Mostrando las entradas para la consulta Aragón ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta Aragón ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

domingo, 10 de julio de 2011

Juan Manuel Aragón

Juan Manuel Aragón.
La ingeniería, las efemérides, la astronomía

Este nacionalista y gran lector de diccionarios nació en Tucumán, el 25 de abril de 1930. Luego de graduarse de ingeniero civil, vino a Santiago del Estero, convocado por el gobierno de Benjamín Zavalía junto a una camada de brillantes profesionales. Trabajó en Vialidad de la provincia y la dirección de Hidráulica. Con motivo de esos trabajos aprovechó para conocer la provincia y leer sobre su cultura. Apasionado por los clásicas, entendía el latín y bastante de griego. Aprendió a tocar la guitarra en la que interpretaba a Francisco de Tárrega, Fernando Sors, piezas flamencas, tango, boleros,  y del acervo tradicional argentino.
 Luego de unos años en Santiago, se fue a trabajar a Ledesma, Jujuy. Allí fue profesor de matemáticas financiera en la escuela secundaria de Libertador San Martín y llegó a ser  superintendente de transportes del ingenio. Regresó a Santiago, en 1971, convocado por el gobierno de entonces para ser subsecretario de Obras Públicas primero y ministro después, hasta 1973.
Luego de dejar la función pública ejerció como comerciante con un pequeño corralón de materiales en el barrio Huaico Hondo (“cometí actos de comercio”, le gustaba decir), pero después de unos años se fundió. Mientras, hacía trabajos de agrimensura y  como proyectista y director de obras en algunas pequeñas empresas constructoras.
En ese tiempo además se desempeñaba como profesor titular de valuaciones de inmuebles urbanos y rurales en la carrera de ingeniería en agrimensura, en la Universidad Nacional de Santiago.
En 1986 entró a trabajar en el diario El Liberal, en el que tuvo varias columnas a su cargo, algunas muy recordadas. Bajo el pseudónimo de Silvestre Aquino -personaje de la novela Hijo de hombre, de Roa Bastos- durante varios años redactó unas elegantes y coloridas efemérides, casi todas con historias poco conocidas de Santiago y de otros lugares del mundo. Dejó inédito un diccionario “Ad sidera visus”, sobre astronomía y el libro “Folklore santiagueño”, recopilación de canciones populares de Julián Cáceres Freyre que él ordenó y clasificó y todas sus efemérides, que bien podrían ocupar tres o cuatro grandes volúmenes. Usó también otros pseudónimos, como Absalón Alomo, Néstor Núñez y Pablo.
Al final de su vida intentó recluirse en una finca heredada de su padre en el departamento Jiménez, para lo cual se construyó una casa, hizo cavar un surgente de agua y mandó a hacer corrales, potreros. Pero la vida lo estaba alcanzando y falleció en Tucumán antes de romper el alba del 24 de noviembre del 2005.

martes, 1 de diciembre de 2015

Germán Rafael: un boxeador que promete

Germán Rafael
El boxeo, Méjico, la familia

Juan Manuel Aragón
Es santiagueño, se llama Elio Germán Rafael, tiene 31 años, vive en Méjico y es muy posible que el año que viene sea protagonista de alguna pelea importante por el título mundial de su categoría, los semipesados. Para conocer su historia, El punto y la coma lo entrevis-tó en Méjico, donde vive actualmente, a fin de conocer un poco más de cerca las circunstancias de que lo llevaron a estar en ese lugar expectante del boxeo mundial.
Cuenta que estudió hasta tercer año de la secundaria, en el colegio Santiago Apóstol, de La Banda y luego comenzó a trabajar. Su padre es Miguel Rafael, del Zanjón, departamento Capital y su madre es Yolanda Mussi, de La Banda. “Cuando yo nací se fueron a vivir a La Banda, a la Urquiza y Sáenz Peña, donde aún siguen viviendo”, recuer-da. Es el número 7 de 8 hermanos, de los cuales dos han fallecido. Vive con su mujer, Natalia Vásquez, desde los 15 años, con la cual tiene cuatro hijos, Amira de 13, Nahir, de 10, León de 7 años y Shams, de 3 meses, que nació en Méjico, dos mujeres y dos varones. Sus hijos y su señora viven con él en el país azteca desde hace 10 meses.
En una entrevista que dio a la revista “Primer guante”, contó que su primera pelea, en el debut, subió con la camiseta de la Argentina. “Por suerte noqueé y al final del combate la besé ante todo un estadio que me gritaba cosas. Ahora me siguen gritando, pero ya no llevo tantas cosas de la Argentina.  Igualmente, no tengo ningún problema en ponérmela ante todo el Coliseo que me esté gritando cosas”.
En ese mismo medio contó que a los 26 empezó a entrenar box, hizo taekwondo desde los 8 años. A los 28 se fue a México porque quería formar parte de uno de los mejores equipos del mundo, en realidad quería sumarse al de “Maravilla” Martínez, porque es un fanático de él. Pero “por cosas de la vida”, dijo fue a parar a Méjico. De amateur combatió en la Argentina, pero muy pocas peleas porque no le daban la licencia. Le decían que era grande de edad, nadie le prestaba atención. Entonces, llegó al país azteca y lo pusieron de profesional.
La entrevista con esta publicación.
-Desde cuándo boxeas, cuál es tu record al día de hoy. Cuál fue tu primera pelea y dónde la hiciste. Cuántas hiciste de amateur y qué record cosechaste ahí.
-Entré a un gimnasio de boxeo en mayo del 2010, fue en el Club del Maes-tro, con el profesor José Córdoba. En febrero del 2013 llegué a Méjico para comenzar mi carrera de profesional. Hoy tengo 9 peleas ganadas y voy invicto, no hice carrera como amateur. Mi primera pelea fue en mayo, en Cancún (Méjico). Debuté a seis rounds y gané por nocaut en el quinto a un boxeador de diez peleas.
-Cuándo y por qué te fuiste a Méjico. Digo, por qué tan lejos, Méjico y no quedarse en Santiago o en Buenos Aires.
-Vine a Méjico porque Pablo Sarmiento, el entrenador de Maravilla Martínez no me pudo ayudar. Yo fui a su casa en Córdoba, a pedirle una oportunidad y me dijo que no me la podía dar. Además, quería irme a otro país porque en la Argentina pensaba que no hay futuro boxístico. Un amigo me contactó con gente de Méjico para que venga a entrenarme con Nacho Berinstain
-¿Hay una manera de pelear, digamos “a la argentina” y otra forma “a la mejicana” o en todas partes es igual?
-La diferencia que yo veo es que en la Argentina abrazan mucho y falta corregir la técnica. En Méjico nadie abraza y la técnica es casi perfecta. Mi entrenador dice que los argentinos son más fuertes que los mejicanos y muy ineligentes, pero carecen de técnica.
-¿Cuánto te falta para que pelees por el título mundial de tu categoría?, ¿es cierto que estás “ahí” de que te den una oportunidad para pelear con el número uno?
-La verdad es que no sé cuánto faltará y ojalá sí pueda pelear por el título. Nos ofrecieron peleas importantes, pero mi entrenador me dijo que todavía no estoy listo para esas peleas. Nuestra idea es ir combatiendo con los mejores el año que viene. Siempre con cautela, obvio.
-Aquí los muchachos dicen que sos alguien famoso, que hasta firmas autógrafos cuando vas por la calle, ¿es cierto?
-Tuve la suerte de ser reconocido en la calle o en algunos actos y la gente me pide fotos o autógrafos. Los niños me imitan, aúllan como Lobo.
-Dime, ¿el boxeo en Méjico es un deporte marginal como en la Argentina o le dan mucha más importancia que en la Argentina?
-El boxeo es como el fútbol en la Argentina. Aquí la gente quiere y respeta a los boxeadores.
-Cuánto hay de talento y cuánto hay de entrenamiento en un buen campeón del mundo? Un 5 por ciento de habilidad y un 95 de sudor, o es otra la proporción?
-En un campeón del mundo aún no lo sé. Pero en un buen boxeador yo diría que es mitad y mitad, una cosa sin la otra no es nada.
-Algunos ven los canales que pasan boxeo internacional los sábados a la noche y, al menos los dos programas más famosos son mejicanos. ¿La intensidad que se vive en Méjico con respecto a este deporte es mucho más profunda que aquí o es solo una casualidad, porque están al lado de los Estados Unidos, donde sí hay mucho boxeo?
-En Méjico hay mucho box, muchos campeonatos de box y muchísimos boxeadores. Todas las semanas se llenan varios estadios con funciones de boxeo. Y los sábados hay cuatro canales de televisión que transmiten las peleas de Méjico.
-¿Piensas en Santiago, en u mujer, tus hijos, tus padres, tu gente cuando estás peleando o solamente en ganarle al otro?
-Cuando peleo entro en otra dimensión y sólo pienso en dormir a la persona que me quiere hacer daño. En mi mujer y mis hijos pienso cada día de entrenamiento. Y en Santiago y La Banda pienso cuando me voy a tomar fotos para el Face (risas).
-¿Has pulido tu estilo desde que has salido de Santiago, peles igual, peleas distinto?
-El estilo es el mismo porque lo llevo dentro de mí. Pero mi técnica cambió totalmente, cada día voy progresando técnicamente
-¿En qué te ha cambiado la vida Méjico?, y no hablo solamente de lo deportivo, sino de todo el resto de tu vida también.
-Méjico no me cambió la vida, yo siempre me imaginé esta vida, incluso antes de ser boxeador y hoy la estoy viviendo. Venir a vivir a Méjico me hizo dar cuenta de la mujer que tengo y de que con mis cuatro hijos formamos un equipo.
-Qué es lo que más te llamó la atención del entrenamiento de los mejicanos. En qué son distintos de los santiagueños y en qué son parecidos, siempre hablando de boxeo, claro.
-Los mejicanos son muy bromistas y muy buenas personas. Lo parecido es que son muy fajadores y muy vagos para entrenar. Pero también son unos guerreros, igual que los argentinos.
-Qué te causó curiosidad de los mejicanos en general, de los de la calle.
-En realidad más que curiosidad me causa admiración ver cómo se conserva la raza de los mayas y los aztecas en los mejicanos y cómo defienden su cultura.
-Cuando los de otras provincias nos imitan, muchas veces les sale como mejicanos. ¿Somos parecidos a ellos o son muy distintos de nosotros?
-Siempre digo que los mejicanos son santiagueños en una ciudad grande. Somos muy parecidos en la forma de ser.
-Aquí las comidas más comunes son el guiso, la milanesa, el kipi, el asado. ¿Cuáles son las comidas más comunes de allá? ¿Es cierto que a todo le ponen ají?
-Aquí comen tacos, tamales y posole que es algo como el locro nuestro. Y le ponen ají picante hasta a las frutas y las cervezas. Hombres, mujeres y niños comen con ají muy picante. Hay caramelos, chicles y paletas, todas picantes.
-¿Qué es lo que más se extraña, aparte de la familia y los amigos, por supuesto?
-La comida no la extraño porque mi mujer nos cocina lo mismo que comíamos en la Argentina y nos hace mucha comida árabe. Extrañamos a los hermanos y sobrinos. Pero más que todo, el olor que se siente cuando vas llegando a Santiago. El aire tiene un olorcito único y especial.
-¿Te irías a vivir a Méjico si luego de tu carrera te ofrecen un buen trabajo o no dejarías Santiago, La Banda, por nada del mundo?
-Dejaría Santiago, La Banda, Méjico y hasta mis bienes materiales como ya lo hicimos, pero no dejaría a mi familia por más de dos días. Cuando consiga mi objetivo, si Dios quiere, veremos el futuro de mis hijos y nos iremos como equipo, adonde a ellos les convenga
-En la Argentina te decían “Bestia”, ¿en Méjico te han puesto otro apodo o sos Germán Rafael nomás?
-Cuando llegué a Méjico, don Nacho me vio sin remera y a ver todos los pelos en mi cuerpo me dijo “tú eres un hombre lobo, pero te voy a poner Lobo”.

©El punto y la coma.

Quién es Ignacio Beristáin
Ignacio Beristáin, “Nacho” (nacido en Actopan, Veracruz, el 31 de julio de 1939) es entrenador mexicano, miembro del Salón de la Fama del Boxeo y considerado uno de los más grandes entrenadores de la historia del boxeo.
Desde joven estuvo en este deporte como aficionado en la división de peso mosca. Más tarde se convirtió en profesional, pero se retiró prematuramente en 1959 debido a una lesión en el ojo.
Después del retiro, fue mánager adjunto de Vicente Saldívar. Como entrenador en las filas de aficionados, lideró equipos de boxeo de México por la medalla en múltiples victorias en los Juegos Olímpicos de 1968, 19767 y 1980. En 1979 perdió a su esposa y su hijo más pequeño, tiene tres hijas y un hijo y está casado.
Su primer campeón profesional fue poseedor del título en dos divisiones y Salón de la Fama Daniel Zaragoza. Ha entrenado a varios otros boxeadores notables, entre ellos los hermanos Juan Manuel y Rafael Márquez y el miembro del Salón de la Fama Ricardo López, Gilberto Román y Humberto “Chiquita” González, habiéndolos entrenado a partir de sus carreras iniciales hasta la cima del ranking libra por libra.
También tuvo un breve paso en el entrenamiento de Óscar de la Hoya cuando De La Hoya se enfrentó a Manny Pacquiao en diciembre del 2008.
El 29 de mayo de 2014 fue internado por complicaciones de salud en un hospital al sur de la Ciudad de Méjico y fue operado por habérsele diagnosticado un preinfarto después de un chequeo.

Los boxeadores que entrenó
Ricardo López, cuatro veces campeón (miembro del Salón de la fama).
Juan Manuel Márquez, cuatro veces campeón de división.
Rafael Márquez, dos veces campeón de división.
Daniel Zaragoza, cuatro veces campeón (miembro del Salón de la fama).
Humberto González, cuatro veces campeón (miembro del Salón de la fama).
Victor Rabanales, campeón de peso gallo.
Óscar de la Hoya, seis veces campeón de división.
Jorge Arce, cuatro veces campeón.
Guty Espadas, Campeón peso mosca.
Guty Espadas, Jr. Campeón peso pluma.
Alfredo Angulo, jr prospecto de peso mediano.
Enrique Sánchez, campeón peso gallo.
Gilberto Román, dos veces campeón (con 11 defensas de título)
Johnny González, dos veces campeón de división.
Melchor Cob Castro, dos veces campeón.
Rodolfo López, campeón peso pluma.
Alejandro Barrera, jr prospecto de peso mediano.
Abner Yeguas, campeón peso gallo.
Vicente Escobedo, antiguo retador del título.
Juan Carlos Salgado, dos veces campeón.
Jorge Páez, dos veces campeón.
En el 2006, Beristáin se convirtió en miembro del Salón de la Fama del Boxeo Mundial como entrenador. Después, el 7 de diciembre de 2010, fue exaltado al Salón de la Fama del Boxeo Internacional, junto con el legendario campeón mexicano Julio César Chávez, el campeón de peso pesado Mike Tyson y el actor Sylvester Stallone.

viernes, 15 de julio de 2011

Luis Gabriel Barrionuevo

Luis Gabriel Barrionuevo.

Los relatos, la bohemia, la radio

No se llama Johnny, pero todos lo conocen por ese nombre a Luis Gabriel Barrionuevo. Es flaco, desgarbado, siempre despeinado en una bicicleta reducida a su mínima expresión: un cuadro, dos ruedas, el  manubrio y la cadena con su estrella y su piñón. No tiene la pinta que uno imagina que debería destilar un escritor como él. Cualquiera pensaría que es un señor gordo, pelado, con un portafolio pesado haciendo juego.
Se gana el pan de cada día haciendo las veces de conductor de radio, para lo cual primero tuvo la precaución de asistir a la escuela de periodismo Mariano Moreno y recibirse; ha trabajado en varias emisoras de frecuencia modulada con su programa de folclore y una larguísima lista de auspiciantes que lo siguen adondequiera que vaya. También ha sido empleado de la Municipalidad de la Capital, ha trabajado en algunos circos y parquecitos de diversiones de Buenos Aires y conoce ese mundo quizás más de lo que quisiera. Este diario lo contó también entre sus filas como avezado cronista. Y ha colaborado con la mayoría de las revistas que hormiguean en los kioscos de la ciudad.
No ha publicado su libro de cuentos todavía, aunque algunas publicaciones de cultura le editaron algunos muy celebrados por expertos lectores. Y, al revés de muchos escritores, no tiene archivo, porque si hay alguien bohemio en la provincia, ese es él. Y no hay otro, amigos, no busquen porque no van a hallar.
Una digresión. Bohemio no es quien quiere, sino quien puede. No es cuestión de levantarse a cualquier hora, no trabajar, vivir de prestado y comer salteado, eso le sale bien a muchos -lamentablemente- en este país. Bohemio es quien elige una particular forma de vida, que transitará casi siempre con su gracejo a cuestas, sin importarle que los demás sepan de su patrimonio intelectual o moral. Esconderá ese tesoro que algunos llaman inteligencia y a otros les parece que es genio inspirado nomás. Y buceará en las profundidades del alma de un pueblo para sacarle el jugo y ver qué se esconde detrás de una hinchada de fútbol o de un barrio paupérrimo de Santiago. Pero no lo hará como un sociólogo con un cuadernito, anotando lo que observa, sino viviendo esa experiencia como uno más. Porque no se diga que la pobreza no es patrimonio de los hombres que cultivan las bellas artes.

Las musas, sus cuentos
No escribe mucho Johnny, sino cuando algún amigo le pide que lo haga o lo asaltan las musas, esas traidoras. Pero tiene la mano liviana como si lo hiciera todos los días. El hombre ha penetrado en lo más profundo de los ámbitos en los que le tocó vivir y va extrayendo de ellos lo más representativo, con la  naturalidad y la frescura que da el haber estado ahí.
Ha editado varias revistas, alguna de vida efímera y otras que persisten en su ser contra todo pronóstico. Sabido es que muchas de las publicaciones más aclamadas de todo el mundo, no deben su pervivencia a la buena o mala redacción de los integrantes de su cuerpo de periodistas, sino a los anunciantes o mecenas que supo conseguir. Algunas que no pasaron del “Año I, número 1”, son más valiosas que otras que tienen varios años o décadas en el haber cultural, social o económico.
¿De qué habla Johnny en sus cuentos? Casi siempre del barrio, historias simples. Alguna crítica ha dicho que abusa de las hipérboles, pero hay quienes afirman que en él se trata de un recurso que imita cierta forma de hablar de los santiagueños cuando están contando algo. Por no decir que se va por las ramas. Porque no lo hace.
En los últimos años, la vida de Johnny ha oscilado entre Buenos Aires y Santiago, con largos períodos en las dos ciudades, quizás buscando una identidad madura no solamente en su escritura, sino también en ciertos aspectos de su temple. Esta es una característica de una personalidad dual que recorre toda su naturaleza. ¿Por qué?
El hombre proviene de una familia de rancio abolengo político y social en Santiago. Su abuelo, Nabor Barrionuevo, fue un distinguido caballero que hizo de la militancia en las huestes de la Unión Cívica Radical, casi una religión. Los avatares de la vida llevaron a Johnny a codearse de igual a igual, con algunos de los más preclaros pensadores de la actualidad a quienes trata con familiaridad, Alberto Tasso, Jorge Rosenberg, Gilda Roldán de Santucho y otros, bien conocen su vida, algunas aventuras y sus desventuras, que no serán contadas en esta glosa.
También ha frecuentado el submundo de los barra brava de Central Córdoba. Como que durante un tiempo fue casi su fotógrafo oficial y sigue siendo el principal redactor de una revista dedicada a honrar las glorias pasadas y los logros y triunfos actuales del club de Cantarranas.
Una crónica sobre Johnny Barrionuevo no debe terminar si antes no se menciona que es uno de los pocos santiagueños que ha leído a Mauricio Maeterlinck y otros pensadores clásicos a quienes muchos santiagueños conocen solamente de nombre o ni eso. Sabe al dedillo dos o tres centenares de historias de los dioses del Olimpo, lo que es mucho, si se considera que algunos maestros de escuela actuales -por nombrar un oficio cualquiera- no saben ni siquiera de su existencia. Además toca la guitarra aceptablemente bien y se destaca en ese género que algunos llaman folclore, aunque sea una suerte de pop disfrazado. Y canta sin desentonar ni desafinar, lo que es mucho en ese ambiente.
La vida ha puesto a Johnny en la frontera de dos mundos, que no son ni paralelos ni perpendiculares, sino simplemente distintos. Entre los parquecitos de diversiones del conurbano bonaerense poblado de peligros y las radios de Santiago, entre sus provechosas lecturas de grandes pensadores del mundo y el periodismo de batalla de una revista simpatizante de un club de fútbol. Algunos amigos le piden que se decida, otros han optado por observarlo y ver para qué lado disparará la próxima vez.
De una nota firmada por Juan Manuel Aragón, aparecida este año en Nuevo Diario.

viernes, 13 de febrero de 2015

La casa de los Taboada

Frente actual de la Casa de los Taboada, Buenos Aires 146
Las malezas, los fantasmas, el intento de reconstrucción

No hay santiagueño que no la tenga de referencia en su mapa mental urbano, todos saben que a poco más de una cuadra de la plaza Libertad y a unos 200 metros en línea recta de las Torres de Economía y Educación, está el baldío más famoso de la provincia, la casa de los Taboada, en el 146 de la calle Buenos Aires. Hoy está habitada por el silencio, las malezas y quizás los fantasmas de una familia que fue emblemática en Santiago y con una gran influencia en el norte del país –incluído Tucumán –durante más o menos un cuarto de siglo a la muerte de su tío, el caudillo federal Juan Felipe Ibarra en 1851. Allí estuvo el diario El Liberal, desde su fundación en 1898, hasta 1926 y también fue sede de la primera telefónica.
Fue parte de un plan de recuperación arquitectónica de la Municipalidad de Santiago, cuando gobernaba la comuna Elías Maud, en tiempo de los militares. En ese entonces le encargaron a Rofolfo Legname, arquitecto, que la estudiara y formulara un proyecto para reciclarla. Antes de terminar los trabajos, cambió el gobierno: en la provincia ganó el peronista Carlos Arturo Juárez; en la ciudad triunfaron los radicales, por lo que hubo que devolverla. A muchos no les pareció mala idea, pues la Provincia tiene más recursos que la Municipalidad, pero el solar fue abandonado.
Entre otras tareas, Legname copió en grandes papeles las guardas de las paredes de algunas habitaciones con el objeto de reproducirlas. Descascaró los muros para saber de qué color habían sido pintados en las diferentes épocas de su historia. Sacó la arena del aljibe en el que sólo halló restos de una muñeca de plástico. Limpió el terreno y a quienes señalaban que aquí o allá había entradas de túneles secretos los llevó a que le mostraran el lugar e hizo cavar para ver si los hallaban, pero ya se sabía que los túneles de Santiago eran más que nada una leyenda.
Construyó un obrador cerca de la otra salida por la 9 de Julio, que es lo único que queda en pie –más o menos– hasta el presente. Al no haber fotografías seguras del frente, pensó en dejarlo en ruinas para mostrar en carne viva lo que el paso del tiempo y la incuria de los años habían dejado plasmados.  Esos escombros, además, eran parte de su historia.
Cuando le preguntaron en una entrevista, en qué época pensaba dejar la restauración respondió que con los agregados y reformas que había ido teniendo el solar, era imposible fijarla en un tiempo determinado. Mostró que en las habitaciones que circundaban el patio octogonal había vigas de fierro, lo que desmentía, en cierta forma que la casa fuera totalmente del tiempo de los Taboada.
La portada de uno de los discos de Los Tobas, conjunto del cual Leandro Taboada, Meneco, descendiente de los míticos caudillos santiagueños, es su más conspicuo integrante, es una fotografía en el patio octogonal: el aljibe de mármol con brocal de una sola pieza, estaba puesto como actor de reparto. La toma es de principios de la década del 70.
Taboada contó parte de la historia. En la década del 70 todavía era habitable y propiedad de una decena de descendientes. Algunas habitaciones se alquilaban a particulares. Con las lluvias a las que el gobernador Juárez llamó el “Meteoro”, a principios del 74, se vino abajo uno de los muros que daba a la calle. Alguien corrió a dar aviso al gobierno, explicándole la importancia del sitio. La Cámara de Diputados dictó la ley y el gobierno la expropió. Los herederos cobraron lo que correspondía. Antes, un empresario santiagueño había estado interesado en comprarla, haría un edificio en parte del terreno y el resto sería una especie de mercado de artesanías. Con la novedad la idea se truncó.
En tiempos del gobernador César Eusebio Iturre hubo otro intento de hacer algo en el lugar. El pozo del aljibe fue cegado de nuevo para que no fuera peligroso, ya que podía ceder si un desprevenido caminaba encima. Pero la casa estaba deteriorada de tal manera que ya en ese tiempo –Iturre gobernó del 87 al 91– se determinó que cualquier reconstrucción debía ser desde los cimientos.
El gobierno de Pablo Lanusse, en el 2003, desmalezó el lugar.  Pensaron en convertirla en una especie de paseo por las ruinas, que siguiera por el aledaño teatro 25 de Mayo, en una suerte de recorrido, parecido  al espectáculo de “luz y color” de la Casa Histórica de Tucumán, pero también quedó en la nada. Incluso se dijo que por miedo a que hubiera un derrumbe si se hacía el paseo, debía demolerse lo que quedaba en pie.
El problema es que cualquier proyecto que se formule es muy oneroso pues, por más que se levante una construcción que pretenda vejez, será algo nuevo. Y pocos saben qué se podría instalar allí. Alguna vez se dijo que los libros de autores santiagueños de la biblioteca 9 de Julio podrían tener cabida. En un salón entran todos, ¿y el resto? Se habla de un paseo de artesanos con locales con ventas de recuerdos para turistas. También se dice que alguien propuso hacer un patio de espectáculos para una  especie de peña permanente, con entrada por la 9 de Julio. E incluso hay quienes piensan que podría funcionar un museo de arte folklórico o popular que la provincia todavía no tiene.
En una ciudad que recuperó el antiguo edificio de la Casa de Gobierno, frente a la plaza Libertad, para instalar tres relucientes y modernísimos museos, (el Arqueológico, el Histórico y el de Bellas Artes) se la mira con algo de culpa. Todos saben que algo se debe hacer ahí, pero nadie ha formulado un proyecto serio o una idea con visos de realización.
El Santiago que ha conocido la renovación recién en estos últimos años, debate todavía qué destino tendrá su terreno más emblemático. Es posible que lo único cierto sea la sospecha de que las noches por los vestigios de la construcción pasean los fantasmas de tantos hombres y mujeres que dieron vida a la casa.
Hay otros que creen que el silencio es su único habitante, pero quién sabe.

(Nota de Juan Manuel Aragón)