sábado, 7 de noviembre de 2015

Sofía del Carmen Montesinos de Abalovich


Sofía Montesinos 
 Roberto Arévalo

La familia, la docencia, las instituciones de bien público

Hija de Antonio Montesinos, de origen español y de Sofía Franzzini. En 1947 Sofía del Carmen Montesinos de Abalovich fue designada maestra de la escuela de Weisburd, departamento Moreno. Allí conoció al contador Marcos Abalovich, con quien contrajo enlace. Concretó varias iniciativas durante el desarrollo de su labor docente, donando parte de sus haberes para mantener una sala de primeros auxilios y una peluquería escoar. En 1952 se trasladó con su familia a la ciudad de Santiago del Estero, desempeñando sus tareas docentes en la escuela “Agustina Palacio de Libarona”. Por su iniciativa se levató la reja y el busto de la patrona de la escuela. Desempeñó la docencia 31 años con exlcusiva dedicación.
A pedido de Julia Páez Luna, ingresó al Patronato del Enfermo de Lepra en la década del 50. A partir de 1996 incentiva la construcción de un gran salón, un patio de citrus que sirve de solar esparcimiento para los enfermos y rodea el inmueble con una verja de fierro. Es reelegide en varios períodos como presidente del patronao. Ambiéndesde 1976, pasa a fundar con otras damas, el Instituto del Menor y la Familia. Ingresa al Consejo Consultivo de la Mujer y la Liga de Madres de la iglesia San Francisco, restaurando el museo de Arte Sacro. En el 2000, el Concejo Deliberante de la capital le otorgó el galardón “Mujer del año”. También recibió ese año una medalla recordatoria al cumplirse 30 años de del Instituto del Menor y la Familia.
Tiene tres hijos: Eduardo Antonio, Silvia del Carmen y Marta Lucrecia. Su vida la repartió entre su hogar y la docencia, brindándose a las instituciones de bien público en una lucha desinteresada.
En la actualidad preside el Consejo Consultivo de la Mujer, dependiente de la Municipalidad de la Capital y es responsable de la publicación de la revista “Mujeres en lucha”.
Cabe señalar que, por sus atributos, fue consagrada Reina Provincial de la Tercera Edad, en Santiago del Estero y en Chapadamalal (Buenos Aires), fue distinguida Princesa Nacional en el que participaron representantes de todo el país.
Por notoriedad, es una digna embajadora santiagueña de la cual muchos se sienten enorgullecidos.
(Del libro “Santiagueños notables II”).

viernes, 6 de noviembre de 2015

Hacia una sistematización de la literatura escrita por mujeres


"Las desigualdad obligó al silencio"

*Hebe Luz Ávila
Por qué las mujeres
Me atrevería a aventurar que Anónimo, que tantos poemas escribió sin firmarlos, era a menudo una mujer. 
Virginia Woolf.

La mujer individualizada como sujeto de un discurso intelectual es algo muy nuevo en la larga historia de la humanidad, ya que desde hace mucho menos de un siglo recién el foco de algunos sectores del pensamiento se ha centrado en la mujer. Con la aparición del feminismo – considerado como una oposición moral a la dominación masculina- se pone de relieve algo al parecer antes no notado: que las formas de pensar en los diversos ámbitos de las sociedades están plasmadas por y para las personas del sexo masculino. En efecto, el discurso de la historia, la filosofía, la política, y hasta el religioso siempre se ha formulado desde la primera persona del masculino. Más aún, el sujeto de la historia - desde el hombre de las cavernas, el medieval, el renacentista, etc. – siempre ha sido masculino, lo mismo que todo el pensamiento humanista tradicional. Decir "las edades del hombre" para referirse a la evolución de toda la humanidad es un ejemplo de este pensamiento androcéntrico, pues con ese término no se sabe si, o se intenta englobar a las mujeres, que en ese caso forman parte de él invisibilizadas o, si no fuera así, quedan excluidas. El androcentrismo supone, por tanto, considerar a los hombres como el centro y la medida de todas las cosas. oposición, el hombre, es decir la masculinidad como objeto de estudio.
En realidad, aunque se nombra como hombre, se trata de un ser asexuado, pues no se identifica como hombre o como mujer. Recién la nueva visión de los estudios de género intentará consolidar un nuevo sujeto marcado por el género y distinguir a la mujer separada de ese sujeto históricamente sin sexo. Y así, de esta nueva visión, surge luego, por con este movimiento la mujer adquiere - por su propia lucha - el derecho a expresarse. Sin embargo, y si nos instalamos en el mirador de la Historia, distinguimos que algunas veces los hombres la han hecho objeto de su referencia generalmente para menoscabarla o demonizarla (Lilith, Eva) en un discurso misógino.
Parece ser que desde siempre la mujer ha inspirado en el varón un poderoso sentimiento de miedo, a causa, esencialmente, del enigma de su maternidad, de su vínculo con la naturaleza y de la atribución de una sexualidad imaginada como insaciable y devoradora. De esta manera, el hombre, dueño de una mayor fuerza física y con mayor libertad al no tener que asumir las cargas y limitaciones propias de la generación de hijos, intentó dominarla. Así, consiguió confinarla en un rol económico-social inferior, tacharla de irracional (Aristóteles la considera "macho deficiente e imperfecto") y cerrarle el acceso al poder y a la cultura.
Desde siempre, la mujer ha sido condenada al silencio, o desterrada su habla al interior del hogar, puesto que, si saber es poder, tomar públicamente la palabra representa uno de los mayores ejercicios del poder. Por ello, refranes populares antiquísimos la circunscriben a su lugar: "La mujer y la sartén en la cocina están bien", y más adelante, los revolucionarios franceses - aquellos que levantaron la bandera de lucha contra la represión y la desigualdad - mostraban su incongruente misoginia con el lema ahora ofensivo:"La mujeres a la cocina o al burdel".
Con todo, no podemos desconocer que, a pesar de las restricciones impuestas, hubo mujeres que desde siempre escribieron enfrentando a su época. Nos basta recordar, cronológicamente, a Safo, Eloísa, Santa Teresa de Jesús, Sor Juana Inés de la Cruz, Madame de Staël, George Sand, Emilia Pardo Bazán, Virgina Woolf o Simone de Beavoir.
Generaciones y generaciones de mujeres pasaron su existencia confinadas en el silencio y el sometimiento a los injustos roles establecidos. La mayoría de ellas han aceptado e interiorizado, por siglos, los estereotipos femeninos y el restringido marco vital, ideológico y moral que se les señalaba. Así, desde la época clásica y hasta entrado el siglo de las luces, se consideró que era contraproducente que las niñas aprendieran a leer y a escribir. Por esta causa, muchas mujeres escritoras se sintieron torturadas por estar desobedeciendo las normas, al hacer algo prohibido. Recordemos que, por estas circunstancias, durante siglos las mujeres que querían estudiar o escribir tuvieron que encerrarse en conventos y hasta usar nombre de varón.
Consecuente con esta realidad, la crítica literaria se ha caracterizado por poner énfasis en la literatura masculina y marginar las creaciones femeninas. Cientos de antologías no incluyen ni una mujer entre los autores seleccionados, aunque no todos los hombres que en ella aparecen sean geniales ni sus escritos representen la más alta literatura. Desde hace pocas décadas, el péndulo de la crítica comenzó a inclinarse hacia la literatura de mujeres. De ahí nuestra intención con una idea de hacer justicia: poner en el otro platillo de la balanza la literatura de mujeres. Cuando el fiel llegue al punto medio, señalará un centro más ancho del universo literario, contenedor de toda la literatura, y solo habrá diferencia, entonces, entre las obras estéticamente superiores y las inferiores.

Qué entendemos por literatura de mujeres
La pregunta acerca de si existe una literatura de mujeres nos recuerda, en parte, a aquellas que se hacían los teólogos en el siglo XIII sobre si tenían o no alma las mujeres.
Dejaremos de lado otras divisiones más sutiles, y solo nos ocuparemos de la literatura de mujeres, es decir, el conjunto de obras literarias cuya firma tiene valencia sexuada: el corpus literario escrito por mujeres.
Estamos al tanto de las extensas disquisiciones acerca de literatura femenina y literatura feminista, de la evolución del feminismo de la igualdad al de la diferencia y algunas posiciones que rechazamos por extremas y fuera de lugar. Así, las que invitan a las mujeres a "escribir el cuerpo" con lo intrínsicamente femenino - la vagina, el vientre, los pechos, los líquidos propios- para librarse de lo que consideran predominación falo-logocentrista masculina. O la que incitan a sus congéneres a lograr una escritura política y militante para expresar un nuevo mundo que no esté basado en diferencias sexuales, a fin de destruir el concepto de "mujer" y sustituirlo por el concepto de "lesbiana". No nos adscribimos a ninguna de estas posturas, que consideramos desnaturalizadoras y retorcidas.
Resulta muy difícil clasificar a un escritor... y si lo intentamos, su encasillamiento terminará siendo incompleto, injusto. En efecto, podría tratarse de un autor que escriba en más de un género literario, o alguno clasificado con un enfoque étnico/nacional, en el que deberá quedar afuera el plus que no corresponda a su visión de la cultura local. En muchos casos, si no conocemos al autor o autora, es improbable la determinación tajante de que un texto esté escrito por un hombre o una mujer. Por ello, Virginia Woolf escribe: "es imposible averiguar el sexo de una frase".
Sin embargo, en este trabajo intentaremos señalar los rasgos propios que pudieran observarse en la literatura escrita por mujeres, basándonos en los estudios más serios realizados desde la investigación lingüística.
Por otra parte, y debido a esa historia de represión y de desigualdad que obligó al silencio, pensamos que las mujeres pueden aportar un punto de vista particular a la cultura humana en general y a la literatura en particular. Porque, como señala Rosa Montero, " hay una historia que no está en la historia y que sólo se puede rescatar escuchando el susurro de las mujeres".

Una expresión diferente
El testimonio de las mujeres es ver lo de fuera desde dentro. Si hay una característica que pueda diferenciar el discurso de la mujer, es ese encuadre. 
Carmen Martín Gaite.

Entre el hombre y la mujer hay diferencias biológicas que determinan dos identidades distintas. Aparte de las obvias y visibles - que ya desde la primera ecografía pueden distinguirse-, recordemos que en su génesis, los primeros 22 pares de cromosomas del embrión son iguales en ambos sexos. Esa es la prueba máxima de la identidad esencial entre hombres y mujeres, y -podemos ir más allá aún - la que demuestra que el ser masculino se forma a partir del primigenio femenino, con una pequeña diferencia en la última etapa del proceso: el par de cromosomas 23 ( XX en las mujeres y XY en los varones). Desde hace pocos años, se ha determinado que el gen llamado SRY del cromosoma Y es el que inicia, en la séptima semana de gestación, el proceso de masculinización del embrión, al activar en cascada otros genes que ocasionan la transformación de las gónadas indiferenciadas en testículos. Si este gen no llega a actuar, se forman el útero, trompas de Falopio y vagina, y desaparecen los tejidos que se convertirían en órganos sexuales masculinos.
A partir de entonces, comienza un largo y complejo proceso en el que interactúan la biología, el ambiente y la educación hasta que el nuevo ser humano alcance su estado adulto.
La biología identifica otras diferencias. Así, ya es una evidencia científica la mayor longevidad de las mujeres, mientras que los cardiólogos han comprobado en los varones una mayor predisposición a los infartos. Por su parte, los neurólogos reconocieron una organización de los hemisferios cerebrales más asimétrica en los varones que en las mujeres en lo que concierne al habla y a las funciones espaciales, a la vez que comprobaron la superioridad femenina en las actividades verbales frente a la superioridad masculina en las tareas visoespaciales (evidentes ya desde la infancia, aunque acentuadas a partir de la pubertad)
Al parecer, los experimentos, confirmarían la tesis popular de que mujeres y varones perciben el mundo de maneras algo distintas y talvez con el tiempo puedan explicar las causas por las que las niñas empiezan a hablar antes que los niños, o poseen un mayor vocabulario, o si la zurdera más frecuente en los varones tiene relación con la dominancia cerebral; también por qué el tartamudeo es casi exclusividad de los varones, quienes por lo general tienen voces más graves o la causa de la tendencia de las mujeres a ser más daltónicas.
Sin embargo, estas diferencias se relativizan con las circunstancias –socioculturales especialmente- de cada individuo, y terminan siendo discrepancias solo de grado.
Si intentamos establecer rasgos característicos en la escritura de mujeres, antes deberemos tratar de señalar los propios del habla femenina, ya que, consecuentemente con estas determinaciones científicas, se han reconocido, desde la lingüística, notas distintivas de un sociolecto femenino. Este sociolecto es resultante de una correlación entre la variación lingüística y el sexo, aunque la variación lingüística que se da entre hombres y mujeres talvez sea consecuencia del género y sólo indirectamente del sexo (Eckert, 1989).
En las últimas tres décadas, la distinción entre sexo y género ha sido objeto de miles de páginas de definiciones y estudios. Señalemos que el término género sirve para estructurar la fundamental diferencia entre la femineidad y masculinidad como conceptos elaborados socioculturalmente (estereotipos), frente a los significados tradicionales del sexo (macho y hembra), asentados en diferencias puramente biológicas.
Indudablemente, las palabras del diccionario están en el diccionario a disposición de todos, la gramática que se emplea para crear las oraciones es una sola y las teorías y escuelas literarias no presentan una variación femenina y otra masculina. No hay palabras exclusivas para hombres y otras para mujeres, sin embargo todos reconocemos que las más expresivas y delicadas suelen ser más usadas por mujeres y las malsonantes o insultos aparecen con mayor frecuencia en boca de hombres. Así, en lo relativo al vocabulario, Robin Lakoff (1995) reconoce algunas en la frecuencia de aparición de algunas voces, como distinciones léxicas, en campos específicos como el color (magenta, malva, chocolate) o abundancia de adjetivos valorativos positivos (adorable, encantador, divino). De igual manera, la profusión de elementos que sirven para dar énfasis, como diminutivos y superlativos.
Pero las diferencias más significativas parecen estar en el componente pragmático del habla de cada género (en la interacción comunicativa), de lo que se ha podido corroborar, luego de ingentes estudios, que los hombres tienden a imponer más su tema de conversación, en un discurso dominante, que prescinde del interlocutor, mientras las mujeres plantean más preguntas (Zimmerman y West, 1975). En cuanto a los turnos de la conversación, los hombres interrumpen más a las mujeres que al revés. Es decir, es más de uso masculino el discurso asertivo, argumentativo, con intención de mantener el control, mientras que el lenguaje empático, el diálogo y la búsqueda de avenencia son más propios de las intervenciones femeninas.
Con los estudios transculturales, se ha señalado también en el habla de varones y mujeres una marcada discrepancia, con un estilo explícito o directo en ellos, e implícito o indirecto en ellas, lo que se patentiza en las maneras de connotar la cortesía y de salvar las apariencias, en las mujeres con mayor uso de recursos de atenuación (Brown y Levinson, 1987).
Sin embargo, las diferencias entre género no pueden desvincularse de la posición social que ocupan los hablantes, ya que la presencia de estos recursos se incrementa en los contextos comunicativos en los que se hacen más patentes las desigualdades de poder.
Por otro lado, las investigaciones sociolingüísticas coinciden en observar que, en iguales condiciones de edad, clase social y nivel educativo, el habla de las mujeres es cualitativamente mejor y con un vocabulario más rico, una sintaxis más completa y una pronunciación más cuidada que la de los hombres.
En realidad, las notas distintivas en la expresión femenina parece deberse más que a alguna determinación biológica, al hecho de que han sido educadas para responder al estereotipo por el cual la sociedad espera siempre que las mujeres se comporten en todos los sentidos mejor que los hombres.
Uno de los descubrimientos más indiscutibles en el estudio de la variación lingüística debida al género, es el hecho de que las mujeres utilizan menos formas no estándares que los hombres. Esto fue verificado en trabajos de campo en muy variadas comunidades e idiomas y en hablantes femeninos de todas las clases sociales. La llamada teoría del mercado lingüístico explica esta situación en que las mujeres hacen uso del prestigio lingüístico por falta de prestigio material (Eckert, 1989)
Otra explicación que no desplaza a la anterior es la teoría de la imagen, que explica que los grupos subordinados tienen que ser corteses. Durante siglos, las mujeres han tenido menos poder que los hombres, por lo que se ven forzadas a mostrar respeto y a mantener su imagen (es decir, su autoestima). Al emplear una variedad lingüística estándar (desechando las formas vernáculas o vulgares) parece que se satisfacen ambas pretensiones, pues son educadas con el interlocutor y reclaman respeto al marcar su propio prestigio. Para la preferencia femenina de estas formas hay otras explicaciones, como la crianza de los hijos, pues al tener conciencia de ser un modelo - también lingüístico- para ellos, utilizan las formas "más correctas". Asimismo, estamos en condiciones de aportar otra razón que justifica esta particularidad, en el empeño propio de mujeres de agradar, de ser aceptadas, de gustar, el mismo que las lleva habitualmente a arreglarse y embellecerse.
A pesar de su novedad, los estudios sobre las particularidades lingüísticas de las mujeres resultan inabarcables, y algunos exageradamente minuciosos* , aunque las diferencias terminan siendo solo de grado.

Un estilo femenino
Mi única ambición es llegar a escribir un día, más o menos bien, más o menos mal, pero como una mujer. (...) Pues entiendo que una mujer no puede aliviarse de sus sentimientos y pensamientos en un estilo masculino, del mismo modo que no puede hablar con voz de hombre. 
Victoria Ocampo.

Los rasgos distintivos del habla de mujeres es posible que se vuelquen también en su escritura, y que aparezca así la connotación de un registro femenino. En efecto, si atendemos a los enfoques lingüísticos (que comenzaron estudiando la lengua como una abstracción, desconectada de toda circunstancia, luego – muy recientemente- el análisis del discurso, de la conversación, el textual), habrá que esperar a Benveniste para que se enfoque al sujeto de la enunciación. Así, la presencia del locutor en la enunciación hace que cada instancia del discurso se instituya en un centro de referencia interna expresada por formas específicas (deixis) y procedimientos accesorios ( la modalidad).
Greimas irá más allá, al centrarse en ese sujeto y afirmar que no se puede hablar de enunciación sino en la medida en que está enunciada.
Y que para conocer quién habla en el discurso habrá que reconstruirlo o descubrirlo con un esfuerzo de interpretación (lo que Hjelmslev llama encatálisis). Greimas entiende que las instancias de enunciación puestas en discurso tienen su fuente en la subjetividad enunciante. Para hacer un análisis de discurso, se deberá hacer una reconstrucción de las condiciones (subjetivas) de producción. El sujeto así planteado (en la literatura el autor, o autora en nuestro estudio) centra la significación con relación a un saber y a un hacer (piensa, enuncia, afirma, desarrolla una actividad cognitiva). Así también, las modalidades mediante las que se expresan las competencias del hacer del sujeto tienen que ver con el querer, el deber, el poder y el saber hacer. En la dimensión del ser del sujeto es donde se manifiestan las pasiones, que se organizan a través de una sintaxis de modalidades. Este sujeto pasional de la enunciación se establece no sólo por la combinación de modalidades sino también por modulaciones, las que comprenden un conjunto de rasgos aspectuales y tensivos que acompañan a toda pasión. Las modulaciones serían así rasgos del plano de la expresión - el estilo de una pasión- que permitirían establecer la presencia de determinada pasión. De esta manera, se puede reconocer al depresivo por la disminución en el ritmo de sus movimientos, o al ansioso por su agitación.
Buscando el lugar donde estarían ocultos los rasgos de género, surge la lingüística crítica y estilística feminista, las que trabajan sobre la teoría literaria y sobre la lingüística con el objeto de producir análisis de los textos a partir de modelos lingüísticos, y así determinar cómo se representan los significados de género en la cultura. A su vez, el aporte de Voloshinov (" La palabra siempre aparece llena de un contenido y de una significación ideológica o pragmática") establecerá un marco para la posición de sujeto de género a partir de las condiciones de producción simbólicas de la cultura y de la ideología, ya que ése es el lugar de su emergencia discursiva como sujeto de la diferencia sexual.
Por ello se asegura que toda literatura es autobiográfica, porque proviene de la experiencia del autor, que aun cuando no escriba en primera persona, crea sus personajes - consciente o subconscientemente - según sus propios rasgos personales o los de otra persona que conoce. La escritura proviene de su experiencia: de allí vienen sus ideas, los acontecimientos, los lugares descriptos, las imágenes.
A pesar de la poca antigüedad que tienen los estudios sobre la escritura de mujeres, se cuenta con un ingente número de ellos en todo el mundo, de los que trataremos de señalar los resultados más coincidentes. Destaquemos, a la vez, que este reconocimiento de características propias en la literatura escrita por mujeres es posible porque todavía es lo bastante minoritaria y excepcional (por razones históricas no hay una simetría con la escrita desde siempre por los hombres**) aunque, a medida que sean más las mujeres que escriban, habrá mayor diversidad y posiblemente se irán diluyendo estos rasgos comunes.
La mayor coincidencia talvez sea la de reconocer la existencia de un imaginario propio del género, así como una historia también propia (un "vivir y escribir como mujeres"), el uso de un lenguaje más reflexivo, matizado y sensual, con cierto tono intimista. Consecuentemente, las escritoras se inclinan hacia un mayor empleo de la primera persona y la autobiografía, una mayor presencia de lo cotidiano y una forma distinta de tratar las experiencias eróticas. Se contrapone un estilo más visual y descriptivo en los hombres y más sensual y plástico en la mujer, pues ellos tienden más a contar lo que ven y ellas lo que sienten. Hay unanimidad en destacar una serie de tópicos como la relación madre-hija, o la de pareja que, desde el punto de vista de la mujer, se distinguen de la perspectiva masculina.
Una constante muy definida se da en la defensa de unos valores originados en la relación con el orden simbólico de la madre y lo divino, y que inclinan tradicionalmente sus obras más a enseñar y conmover que a deleitar, aunque fundamentalmente éste es el rasgo que más está cambiando. Ya desde Teresa de Jesús encontramos la defensa de estos valores y, muy especialmente, una inteligencia emocional paralela a la inteligencia racional. También en las obras de la santa de Ávila se registra una decidida opción por los afectos y el uso del yo, en una enunciación personal, con forma autobiográfica e intimista.
Desde este enfoque más psicológico y experiencial (la interdisciplinariedad es la clave de los estudios sobre género en la actualidad), se marca como característica la incorporación de los sentimientos amorosos y las relaciones familiares, especialmente en la narrativa, aunque la incorporación del deseo amoroso se ha reconocido en principio como una raíz de la escritura femenina. Esto determinará, en lo formal, un punto de vista personal, que a la vez justifica el uso del yo como la fórmula predilecta de la enunciación femenina. También se relaciona con otro de sus rasgos universales una visión del mundo exterior desde adentro, con una fuerte implicación personal.
Este yo de la escritura de mujeres (su enunciación personal y la correlativa forma de autobiografía) es síntoma de una manera de ver el mundo y de instalarse en él, que suele expresarse también en visiones parciales, existenciales, aleatorias. Esto resulta en contraposición a las formas impersonales que muestran el mundo desde afuera, desde arriba y visto en su totalidad, propias de la tradicional escritura masculina.
En cuanto a la estructura, Jespersen ha definido la organización narrativa femenina como collar de perlas, mientras que a la masculina la compara con cajas chinas. Son más propios de la escritura de mujeres los finales abiertos, frente a la característica masculina de finales cerrados, en lo que todo queda bien atado.
En la literatura escrita por mujeres es común encontrar formas acumulativas, cíclicas, disyuntivas, donde tenga cabida lo fragmentario y hasta el mundo inconsciente, con una clara preferencia hacia lo parcial frente a la totalidad, característica que connota la segmentación de sus vidas. Se trata de una estructura relacionada con el proceso discursivo, que va enlazando las partes en un relato sarta y muchas veces como espiral, con varias líneas narrativas y libertad temporal y espacial. Resulta interesante señalar que correspondería a una organización anti barroca, cercana a las formas medievales, similar a las del Amadís y el Quijote.
Los saltos temporales suelen organizar el discurso, puesto que más que el tiempo cronológico se sigue el tiempo interior, subjetivo, en el que el presente muchas veces es explicado por el pasado, habitualmente enraizado en la infancia y las relaciones personales.
onsecuentemente con la mirada subjetiva, se ha determinado la preferencia femenina por los lugares interiores y los movimientos de horizontalidad, mientras que sus descripciones apuntan a detalles significativos vistos desde adentro.
El lenguaje que expresa esta visión particular del mundo suele ser indirecto, vacilante, a veces repetitivo, oscuro y hasta exagerado, con la espontaneidad del lenguaje oral y sus frases incompletas (recordemos los anacolutos que se le reprochan a Santa Teresa), todo ello en una expresión sencillista, calificada como "estilo en zapatillas".
Muchas veces se rompe la sintaxis y el orden lógico, denotando significativos silencios y elipsis, con una escritura paratáctica que señala que no es sólo logocéntrica, devenida puramente del pensamiento, sino también de la pasión y el deseo, con emoción y hasta lágrimas.
En síntesis: Se pueden destacar rasgos caracterizadores de una literatura escrita por mujeres, aunque éstos pocas veces son exclusivos, ya que, al parecer, solo la perspectiva y algunos motivos temáticos diferirían cualitativamente de los masculinos, mientras que las demás características son solo de grado, de mayor frecuencia de uso.

En Santiago del Estero
Blanca Irurzum.
Hay otras características que nos interesa muy especialmente para esta empresa de estudiar la literatura de mujeres en nuestra provincia, y es que por lo general, la actividad de cada una se desarrolla de forma aislada e individual y que la mayoría mimetizan la escritura de la época.
Las mujeres que escribieron en Santiago del Estero constituyen, como en todo el mundo, una minoría. No olvidemos que en una provincia tan mediterránea, tan del interior, la sociedad es más conservadora, y los cambios llegan con mayor retraso.
Para ser escritora se necesita, en primer lugar, una cultura superior, con abundante y buena lectura, lo que no es común en una provincia históricamente pobre y con altos índices de analfabetismo. Y se necesita lo que Virginia Woolf identificó como "un cuarto propio y una renta" suficiente, es decir, independencia y cierta soltura económica, condiciones que no son propias de mujeres, de ordinario atadas a una familia que atender. Y si todavía exigimos que escriba literatura, es decir calidad artística- que muy pocos de los que escriben lo consiguen- la cantidad se reducirá considerablemente.
En cuanto a los movimientos feministas y a su lucha por la igualdad del género, podríamos decir que su virulencia no llegó a nuestro ámbito provinciano, donde las diferencias de poder entre hombres y mujeres se fueron acomodando a las nuevas circunstancias mundiales de forma casi natural. De esta manera, si atendemos a las tres últimas generaciones, recién en la de las mujeres jóvenes de hoy se da un ingreso más masivo en el mercado de trabajo. Y a partir de las reivindicaciones políticas del peronismo, la mujer tiene un cupo en las listas de candidatos a cargos legislativos y ejecutivos.
Por otro lado, nos atreveríamos a afirmar que las pocas mujeres que en nuestro medio accedieron a la escritura no tuvieron una fuerte resistencia de parte de los hombres; más aún, muchas veces compartieron con ellos los espacios literarios, como los de la Brasa o la Carpa y hasta fueron festejadas y reconocidas por sus colegas masculinos.
Además, es preciso destacar que por sobre los valores de género siempre van a primar los valores personales, lo individual sobre lo grupal. Atendiendo a estas circunstancias, estamos en condiciones de señalar que podemos determinar tres tipos de posturas en la que, en general, se inscribirían las escritoras de Santiago del Estero en cuanto a la relación escritura-género. A la vez, asignamos para cada una de estas posturas una figura prototípica de la misma, entre las literatas consagradas.

Tres posturas básicas
María Adela Agudo
1 La tradicional femenina, que sigue el conocido estereotipo: Una mujer delicada, sensible, humilde, maternal, que escribe como bordando, con afán didáctico, sobre lo fragmentario, lo diminuto, componiendo canciones de cuna, rondas infantiles. Los temas íntimos y amorosos son lo suyo y muy especialmente la poesía: recordemos que en el ámbito cultural instituido por los hombres, se acepta más fácilmente que una mujer practique la poesía - y de ese modo se la caracteriza como más emocional e intuitiva, a la vez que se la aleja de la visión global y racional -. Una escritora que se acerque a estas características escribirá desde la marginalidad a la que la ha relegado el sistema patriarcal.
Ya hicimos mención a la dificultad y hasta injusticia de los encasillamientos – fea palabra- , porque se generaliza, se dejan de lado aristas personales que pueden ser significativas. Pero, como señalamos, nuestro intento es sistematizar de alguna manera la literatura escrita por mujeres. Y entendemos que una primera generalización como la que intentamos podrían servir de base teórica, a modo de fundamentos – ojalá no tan endebles – para otros estudios más minuciosos, más particulares, más enriquecedores.
Nos decidimos por María Adela Agudo como representante de esta actitud de tantas literatas mujeres que eligen sacar partido de los márgenes a los que el escritor hombre las confinó para desde allí poder incorporarse al centro del sistema literario, atendiendo a fundamentos que sintetizaremos en los siguientes:
Canal Feijoo la considera "una desterrada en su propio mundo" y rescata su profundo temperamento lírico.
Nicandro Pereyra confiesa: "nos ha quedado de ella una lección de humildad, serenidad y valentía".
José Andrés Rivas califica: "Los suaves tonos de sus versos, y las imágenes nuevas o inesperadas que nos deparan, nos dan cuenta de la existencia de un espíritu que escondía pudorosamente su batalla interior. Como ella fue en sus días en la tierra, su poesía sigue siendo una forma de la delicadeza."
De sus poemas extraemos expresiones que apoyan nuestra inclusión en este apartado: "mujer de la casonas moliendo un cereal de cantares", "vuelve a mi soledad, donde estamos ataviadas de distancias/ seductoras de tu última risa", Porque yo no tengo aún hijos de sangre y tú eras para mí un hijo hermoso y el niño y el hombre, para mí la niña, la madre viva", "mi anhelante nostalgia de eternizarme en trinos", "Para qué ser tan coqueta, por qué la apostura de mis tobillos", "las terrazas están llenas de niños y de ángeles". Algunos títulos de sus poemas también dan cuenta de los rasgos que distinguimos: "Pequeño poema", "La otra amante", "Ronda de la avenida", "La santarrita", "Fruta", "Dolor".
2 Una segunda postura se define por actitud tradicionalmente masculina de escribir, desde la centralidad, con un mensaje fuerte y urgida por ese mensaje. Se trata de una literatura realista, "de pensamiento" y con obras de mayor aliento, como el ensayo y la novela. Deja un tanto de lado la situación personal de mujer (sin perder los rasgos esenciales que señalamos en la expresión femenina), preocupada más por una temática social o política, de la que resulta una literatura muchas veces combativa, testimonial o "de tesis".
Con mayor seguridad que en el caso anterior, nos decidimos por la figura de Clementina Quenel como paradigma de esta postura en la literatura de mujeres de Santiago del Estero. Como en el ítem anterior, presentaremos muy rápidamente los fundamentos de esta elección:
I. José Andrés Rivas resulta uno de los apoyos más firmes para nuestra decisión, cuando señala que Silvestre, la protagonista de El Bosque Tumbado "se convertiría en metáfora de su propia autora. Como ella, tuvo que enronquecer su voz para hacerse oír en un mundo de hombres".
II.También resulta decisiva la afirmación de Roa Bastos: "La Argentina tiene un Horacio Quiroga mujer".
Clementina Rosa Quenel
III. Luis Alén Lascano reconoce en su obra literaria una conjunción de "emoción y pensamiento". IV. Su ingente obra comprende todos los géneros: poesía, cuento, novela, dramaturgia, ensayos y hasta incursionó en el periodismo. Se inscribe dentro del realismo, regionalismo y más específicamente en el movimiento nativista. A lo largo de sus páginas está siempre presente la denuncia, lo testimonial y un fuerte contenido telúrico.
V. Los títulos de sus obras denotan los rasgos señalados: El bosque tumbado, Elegías para tu nombre campesino, La Luna Negra, Los Ñaupas.
3 Una tercera postura – quizás más cercana en el tiempo- correspondería a una literatura escrita por mujeres que tratan de romper con las formas anteriores, comienzan a apropiarse del lenguaje y juegan con él. Transparentan por lo general una temática feminista, y conciencia de su búsqueda de una voz diferente. No encontramos, para esta postura, una representante que detente la rotunda definición de las anteriores. Creemos encontrar algunos rasgos que las ubiquen en esta nueva expresión, en las poesías de Betty Alba, con un lenguaje distinto, una poesía que más que intimista se puede considerar introspectiva y hasta con sentido trágico: "Penetrar en el amor como en un gran cementerio con espadas"( "Consagración"). Lo reducido de su producción nos hace entrever estas notas, que no se sostienen por falta de una obra de mayor alcance.
Pensamos que algunas escritoras (poetisas casi todas) que actualmente están produciendo en nuestro medio, podrán con el tiempo y una mayor producción, sustentar esta postura.

Telurismo
Ya habíamos advertido, al comienzo de nuestro trabajo, que los encasillamientos resultan incompletos, injustos y dejan de lado notas muchas veces significativas. Por ello, no podemos cerrar estas líneas sin reconocer, también en la literatura escrita por mujeres de nuestra provincia, un rasgo que caracteriza a la literatura santiagueña, que podríamos llamar telurismo, el que deviene de la descripción del paisaje y los tipos humanos nativos, el folklore, la mirada hacia adentro, hacia las raíces y los motivos tradicionales.
Terminamos, entonces, con lo que expresamos al principio del trabajo: nuestra intención de hacer justicia: poner en el otro platillo de la balanza la literatura de mujeres. Cuando el fiel llegue al punto medio, señalará un centro más ancho del universo literario, contenedor de toda la literatura, y solo habrá diferencia, entonces, entre las obras estéticamente superiores y las inferiores. Ojalá podamos llegar a esa situación.©El punto y la coma y la autora.
Notas:
* Lillian Glass (1995). El dice, ella dice, cómo mejorar la comunicación entre el hombre y la mujer, Barcelona: Paidos. La autora establece 105 diferencias originadas en la comunicación por el sexo del hablante.
** No vamos a extendernos en consideraciones feministas, pero es sabido que la mujer estuvo siempre relegada al seno del hogar y alejada de la cultura, la lectura y más aún de la escritura. Así, la hostilidad hacía la mujer culta es algo tan característico que se puede encontrar ya en Juvenal, en el siglo I de nuestra era, pasando por Moliere (Las mujeres sabias), Quevedo (hembrilatinas), Andre Gide... y recorre nuestra cultura hasta nuestros días.

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* Publicado por primera vez en "El punto y la coma"

jueves, 5 de noviembre de 2015

Juanita Briones

Juanita Briones
La donación, Carola, el museo de arte moderno 

La colección completa de cuadros de la artista plástica Juanita Briones fue entregada en donación por sus hermanas Carola y Rosalía a la Dirección de Cultura de La Banda a fin de que engrosen el patrimonio cultural de la tierra que las vio nacer.
Las obras se encontraban en la casa que los Briones poseen en la provincia de Tucumán. El director de Cultura Pedro Ramírez viajó a la vecina provincia donde según expresó vivió uno de los momentos más emotivos. “Cuando me paré frente a semejante colección me sentí privilegiado porque me di cuenta de que La Banda recuperaba el arte y la historia de una de sus hijas pródigas”, expresó a El Punto y la Coma.
Durante el encuentro que Ramírez mantuvo con Carola y Rosalía Briones, le manifestaron que también donaban muebles, libros de arte, el caballete donde Juanita plasmó sus mejores obras.       
“Cuando las hermanas de Juanita me entregaron los 55 cuadros y otras obras para enmarcar, vivimos  una situación de sentimientos encontrados porque para ellas significaba desprenderse de gran parte de la historia de su familia, nos estaban dando lo más preciado que tenían y con gran humildad solicitaron que algunos elementos sean entregados a la Escuela de Artes Plásticas Juanita Briones, institución con la que siempre colaboran y a la que seguramente a la artista llena de orgullo, ya que lleva 40 años de labor en la formación creativa, cultural y artística de los niños”, expuso Ramírez.

Proyecto
Con la llegada de las obras de Juanita Briones a su ciudad natal, los amantes de la cultura se daban cuenta que debían ser expuestos en un lugar de jerarquía y atento a ello desde la Dirección de Cultura se expuso que se creara un museo de arte contemporáneo en La Banda, iniciativa que desde hace varios años impulsa Bandarte (institución dedicada a las artes plásticas y esculturas)  a fin de que se desarrolle y centralice el quehacer de las artes plásticas a través de exposiciones permanentes, cursos y talleres.
“Carola Briones demostrando una actitud de entrega absoluta me comentó que junto a Rosalía se habían planteado cual de las dos se quedaría con el cuadro “Las Hermanas”, obra en la que Juanita pinta un autorretrato junto a sus hermanas utilizando una técnica extraordinaria. Como las dos lo querían optaron por dejarlo en La Banda, en su tierra natal para que haga honor a sus raíces, por eso espero que los bandeños sepamos valorar este desprendimiento sentimental y espiritual, brindándole el espacio físico adecuado a estas obras, concluyó Pedro Ramírez.

Juanita Briones, el orgullo de la “Cuna de Poetas”
Juanita Briones fue una de las figuras más representativas de las artes plásticas del noroeste argentino en la década del 50, nació en La Banda el 8 de abril de 1922 y cumplió en su provincia la etapa inicial de su capacitación y producción  ya que orientada por su padre, eligió el sendero del arte. Sus primeros maestros fueron el escultor Rafael Delgado Castro y el pintor Ramón Gómez Cornet.
En una semblanza realizada por Josefa Najarro de Rolón, profesora de artes plástica y la primera directora de la Escuela Municipal de Artes Plástica Juanita Briones destacó: “Esta bandeña con profundas raíces en esta tierra decidió volver, quiso que su cuerpo descansara y esa voluntad fue cumplido y hoy gracias al amor y la generosidad de sus hermanas Carola y Rosalía Briones sus obras también retornaron y ya forman parte de nuestro patrimonio cultural”.
El deseo de trascender con su arte llevó a Juanita a viajar a Buenos Aires para perfeccionarse y posteriormente se instaló en Tucumán donde egresó como licenciada en arte y tuvo como maestro a Pompeyo Audivert quien dijo: “Juana Briones nos dio un ejemplo de sensatez. Vivía a través de su obra y nunca le interesó mostrar su gran conocimiento, sino el objeto en sí en toda su inocencia humana y plástica. El suyo fue un arte de intimidad”.
Excepcionalmente dotada, Juanita Briones adquirió pleno dominio de todas las técnicas del dibujo, la pintura y el grabado y a través de ellos se fue adentrando cada vez más con mayor jerarquía en la temática que definiría toda su labor creadora, paisaje, rostros y escenas de Santiago del Estero y otras ciudades del norte.
Su labor adquirió, entre las décadas del 50 y el 60, una singular intensidad y una creciente repercusión, sus exposiciones que habían comenzado en 1942 la presentaron como una admirable intuitiva, se mitificaron a lo largo del país, también en Uruguay y en Chile. A ello le sucedieron los premios entre ellas las primeras posiciones en el III Salón de Artes Plásticas de La Banda, con su obra “¡Ahura!”, en el VIII Salón de Artes Plásticas de Tucumán, con su óleo “Rosita” y en el Salón Anual de Arte de Santiago del Estero, con su obra “Mis dos amigas”.
“La muerte de la artista se produjo en junio de 1962 a los 40 años y los amantes de su obra sentimos desvanecer esa riqueza artística que era capaz de ofrendar, pero igual está en La Banda, ella quiso volver por que así su alma retornaría por la sombra de los álamos y feliz junto a sus hermanos haría una integración bíblica con el paisaje. Y así mientras el viento norte convoca a duendes en la siesta, volvió a sus andanzas por las calles como en su adolescencia cuando la vida era serena y al salir de su escuela Normal se dirigía al Museo de Bellas Artes donde los soles y las cosas sufrían para ella transformaciones misteriosas y el arte aprisionaba el caudal completo de su vida.
Sabía que así viviría y vencería a la muerte y no se equivocó, después de 45 años nuestra exquisita pintora Juanita Briones, volvió a su ciudad natal”, concluyó Najarro de Rolón.

El dato
De su matrimonio con Alfonso Alcalde nació Juan Sebastián Alcalde Briones, quien se destacó en Europa como caricaturista y al igual que su madre, falleció a los 40 años.
En 1967 se inauguró en La Banda la escuela municipal de artes plásticas “Juanita Briones”, a través del decreto 1585 con fecha 17 de noviembre de 1967.

La Escuela Municipal, el lugar señalado 
para la presentación de las obras de su patrona
El 4 de agosto de 1967 la escuela de artes plásticas Juanita Briones abrió sus puertas a título experimental por iniciativa del primer director de Cultura Sebastián López, durante la intendencia de Ricardo Suárez. Meses después se afianzó en forma definitiva y se aprobó el decreto 1685, el 17 de noviembre de 1967, aprobando su creación.
Desde entonces cumple con sus objetivos brindar a los niños la posibilidad de desarrollar sus inclinaciones artísticas, estimulando en ellos su sensibilidad, su imaginación, su memoria, su voluntad y en especial su capacidad creadora a través de las actividades como el dibujo, la pintura, el modelado y el grabado.
Desde su creación se desempeñó como directora Josefa Najarro de Rolón, quien a través de su trabajo hizo que se convierta en una tradición la presentación de exposiciones con los trabajos de los niños, se brindaron charlas de arte infantil, se organizaron concursos o encuentro de pintura en pavimento, participaron en bienales internacionales y argentinos de arte infantil.
Cuando la escuela celebró sus Bodas de Perla, por iniciativa de la Dirección de Cultura, se impuso el nombre de Juanita Briones a la plazoleta ubicada en 25 de Mayo y Alem, allí se erigió un monolito y por primera vez se realizó una muestra con obras de la plástica bandeña, cedidas por sus familiares.
El 7 de agosto de 1992 se realizó el descubrimiento del busto de Juanita Briones, en el patio del local escolar de Besares y Alem, esta obra de arte fue confeccionada y donada por Juan Carlos Briones, hermano de la artista plástica.

Celebración
Con motivo de celebrar sus 40 años de vida institucional, la comunidad educativa de la Escuela de Artes Plásticas Juanita Briones, realizó un importante acto en que fueron presentadas en sociedad seis de las obras que fueron donadas por la familia Briones a la comunidad bandeña.
Una de las profesoras de la institución señaló: “Estamos convencidos de que a través del arte los niños mezclan su sensibilidad y su espíritu y comienzan a pintar, trazar, modelar y cincelar un proyecto de vida. A través de cada experiencia artística nuestros pequeños nos demuestran cuan creativos pueden ser para cambiar el mundo, sabemos que los avances tecnológicos han pospuesto caminos que el niño naturalmente busca, pero nosotros estamos para trasmitirle un mundo de valores nuevos”.
La celebración de las cuatro décadas de la entidad estuvo jerarquizada por una exposición de cuadros de Juanita Briones, oportunidad en que los amantes del arte pudieron disfrutar de su trabajo que llena de orgullo a todos los que forman parte de esta bendita tierra llamada La Banda que más que Cuna de Poetas y Cantores ya puede denominarse: Cuna de artistas.

Poesía de Carola Briones

En el tiempo de tu ausencia
Teníamos tanto sol en nuestras vidas
Y tanto que hacer en nuestras manos
Por ello es un momento doloroso tu partida.
Sin embargo, en cada noche de vigilia
Te encuentro en el camino de la infancia
No ha variado el color de tus cabellos
Ni ha cambiado tu risa silenciosa.
Sabes callar, no eres como yo
siempre impulsiva repartiendo la miel y la cebolla.
Pero las dos nos parecemos tanto
Las manos con anhelos semejantes
Nuestra voz mandaba solidaria
En el desigual concierto de los lirios.
Por eso es doblemente tu partida.
Aquí están las cosas que me traen tu presencia
Y esta tu ausencia doliéndome
Con un mar de raíces sumamente profundo
Mas haya de mi dolor el paisaje de nuestra tierra
Es otro dolor callado y sus mujeres y sus niños
Que tanto hablaban en tus pinceles
andan en soledad desamparados.
Ahora transito con tus recuerdos
palpitando en mi voz, ahogándose en mi sangre
quiero pensar que llegará después de un largo viaje
con un sueño poblado de ciudades
hasta ese simple rincón del hogar
donde duermen inocentes tus grabados.
Ya no habrá para mi otro sol ni otro verano
Como aquel que se detenía sobre nuestra piel y nuestras manos
En las siestas callejeras de Santiago.
(Revista El punto y la coma).

José Benjamín Gorostiaga, hacedor e intérprete de la Constitución

Raúl Lima

Curioso destino el suyo. Se ha dicho que la Corte Suprema de Justicia de la Nación, desde el momento en que su misión es interpretar la letra de la Constitución, funciona como una especie de Convención constituyente en sesión continua. A Gorostiaga, integrante de la primera Corte -en la que estuvo veinte años- le tocó interpretar la Constitución de la que fue su principal redactor. Es decir, le tocó interpretarse a sí mismo ¿puede pretenderse intérprete más autorizado?
Además, fue diputado nacional por su provincia (1862/1863) en el primer Congreso de la Argentina unificada, por lo que intervino en la redacción de leyes nacionales acordes con la Constitución, tal como dispone el artículo 31 de la Carta Magna.

Nació en la ciudad de Santiago del Estero el 26 de marzo de 1823. Fueron sus padres don Pedro Pablo Gorostiaga Urrejola y doña Bernarda Frías y Araujo, quienes tuvieron nueve hijos. Era nieto del Capitán don Josef Antonio Gorostiaga (vasco, de San Sebastián), que murió en Jujuy luchando contra los indios Tobas, por lo que a su abuela Bernardina Luisa de Urrejola le acordó Carlos III una pensión vitalicia.
A los diez años José Benjamín va a Buenos Aires con su familia, para radicarse allí: nunca volverá a Santiago del Estero. Pero representará a su suelo natal como diputado nacional y como convencional constituyente.
Su familia tuvo que radicarse en Buenos Aires porque su padre fue Tesorero de la Provincia durante los gobiernos de Alcorta y Deheza, y, tras el retorno de Ibarra al poder, en 1832, su situación fue incómoda, a lo que se agregaba su parentesco con los Frías, enemigos de Ibarra. El patricio decide dedicarse a la atención de su estancia en Silípica, pero a pesar del alejamiento de los negocios públicos, se imaginó a Don Pedro Pablo confabulado en una conspiración contra el gobierno y se lo mandó prender, sentenciado a destierro perpetuo y multa. Pagó ésta y cuando se dirigían a Buenos Aires murió el jefe de familia habiendo recorrido tan sólo nueve leguas. (Su bisnieto, Marcelo Lynch Gorostiaga, afirma que no murió en dicho viaje, sino en esta ciudad y en prisión por orden de Ibarra). Su desconsolada familia, luego de unos meses, volvió a dirigirse a Buenos Aires.
Durante los primeros años, madre e hijos vivieron en el pueblo de Ayacucho (ubicado al oeste de la provincia y al que los vinculaban lazos familiares con su fundador). Luego se radicaron en la ciudad de Buenos Aires, para que los hijos iniciaran o prosiguieran sus estudios escolares. Blanca Lorenzo de Noriega -la principal biógrafa de Gorostiaga en nuestro medio-,  nos informa en una de sus documentadas publicaciones, que cuando José Benjamín tenía 14 años, el núcleo familiar fue a vivir en una pensión de la calle San Martín, quedando en la estancia de Ayacucho los dos hijos mayores, Domingo Ignacio y Justo Pastor, dedicados a la actividad ganadera.
A los 15 años José Benjamín fue inscripto en el colegio regenteado por la Compañía de Jesús, a cargo de los padres jesuitas Parés y Magendie. Fue allí un estudiante muy destacado. En ese mismo colegio estudiaron: Sáenz Peña, Costa, Escalada, Irigoyen, los Anchorena… En 1841, al expulsar Rosas a los jesuitas, el colegio pasó a llamarse “Colegio Republicano Federal” y en el mismo enseñó Filosofía su  destacado ex alumno.
En 1840 terminó Gorostiaga sus estudios preparatorios, e inició su carrera de Leyes en la Universidad de Buenos Aires. También allí fue un estudiante destacado. Se doctoró en Derecho el 10 de abril de 1844. Su tesis versó sobre “Derechos hereditarios de los ascendientes legítimos”. Su padrino de tesis fue don Manuel de Irigoyen.
Ingresó como practicante en la Academia Teórico-Práctica de Jurisprudencia, desempeñándose luego en el Estudio del Dr. Baldomero García. En 1846 el Tribunal de Justicia le expidió su título de abogado.
Entre sus papeles, se encuentra esta anotación: “1846. Me recibí de Abogado y empecé a trabajar con éxito”. Tenía 23 años y era uno de los jóvenes más prometedores de su generación.
Su vida pública comenzó al día siguiente de la batalla de Caseros. Hasta entonces se había limitado a ejercer su profesión de abogado y colaborar en la “Gaceta Mercantil”.
Urquiza -buen catador de talentos- lo designó asesor de gobierno y auditor de guerra y marina.
Víctor Gálvez (seudónimo del  historiador Vicente Quesada), en su libro “Memorias de un viejo”, nos recuerda su aspecto físico: “Tenía la barba negra, el cabello ensortijado y compacto, el ojo de mirada ardiente y expresiva, rasgos muy acentuados en su fisonomía que le daba el aspecto de un hombre resuelto; su voz clara y sonora era notable, y como orador gozó de fama. Era afable, pero algo grave; su carácter natural es áspero y tal vez altivo. Es hijo de sus obras; su fortuna y su fama se la debe a sí mismo. Ha tenido reputación de abogado capaz y fue un estudiante famoso desde el colegio de los jesuitas. El general Urquiza le dispensaba gran consideración ...gustábale el ambiente apacible del hogar”.
La deferencia del Gral. Urquiza hacia su persona  se evidencia no sólo en las designaciones con que lo distinguiera, sino también en su famoso brindis: “Por los ilustres compatriotas cuyos consejos no me abandonaron en difíciles momentos y a los cuales es debido, tal vez, el triunfo de nuestras instituciones: por los Dres. del Carril y Gorostiaga”.

En el Soberano Congreso General Constitituyente.
Caído Rosas en la batalla de Caseros, el 3 de febrero de 1852, Urquiza -el general vencedor- tenía una verdadera obsesión por que se dictara cuanto antes una constitución nacional, con lo que estas provincias dejarían de constituir una Confederación (con el consiguiente derecho a secesión), para pasar a ser un Estado federal (esto es, una unión indestructible de estados indestructibles).
En 1852 gobernaba la provincia de Sgo. del Estero don Manuel Taboada, quien concurrió a la reunión de gobernadores en San Nicolás de los Arroyos.
En dicho Acuerdo se decidió que al Soberano Congreso Gral. Constituyente, que se reuniría en la ciudad de Santa Fe, acudirían dos diputados por cada una de las catorce provincias entonces existentes, munidos de la potestad de decidir por sí mismos sobre los temas que se plantearan en la redacción de nuestra ley suprema.
Tan alta responsabilidad recayó sobre el joven abogado, a la temprana edad de 29 años, cuando era ministro de Hacienda de la provincia de Buenos Aires, nombrado por Vicente López,  gobernador interino de esa provincia.
El otro diputado por Santiago del Estero fue el presbítero Benjamín Lavaysse, también santiagueño de nacimiento, quien a la sazón estaba a cargo del curato de Tulumba (Córdoba). El Padre Lavaysse se había graduado de doctor en la Universidad Mayor de San Carlos, actual Universidad de Córdoba, y en esa Universidad enseñó Filosofía y Derecho. Siendo sacerdote católico, sostuvo el derecho a la libertad de cultos. Murió de una apoplejía, el 7 de de enero de 1854,  en el trayecto de Salta a Jujuy, a los 31 años. Cabe acotar aquí que los progenitores de ambos constituyentes -don Pedro Pablo Gorostiaga y el general José D´Auxion Lavaysse- fueron firmantes del Acta de la Autonomía de Santiago del Estero, en 1820.
Como nota curiosa,  puede apuntarse aquí que en ese año de 1852, no existía en la provincia de Santiago del Estero ningún abogado.
En la redacción de nuestra Constitución Nacional en 1853, en Sante Fe (la misma que, con reformas, aún nos rige), fue Gorostiaga el principal redactor y el miembro informante de la Comisión de Negocios Constitucionales.
Su papel en el Congreso fue descollante, interviniendo en los debates en más de cuarenta oportunidades.
De su papel como convencional constituyente  dijo Paul Groussac: “...desde el principio al fin domina Gorostiaga la situación parlamentaria. Si fuera lícito admitir que tenga un autor la constitución federal que rige la república, deberá aparecer como tal Gorostiaga y no Alberdi”. Nada más lejos de la modestia que caracterizaba a Gorostiaga, estas rivalidades creadas por los historiadores y que no existieron durante la vida de los protagonistas (por el contrario, fueron amigos y se admiraron mutuamente). Al respecto, Gorostiaga se limitaba a decir: “Nuestra Constitución ha sido vaciada en el molde de la de Estados Unidos”.
Desde la Navidad de 1852 hasta fin de enero de 1853, el joven Gorostiaga no participó de los agasajos con los que eran obsequiados los constituyentes y, encerrado en su habitación en los altos de la alfajorería de Merengo, de Hermenegildo Zuviría, en completa soledad, realiza la ímproba tarea de dar forma al contenido de los debates y redactar el texto constitucional. Ese mes del estío santafecino, pese a las temperaturas superiores a los 40ª y el clima húmedo, fue de un rendimiento extraordinario para nuestro jurista, y para la labor constituyente.
Dice el destacado constitucionalista Jorge Reynaldo Vanossi: ¿Dónde consta la obra constitucional de Gorostiaga? Surge del “Anteproyecto”, que es un testimonio irrefutable de su autoría. Son los borradores del esbozo de Gorostiaga, redactado de su puño y letra, que abarcan prácticamente la totalidad de la “parte orgánica” de la Constitución y el “Preámbulo” de la misma. Allí están casi intactos los artículos correspondientes al texto actual en los capítulos referentes a: facultades del Congreso, formación y sanción de lasleyes, Poder Ejecutivo, Poder Judicial, y gobiernos de provincia. También son incuestionables las fuentes de su redacción en esas partes: el Proyecto de Alberdi, la Constitución argentina de 1826, la Constitución norteamericana de Filadelfia (1787), y los comentarios de “El Federalista” de Hamilton, Madison y Jay. Tanto Gutiérrez como Gorostiaga conocían el idioma inglés, que el último de ellos utilizaría después para la correlación de las Sentencias de la Suprema Corte norteamericana con la jurisprudencia  constitucional argentina de nuestro máximo tribunal”.
El Congreso no  llevó un diario de sesiones, sino sólo extractos de las mismas, volcados en el libro de actas. No obstante ello, ninguna duda cabe de que fue Gorostiaga quien tuvo en él el papel más importante, sumado a ello esa tan valiosa redacción final a que hemos hecho referencia. Cabe acotar que, además, era un buen orador.
Y el segundo convencional en importancia fue su amigo Juan María Gutiérrez, quien trabajó sobre todo en la parte dogmática de la Constitución (en la que están Declaraciones, Derechos y Garantías). Gutiérrez llevó al seno del Congreso el ideario de Alberdi sobre tan importantes temas, con quien se carteaba con frecuencia.
Terminada la tarea del Congreso constituyente, Urquiza lo designó ministro de Hacienda, en su gobierno provisorio.
Instaladas ya las autoridades nacionales -Urquiza presidente y del Carril vicepresidente-, Gorostiaga resultó electo diputado nacional al Congreso Federal por su provincia natal, pero en 1854 fue comisionado para la unificación de las monedas con las provincias. También fue ministro plenipotenciario en la celebración de los tratados sobre la libre navegación de los ríos Paraná y Uruguay.

Urquiza lo designó ministro del Interior de la Confederación.
Pero Gorostiaga, en octubre de 1854, abandona el gobierno de la Confederación y vuelve a radicarse en Buenos Aires, donde retomará con éxito el ejercicio de su profesión de abogado.
Las causas de su alejamiento del gobierno de la Confederación, nunca fueron aclaradas. Víctor Gálvez lo supone atraído por la fascinación de la gran ciudad. También se especuló con desinteligencias con el ministro de Justicia, Santiago Derqui, quien sucedería a Urquiza en la presidencia de la Confederación.  Algún biógrafo atribuyó su renuncia a no haber querido convalidar, al frente del ministerio del Interior, la invasión del Gral. Gerónimo Costa a Buenos Aires (esta última hipótesis es errónea, ya que este hecho ocurrió dos años después, en 1856).
En Buenos Aires lo tomarán los acontecimientos de 1859: el triunfo de Urquiza en la batalla de Cepeda y su consecuencia, el Pacto de San José de Flores, que darán origen a la primera reforma de nuestra carta magna, en 1860, lográndose así la reincorporación de la provincia de Buenos Aires al seno de la Confederación.
Y Gorostiaga fue constituyente en esa primera reforma de nuestra Constitución. Lo hizo también por Santiago del Estero, en compañía de Antonino Taboada, Modestino Pizarro y Luciano Gorostiaga.
 En la siguiente reforma, 1866, otra vez fue convencional, pero no pudo asistir debido a una enfermedad.
Y, experto constitucionalista, en 1870 fue convencional constituyente en la reforma de la Constitución de la provincia de Buenos Aires.
En 1872 ocupó fugazmente la cátedra universitaria en la misma Facultad en la que se había graduado. También fue designado “Académico Honorario” de esa Facultad de Derecho, máximo honor que dispenba dicha Facultad, compartido con Estrada, Tejedor, Mitre, Rawson y Vicente F. López, distinción que recién acepta en 1885, para que no interfiriera con su labor en la Corte Suprema (En 1877 había rechazado la designación de académico, basado en ese escrúpulo).
En 1883 es elegido senador nacional por la Legislatura de su provincia natal, pero esta vez decide continuar en la Corte, por lo que no aceptó la designación.

En la Corte Suprema de Justicia de la Nación
En 1865, cuando tenía 42 años, Mitre lo designó juez de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, el más alto cargo al que puede aspirar un jurista. Reemplazó a Valentín Alsina, que nunca se incorporó, por lo que la Corte de 1862 a 1865 funcionó con cuatro miembros, Salvador del Carril, Francisco de las Carreras, José Barros Pazos y Francisco Delgado.
 En 1868, contrariando su gusto, dejó su sitial para ser ministro de Hacienda de Sarmiento. Renunció en octubre de 1871, y fue designado miembro de la comisión encargada de reformar el Banco de la provincia de Buenos Aires, durante el gobierno de Carlos Casares.
En ese mismo año retornó a la Corte Suprema nacional, designado también por Sarmiento.
Permaneció en nuestro más alto Tribunal hasta su jubilación en 1887, y fue, sin discusión, el miembro más esclarecido de la Corte que le tocó integrar, y de la que fue presidente durante diez años (de 1877 a 1887).
También en la cabeza del Poder Judicial de la Nación, su papel fue descollante. Julio Oyhanarte (dos veces ministro de la Corte), en un interesante artículo periodístico, ha dicho que  la primera etapa de la Corte, a la que llama de “afianzamiento constitucional”, tiene el liderazgo indiscutido de Gorostiaga.
Se trataba de una Corte que aún no tenía precedentes propios, por lo que con frecuencia debía acudir a los de la Corte Suprema de Estados Unidos, atento a la semejanza de los textos constitucionales.
Con la labor de Gorostiaga como ministro de la Corte nacional, sucede como con su labor como convencional constituyente: es necesario inferir su participación. En efecto, los votos emitidos en forma impersonal -salvo caso de disidencias o del agregado de otros fundamentos- no permite individualizarlos, ya que una vez llegado el acuerdo, eran firmados por orden de antigüedad de los ministros.
Empero, Vanossi hace un pormenorizado estudio de los votos, identificando la autoría de Gorostiaga en muchos de ellos, sobre todo a partir de las ideas que defendiera en el seno de la convención constituyente de Santa Fe, Constitución de la que la Corte es, no sólo su intérprete, sino su último intérprete (recordemos que nuestro control de constitucionalidad, semejante al de Estados Unidos, es “judicial” y “difuso” (está a cargo de todos los jueces), pero la Corte tiene la augusta atribución de ser su intérprete definitivo.
Así, en materia de temas de tanta trascendencia como: Derecho de la revolución, privilegios parlamentarios, valor de los actos públicos provinciales, expropiaciones, Poder de policía, principio de legalidad, supremacía del derecho federal, independencia de la justicia provincial y de la justicia nacional, competencia de la justicia federal, extensión del Poder Judicial y límites del control a su cargo, separación de poderes: independencia del Legislativo y Judicial, facultades privativas de los poderes políticos: el juicio de las elecciones, la “cláusula comercial” de la Constitución y sus normas afines, libertad de prensa: delitos de imprenta y su jurisdicción, efectos de las leyes: principio de la irrectroactividad, retroactividad: leyes procesales y normas de competencia jurisdiccional, igualdad ante la ley, fueros personales y fueros reales o de causa, invocaciones a la equidad y a la justicia, limitaciones a los derechos individuales, defensa en juicio, las provincias en juicio (diferencias con la Constitución de Estados Unidos), demandas contra la Nación (el Estado nacional en juicio), autonomía de las provincias (principio de no intervención del gobierno federal), poderes militares y de guerra, Estado de sitio, Derecho Internacional y soberanía, nacionalidad y ciudadanía, responsabilidad de los funcionarios públicos, libertad de sufragio, límites provinciales y arbitraje, derecho de Patronato, Procurador Gral. de la Nación, cuestiones procesales, límites de los poderes municipales, prerrogativas e inmunidades de los legisladores, y Banco Nacional.
Con la opinión de Gorostiaga vertida en sus enjundiosos votos, comienza a formarse la “doctrina de la Corte”, que origina la jurisprudencia constitucional. Aparecen los primeros “leading case” (la primera vez que la Corte se pronuncia sobre determinado asunto); Fallos éstos que, por su enorme peso moral, inciden decisivamente en futuros fallos de los tribunales nacionales y provinciales, e incluso convencen a veces al Congreso de la conveniencia de ajustar la legislación a esa interpretación.
En 1885 aceptó, como un sacrificio, la candidatura a Presidente de la Nación por la Unión Católica. Ya presidente Juárez Celman, rechaza el ofrecimiento de éste para integrar su gabinete.
Sus únicos viajes fueron: el viaje de Santiago del Estero a Buenos Aires siendo niño, el de Buenos Aires a Santa Fe con Urquiza a bordo del Countess of Landsdale, de Santa Fe a Paraná, y, ya en sus últimos años, sus periódicos traslados a su campo de San Bernardo, en Chivilcoy, provincia de Buenos Aires.
Cuando la crisis de 1880 por la “Cuestión Capital de la República”, Gorostiaga intenta evitar el derramamiento de sangre e invita a una reunión en su casa de calle Piedras nº 48, a la que asisten Alberdi, Mitre, Sarmiento, su pariente Félix Frías, y otras personalidades; pero no pueden evitar los encuentros armados de Barracas y Puente Alsina.
Casó en 1871 con doña Luisa Molina, (fue necesario que les dispensaran la consanguinidad, ya que los contrayentes eran primos, por el lado de los Frías), con quien tuvo una hija, María Luisa, casada con Belisario Lynch, de donde provienen los Lynch Gorostiaga.       
Murió José Benjamín Gorostiaga el 3 de octubre de 1891 a las dos de la tarde, a los sesenta y nueve años, por un “...proceso de arterioesclerosis”; recibió los auxilios religiosos de monseñor Antonio Rasore. Vivía en la entonces calle Cangallo nº 653 de Buenos Aires. Con un emotivo discurso, despidió sus restos -entre otras personalidades- el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Dr. Benjamín Victorica, quien lo había sucedido en el cargo.  El ejército le rindió honores.
A guisa de colofón, debemos agregar que la provincia de Santiago del Estero ha sido ingrata con su hijo, quizás el más eminente. Pese a algunos reconocimientos oficiales, ha faltado empeño en difundir su figura en las escuelas y en los claustros universitarios. Idéntico reproche puede hacerse al gobierno nacional, si bien en su “pago chico” el hecho es más criticable.
Hacemos votos para que los abogados de nuestra provincia tomen ejemplo de la labor sabia y tesonera de este jurista ejemplar. 
(De "Sitiales", editado por la Academia de Artes, Letras y Ciencias de Santiago del Estero).