüístico explica esta situación en que las mujeres hacen uso del prestigio lingüístico por falta de prestigio material (Eckert, 1989)
Otra explicación que no desplaza a la anterior es la teoría de la imagen, que explica que los grupos subordinados tienen que ser corteses. Durante siglos, las mujeres han tenido menos poder que los hombres, por lo que se ven forzadas a mostrar respeto y a mantener su imagen (es decir, su autoestima). Al emplear una variedad lingüística estándar (desechando las formas vernáculas o vulgares) parece que se satisfacen ambas pretensiones, pues son educadas con el interlocutor y reclaman respeto al marcar su propio prestigio. Para la preferencia femenina de estas formas hay otras explicaciones, como la crianza de los hijos, pues al tener conciencia de ser un modelo - también lingüístico- para ellos, utilizan las formas "más correctas". Asimismo, estamos en condiciones de aportar otra razón que justifica esta particularidad, en el empeño propio de mujeres de agradar, de ser aceptadas, de gustar, el mismo que las lleva habitualmente a arreglarse y embellecerse.
A pesar de su novedad, los estudios sobre las particularidades lingüísticas de las mujeres resultan inabarcables, y algunos exageradamente minuciosos* , aunque las diferencias terminan siendo solo de grado.

Un estilo femenino
Mi única ambición es llegar a escribir un día, más o menos bien, más o menos mal, pero como una mujer. (...) Pues entiendo que una mujer no puede aliviarse de sus sentimientos y pensamientos en un estilo masculino, del mismo modo que no puede hablar con voz de hombre. 
Victoria Ocampo.

Los rasgos distintivos del habla de mujeres es posible que se vuelquen también en su escritura, y que aparezca así la connotación de un registro femenino. En efecto, si atendemos a los enfoques lingüísticos (que comenzaron estudiando la lengua como una abstracción, desconectada de toda circunstancia, luego – muy recientemente- el análisis del discurso, de la conversación, el textual), habrá que esperar a Benveniste para que se enfoque al sujeto de la enunciación. Así, la presencia del locutor en la enunciación hace que cada instancia del discurso se instituya en un centro de referencia interna expresada por formas específicas (deixis) y procedimientos accesorios ( la modalidad).
Greimas irá más allá, al centrarse en ese sujeto y afirmar que no se puede hablar de enunciación sino en la medida en que está enunciada.
Y que para conocer quién habla en el discurso habrá que reconstruirlo o descubrirlo con un esfuerzo de interpretación (lo que Hjelmslev llama encatálisis). Greimas entiende que las instancias de enunciación puestas en discurso tienen su fuente en la subjetividad enunciante. Para hacer un análisis de discurso, se deberá hacer una reconstrucción de las condiciones (subjetivas) de producción. El sujeto así planteado (en la literatura el autor, o autora en nuestro estudio) centra la significación con relación a un saber y a un hacer (piensa, enuncia, afirma, desarrolla una actividad cognitiva). Así también, las modalidades mediante las que se expresan las competencias del hacer del sujeto tienen que ver con el querer, el deber, el poder y el saber hacer. En la dimensión del ser del sujeto es donde se manifiestan las pasiones, que se organizan a través de una sintaxis de modalidades. Este sujeto pasional de la enunciación se establece no sólo por la combinación de modalidades sino también por modulaciones, las que comprenden un conjunto de rasgos aspectuales y tensivos que acompañan a toda pasión. Las modulaciones serían así rasgos del plano de la expresión - el estilo de una pasión- que permitirían establecer la presencia de determinada pasión. De esta manera, se puede reconocer al depresivo por la disminución en el ritmo de sus movimientos, o al ansioso por su agitación.
Buscando el lugar donde estarían ocultos los rasgos de género, surge la lingüística crítica y estilística feminista, las que trabajan sobre la teoría literaria y sobre la lingüística con el objeto de producir análisis de los textos a partir de modelos lingüísticos, y así determinar cómo se representan los significados de género en la cultura. A su vez, el aporte de Voloshinov (" La palabra siempre aparece llena de un contenido y de una significación ideológica o pragmática") establecerá un marco para la posición de sujeto de género a partir de las condiciones de producción simbólicas de la cultura y de la ideología, ya que ése es el lugar de su emergencia discursiva como sujeto de la diferencia sexual.
Por ello se asegura que toda literatura es autobiográfica, porque proviene de la experiencia del autor, que aun cuando no escriba en primera persona, crea sus personajes - consciente o subconscientemente - según sus propios rasgos personales o los de otra persona que conoce. La escritura proviene de su experiencia: de allí vienen sus ideas, los acontecimientos, los lugares descriptos, las imágenes.
A pesar de la poca antigüedad que tienen los estudios sobre la escritura de mujeres, se cuenta con un ingente número de ellos en todo el mundo, de los que trataremos de señalar los resultados más coincidentes. Destaquemos, a la vez, que este reconocimiento de características propias en la literatura escrita por mujeres es posible porque todavía es lo bastante minoritaria y excepcional (por razones históricas no hay una simetría con la escrita desde siempre por los hombres**) aunque, a medida que sean más las mujeres que escriban, habrá mayor diversidad y posiblemente se irán diluyendo estos rasgos comunes.
La mayor coincidencia talvez sea la de reconocer la existencia de un imaginario propio del género, así como una historia también propia (un "vivir y escribir como mujeres"), el uso de un lenguaje más reflexivo, matizado y sensual, con cierto tono intimista. Consecuentemente, las escritoras se inclinan hacia un mayor empleo de la primera persona y la autobiografía, una mayor presencia de lo cotidiano y una forma distinta de tratar las experiencias eróticas. Se contrapone un estilo más visual y descriptivo en los hombres y más sensual y plástico en la mujer, pues ellos tienden más a contar lo que ven y ellas lo que sienten. Hay unanimidad en destacar una serie de tópicos como la relación madre-hija, o la de pareja que, desde el punto de vista de la mujer, se distinguen de la perspectiva masculina.
Una constante muy definida se da en la defensa de unos valores originados en la relación con el orden simbólico de la madre y lo divino, y que inclinan tradicionalmente sus obras más a enseñar y conmover que a deleitar, aunque fundamentalmente éste es el rasgo que más está cambiando. Ya desde Teresa de Jesús encontramos la defensa de estos valores y, muy especialmente, una inteligencia emocional paralela a la inteligencia racional. También en las obras de la santa de Ávila se registra una decidida opción por los afectos y el uso del yo, en una enunciación personal, con forma autobiográfica e intimista.
Desde este enfoque más psicológico y experiencial (la interdisciplinariedad es la clave de los estudios sobre género en la actualidad), se marca como característica la incorporación de los sentimientos amorosos y las relaciones familiares, especialmente en la narrativa, aunque la incorporación del deseo amoroso se ha reconocido en principio como una raíz de la escritura femenina. Esto determinará, en lo formal, un punto de vista personal, que a la vez justifica el uso del yo como la fórmula predilecta de la enunciación femenina. También se relaciona con otro de sus rasgos universales una visión del mundo exterior desde adentro, con una fuerte implicación personal.
Este yo de la escritura de mujeres (su enunciación personal y la correlativa forma de autobiografía) es síntoma de una manera de ver el mundo y de instalarse en él, que suele expresarse también en visiones parciales, existenciales, aleatorias. Esto resulta en contraposición a las formas impersonales que muestran el mundo desde afuera, desde arriba y visto en su totalidad, propias de la tradicional escritura masculina.
En cuanto a la estructura, Jespersen ha definido la organización narrativa femenina como collar de perlas, mientras que a la masculina la compara con cajas chinas. Son más propios de la escritura de mujeres los finales abiertos, frente a la característica masculina de finales cerrados, en lo que todo queda bien atado.
En la literatura escrita por mujeres es común encontrar formas acumulativas, cíclicas, disyuntivas, donde tenga cabida lo fragmentario y hasta el mundo inconsciente, con una clara preferencia hacia lo parcial frente a la totalidad, característica que connota la segmentación de sus vidas. Se trata de una estructura relacionada con el proceso discursivo, que va enlazando las partes en un relato sarta y muchas veces como espiral, con varias líneas narrativas y libertad temporal y espacial. Resulta interesante señalar que correspondería a una organización anti barroca, cercana a las formas medievales, similar a las del Amadís y el Quijote.
Los saltos temporales suelen organizar el discurso, puesto que más que el tiempo cronológico se sigue el tiempo interior, subjetivo, en el que el presente muchas veces es explicado por el pasado, habitualmente enraizado en la infancia y las relaciones personales.
onsecuentemente con la mirada subjetiva, se ha determinado la preferencia femenina por los lugares interiores y los movimientos de horizontalidad, mientras que sus descripciones apuntan a detalles significativos vistos desde adentro.
El lenguaje que expresa esta visión particular del mundo suele ser indirecto, vacilante, a veces repetitivo, oscuro y hasta exagerado, con la espontaneidad del lenguaje oral y sus frases incompletas (recordemos los anacolutos que se le reprochan a Santa Teresa), todo ello en una expresión sencillista, calificada como "estilo en zapatillas".
Muchas veces se rompe la sintaxis y el orden lógico, denotando significativos silencios y elipsis, con una escritura paratáctica que señala que no es sólo logocéntrica, devenida puramente del pensamiento, sino también de la pasión y el deseo, con emoción y hasta lágrimas.
En síntesis: Se pueden destacar rasgos caracterizadores de una literatura escrita por mujeres, aunque éstos pocas veces son exclusivos, ya que, al parecer, solo la perspectiva y algunos motivos temáticos diferirían cualitativamente de los masculinos, mientras que las demás características son solo de grado, de mayor frecuencia de uso.

En Santiago del Estero
Blanca Irurzum.
Hay otras características que nos interesa muy especialmente para esta empresa de estudiar la literatura de mujeres en nuestra provincia, y es que por lo general, la actividad de cada una se desarrolla de forma aislada e individual y que la mayoría mimetizan la escritura de la época.
Las mujeres que escribieron en Santiago del Estero constituyen, como en todo el mundo, una minoría. No olvidemos que en una provincia tan mediterránea, tan del interior, la sociedad es más conservadora, y los cambios llegan con mayor retraso.
Para ser escritora se necesita, en primer lugar, una cultura superior, con abundante y buena lectura, lo que no es común en una provincia históricamente pobre y con altos índices de analfabetismo. Y se necesita lo que Virginia Woolf identificó como "un cuarto propio y una renta" suficiente, es decir, independencia y cierta soltura económica, condiciones que no son propias de mujeres, de ordinario atadas a una familia que atender. Y si todavía exigimos que escriba literatura, es decir calidad artística- que muy pocos de los que escriben lo consiguen- la cantidad se reducirá considerablemente.
En cuanto a los movimientos feministas y a su lucha por la igualdad del género, podríamos decir que su virulencia no llegó a nuestro ámbito provinciano, donde las diferencias de poder entre hombres y mujeres se fueron acomodando a las nuevas circunstancias mundiales de forma casi natural. De esta manera, si atendemos a las tres últimas generaciones, recién en la de las mujeres jóvenes de hoy se da un ingreso más masivo en el mercado de trabajo. Y a partir de las reivindicaciones políticas del peronismo, la mujer tiene un cupo en las listas de candidatos a cargos legislativos y ejecutivos.
Por otro lado, nos atreveríamos a afirmar que las pocas mujeres que en nuestro medio accedieron a la escritura no tuvieron una fuerte resistencia de parte de los hombres; más aún, muchas veces compartieron con ellos los espacios literarios, como los de la Brasa o la Carpa y hasta fueron festejadas y reconocidas por sus colegas masculinos.
Además, es preciso destacar que por sobre los valores de género siempre van a primar los valores personales, lo individual sobre lo grupal. Atendiendo a estas circunstancias, estamos en condiciones de señalar que podemos determinar tres tipos de posturas en la que, en general, se inscribirían las escritoras de Santiago del Estero en cuanto a la relación escritura-género. A la vez, asignamos para cada una de estas posturas una figura prototípica de la misma, entre las literatas consagradas.

Tres posturas básicas
María Adela Agudo
1 La tradicional femenina, que sigue el conocido estereotipo: Una mujer delicada, sensible, humilde, maternal, que escribe como bordando, con afán didáctico, sobre lo fragmentario, lo diminuto, componiendo canciones de cuna, rondas infantiles. Los temas íntimos y amorosos son lo suyo y muy especialmente la poesía: recordemos que en el ámbito cultural instituido por los hombres, se acepta más fácilmente que una mujer practique la poesía - y de ese modo se la caracteriza como más emocional e intuitiva, a la vez que se la aleja de la visión global y racional -. Una escritora que se acerque a estas características escribirá desde la marginalidad a la que la ha relegado el sistema patriarcal.
Ya hicimos mención a la dificultad y hasta injusticia de los encasillamientos – fea palabra- , porque se generaliza, se dejan de lado aristas personales que pueden ser significativas. Pero, como señalamos, nuestro intento es sistematizar de alguna manera la literatura escrita por mujeres. Y entendemos que una primera generalización como la que intentamos podrían servir de base teórica, a modo de fundamentos – ojalá no tan endebles – para otros estudios más minuciosos, más particulares, más enriquecedores.
Nos decidimos por María Adela Agudo como representante de esta actitud de tantas literatas mujeres que eligen sacar partido de los márgenes a los que el escritor hombre las confinó para desde allí poder incorporarse al centro del sistema literario, atendiendo a fundamentos que sintetizaremos en los siguientes:
Canal Feijoo la considera "una desterrada en su propio mundo" y rescata su profundo temperamento lírico.
Nicandro Pereyra confiesa: "nos ha quedado de ella una lección de humildad, serenidad y valentía".
José Andrés Rivas califica: "Los suaves tonos de sus versos, y las imágenes nuevas o inesperadas que nos deparan, nos dan cuenta de la existencia de un espíritu que escondía pudorosamente su batalla interior. Como ella fue en sus días en la tierra, su poesía sigue siendo una forma de la delicadeza."
De sus poemas extraemos expresiones que apoyan nuestra inclusión en este apartado: "mujer de la casonas moliendo un cereal de cantares", "vuelve a mi soledad, donde estamos ataviadas de distancias/ seductoras de tu última risa", Porque yo no tengo aún hijos de sangre y tú eras para mí un hijo hermoso y el niño y el hombre, para mí la niña, la madre viva", "mi anhelante nostalgia de eternizarme en trinos", "Para qué ser tan coqueta, por qué la apostura de mis tobillos", "las terrazas están llenas de niños y de ángeles". Algunos títulos de sus poemas también dan cuenta de los rasgos que distinguimos: "Pequeño poema", "La otra amante", "Ronda de la avenida", "La santarrita", "Fruta", "Dolor".
2 Una segunda postura se define por actitud tradicionalmente masculina de escribir, desde la centralidad, con un mensaje fuerte y urgida por ese mensaje. Se trata de una literatura realista, "de pensamiento" y con obras de mayor aliento, como el ensayo y la novela. Deja un tanto de lado la situación personal de mujer (sin perder los rasgos esenciales que señalamos en la expresión femenina), preocupada más por una temática social o política, de la que resulta una literatura muchas veces combativa, testimonial o "de tesis".
Con mayor seguridad que en el caso anterior, nos decidimos por la figura de Clementina Quenel como paradigma de esta postura en la literatura de mujeres de Santiago del Estero. Como en el ítem anterior, presentaremos muy rápidamente los fundamentos de esta elección:
I. José Andrés Rivas resulta uno de los apoyos más firmes para nuestra decisión, cuando señala que Silvestre, la protagonista de El Bosque Tumbado "se convertiría en metáfora de su propia autora. Como ella, tuvo que enronquecer su voz para hacerse oír en un mundo de hombres".
II.También resulta decisiva la afirmación de Roa Bastos: "La Argentina tiene un Horacio Quiroga mujer".
Clementina Rosa Quenel
III. Luis Alén Lascano reconoce en su obra literaria una conjunción de "emoción y pensamiento". IV. Su ingente obra comprende todos los géneros: poesía, cuento, novela, dramaturgia, ensayos y hasta incursionó en el periodismo. Se inscribe dentro del realismo, regionalismo y más específicamente en el movimiento nativista. A lo largo de sus páginas está siempre presente la denuncia, lo testimonial y un fuerte contenido telúrico.
V. Los títulos de sus obras denotan los rasgos señalados: El bosque tumbado, Elegías para tu nombre campesino, La Luna Negra, Los Ñaupas.
3 Una tercera postura – quizás más cercana en el tiempo- correspondería a una literatura escrita por mujeres que tratan de romper con las formas anteriores, comienzan a apropiarse del lenguaje y juegan con él. Transparentan por lo general una temática feminista, y conciencia de su búsqueda de una voz diferente. No encontramos, para esta postura, una representante que detente la rotunda definición de las anteriores. Creemos encontrar algunos rasgos que las ubiquen en esta nueva expresión, en las poesías de Betty Alba, con un lenguaje distinto, una poesía que más que intimista se puede considerar introspectiva y hasta con sentido trágico: "Penetrar en el amor como en un gran cementerio con espadas"( "Consagración"). Lo reducido de su producción nos hace entrever estas notas, que no se sostienen por falta de una obra de mayor alcance.
Pensamos que algunas escritoras (poetisas casi todas) que actualmente están produciendo en nuestro medio, podrán con el tiempo y una mayor producción, sustentar esta postura.

Telurismo
Ya habíamos advertido, al comienzo de nuestro trabajo, que los encasillamientos resultan incompletos, injustos y dejan de lado notas muchas veces significativas. Por ello, no podemos cerrar estas líneas sin reconocer, también en la literatura escrita por mujeres de nuestra provincia, un rasgo que caracteriza a la literatura santiagueña, que podríamos llamar telurismo, el que deviene de la descripción del paisaje y los tipos humanos nativos, el folklore, la mirada hacia adentro, hacia las raíces y los motivos tradicionales.
Terminamos, entonces, con lo que expresamos al principio del trabajo: nuestra intención de hacer justicia: poner en el otro platillo de la balanza la literatura de mujeres. Cuando el fiel llegue al punto medio, señalará un centro más ancho del universo literario, contenedor de toda la literatura, y solo habrá diferencia, entonces, entre las obras estéticamente superiores y las inferiores. Ojalá podamos llegar a esa situación.©El punto y la coma y la autora.
Notas:
* Lillian Glass (1995). El dice, ella dice, cómo mejorar la comunicación entre el hombre y la mujer, Barcelona: Paidos. La autora establece 105 diferencias originadas en la comunicación por el sexo del hablante.
** No vamos a extendernos en consideraciones feministas, pero es sabido que la mujer estuvo siempre relegada al seno del hogar y alejada de la cultura, la lectura y más aún de la escritura. Así, la hostilidad hacía la mujer culta es algo tan característico que se puede encontrar ya en Juvenal, en el siglo I de nuestra era, pasando por Moliere (Las mujeres sabias), Quevedo (hembrilatinas), Andre Gide... y recorre nuestra cultura hasta nuestros días.

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* Publicado por primera vez en "El punto y la coma"