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jueves, 12 de noviembre de 2015

La Biblioteca Sarmiento y la difusión de la modernidad en Santiago del Estero (1880-1915)

Altos de la biblioteca (fachada)
Alberto Tasso

 Aunque el proceso de transformación que vivió la sociedad argentina a partir de 1880 ha sido ampliamente estudiado a nivel nacional, constituyendo un tópico vigente desde mediados del siglo XX, existen aún muchas zonas de sombra acerca de cómo fue vivido en las sociedades de provincia, cómo se articularon los nuevos códigos con los anteriores, cómo se produjo la urbanización modernizante y como fueron afectadas las reglas de sociabilidad, y aún las costumbres.
Dado que la Biblioteca Sarmiento nació en ese momento en la ciudad de Santiago del Estero, nos preguntamos acerca de esa sociedad, su población, y el clima cultural que se vivía durante las tres décadas elegidas para este análisis. Este artículo sólo presenta un esbozo del problema y algunas respuestas provisionales al amplio campo antes planteado. Para abordarlo se describe el contexto nacional y provincial mediante fuentes de época y estudios contemporáneos.
La historia de la Biblioteca fue recuperada mediante datos de su propio archivo, investigaciones recientes y entrevistas a descendientes de sus directivos.

El contexto
El contexto nacional ha sido estudiado por numerosos autores, y a los fines de este texto sólo cabe referir algunas de las ideas por ellos expuestas. Así, algunos hablan de una nueva oleada expansiva del capitalismo en su fase industrial sobre las nuevas repúblicas latinoamericanas. Mediante su impulso ellas se integraron más La Biblioteca Sarmiento y la difusión de la modernidad en Santiago del Estero (1880-1915) estrechamente a la economía europea, particularmente Inglaterra y Francia. En el caso argentino la producción de carne vacuna y
cereales le permitió alcanzar muy rápidamente un notable lugar en el concierto de la economía global, y junto con Australia y Canadá ofrecía la promesa de una nueva potencia, aunque este ciclo expansivo de la economía se detuvo luego de la Primera Guerra Mundial.
La hegemonía política de la burguesía aliada con el Ejército se expresó en el gobierno de Julio A. Roca, sostenida por un sistema electoral sui generis, que Germani (1960) llamó “participación limitada”, al que sólo accedían los varones que poeseían bienes raíces y sabían leer y escribir.
En cuanto al contexto provincial, la literatura muestra la celeridad con que se expresaron los cambios tecnológicos y las inversiones estatales y privadas, orientados al aprovechamiento de la tierra y el bosque, obteniendo nuevos productos dirigidos principalmente al mercado nacional.
La industria azucarera y la finca agropecuaria tuvieron rápida difusión en la región central, en tierras cercanas a los ríos Dulce y Salado, al tiempo que se extendía la red de riego. Los obrajes se multiplicaron en la región forestal, acompañando la extensión de las vías, que requería durmientes y permitía el transporte de leña y carbón.
El ferrocarril y la inmigración contribuyeron decisivamente a este proceso, y aunque su impacto fue desigual según las regiones, se tornaron dominantes en una economía que hasta entonces mostraba el predominio de la estancia ganadera. Entre 1876 y 1906 se construyen las primeras líneas férreas que vincularon a la ciudad con Tucumán, Rosario y Buenos Aires. En cuanto a la inmigración, de 135 extranjeros en 1869, pasa a 2.307 en 1895, y crecerá a 9.496 en 1914, constituyendo el 3,5 % de la población total. Aunque esta proporción es reducida con respecto a la de Buenos Aires y la región litoral, se admite que su influencia fue grande en el plano local. La ciudad
Estas transformaciones se percibieron nítidamente en la ciudad capital, que recuperó la primacía que el período independiente le había arrebatado: Romero (2011) sostiene que el caudillismo y las guerras internas habían “ruralizado” la vida urbana, pudiendo esto advertirse en la pequeña ciudad patricia y un tanto aldeana que era Santiago del Estero por entonces.
La “nueva ciudad” surgida en el 80 tendrá carácter y apariencia burguesa. Los empresarios y políticos ya no provienen sólo de las familias de prosapia que habían hecho de la estancia su feudo, sino de finqueros, comerciantes y gerentes de grandes firmas, varios de ellos extranjeros. La aristocracia nativa se difumina, y es reemplazada por una nueva clase dirigente, pragmática y admiradora del progreso. En contraste con la vida austera que cobijaban las casonas de adobe y tejas, ahora las familias pudientes construían chalets y hasta palacetes en las afueras de la ciudad, concebidos como casas de descanso veraniego.
La política urbanística del gobernador Absalón Rojas fue decisiva, pues con ayuda del agrimensor italiano Tulio Rusca diseña un nuevo mapa urbano del centro de la ciudad, delimitado por avenidas, cuyos nombres recuerdan apellidos históricos de la épica independiente: Moreno, Belgrano, Alsina, Rivadavia, y hasta contemporánea, como es el caso del presidente Roca y del propio Rojas. En 1889 se instala el alumbrado elétrico y pocos años después la red de agua. Arquitectura, servicios públicos, recreación, artes y formas de vestir registran el cambio. El arte y la recreación ganan espacio: los teatros Zanetti y Ollantay convocan a artistas y compañías de renombre, se extiende la práctica del paseo, aparecen confiterías y salas de billar.
En paralelo, se aprecia un florecimiento de la vida asociativa; surgen nuevas instituciones por iniciativa civil, y expresan una condición de ciudadanía que ya no dependerá de la Iglesia Católica como en décadas anteriores. Los “clubes” serán espacios de reunión habituales en los sectores altos y medios: citemos los de Ajedrez y Park Lawn Tennis, junto a entidades tales como la Sociedad de Tiro y Gimnasia, Sociedad Coronel Borges, Sociedad Filantrópica Escolar,Centro Agrícola Ganadero, y Escuela de Gimnasia y Esgrima (Anales, 1925: 173).
Santiago del Estero tenía 8.000 habitantes en 1895. El Estado sostenía un hospital y atendía unos pocos casos de extrema pobreza. Las epidemias de viruela, el paludismo y el Chagas endémico ponían límites estrictos a la duración de la vida. Quizá por primera vez en la historia de Santiago la salud comenzó a ser un problema social, y por eso los ingentes esfuerzos de los primeros médicos profesionales y las primeras enfermeras del naciente estado moderno por darle una respuesta apropiada.
Varios fueron los factores que incidieron en estos cambios. Además de la complejización del aparato productivo y la estructura  ocupacional, los datos reunidos señalan la consolidación del patrón de vida urbana y la reducción de la distancia entre estamentos y clases que eso implica.
Junto a ellos, hay otro factor que debe considerarse, porque resume las ideas liberales de la época y la acción del Estado. Se trata del crecimiento de la alfabetización, alentado por las políticas educativas de Avellaneda y Sarmiento. Luego de las escuelas rurales que creó Manuel Taboada con fondos provinciales y de la Nación, nacen de la iniciativa sarmientina la Escuela Normal para mujeres y varones y el Colegio Nacional, las primeras en la educación superior, que ocuparán un importante papel en las décadas siguientes.
Esta posibilidad estaba limitada a la ciudad, y sólo a algunos de sus habitantes. Pero aun así tuvo enorme importancia en el plano local.  Veamos algunas cifras que muestran el crecimiento de las ocupaciones con mayor calificación.

Evolución del grupo ocupacional de profesionales, técnicos y trabajadores asimilados en Santiago del Estero. 1869, 1895 y 1914

   
El crecimiento del número de maestros y profesores es el más elevado en este grupo ocupacional. Estas cifras permiten apreciar que así como el ferrocarril fue un vector de cambio en la economía, la educación lo fue en el plano de la vida social y cultural, y esto se refleja en la estructura ocupacional, así como en otros planos de la vida social.
Tres décadas después de iniciado la fase del modelo agro-forestal la ciudad se ha diversificado en sus funciones, se ha integrado al espacio económico pampeano mediante la circulación de capital, información y viajeros que permitían el sistema bancario, el telégrafo y el ferrocarril. Los fastos del Centenario dejaron un nuevo escenario urbano: la escuela homónima en calle Rivadavia, el Teatro 25 de Mayo en calle Avellaneda, y el hospital Independencia en avenida Belgrano.

La biblioteca
Es en este punto donde situamos al surgimiento de la institución bibliotecaria dentro de la compleja sociedad del período estudiado. En el caso que analizamos, debe registrarse su nacimiento en 1888 como Sociedad Sarmiento de Socorros Mutuos. Su inspirador y primer dirigente fue Juan Belisario Flores, que a su oficio de sastre reconocido en la ciudad agregaba el de profesor en la Escuela Normal. Como sastre tenía trato con muchos clientes, en la especial intimidad que exige el oficio, cuya tradición recordamos desde el nacimiento de la ciudad moderna. Como docente y ávido lector, prestaba libros y estimulaba la conversación sobre temas de interés colectivo.
La fundación de la Sociedad Sarmiento de Socorros Mutuos por su iniciativa el 31 de octubre de 1888 debe ser valorada como una pionera manifestación local del mutualismo moderno. Con sus amigos Segundo Guzmán y Aparicio J. Páez y otros da forma en pocos años a una obra social y un seguro de salud basado en la ayuda mutua mediante el pago de una cuota mensual. Cubría gastos de sepelio y se proporcionaba un subsidio mensual a los enfermos, además de otros servicios.
Flores era un atento observador de su tiempo, debiéndose consignar su actitud moderna y tradicional a un tiempo. En efecto, días después de la muerte de Domingo F. Sarmiento en Asunción, Paraguay, conforma una asociación de vecinos, un tipo de nucleamiento civil que este autor alentaba. La denominan con su nombre, y al mismo tiempo la colocan bajo el auspicio de la Virgen de la Merced. Al unir el patrocinio de Sarmiento y la Virgen logran una sincresis que no se observa en sus contemporáneos ni en sus sucesores.
Ciencia y fe, que fueron hostiles en ese momento, están aquí reunidas aquí en un cruce de idearios ‘modernos’ y costumbres ‘tradicionales’, unidos por el sentido de localidad o pago urbano. Los barrios céntricos de la ciudad coincidían con las parroquias, en cuanto jurisdicción religiosa. La Merced, Santo Domingo y San Francisco sostuvieron el culto durante las décadas que duró la reconstrucción de la Catedral concluida hacia 1897.
En 1893 la institución tomó un nuevo rumbo al fundar la Biblioteca Sarmiento por iniciativa del abogado Dámaso Jiménez Beltrán que donó a ese fin la suma de $ 3.000, cobrada por la elaboración del Código de Procedimientos de la Provincia. Al mismo tiempo se inició una campaña pública de donaciones de libros en todo el territorio provincial, que le permitió obtener no menos de un centenar de libros provenientes de bibliotecas de Loreto y Atamisqui.
La biblioteca se alojó transitoriamente en el primer edificio del Colegio Nacional, sobre la calle 25 de Mayo, hasta que algunos de sus libros fueron quemados en la calle por disposición de un rector que los consideraba perniciosos, dando lugar a la protesta de la Sociedad y a una intervención del Municipio que condenó el hecho. La naciente institución estuvo en el centro del debate entre la Iglesia y el Estado: en 1910 se escucharon los discursos de Baltasar Olaechea y Alcorta y Maximio Victoria, líderes de esas posiciones antagónicas. El pluralismo ideológico, expresado en la no distinción de razas, nacionalidades y credos, figura aún hoy en su Estatuto.
La Sociedad compró en 1902 una casa por $ 3.000, a la que se trasladó la biblioteca. El local no podía contener la creciente demanda de uso en los siguientes años, y desde entonces fue preocupación principal tener un local adecuado s sus fines; en 1906 se compró el de Libertad 674, y cuatro años depués se colocó la piedra fundamental con la presencia del gobernador y otras autoridades provinciales, dando lugar a otra etapa generacional e institucional.
Las preocupaciones culturales de los profesores y profesionales que la integraron desde aproximadamente 1900 desplazaron a las del período fundacional de los artesanos, y en 1913 se dispuso eliminar el servicio de socorros mutuos considerando que había cumplido su etapa y que era necesario atender otras preocupaciones culturales.
Para entonces, el Directorio estaba formado por profesores, entre los que cabe citar a Gumersindo Sayago (padre), Antenor Ferreyra, Ramón Carrillo (padre) y Juan Francisco Besares. También se registran abogados y médicos como Durval García y Teodomiro Bravo Zamora respectivamente, todos ellos pertenecientes a la elite cultural de la época, que ocupaban cargos en la administración municipal, provincial o nacional como funcionarios y representantes.
Lo muestran los casos del Dr. Durval García que interrumpió su mandato de Presidente para hacerse cargo de la banca de diputado nacional, y de Juan A. Figueroa que al año siguiente de ocupar el mismo cargo fue designado Intendente municipal.
En este momento, la obtención de recursos halló una coyuntura favorable. Un subsidio del Senado Nacional de $ 30.000 permitió la iniciación de las obras en 1910, con proyecto del ingeniero y arquitecto italiano Pedro Vozza, que condujo la obra hasta su inauguración en 1925.

Prácticas organizativas, lectura y política
La lectura de los Anales de la Biblioteca Sarmiento (1925) y de los libros de Actas del período analizado ilustran acerca de la forma en que los integrantes de las comisiones directivas, y en especial sus presidentes, veían a la educación, al libro y la lectura, y del rol de la institución en el contexto provincial.
En primer lugar, tomaremos en cuenta una frase del Acta de Fundación de la Sociedad en 1888, que expresa el propósito de sus integrantes de “ayudarse en los momentos difíciles de la existencia”.
Como justiticación del socorro mutuo que la inspiró, se manifestará en las décadas sucesivas, y sólo puede ser comprendido dentro de la problemática de la salud de la población, que en esos años aparece como una creciente preocupación pública.
Se trata de las sucesivas epidemias de viruela que afectaron a la ciudad desde 1879, que cobraron la vida de numerosas víctimas, entre ellas la de la esposa de Belisario Flores, y de varios trabajadores de la salud que atendían a los afectados en precarias condiciones de asepsia. Luego la fiebre palúdica se enseñorea de la ciudad, prolongándose hasta 1901, cuando por iniciativa del médico e higienista Antenor Álvarez se recupera mediante la plantación de eucaliptus la zona inundable, dando origen al Parque Aguirre.
La insuficiencia de los servicios del Estado para atender este problema era evidente, y reclamaba el trabajo de voluntarios. Como en otras ciudades de Argentina, el concurso de sus redes solidarias fue una importante ayuda ante el flagelo. Según los Anales y Actas, entre 1891 y 1897 la Sociedad aportó el servicio de hasta tres médicos, abonando medicamentos en boticas y subsidios familiares al 30 % de sus socios que se encontraban enfermos.
Pero no sólo la salud afectó la vida de la naciente institución, sino también la vida política nacional. En 1890 se produjo en Buenos Aires la llamada Revolución del Parque, considerada el nacimiento del radicalismo, en oposición a la hegemonía conservadora del Partido
Autonomista Nacional fundado por Mitre. Esta nueva fuerza política dio un paso hacia la ampliación de la participación ciudadana, que conduciría al poder a Hipólito Irigoyen en 1916, cuatro años después de la sanción de la Ley promovida por Roque Sáenz Peña.
Esta corriente política actuó como divisoria de aguas en la vida social, promoviendo debates que auguraban una etapa de mayor pluralismo y confrontación, legitimando el papel renovador de la oposición. La Sociedad Sarmiento no fue ajena a su influjo, que provocó una grave crisis interna en 1991 y 1992. Este último año la Comisión Directiva dispuso la separación de su socio fundador Aparicio J. Páez, embanderado en la nueva fuerza, seguida por la
renuncia de Segundo Guzmán. Recordemos que ambos habían acompañado a J. Belisario Flores como tesorero y secretario respectivamente, en 1988.
La significativa decisión implicaba un cambio de poder en la institución, que dejó solo a Flores al privarlo de sus primeros aliados. De hecho, este fundador no figura entre los 27 firmantes del Acta de Fundación de la Biblioteca el 25 de mayo de 1893, entre ellos el gobernador conservador Gelacio Lagar. No obstante, Flores siguió perteneciendo a la Sociedad, y entre 1895 y 1900 integró la Comisión Directiva como vocal y ocupó el cargo de Bibliotecario recientemente creado.
Luego de este primer conflicto interno los directivos de la Sociedad serán profesores y profesionales vinculados ocupacionalmente al Estado, que veían un riesgo en la adhesión al radicalismo, todavía marginal aunque ya en esos años se publicaba el diario Unión Cívica.
La Biblioteca Sarmiento, fase sucesiva de la Sociedad Sarmiento, supone una operación de alineamiento con el poder constituido en el plano nacional y provincial, que habría de dar resultados prácticos en los años siguientes, bajo la forma de subsidios que le permitirían sostenerse y ampliar su radio de acción.
No obstante, se observa una continuidad en la institución, proveniente del ideario liberal de la época, en buena parte proveniente de la inspiración masónica que había nutrido la obra de Sarmiento. La idea de la educación como superadora de la ignorancia de las masas populares está latente en todo el período analizado. La advertimos en el triángulo Flores-Guzmán-Aparicio y su actitud de servicio humanitario guiado por el espíritu positivo de la ciencia y la distancia que la separaba del marco eclesiástico hasta entonces dominante.
Recordemos también que la denominación de “sociedad” que comenzó a difundirse esos años en Argentina puede ser considerado,  en algunos contextos, como sinónimo de “logia” (Corbiere, 2002), en tanto agrupación con fines filantrópicos y de servicio formada por “hombres libres”, esto es, poseedores de pensamiento propio y de recursos económicos que lo sustentaran. De allí que el aporte de los socios mediante una cuota mensual fuese considerado una condición sine qua non para mantener su permanencia. A más de las purgas por razones políticas (socios que sembraban la “anarquía” y amenazaban el “principio de autoridad”), la falta de pago en las cuotas por más de tres meses bastaba para su separación, concretada en varias oportunidades cumpliendo el Estatuto al pie de la letra.
Por otra parte, señalemos el riguroso seguimiento de la práctica institucional republicana, obediente de un Estatuto de equivalencia constitucional, que además de requerir juramento al momento de asumir cada cargo dotaba al Presidente de un símbolo de poder de no escasa importancia: una banda de raso bordado utilizada en las Asambleas y otras ceremonias significativas. Esto no quiere decir en modo alguno que los integrantes de la Sociedad Sarmiento perteneciesen a la masonería –aunque sí fue el caso de su presidente Juan A. Figueroa durante el período 1895-96, poco antes de fundar el diario El Liberal– sino que estaban presentes en el geist y la práctica de la institución, junto a otros elementos del ideario liberal de la época, tales como su independencia en materia política y religiosa.
La promoción de la lectura y el “libre examen” que se admitía como principio fundante tenía como destinatarios no sólo a los estudiantes que carecían y libros propios, sino también a obreros y quienes cultivaban artes e industrias.

Conclusiones
Creemos que la Sociedad Sarmiento es la primera expresión pública de adhesión al ideario sarmientino en Argentina, luego comprobable en la iconografía en moneda y escultura, el ferrocarril, y entre otras instituciones aproximadamente veinte bibliotecas que llevan su nombre en la Argentina.
Los nuevos espacios de sociabilidad se nutrieron de la mentalidad dominante en la época, que aportaba una nueva visión del mundo, eco de la europea adaptada a las condiciones del país. Las ideas movilizadoras de esta corriente de pensamiento se nutrían principalmente de tres vertientes: el ideario republicano fortalecido en la gesta de la independencia, la concepción liberal del orden político expandido desde la Revolución Francesa, y el pensamiento positivo que provenía del desarrollo de la ciencia. La noción de progreso podía reunirlos en un solo haz.
El clima de creatividad e innovación que se vivió entonces, semejante a otras sociedades en otros momentos, ha sido atribuido a sujetos colectivos tales como ‘minorías creadoras’ y más tarde ‘elites’.
Esta interpretación sobrestima el rol de los grupos dirigentes, y en paralelo subestima al resto del colectivo social, colocándolo imaginariamente en una suerte de pasividad, que habría de ser levitada, movilizada o agitada por el impulso de las ideas. En esta primera aproximación al caso, sostendremos que esta visión estereotipada del progreso debe ser puesta en cuestión a través de una nueva lectura de los datos disponibles.

Fuentes
Libro de actas de Reuniones y Asambleas. 1888-1915.
Anales de la Biblioteca Sarmiento. 1926.
Formadora de conciencias. Biblioteca Sarmiento. 1993.
Archivo fotográfico.
Bibliografía
Alderete de More, Nelva (1998): Historia de la enfermería en
Santiago del Estero. Barco Edita, Santiago del Estero.
Alen Lascano, Luis (1992): Historia de Santiago del Estero.
Plus Ultra, Buenos Aires.
Cartier de Hamann, Marta (1972): La Brasa, una expresión
generacional santiagueña. Colmegna, Santa Fe.
Corbiere, Emilio J. (2002): La masonería en la Argentina,
Buenos Aires.
Germani, Gino (1960): Política y sociedad en época de transición.
Paidós, Buenos Aires.
Oddo, Vicente (1980): Historia de la medicina en Santiago del
Estero. Santiago del Estero.
Romero, José Luis (2011): Latinoamérica. Las ciudades y las
ideas. Siglo XXI, 2011.
Sarlo, Beatriz: Buenos Aires. Una modernidad periférica.
Buenos Aires, 2002.
Tasso Alberto (2007): Ferrocarril, quebracho y alfalfa. Un ciclo
de agricultura capitalista en Santiago del Estero (1870-1940). Alción,
Córdoba.
—(2012): “La Biblioteca Sarmiento de Santiago del Estero (1888-
2012). Enfoques, materiales y fuentes para el estudio de una institución
cultural”. Primer Congreso de Historia de Santiago del Estero

y la región. FHCSyS-UNSE, Instituto La Sagra.

(Tomado de Producción Académica 2012, de la  Academia de Artes y Ciencias de Santiago del Estero)

jueves, 29 de octubre de 2015

Alfonso Nassif ya es "Doctor Honoris Causa"

Alfonso Nassif

La poesía, las antologías, la difusión de la literatura

La Universidad Nacional de Santiago del Estero, otorgó la distinción de “Doctor Honoris Causa”, al escritor santiagueño Alfonso Nassif, en mérito a su “relevante trayectoria”,  se lee al final de la resolución del Consejo Superior de la casa de altos estudios que lleva el número 160 y fue firmada por su rectora, Natividad Nassif y  María de los Ángeles Basbús, directora de Despacho. La nominación fue propuesta por los prestigiosos escritores y académicos Salvador Chaila (padrino interno) y Carlos Artayer (padrino externo).
Recuerda la Universidad que, entre las figuras de la cultura local, Alfonso Nassif se destaca no sólo por su obra poética sino también por su importante contribución como antólogo, editor y difusor de la literatura provincial y del noroeste de la Argentina.
Nassif nació en Icaño, departamento Avellaneda, el 20 de agosto de 1932, y a través de sus presentaciones, recitados, disertaciones y por haber sido contemporáneo de grandes escritores argentinos y latinoamericanos, “ha enriquecido el imaginario cultural y el corpus literario de la poesía argentina de todas las regiones y estilos, dando a conocer autores y textos, que fueron incorporándose tanto en ámbitos académicos, así como al cancionero musical popular, con creaciones de prestigiosos compositores".
Ejerció la presidencia de la filial local de la Sociedad Argentina de Escritores en cinco períodos; en el orden nacional presidió su Consejo Federal Consultivo de 1973 a 1976 e integró su comisión directiva entre 1984 y 1988 y entre 1995 y 1998.
Tiene en prensa la “Antología de poetas del noroeste”, con el registro de alrededor de 290 poetas de la región; “La Telesita una deidad santiagueña” y la obra inédita de María Adela Agudo.
Entre otras muchas consideraciones, la resolución del Consejo Superior agrega que “su poesía abarca desde la tradicional o clásica hasta la de vanguardia, pero sin enrolarse en ninguna escuela literaria en particular”. Su poética, según expresa la crítica literaria sobre su oba, “manifiesta el drama del hombre santiagueño, sus sufrimientos, la pérdida del paisaje, pero también la esperanza en un porvenir, la conexión del hombre con el universo a través de la palabra, la comunión de Dios con el hombre y el amor”.
Propuso un nuevo género poético denominado “poesía espacial”, cuyos planeos teóricos son la clave del libro “El poeta de la calle aérea" (poesía), recientemente publicado por la editorial Vinciguerra, obra desarrollada a lo largo de cincuenta años de indagaciones y experiencias poéticas a partir de la década del 60.
Enre los libros publicados hasta el 2014, se destacan “Muestra poética” (1968, en coautoría), “Poesía 69" (1969), “Antología de poetas santiagueños” (1978, con tres reediciones ampliadas, la última publicada en el 2014 por la Subsecretaría de Cultura de Santiago del Estero), “Sed y canto” (1983) y “Poemas para el amor y complicidad terrestre” (1996).
Ha brindado conferencias en casi todas las provincias del país e invitado a participar como referente de la literatura nacional en numerosos actos culturales en el extranjero: Chile, Paraguay, Brasil, Uruguay y Cuba.


sábado, 23 de mayo de 2015

El Rincón de los Artistas

Música y baile en la Tucumán, en la puerta del bar Casino.
La memoria, Pedro Evaristo Díaz, el homenaje.

Esta noche, la delegación santiagueña al festival de Cosquin, habrá de tributar un justiciero homenaje al “Rincón de los Artistas” y su creador, don Pedro Evaristo Díaz.
Musical por antonomasia y cuna del folclore, Santiago contó hasta 1976 con aquel solar artístico que hoy rescata en la memoria colectiva el haber sido una genuina expresión popular, añorada e irrepetible.
Bodegón y pizzería, el modesto salón ya inexistente en la céntrica calle Tucumán, a metros de la Plaza Libertad, sus paredes estaban decoradas con groseros brochazos de pintura al aceite y murales alegóricos, tenía una fuerte identificación con el hombre común y su cultura. Sillas y mesas de madera modestas completaban aquella rústica infraestructura donde músicos, poetas, cantores, recitadores y humoristas desgranaban espontáneamente su arte.
Cerca del mediodía comenzaba la función, y tras el paréntesis para la consabida siesta provinciana, reabría al atardecer hasta la madrugada siguiente. Las clásicas empanadas, tamales, pizza y el vino servido en jarras de metal eran el menú único a precios módicos.
Lo fundó don Pedro Evaristo Díaz, sencillo y modesto vecino que llegó desde su paraje natal Tiuyoj a tentar suerte en la ciudad. Un discreto ejecutante de guitarra, autor de varias composiciones folclóricas, algunas de notoriedad. Lo hizo en sociedad con Edmundo Soria para funcionar primero como un bar, “el Bar Casino”.
Al poco tiempo, Díaz compró la parte de su socio y lo transformó en ámbito para los artistas populares; aquellos sin cartel a fin de que tuviesen su espacio y lo rebautizó “El Rincón de los Artistas”, que se convertirá en el bastión representativo y emblemático de la expresión musical lugareña.
Tenía sus músicos "estables". Entre los más célebres y recordados, el grupo compuesto por el "Mandinga del Bandoneón" – Víctor Orellana -, los guitarristas hermanos Campos y el "Payo" Luna, un albino malabarista del bombo. El cantor era  Enrique “Henry” Simón, que consolidó su fama como intérprete de tangos y prefirió ese lugar desechando otros escenarios mas conspícuos. 
"Ahí aprendimos a amar a nuestra música", dice Leandro “Meneco” Taboada, fundador del conjunto vocal folclórico Los Tobas. "Era un ámbito concurrido por músicos humildes y muy respetuosos, que no fácilmente se animaban a actuar en otro sitio justamente por respeto al público. Todo lo contrario que en estos tiempos".
Al “Rincón” llegaron cual si fuera un compromiso ineludible, casi un rito, intérpretes de trayectoria o renombradas figuras. No faltaron tampoco personalidades de notoriedad, ilustres visitantes o turistas que encontraban el punto de excelencia para escuchar la música santiagueña.
"Por caso, Jorge Luis Borges, Ernesto Sabato y Victoria Ocampo, entre otros popes de la cultura argentina invitados por mi padre", evoca el doctor Mariano Paz, cuyo progenitor y homónimo fue un destacado promotor de la cultura a la par de Bernardo Canal Feijóo. "Lamentablemente, todas las cosas buenas aquí desaparecen", afirma, al recordarlo.
Hasta Astor Piazzolla ejecutó una madrugada su clásico Adiós Nonino. El "Mandinga" le prestó su bandoneón al que le faltaba una tecla. La interpretación, no obstante lo espontáneo e improvisado, fue igualmente impecable, sublime; vivencia emotiva y perdurable en la memoria de este cronista.
En "El Rincón de los Artistas" no había límites ni impedimentos para que alguien demostrara sus condiciones artísticas. Tan sólo había que pagar la consumición y no se cobraba derecho de espectáculo, salvo algunos números de cartelera. ¿El premio al artista?: alguna propina voluntaria o el plato de empanadas y vino de “invitación” que Don Pedro convertía en cachet efectivo.
En 1976 cerró sus puertas definitivamente por imperio de una decisión oficial… tiempos del proceso militar; aunque don Pedro Evaristo Díaz sintió que su ciclo estaba cumplido. Tucumán, hoy convertida en peatonal, perdió así un lugar pleno de duendes musicales poblando los aires con las voces de cantores y sonidos de guitarras, bombos y bandoneones que arrancaban desde sus oscuros muros y mesas tabernarias para invadir ese céntrico ámbito de la ciudad.
Cuando murió don Pedro Santiago le tributó su homenaje en reconocimiento por esta obra que en mucho contribuyó a la difusión y promoción del folclore y sus valores, desde aquella vieja casona.
Hoy la figura de don Pedro y de quienes sostuvieron aquel emblemático sitio de cultura, se eleva  justicieramente al reconocimiento nacional desde el escenario mayor del folclore argentino.

domingo, 28 de agosto de 2011

Andrés Francisco Miotti


Andrés Francisco Miotti.

El derecho, la labor en instituciones, el mundo jurídico

Andrés Francisco Miotti nació en Marcos Juárez, provincia de Córdoba, el 12 de marzo de 1944, se graduó de procurador, escribano y abogado en la universidad Nacional de Tucumán.
Se radico en la Banda en 1975, desmpeñándose en la justicia provincial como secretario, juez de instrucción y vocal de cámara. Se retiró en 1995.
Su labor social se manifestó en el Centro Social Sirio Libanés, fue presidente de la Asociación bandeña de protección a la minoridad, presidente del Rotary Club en 1985, presidente y fundador del Club de Leones Jorge Washinton Ábalos en 1993. También presidió la comisión directiva de la biblioteca popular Bernandino Rivadavia, miembro de la comisión de apoyo para la creación de carreras universitarias en la Universidad Nacional de Santiago del Estero.
Por otra parte fue creador de la Asociación Ítlalo-argentina, de la Asociación de estudio e información del fenónemo ovni en la Banda, del Centro de prevención y asistencia a la víctima del delito y de la fundación Max Planck.
Asimismo fue miembro de la Sociedad de medicina legal de Santiago del Estero y de la Asociación de abogados bandeños.
Tiene escritos más de 400 trabajos –inéditos- sobre el mundo jurídico, sociología, filososfía, poíitica y diversas ciencias y disciplinas, entre ellas la ovnilogía. Actualemente ejerce la profesión de abogado en Santiago del Estero y La Banda.

martes, 23 de agosto de 2011

La Sociedad Sirio-Libanesa de Frías


Actuales autoridades de la Sociedad.

El Hafar, los lazos de solidaridad, la primera iglesia

Es en 1926 cuando se constituye en Frías el primer nucleamiento de inmigrantes sirios y libaneses. Bajo la presidencia de Manuel Flores se reúnen Amado Dahbar, jorge Krede, José Harón, Nibán Sabagh y Elías Sarquis y constituyen la primera comisión directiva. Es oportuno señalar que, de manera semejante a lo que ocurrió en Añatuya, la inmigración se había acentuado luego de concluida la guerra.
La mayor parte de quienes se radicaron en Frías provenían de la ciudad siria de El Hafar; de allí provenían amistades y conocimientos previos, así como un origen compartido. Muchos de los lazos de solidaridad que eran propios de estas aldeas orientales se recrearon en Frías. Las familias confraternizaan en sus casas, y en especial los hombres se unían en torno a la mesa del “mánkali” o del truco.
La actual sociedad Sirio-Libanesa se estableció el 6 de noviembre de 1945 y su primer presidente honorario fue José Harón. En diferentes períodos ejercieron la presidencia Elías Llorvandi, Afil harón, Amado Cheble, Antonio Genesir y Luis Salim, entre otros. A lo largo de estos años, la Sociedad ha mantenido una presencia social y deportiva constante, estimulando la solidaridad y movilizada por un espíritu integrador hacia la comunidad local.
En Frías también se estableció tempranamente una iglesia Siriano-Orotodoxa, que es la primera en su tipo en el país; luego se establecieron otras en La Plata y Córdoba respectivamente. El primer religioso en Frías fue Abdulmazih Dulbane, que llegó en 1927. La iglesia había sido construido por José y Naum harón, Alfredo Díaz, Luis Yudi, Antonio Tahuil, José Ichari, Jorge y Abraham Krede. Desde 1939 se sucedieron en ella los presbíteros Jacobo Nallar, Abraham Damhasch, Antonio Yaradi, Zacarías Zeitun y Kamil Isaac. La iglesia depende del Patriarcado de Antioquía, con asiento en Damasco. El templo que fue construido entre 1924 y 1926, fue refaccionado entre 1977 y 1979.
De Aventura, Trabajo y Poder - Sirios y libaneses en Santiago del Estero, libro de Alberto Tasso.

lunes, 22 de agosto de 2011

Julio Argentino Santillán “Poncho Puca”


Poncho Puca Santillán.

La política, el folklor, las instituciones

Uno de los protagonistas importantes de la Banda es Julio Santillán, más conocido como “Poncho Puca”, o “Poncho Colorado”, por la costumbre que de llevar siempre al hombro, invierno y verano un prenda de ese color.
Tiene una amplia trayectoria en lo cultural, deportivo y político no sólo de la ciudad sino también de la provincia ya que fue vicegobernador de Santiago. Además, fue el creador de varias instituciones bandeñas que hoy continñuan trabajando.
“Poncho Puca” nació en abril de 1917 en Tres Flores, departamento Pellegrini. Cursó sus estudios primarios en la escuela Nacional de La Fragua y los completó en la escuela Urquiza de Salta; el secundario lo realizó en escuela Industrial de Santiago; y sus estudios  universitarios para recibirse de ingeniero los efectuó en la Universidad Nacional del Litoral donde se graduó de ingeniero en química industrial.
Ya en 1949 regresó como profesor de la escuela de la que egresó con el título secundario, con el fin de organizar la carrera  técnico en química.
Más adelante abrazó la vocación política. En 1956 militaba en la Uniñon Civica Radical Intransigente que proponía a Arturo Frondizi como presidente. En 1958 ocupó la banca de diputado provincial y la presidencia de la Cámara, constituyéndose en su vicegobernador.
En La Banda realizó la restauración de la biblioteca Rivadavia.
Fue promotor de la construcción de cloacas junto con el senador Clodomiro Falco y gestionó la cosntrucción del actual edificio del Banco Nación Argentina y el Centro de Comercio e Industria.
En 1960, fundó la Peña Añoranza que desde ese momento y en forma ininterrumpida mantiene vivo el recuerdo del folklorista Julio Argentino Gerez. Fué Socio fundador y tres veces presidente del Rotary Club de La Banda y actualmente es socio honorario.
Tomado de una nota de La Banda Diario.

sábado, 20 de agosto de 2011

El Atelier Cultural


Una de las primeras reuniones del Atelier.
Foto de Jorge Llugdar.

En sus más de tres décadas, supo mantener su independencia sin identificarse con ningún sector político durante toda su trayectoria.

El Atelier Cultural nació a principios de 1979 con el taller particular del plástico bandeño Ángel Emilio “Lito” Garay, en un local de la Sociedad Cosmopolita sobre la calle Rivadavia.
Era visitado asiduamente no solo por artistas plásticos sino por toda la gente relacionada con la cultura. Dadas estas características y con la intención de organizar encuentros multiartísticos, el local fue inaugurado formalmente una fría noche de julio de ese año con una gran velada a la que concurrieron exponentes de la plástica, la música, la danza, las letras, el teatro.
Entre las figuras presentes, cabe mencionar, a Franklin Ponce, Michi Aparicio, Rafael Touriño Cantos, Alfonso Nassif, Felipe Rojas, Adela Llugdar, Nelly Orieta, Vichi Castiñeira, Carlos Carabajal, Eduardo González Navarro, Raúl Dargoltz, María Ofelia Giovanardi, Velba Barrionuevo y el director de Cultura de esa época Salvador Ciappino.
Al poco tiempo se formó una comisión presidida por Garay, y así surgió “El Atelier Cultural” anexo de la Sociedad Cosmopolita que en ese entonces estaba presidida por Domingo Juárez.
A partir de allí una intensa actividad cultural hizo del Atelier una de las más importantes organizaciones culturales de la Provincia.
En la Capital los protagonistas de la cultura se nucleaban en “Mi Teatro”, “Collegium Artis”, “Quichariy Puncu”, Cine Club Candilejas, con los cuales el Atelier programó actividades conjuntas.
El Atelier que trataba de abarcar la mayor cantidad posible de disciplinas artísticas y la amplia gama de actividades que posibilitarán su promoción, mientras que las otras entidades orientaban su acción a una rama específica del arte.
Completamente alejada de la política partidaria, la entidad mantuvo su independencia sin identificarse con ningún sector político durante toda su trayectoria, pero sí supo desde el principio que su política cultural a desarrollar debía estar alejada de los moldes establecidos por la concepción burguesa de la cultura, que reducía el término solo al arte y a la realización de actos frívolos y solemnes en direcciones de cultura y bibliotecas.
De esta concepción elitista y mesiánica se desprenden los conceptos de que “la cultura se da”, “a la cultura se accede”, o “la cultura al alcance de todos”, como si fuera una bondadosa concesión de una minoría iluminada al pueblo ignorante, o como una pirámide a la cual hay que ascender para llegar a ser una persona “culta”.
El Atelier enseñó que la cultura no tenía porqué ser aburrida y que se puede trabajar por ella desde cualquier lugar desde donde se defienda la alegría, con la idea clara de inclusión social bajo el conocido lema de “Arte con la gente y no para la gente”.
Cuando esta nueva concepción fue impuesta, nuevos espacios pudieron ser inauguradas en Santiago, porque la puerta principal había sido abierta. La democracia estaba en marcha con nuevos canales de expresión y participación que Peteco, Jacinto y Juan incorporaban masivamente al mundo de los adultos.
El Atelier por entonces ya se había independizado de la Sociedad Cosmopolita, estaba presidido por Aida Isacc de Castiñeira y había perdido a dos de sus fundadores: Velba Barrionuevo y Vichi Castiñeira.
Luego la institución se instaló por un tiempo en la sede del club Tiro Federal donde desarrolló importantes espectáculos (recitales de rock, peñas y festivales) hasta que en 1995, la intendecia la declaró “Entidad de bien público” y sin fines de lucro por decreto Municipal y consiguió el sueño del local propio en predios de la estación del tren.
Ya instalados en 1996, los integrantes del Atelier realizaron varios proyectos como la primera colonia de vacaciones para niños con actividades netamente artísticas (“Vacaciones con el Arte”), el retorno del corso infantil a la ciudad denominado “El corso de los locos bajitos”, talleres artísticos, “La fiesta de los niños silvestres”, y un sinfín de eventos culturales.
Para ese entonces el Atelier ya tenía un elenco estable de teatro: “La sociedad de los actores sueltos”, que produjo dos innovaciones en el plano estético de los espectáculos artísticos. Ellas fueron, la incorporación del teatro-danza y el performance en la apertura del festival de La Salamanca y la estética del “body art” (pintura corporal), que hasta el momento no había sido cultivado por ninguna otra compañía. Este elenco presentó obras teatrales emblemáticas para la ciudad, como “El último tren” y “La película de La Banda” (de­ claradas de interés municipal).
Se adelantó a hablar de los desaparecidos “El jardín de la memoria” en épocas en que nadie se animaba, y otras piezas de hondo contenido humano y filosófico representados con una poética particular.
Este elenco participa también en tareas solidarias, como visita a hospitales, escuelas, barrios.
Si bien la actividad hoy del Atelier es mucho más acotada que en otros tiempos, debido a la proliferación de espacios alternativos para el arte y la abundante oferta cultural de los organismos oficiales, su escasez de medios y recursos mantienen viva la llama encendida humildemente hace  más de tres décadas.
Cabe indicar que desde hace cinco años, el Atelier Cultural asume el compromiso de organizar “La Banda, La Muestra… Teatro”, un encuentro de teatreros argentinos.
Tomado de La Banda Diario.

miércoles, 17 de agosto de 2011

La Unidad Regional II

Sentados de izquierda a derecha subcomisario  Trejo, comisario
Ramón Rodríguez, subcomisario Lucio Taboada y subcomisario
 Arturo Sisalli. Parado a la derecha está el encargado 
del destacamento El Puestito, el señor Gallo.
Breve reseña de una institución bandeña

A mediados del siglo XIX La Banda tuvo un notable aumento de población, tenía autoridades policiales y existía ya una vieja casona que servía de oficina y de guardia. Algunos comisarios de esa primitiva ciudad fueron

En 1854 – Pastor Reyes.
En marzo de 1864 – Eustaquio Robles.
En 1874 – José M . Sayago. Comisario de Trinidad.
En 1872 -  Juan Juárez – Comisario de Palmitas.
En 1876 – Roque Diosquez.
En 1877 – José A. Fernández – Comisario de Palmares.
En 1874 – Sebastian Z. Torres.
En 1880 – Pedro S. Peralta.
En 1881 – Pedro S. Peralta – Comisario de Acosta.
En aquella época existía el cargo de Comandante, que era la autoridad superior del departamento. Algunos de ellos fueron:
En 1859 – José Camacho – Comandante del departarmanto Banda.
En 1860 – José Oscar Neirot – Comandante.
En 1874 – Benito Robles – Comandante.
En 1857 a 1877 – Manuel Ruiz – Comandante de los departamentos Banda y Robles.
En 1878 – Artemio Herrera – Sargento Mayor
                    Antonio Marcos – Comandante.
En 1880 – Adeodato Gerez – Capitán de la Guardia Nacional del departamento.
En 1882 – Gregorio Barrionuevo y Abraham Maguna – Sargentos Mayores de Caballería e Infantería del departamento.
En 1890 – Nicolás Juárez – Sargento Mayor.
En 1890 – Marcial Paz – Teniente del Batallón Banda.
En 1891 – Napoleón Rojas – Comandante del Departamento.
El 12 de febrero de 1881, la Jefatura de Policía dispone la unificación de las dos secciones que componían el Departamento Banda, nombrando como Jefe a don Salustriano Peralta con el cargo de comisario principal, en 1882 es reemplazado por Cipriano Carreras, quien renuncia y es nombrado interinamente el coronel de Guardias Nacionales Manuel Ruiz. En 1882 se desempeñaba como Comisario del Rincón Emilio Góngora. En agosto de 1888 fueron nombrados como comisarios de Acosta Pablo Rodríguez y Pascual Trejo.
El primer edificio de policía que tuvo La Banda, fue construido en la gobernación de Maximio Ruiz y estaba instalado en el mismo lugar. Una planta baja con zaguán de entrada por la avenida Belgrano,  dos amplias salas y espaciosas ventanas a la calle y puertas al zaguán, una de estas salas hacía de despacho del Jefe y la otra de oficina de sumarios, depósito de armas y de otros menesteres. La pieza interior era sala de espera y descanso de los agentes. Una cuarta habitación con salida al patio sombreada por larga enramada, hacía de calabozo. Tras la cocina, venían los corrales de los caballos y el depósito de los forrajes. La vieja casa fue demolida en 1934 en la gobernación del Juan B. Castro, levantándose el edificio actual.
A fines del siglo XIX las construcciones férreas y la explotación forestal trajeron trabajadores a la estación Sunchales (nombre primitivo de la Estación Banda).
A propósito, no se conoce por qué se llamaba Sunchales la estación de Ferrocarril Argentino (hoy Mitre), nombre con que aún lo recuerdan muchos vecinos.
Otro tanto ocurre con la estación Rosario Central del Ferrocarril Mitre de Rosario de Santa Fé, a la que aún se la sigue nombrando por costumbre como Sunchales. El nombre de Sunchales se le daba a nuestra estación hasta principios de siglo XX, como puede comprobarse en el Decreto firmado por el gobernador Absalón Rojas en 1888 cuando se resuelve crear los comisarios de campamentos.
A principios del siglo XX, la ciudad ya se destacaba por su importancia comercial y agrícola, había diversos comercios, hoteles, hospedajes, talleres de artesanías, una modesta fábrica de fideos, dos molinos harineros de montaje primitivo. Esto atraía más trabajadores que se incorporaban al desarrollo de la ciudad, que por su aumento de población requería de refuerzos policiales, epor lo que se designan a partir de 1930 los primeros jefes políticos entre los que figuran Pedro Pereyra, Juan Achával, Andrés Rojas, Carmen Ábalos, Donato Lagar, Manuel Ruiz, Daniel Herrera, Moisés Suárez, Juan Gándara, entre otros.

Acontecimientos de importancia
El 18 de octubre de 1882, estalla la revolución que derroca al gobernador Absalón Rojas. La Junta de Gobierno presidida por Pedro García, nombra comandante del departamento a Gregorio Barrionuevo, una vez normalizada la situación por las tropas nacionales, fueron designados como comisarios Gregorio Orellana, José Ruiz, Ramón Mendieta y Pedro Suárez.
En 1893 un connato de revolución secuestra al gobernador Gelasio Lagar, nombrándose comisario principal de La Banda a Benito Paz, sofocada la revuelta, fue designado como comisario Manuel Ruiz.
Una nueva revolución se produce el 24 de abril de 1908 que derroca al gobernador José Santillan. Un grupo de partidarios a la revolución asaltó la comisaría (hoy Unidad Regional II) produciéndose en el asalto varias víctimas.
Con tantos movimientos revolucionarios y con el fin de prevenir sorpresas, el 21 de noviembre de 1907, el Poder Ejecutivo decreta: “Anexar al personal de la Comisaría del Pueblo Banda, un subteniente con 120 pesos mensuales, 2 sargentos con 55 pesos mensuales cada uno y tres cabos con 50 pesos mensuales. Estos cargos tendrán la misión de instruir a los agentes de policía de la localidad”. Estos cargos fueron suprimidos por decreto el día 21 de agosto de 1908.
En ell equipo policial de entonces  había un comisario que cobraba 100 pesos mensuales, un auxiliar o ayudante cobraba 75 pesos, un sargento 45, un cabo 40 y quince agentes con 35 pesos mensuales cada uno. Se destinaban 40 pesos por mes para forraje de caballos y 10 para gastos de oficina y luz.

Creacion de la jefatura de policía
El 14 de Agosto de 1952, la Cámara de Diputados, crea la Policía de la Provincia, que comenzó a funcionar omo una Institución organizada, fijándose la primera “Ley Orgánica Policial”.

Crecimiento institucional
En 1958 esta dependencia funcionaba como Comisaría Departamental, estaba a cargo del Comisario Inspector Hector Justo Catálfamo y en el plantel había un comisario, tres sub comisarios y unos 400 hombres entre oficiales subalternos, sub oficiales y tropa.
Había solamente tres comisarías, una en Cassaffousth y España, otra  en Villa Juana y la restante en Clodomira.
Había destacamentos policiales el Matadero Viejo, local que hoy ocupan los Bomberos Voluntarios, en el matadero 17 de Octubre, en la Besares y canal Revestido y en El  Cruce.
En el resto del departamento funcionaban destacamentos en San Ramón, Los Quiroga, Los Acosta, Los Soria, Chaupi Pozo. Ardiles, Huyamampa, Abra Grande, La Aurora, Negra Muerta.  Palmares, Siete Arboles, Antajé, El Aibe, San Juan. Estación Simbolar, La Granja, El Alambrado, El Puestito Tramo 18, Cañada Escobar, Gran Porvenir, Los Ángeles, Colonia Gamara, Nuevo Líbano, Los Boba, Las Hermanas.
La habilitación de la radio.
En aquella época el personal policial solo portaba armas cuando cumplía funciones o paradas oficiales o pedidos judiciales. Cuando terminaba el servicio las armas quedaban en la Guardia donde se hacía constar su número y quién la portaba. El personal de los destacamentos tenía autorización para portar las armas en todo momento.
A raíz de los problemas con el servicio telefónico con Santiago, se consigue la instalación de la Primera Radio Policial en el año 1958.
 El domingo 11 de Junio de 1961 se realizó un gran acto, por la inauguración del mástil en el frente del edificio de la “Jefatura Departamental” como  comenzó a llamarse, asistieron autoridades del Poder Ejecutivo, legisladores nacionales y provinciales, autoridades militares y eclesiásticas. Habló el gobernador Eduardo Miguel y en el desfile participaron efectivos de la policía local, cadetes de la Escuela de Policía de Tucumán y sus secciones comunicaciones, Motorizada e Infantería y delegaciones de Catamarca y Salta. Finalizado el acto se agasajó a las autoridades con un vino de honor en el Cine Avenida.

Situación social de la época
En la década del 60 comenzó la construcción de la central hidroeléctrica de Los Quiroga, con lo que la provincia pasó a integrar el servicio de interconexiones del noroeste. Por ese entonces se instaló en La Banda la planta INDES deshidratadora de alfalfa y productos de alimentos balanceados para vacunos, porcinos y aves. En Fernández se instalaron Agro Industrial Santiagueña, SPAT envasadora de tomates y una fábrica de dulces de batata, membrillo, durazno y mermeladas. En la ruta 11 abrió Grafa con una planta de 15.300 metros cuatrados y unos años después Santiago del Estero Refrescos (Coca Cola, Fanta y Sprite).
En la década del 70 se instaló Tío NicoY en el parque industrial abrieron Novasider, Porcelanas San Carlos, Metasa (viviendas rodantes), Tawe (premoldeados de hormigón), Rollandi (caños de hormigón), El Manantial (premoldeados rurales), Consorcio Minero Andino (premoldeados de yeso).
Una ley de 1971 las beneficiaba con la eximición de impuestos y les otorgaba créditos y asistencia técnica lo que provocó un gran desarrollo agro industrial y por consiguiente, un aumento de población.

Creación del gabinete dactiloscópico
En 1966 funcionaba en una amplia oficina (donde hoy es la alcaidía de varones), el gabinete dactiloscópico, en el que existían ficheros con las huellas dactilares de todos los ciudadanos bandeños además de aquellos que venían por cuestiones de trabajo o residían en forma transitoria. En la oficina había todos los elementos necesarios para el trabajo pericial, que era supervisado por el subcomisario Juan José Ocaranza, experto dactiloscópico, que descubrió una técnica para la extracción de muestras dactiloscópicas a cadáveres en avanzado estado de descomposición. El método fue conocido con el nombre de “Método Necro – fotodactiloscópico” y permitió a otras instituciones policiales aplicarlo en casos similares.
A través del gabinete dactiloscópico se aclararon muchos casos, sin su ayuda hubiese sido imposibles.

Comisarías existentes hasta 1970
Comisaría primera ubicada en esta misma base (en donde ahora funciona la División Judicial, la segunda estaba en un un local del frigorífico 17 de Octubre, la tercera en la Cooperativa Algodonera de 25 de Mayo prolongación, la cuarta en  Cassaffoust entre España y Alem, la quinta estaba en en el edificio donde ahora funcionan los Bomberos Voluntarios y la sexta quedaba en Besares  y Canal Revestido.

El gallo, símbolo de
la policía.
La Unidad Regional II
El  lunes 16 de agosto de 1971, el entonces jefe de policía de la provincia Florencio Julio Montiel, dispone la creación de las unidades regionales, entre ellas la II, con sede en La Banda. El miércoles 18 a las 10 se hizo un acto en el que estuvo subjefe de policía, José Luis Vella. Fue designado jefe de unidad el inspector general Sergio Patricio Díaz y segundo jefe el  comisario inspector Angel Gramajo.
Se le asignó como área de competencia los departamentos Pellegrini, Jiménez, Banda, Robles, San Martín, Sarmiento y parte de Figueroa.
Desde ése día comienza la vida institucional, reconociéndose como tal el día de su creación.
También se estructuran las seccionales trasladándose la 13 que funcionaba en la Unidad Regional a un local  de la Sáenz Peña (frente al Sanatorio Banda), la seccional cuarta cambia su denominación por seccional 14 y  se crea la seccional 15 en el mismo lugar en donde hoy tiene su asiento.
           
Jefes de la unidad regional
1971    Diaz Sergio Patricio               
1972    Montenegro Aurelio             
1973    Paz Santos Elpidio                 
1973    Berneche Mario Alfredo       
1974    Alfano José                            
1976    Juárez Domingo                    
1977    Sisalli Arturo                          
1978    Gardella Luis                         
1981    Santillan Guido                      
1982    Carabajal Ramón Atilio        
1984    Cerutti Raúl                           
1984    Sánchez Mateo                      
1985    Salto Guillermo                     
1987    Azuni Juan Vicente                
1989    Sánchez José Roger               
1990    Lescano Oscar Alejandro      
1991    Suasnabar Modestino           
1992    Abdala Armando Elpidio       
1993    López Manuel Angel             
1995    Espeche Antonio Humberto  
1996    Robles Francisco Javier         
2000    Sánchez Aldo Marcelo          
2002    Bulacio Carlos Alejandro      
2002    Sierra Guillermo Adrián       
2002    Leiva José Bonifacio              
2003    Villavicencio Edmundo         
2004    Trejo Néstor                          
2004    Ledesma Juan Carlos            
2004    Villavicencio Edmundo         
2005    Rubén Cesar Mamondis       
2006    Enrique Ligrestti Rossi          
Wn la actualidad la Unidad Regional II tiene competencia policial en seis separtamentos, Banda, Figueroa, Pellegrini, Robles, Sarmiento y  Jiménez, con 11 comisarías diseminadas por este territorio, de las cuales 4 están La Banda (seccionales 12, 13, 14 y  15).
El espacio territorial que debe ser atendido por el personal policial es de uinos 27.000 kilómetros cuadrados y  una población de 280.000 habitantes, de lo que se desprende que un policía debe atender a 1000 personas aproximadamente (media 100 habitantes por policía) y recorrer 51 kilóemtros cuadrados aproximadamente.

La revolución de 1908 – qué sucedió en La Banda.
Este es el relato del Comisario Salustiano Cordero en oportunidad de la toma del edificio policial:

La Banda, Abril 25 de 1908.
A U.S. al señor Jefe Político D. Carmen Abalos
S/D
Comunico a U.S. que ayer a las 10,30 a.m. mientras me encontraba en la Estación F.C. presenciando las llegadas y salidas de los trenes locales a Santiago y Clodomira, a la hora arriba indicada, sentí el estampido de una bomba sin precisar el rumbo y contemporáneamente nutridas descargas de revólver. Con tal motivo salí corriendo al echar la mirada a la Comisaría vi un grupo de individuos que asaltaban y asesinaban mis gentes de guardia, en cuyo momento caían dos de ellos en las puertas de la misma y que el grupo de asaltantes penetraba y que otros salían ya armados a Remigton, por lo que di media vuelta, refugiándome en la oficina del Telégrafo, hice un telegrama a su E. el Señor Gobernador de la Provincia y otro a U.S. dando cuenta y pidiendo auxilio; apenas había concluido esto  fui sorprendido en las puertas por cinco individuos entre los cuales dos desconocidos Jose Luis Castillo, Moisés Barrionuevo, Gelacio García.
Uno de los desconocidos me intimó rendición, el que venía armado de revólver y dos, Castillo y García armados de revólver y remigton, contesté a la intimación que deseaba saber quién era, y por que me intimaba rendición, a lo que contestó que era el jefe Revolucionario y que estaba tomada ya la Comisaría, entonces contesté que estoy rendido y que para marchar preso, preciso me garante la vida y por lo que me prometió no me sucedería nada, que el es Jefe Revolucionario y que lo que él ordene se cumple; en esta circunstancia Gelacio García y José Luis Castillo, decían lo matemos, pero el titulado Jefe dice yo no permito matar los hombres rendidos para mayor garantía le voy a dar una orden la que hace redactar con el encargado de encomienda Luciano Pizarro empleado del F.C.
Una orden para el Capitán a fin de que se trate bien, en cuya forma fui conducido a la Comisaría, se me hizo pasar al patio, me dieron una silla y desde allí, veía a mi Sargento Torres tendido con la cabeza en uno de los umbrales de la puerta; el Sargento Videla colocado en una cama sin movimiento, el Agente Manuel Jugo herido en la cabeza; Javier Villareal, con un balazo en la cabeza, revolcándose por el suelo y Manuel Ibañez también herido sobre su catre. Hable con el soldado Jugo si sabía alguno más contéstome que el Cabo Absalón Avila debe estar muerto, también observé los que agitaban el movimiento en aquel momento, y eran como siete desconocidos entre los que mas agitaban después de estos era Navor García y el hijo de este Gelacio García, Carlos Gramajo, Moisés Barrionuevo; éste ultimo me decía yo no he tenido conocimiento de esto he sido inocente ofrecíame, toda clase de atención. Transcurrió como un cuarto de hora, me ofrecieron si quería pasar a mi pieza para estar más cómodo, lo que acepte en seguida; como esta queda a la calle, observé todo el movimiento externo. Apenas había pasado, lo vi llegar a Toribio Valdivia, quien habló con Navor García y el jefe de la zona Cardozo. Armándose en seguida a carabina salió en comisión: luego llegó el Sr. Carlos Ramos, quien también hablo con Navor y después con el Jefe; este llegó armado al parecer con una arma de guerra el que también salió en comisión a recolectar gente, después de estos llegó Caciano Santillan (hijo), también salió en comisión armado todos estos a caballo; Carlos Gramajo, Justino Juárez a pié; transcurriendo como una hora regresó Carlos Ramos con vario hombres que no conozco pero todos de estos alrededores; lo mismo Toribio y Caciano y los demás haciéndolo pasar a dentro y organizando comisiones en todas direcciones; como a la una p.m. más o menos, llegó un grupo encabezado por Gregorio Barrionuevo, todos ha caballos y desarmados. Como a las tres p.m. más o menos llegó un destacamento de veinticinco soldados del Batallón 19, encabezado por el Teniente Patalomo, quien en el acto hízose cargo de las existencia de la Comisaría, y más luego se apersonó a mi y me comunicó verbalmente que venía con ordenes de su Jefe, a tomar las armas que se encontraban en poder de los asaltantes asesinos y hacerse cargo de la Comisaría; y por consiguiente quedaba yo en libertad, por lo que podía salir a donde quisiera irme, a lo que yo pregunté si cuando me dejaba en posición.
Me contestó que las instrucciones que tenía se limitaba en la forma que procedía quedando así hasta las once de la noche más o menos a cuya hora me llamó el Teniente Patalomo quien me leyó un telegrama en el que le ordenaba al jefe de ponerme en posición y como también en poner la fuerza a mis ordenes para cooperar al arresto de los asesinos; inmediatamente procedía a dar capturas y arresto  a los siguientes autores Navor García y Gelacio García hijo del 1°, Carlos S. Gramajo e hijo, Toribio Valdivia, Carlos Ramos, Justino Juárez, Crisóstomo González, José Luis Castillo y José Castillo.
Como también los correntinos Manuel R. Cardozo, herido en la mano izquierda, Martiniano Lugo Payba, Ciriaco Gómez, Alberto Molina, Aquilino de los Santos, Juan Pérez y José Romero.
Debo hacer presente que José Castillo es soldado de esa Comisaría quien durante las horas que dominaban los asaltantes prestó la más activa cooperación, como cabo de guardia de los asesinos y el que presumo suministraba toda clase de datos a los sitiados; es todo cuanto he hecho en la fecha con el motivo citado.
Dios guarde a U.S.

                                                                                  Salustiano Cordero
                                                                                     Comisario
De la revista “Circulo Representantes de la Prensa”.

El crimen de Sunchales
Un conmovedor y sangriento episodio delictivo protagonizado por tres súbditos rusos -por lo menos por tales se les tenía– de nombre Nicolás Denochosky, Samuel Corochewey y Pedro Andrés Irineo, ocurrido hace cerca de cien años, mantuvo sobresaltada por mucho tiempo a la población.
Según crónicas y versions de los diarios El Liberal y El Siglo y versions de viejos vecinos los tres delincuentes trabajaron durante corto tiempo en La Banda, como peones en la cuadrilla firme del Ferrocarril en donde al parecer planearon el asalto a la boletería de la estación de Tucumán. Resuelto el asalto, los delincuentes emprenden viaje a fines de marzo de 1911 a Tucumán. Una vez allí se hospedan en una fonda cercana, merodean por la estación y plataforma y el primero de abril deciden dar el golpe. Esperan la salida del tren de las 19.30 a Buenos Aires y librada la estación de público, asaltan la boletería, asesinando de un balazo al boletero Juan Scaroni e hiriendo en la cabeza al auxiliar un señor Reina que estaba en su compañía, consumado el atraco buscan ansiosos el dinero de la recaudación de boletos, encontrando solo 18 pesos. Los 32.000 pesos restantes, importe de la venta de boletos habían sido entregados minutos antes a la Jefatura de la Estación. Los ladrones con la irrisoria suma que alcanzaron a robar se dieron a la fuga deslizándose por el andén hasta llegar al cruce con el ferrocarril Norte, logrando internarse en los cañaverales por los que avanzaban siempre de noche hasta llegar a Tacanas muertos de hambre y sin recursos -según declaración del llamado Nicolás Denochosky al Juez de Santiago- en donde pidieron trabajar medio día en la cuadrilla firme tramando otro acto criminal. Escondieron con cautela una barreta de mano y después de comer se deslizaron silenciosamente por los caminos cercanos a las vías hasta llegar a un bosquecillo entre Gramilla y Ardiles donde esperaron pacientemente la pasada del tren Mixto, para intentar el descarrilamiento del tren rápido que debía pasar después y desvalijar a los pasajeros. El intento se malogró -según declararon los criminals- por no contar con tiempo suficiente para aflojar la vía en el espacio transcurrido entre la pasada de los dos trenes.
Desesperados por el fracaso siguieron vía adelante hasta trepar en un tren de carga del que bajaron en Beltrán. Después de merodear por los alrededores del pueblo se refugiaron en un monte cercano esperando la noche para entrar en acción. Cuando ya la noche avanzaba los forajidos abandonaron la guardia, encaminándose a la población buscando almacenes dispuestos a hurtar alimentos. El llamado Pedro acertó al pasar por una casa de las afueras que encontró abierta a la que penetró sin vacilación. En una de las piezas dormía un hombre en un catre, a su lado sobre una silla halló las prendas de vestir de las que sustrajo un reloj de oro, dos pesos, y algunas monedas. El durmiente era el comisario del pueblo. Desde el amanecer del día siguiente se inicia la pesquisa para descubrir al o los rateros de la casa del comisario sin descartar la sospecha de que los delincuentes podrían tener relación con el crimen de Tucumán cuya repercusión se había desperdigado por todas partes.
Aquella idea redoblaba el empeño por descubrir el robo. Cerca del mediodía, guiados por el humo que se filtraba por entre la copa de los árboles la comisión policial sorprendió a los dos delincuentes llamados Pablo y Samuel que estaban cuereando un cabrito. Al ser sorprendidos descargaron a boca de jarro sus armas contra sus perseguidores matando al agente Francisco Ibolo e hiriendo a uno de los rastreadores que acompañaba a la policía, huyendo por la espesura del monte. Nicolás Denochosky que estaba a poca distancia cuidando los bártulos, al oir las detonaciones abandonó el refugio y los enseres entre ellos una valija en la que se hallo un retrato del apellidado Irineo que sirvió a la policía para identificar a los malhechores. Después de la hazaña de Beltran los malhechores se dividieron, Samuel  Corochewey -herido en la refriega- y Pedro Andrés Irineo huyeron rumbo sur y Nicolás Denochosky cruzando montes se refugió en la playa ferroviaria de La Banda ocultándose en un vagón vacío. Al ser descubierto por el sereno don Manuel Lami, el bandolero lo asesinó cobardemente de un balazo. Era el 9 de marzo de 1911. Cometido el alevoso crimen el asesino huyó en dirección al rió ocultándose en La Isla entre monte y malezas. La policía siguiendo sus huellas llegó al lugar donde se ocultaba, al que intimaron para que se entregue, el malviviente contestó haciendo fuego, matando al cabo Estanislao Coria e hiriendo a Ramón Lugones, después de una lucha peligrosa la comisión policial logró apresarlo el 14 de mayo. Los otros dos delincuentes después de algunas correrías por el Chaco fueron a Rosario de Santa Fé donde fueron detenidos el 27 de mayo.
El 7 de junio, el Gobierno de la Provincia acordó donar 50 pesos a la viuda del cabo Coria, muerto según reza el decreto por las heridas recibidas en el choque con el Jefe de los bandoleros rusos en La Isla.

Identificacion de un cadáver
El 17 de octubre de 1969, fue encontrado en las aguas del canal Revestido, el cuerpo sin vida de un hombre, trasladándose personal policial al lugar no pudo determinar la existencia de familiares del occiso, como tampoco persona conocida que aportara datos sobre su identidad, el cuerpo estaba en avanzado estado de descomposición, el médico forense cortó todos sus dedos y fueron remitidos al gabinete dactiloscópico que funcionaba en esta dependencia, en donde luego de aplicarle una nueva técnica descubierta por el Comisario Juan José Ocaranza, se determine que era Juan Jovino Herrera, quien había llegado a la ciudad desde Tucumán en busca de trabajo y accidentalmente cayó al Canal Revestido en donde se ahogó.

Robo a “Casa Neme”
En 1969 otro caso fue aclarado desde el gabinete dactiloscópico. Habían hurtado una gran cantidad de mercaderías de la casa comercial Neme ubicada en Laprida casi Pellegrini y no se tenían pistas de los ladrones. Personal del Gabinete fue al lugar y levantó unas huellas dactilares de las banderolas de la puerta de acceso. En el gabinete fueron comparadas y se encontraron coincidencias con dos jóvenes bandeños. Al ser interrogados confesaron su autoría y se secuestró parte de la mercadería que fuera sustraída.

El caso de las niñas estudiantes
En 1970 la brigada de investigaciones hizo comparecer a tres jóvenes que tenían entre 14 y 15 años, estaban en la estación, vestían uniformes escolares que no concordaban con los uniformes de los estudiantes de esta ciudad. Cuando las interrogaron dijeron que venían de la provincia de Buenos Aires, presentando cada una su Libreta Cívica, pero al compararse las huellas dactilares se establecío que las tres niñas portaban documentos falsos. Inmediatamente se le comunicó la novedad al juez, que dispuso la demora de las menores y el envío a Buenos Aires de las huellas. Al día siguiente desde Buenos Aires se recibió la comunicación de que las jóvenes eran buscadas por haberse fugado de sus hogares en La Plata y que ya había partido una comisión policial para llevarlas de regreso.

Homicidio de los hermanos Salomón
Una tarde de agosto de 1973, en un galpón con mercaderías de Bolivia y Alem, los empleados ya habían cerrado un portón que daba a la Bolivia, solo había quedado abierta una pequeña puerta de la Alem, que por un pasillo comunicaba con el escritorio de la firma comercial. Imprevistamente ingresaron dos individuos armados, uno de ellos con una pistola calibre 22 corto y otro con un revolver 38 largo, uno era más alto y se se lo notaba sereno, mientras el otro muy nervioso apuntaba a los empleados, de repente se le escapó un disparo que por suerte no dio a ninguno de los presentes. El otro los amenazaba y les pedía el dinero, los hermanos Salomon eran dos hombres corpulentos y muy altos, y al notar la distracción de uno de los maleantes, trataron de acercarse para quitarle el arma, uno lo hizo por delante y el otro de los hermanos por atrás.  El delincuente viendo esta situación primero le disparó al de adelante y haciendo una maniobra con su cuerpo giró y le disparó al de atrás, dándose a la fuga inmediatamente por el portón que daba a la Bolivia. Uno de los hermanos recibió un balazo en la cabeza y el otro en el pecho, dando el proyectil en la aorta, ambos murieron  en forma instantánea. Una camioneta que pasaba por el lugar notó lo que sucedía, su chofer retrocedió por la Alem con el vehículo, para dirigirse a la seccional 14 que funcionaba en la Cassaffousth, inmediatamente un grupo de policías salió en busca de los asesinos, pero fue en vano, ya que el caso nunca pudo ser aclarado. Trabajaron tres comisiones policiales, se recibieron más de 600 declaraciones testimoniales y no pudo nunca saberse quienes fueron los autores de este luctuoso asesinato. Pasaron los años y apareció un joven del barrio Pacará de la Capital que se adjudicó el hecho, pero su declaración quedó descartada cuando se realizó la reconstrucción, ya que ni siquiera conocía el lugar donde había ocurrido el delito.

Primer procedimiento sobre drogas
El  5 de diciembre de 1984, fue el primer procedimiento sobre drogas en La Banda, cuando policías de la brigada de investigaciones, a cargo de Francisco Javier Robles e Isaac Yanucci, incautó un cargamento de cuatro kilos de cocaína que era transportada en una camioneta desde Yacuiba (Bolivia) a la provincia de Buenos Aires, pasando por nuestra ciudad. Fueron detenidas dos personas, Ruben Azar (conductor) con domicilio en la provincia de Córdoba y a Miguel Laudo Iraola o Nelson Saldía, español. La carga official eran vinos finos y la droga estaba en la rueda de auxilio, su valor fue estimado en la suma de 350.000 dólares.

Robo de azúcar
El 22 de noviembre de 1986 la brigada de investigaciones aclaró el robo de 600 bolsas de azúcar y más de 2200 bolsines. El procedimiento se realize en el depósito de Pedro Brandán (hasta hoy está desaparecido), de la avenida Belgrano del barrio San Martín. También fueron secuestrados tres  camiones que se utilizaron para trasladar la mercadería. Las bolsas de azúcar fueron retiradas de la estación del ferrocarril Mitre y pertenecían a la firma Cruz Alta de Tucumán.

Crimen en la estacion de servicios
El 31 de mayo de 1987, se produjo el asalto a mano armada de una estación de servicios de República de Líbano y Pasaje Misiones. Uno de los delincuentes mató al empleado. Osvaldo Luna, padre de dos niños pequeños.  Luego de cometer el delito, los malvivientes se refugiaron en una casa cercana, pero fueron fueron detenidos. Pablo Omar Ibañez y Mario Baleri, confesaron ser autores de este delito y de otros robos a mano armada.

El estalido social (lo que pasó en La Banda)
El 16 de diciembre de 1993, un gran estallido social se produjo en la capital, dejando como saldo una gran cantidad de edificios públicos incendiados, lo que obligó a la Nación a intervenir a la provincia.
En La Banda el estallido recién sucedió al día siguiente o sea el 17. Todo comenzó cuando un grupo de manifestantes de dirigió a la casa del diputado provincial Bernardo Rey Bravo, pero nadie se animó a avanzar porque estaba figilada por sus  seguidores que se apostaron en los techos. Al ver truncado su objetivo la turba se dirigió a la casa del diputado Manuel Bellido, a quien responsabilizaron de la situación que se vivía y cargaron contra los policías que se encontraban apostados, los que solo contaban con unos cuantos bastones y  ningún otro elemento para disuadir a la multitude. Entraron a la casa saquearon y quemaron lo que hallaron a su pasa. Participaron hombres, mujeres y hasta niños, era imposible que los efectivos apostados pudieran arremeter contra los manifestantes, que una vez consumado el hecho se dirigieron a la calle Julio Argentino Gerez- Debían pasar por la casa del concejal Camacho, que tenía poco tiempo en la política, pero como pertenecía a una clase dirigente desprestigiada. también fue víctima de la devastación, que comenzó por la casa familiar, para luego seguir por la panadería y el almacén. Finalmente se dirigieron a un depósito en calle Romualdo Gauna (daba con los fondos de la casa de Camacho), en donde ingresaron y se apoderaron de colchones y mercadería que según decían era destinada para planes de ayuda social. En estos sucesos fueron identificados muchos individuos que aprovechando la situación se apoderaron de heladeras, freezers, acondicionadores de aire, centros musicales y otros elementos que restaron legitimidad a la reacción de una población que había sido marginada por una clase política privilegiada.

Caso Maria Virginia Iturriaga
Ocurrió el día viernes 1 de octubre de 1997.
A la tarde su padrastro. Aldo Cesar Juárez, la retiró del colegio Mater Dei, para trasladarla hasta su casa paterna en Sarmiento al 400 de La Banda. Luego de maltratarla y abusar sexualmente de ella, la mató y enterró en un pozo que cavó en el fondo de la casa. El delito fue descubierto al día siguiente al mediodía cuando personal policial encontró el cuerpo de la niña, confesando luego Juárez el horrendo crimen cometido contra la niña de 9 años, hija de María Elisa Anastacía, una joven de 28 años que convivía con el asesino. Juárez además confesó haber dado muerte a otra joven, Claudia Gerez, con quien habría tenido relaciones sentimentales en Buenos Aires y a quien luego de engaños la trajo a esta ciudad para matarla de dos tiros y enterrarla en María Luisa, el 4 de mayo de 1993, crimen que había quedado sin aclarar desde esa fecha. Actualmente Juárez está alojado en el Penal de Varones luego de que fuera condenado a reclusión perpetua por estos delitos.

Crimen de Wenselao Díaz
El 8 de diciembre de 1994, se descubre otro hecho que conmovió la sociedad. Se trata del crimen de Wenselao Matías Díaz, quien fuera ultimado por su esposa Silvia Alcira Díaz, de dos balazos y un golpe en la cabeza con una maza. El delito se había consumado en 1987 aproximadamente. Luego de matarlo, la mujer enterró parte del cuerpo de su marido en el fondo de la casa de Yrigoyen y Deán Funes, y otra parte en La Dársena.
La mujer confesó la autoría del hecho, manifestando que era constantemente agredida por su esposo. Apenas desapareció el marido manifesto a ssus conocidos que su esposo se había "fugado" con otra mujer a Buenos Aires y la había abandonado con sus dos hijos, quienes eran conocedores de este hecho. Fue absuelta en un polemico fallo por sus manifestaciones acerca de las agresiones de su marido, a pesar de que se probó que nunca denunció los golpes que supuestamente le daban.

Asesinato de un taxista
El 26 de diciembre de 1996, en Mili, departamento Robles, en tax, apareió una persona con un disparo de arma de fuego en su cabeza, el que fue identificado como José María Rodríguez, que vivía la capital. No había pistas sobre quien podría haber sido el autor del crimen. Con el paso del tiempo de una casa de Mili se secuestró una carta redactada por el autor del delito a su novia. Allí le comentaba los pormenores del caso. Policías de civil se trasladaron a Mendoza para detener al hombre, con lo que quedó aclarado el delito. Lo curioso es que cuando los policías de civil estaban en Mendoza, apresaron además al “Rengo” Ojeda, con pedido de captura acusado del homicidio en perjuicio de Pedro Brandán, y nombrado en el caso de robo de azúcar.

Anciana asesinada por su hija
El 19 de agosto del 2001, en El Bobadal, departamento Jiménez, se produjo asesinato. Todo comenzó cuando en una vivienda se encontró el cuerpo de Nicolina Micariello viuda de Pranso de 79 años, en una de las habitaciones, al ser revisado el cuerpo por el médico policial, constató que le habían acertado siete puñaladas, al ser interrogada la hija, Eleanora Pranso de 49 años, luego de evasivas confesó ser la autora del crimen. Manifestó haber tomado tal decisión porque estaba cansada de los reproches de su madre, también fue detenido el esposo Eleonora y fue secuestrado el cuchillo con el que se cometió el crimen.

Recapturan al “Rey de la fuga”
El 17 de julio del 2005, policías de la Unidad Regional, recibieron un llamado telefónico indicándoles que el “Rey de La Fuga” estaba Terminal de Ómnibus, por lo que se trasladan hasta allí y lograron recapturar a Luis Clamente Nadotti, más conocido como el “Rey de la Fuga”, uno de los delincuentes tucumanos más peligrosos, con pedido de capturas de Buenos Aires por un doble homicidio en Pergamino, también buscado en San Juan, Catamarca y por varios asaltos a oficinas del correo de Santiago, La Banda y Las Termas. En Tucumán protagonizó fugas memorables de distintas cárceles, disfrazado de anciano o de mujer y también por el ventiluz de una celda. El procedimiento fue concretado por los policías Walter Hurdiales y Rubén Cejas, que cuando metieron en un vehículo a Nadotti, se dieron con que el detenido extrajo una pistola Bersa 9 milímetros con la que intentó agredirlos. Fue reducido y trasladado a la alcaidía de varones, más tarde trasladado a la sede de un grupo especial de rescate, por razones de seguridad.
Tomado de un informe de José Roque Gallego, subcomisario de la Unidad Regional II.


Fuentes consultadas
Entrevistas a Policías retirados.
Libro "La Banda y su pasado" de Lázaro Criado.
Archivo del Diario El Liberal.
Revista 90 años de El Liberal.
Publicación del "Estallido Social" del Diario El Liberal.
Unidad Museológica La Banda.
Sinopsis sumariales.
Resoluciones Internas.