martes, 2 de febrero de 2016

Andrés Chazarreta y Walt Disney

En el hotel Alvear de Buenos Aires
La fotografía, el documental, la crítica

Fotografía tomada en 1941 en la terraza del hotel Alvear Palace, cuando Disney y su grupo recorrieron nuestro país durante el rodaje de un documental, los amplificó y desde allí eligió los puntos de referencia para ir reconstruyendo cada detalle de la travesía en un documental muy bien recibido por la crítica, cuyo estreno en la Argentina es una incógnita.

Del contacto con figuras del espectáculo como el Profesor Chazarreta y su compañía de músicos y bailarines, nacieron poco después dos exitosos largometrajes: Saludos amigos , de 1942, y Los tres caballeros, de 1945. En la fotografía puede apreciarse a Walt Disney bailando una zamba junto a Anita Chazarreta (h) y de fondo la orquesta dirigida por Chazarreta.
(Toma aportada por Adriana Lizondo),

sábado, 9 de enero de 2016

Estudios folklóricos: justificación y exégesis

Portada del libro.
Prólogo de “El folklore de Santiago del Estero a través de sus estudiosos”, de Amalia y Hugo Martínez Moreno
Hebe Luz Ávila

Escribir el prólogo de un libro de Amalia y Hugo Martínez Moreno significa un privilegio que, en mi caso, sólo se puede explicar en esa larga y acrisolada amistad que ambos mantuvieron con mi padre y que, extendida a las familias, tuve la suerte de heredar.
Representa, también, una gran responsabilidad: ¿Qué puedo decir yo que no desmerezca al lado de su ingente obra?  Sólo se me ocurre ser fiel a mí misma, tratando de hacer docencia, es decir explicando por qué se estudia el folklore y cómo surgen y se desarrollan estas investigaciones, de manera que pueda resultar un aporte a sus lectores.
Si bien el nombre folklore y el tratamiento científico de estos estudios son nuevos, el objeto existe desde los comienzos de la humanidad, a la vez que en todo el mundo el material folklórico se refleja en la literatura y en las artes representativas.
Ya el mismo Homero, en su Ilíada y su Odisea, habría actuado como Juan Alfonso Carrizo o nuestro Orestes Di Lullo, es decir recolectando cancioneros tradicionales, de los que extrajo los personajes y las historias que narrara. En todos los pueblos ocurre lo mismo: Así, en la España de 1335, los Enxiemplos del Conde Lucanor, recogidos por el Infante Juan Manuel; o en la Inglaterra de 1360, los Cuentos de Canterbury, de Chaucer; lo mismo que el Decamerón de Boccaccio, en la Italia de 1351.
La tarea de recolectar y estudiar la materia que hoy llamamos Folklore comienza cuando el hombre toma conciencia del enorme y rico caudal de tradiciones de sus pueblos. Surge así la inquietud por conocer su pasado y perpetuar sus testimonios.
En aquel culto al saber popular, un aspecto privilegiado es la importancia que se le da a la Paremiología (estudio de refranes, dichos, proverbios y frases populares), que ya la encontramos en Aristóteles, en la Antigua Grecia del s. IV a. C.
En España, el Marqués de Santillana cumple similar función con su Refranes que dicen las viejas tras el fuego, de 1440.
Siempre servirá, también, en la conformación de los países y la consiguiente necesidad de sostenerse en tradiciones que les son auténticas.  Así, en la España de los Siglos de Oro, dominada por la Inquisición, y ante la necesidad de borrar la influencia de musulmanes y judíos, se privilegia la cultura del cristiano viejo, heredero de la tradición hispanorromana. Se recopilan, entonces, romances, canciones, villancicos, lo mismo que proverbios y refranes.
Igualmente, con el Renacimiento y Humanismo, el conjunto de países que conformaban Italia se consideraban de pasado más ilustre, pues allí había nacido el Imperio romano. Así, surgió un gran interés por rescatar ese pasado, con un consiguiente “movi-miento anticuario”, representado principalmente por la obra de Giambattista Vico, que en 1710 publicara De antiquísima Italorum sapientia (Sobre la antiquísima sabiduría de los ítalos).
Más cercano en el tiempo, el movimiento romántico tiene como idea central la afirmación del nacionalismo y un consiguiente interés en el desarrollo de las lenguas nacionales y tradiciones locales. Se intenta recoger todo lo que corre peligro de desaparición. De esta manera, podemos considerar folkloristas, aun sin conciencia de ello, a los hermanos Grimm, quienes por toda Alemania acopian cuentos y leyendas, que publican en 1812. Lo novedoso de su aporte es que, al compararlos con los de otras partes del mundo, descubren un fondo común en los temas, tanto en mitos clásicos como en leyendas europeas y hasta en los países orientales. Comprobar que estos tesoros culturales hayan pasado de unos pueblos a otros significará, en cierto modo, el comienzo de la formación de la ciencia del folklore. Febrilmente esta actividad se expande por otros países de Europa, de modo que a mediados del s. XIX  las revistas literarias recolectan gran parte del saber popular: no sólo cuentos, sino también supersticiones y hasta tradiciones, que se designan como Antigüedades Populares o   Literatura popular, y que  William Thoms propondrá que se denominen  Folklore en la consabida carta de 1846.
De esta manera, será característica del s. XIX una declarada inclinación colectiva hacia lo popular y tradicional y, como reacción contra los excesos del frío intelectualismo de la era iluminista y neoclásica, surgirá el interés hacia lo rústico y espontáneo, así como por lo legendario y lo anónimo. La palabra ya estaba creada. De allí, con la recolección y estudio sistemáticos de esos fenómenos, había solo un paso al surgimiento de la ciencia llamada Folklore.
Otra circunstancia que favoreció la formación de esta nueva ciencia fue el auge del cientificismo, que tuvo sus aplicaciones en el mundo colonial y sus sorprendentes nuevas realidades. Si bien los primeros en ocuparse de temas del hoy llamado Folklore fueron los hombres de letras, cuando lo hacen los científicos amplían su campo. De ahí el nacimiento de la Sociología, la Etnografía, la Etnología, la Antropogeografía, la Etnolingüística y otras que vendrán en poco tiempo, hasta la Semiótica y la Psicología social, todas - como también la Historia y la Geografía- auxiliares de la ciencia del Folklore.
En nuestro país, los estudios folklóricos comenzaron a fines de 1800, con la multifacética generación del 80, y con una práctica que tendrá vigencia hasta por lo menos la década del 70 del siglo XX.  El contexto histórico que justifica sus inicios se caracteriza por el proceso de modernización de finales del siglo XIX y - muy especialmente - la ingente inmigración, con su consecuente transformación cultural. Esto producirá un movimiento de revitalización de lo rural como reservorio de valores identitarios en crisis. Por otra parte, la incorporación de nuevos territorios (como la Patagonia y Chaco) provocará una reconfiguración del país, e incentivará viajes “interiores” exploratorios.
Un primer movimiento tradicionalista se da con la llanura pampeana como escenario y con carácter gauchesco, simultáneo a la aparición del Martín Fierro (1872-1879) de José Hernández, con el circo criollo, las payadas públicas de contrapunto y la primera recopilación tradicional, de Ventura R. Lynch en 1883, reeditada en 1925 bajo el título de Cancionero bonaerense.
La segunda corriente tradicionalista tendría su escenario en el noroeste argentino, con nuestro Andrés Chazarreta y su valioso trabajo de recopilación musical, en las primeras décadas del siglo XX, tarea enriquecida por Ma-nuel Gómez Carrillo.
Ya en esta región originaria del país se habían dado lo que podríamos llamar trabajos inaugurales de los estudios de folklore, con Samuel Lafone Quevedo y su Londres y Catamarca, en 1888, Juan Bautista Ambrosetti, con Supersticiones y Leyendas, pu-blicado en 1917, pero que reúne trabajos de 1893, y Adán Quiroga, con su Folklore Calchaquí, de 1897.
Poco después, en el siglo XX, la consolidación del Folklore como ciencia tiene sus causas en el Centenario y su proyecto estatal de rescate bibliográfico, investigación y procesamiento de las producciones literarias conside-radas autóctonas. Más adelante, los estudios folklóricos se verán favorecidos con la conformación del pensamiento nacionalista y el posterior surgimiento de movimientos políticos de masas como el yrigoyenismo y el pero-nismo.
 En cuanto a la publicación de cancioneros populares, tendrá su figura tutelar en Juan Alfonso Carrizo, que comienza en 1926 con la publicación de su Cancionero popular de Catamar-ca y continúa con lo podríamos llamar el mapeo de la literatura popular de la región, como la de Salta, Jujuy, Tucumán y La Rioja.
 Por entonces será nuestra comarca a la que la nación en formación considere como reservorio de la cultura tradicional. Ésta es la zona más antigua, de pervivencia de lo autóctono, es decir lo auténtico, frente a los espacios nuevos Y sobre todo, la menos contaminada por la inmigración que, en aquellas primeras décadas del s. XX, había transformado la región del Plata en una Babel.
Y será un ilustre pensador santiagueño el que influya principalmente en el pensamiento nacional. Efectivamente, Ricardo Rojas, en La restauración nacionalista (1909), expone su programa: “Necesitaremos igualmente reconstruir todo nuestro rico folclor (sic), provincia por provincia, comarca por comarca”.
 Del cumplimiento de esta premisa va a depender la supervivencia como nación: “Si el pueblo argentino (…) abdica de su personalidad e interrumpe su tradición y deja de ser lo que secularmente ha sido, legará a la historia el nuevo ejemplo de un pueblo que, como otros, fue indigno de sobrevivirse, y al olvidar su pasado renunciará a su propia identidad.”
Con esta breve reseña de situaciones anteriores al desarrollo de los estudios folklóricos en Santiago del Estero, espero haber contribuido a preparar el terreno para la lectura de este libro, refiriendo escuetamente (como corresponde a un Prólogo) por qué se estudia el folklore y cómo surgen y se desarrollan estas investigaciones. Me queda señalar que fueron hechas con pasión, y llevadas a cabo generalmente con gran sacrificio por los investigadores que, junto a su obra, aquí se nombran en merecido homenaje.
Amalia Gramajo y Hugo Martínez Moreno son los continua-dores hasta nuestros días de estos grandes estudiosos – y rescatadores- de lo auténtico de nuestra cultura ancestral. Con su infatigable labor, ellos no sólo enriquecieron el caudal de lo investigado, sino que hoy cierran su larga trayectoria con este libro justiciero.
Para terminar, mi subjetividad me lleva a traer la palabra de un apasionado de la ciencia folklórica que descubrí hace poco tiempo. Alguien a quien la reciente lectura de sus libros – desde las primeras páginas- me llenó de admiración y entusiasmo. Me refiero a Tobías Rosenberg, de significativa actuación en la vecina Tucumán, creador y presidente de la Asociación Tucumana de Folklore, y cuya revista dirigió desde 1950.
De él rescato esta exacta descripción de los estudiosos protagonistas de este libro que prologo:
“El recopilador de folklore es el héroe olvidado de nuestra ciencia. Su labor, muchas veces ingrata, no ha sido valorada aún en toda su significación, y junto a él, a veces en un mismo individuo, trabaja el erudito; el investigador que, con los materiales en mano, discrimina, compara, analiza y llega así a los elementos primigenios de la cultura. Uno y otro son los que cubren el área del auténtico Folklore, que es brindado luego al poeta, al escritor, al artista para su posterior labor creadora.”
©El punto y la coma y la autora.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Guillermo Renzi, zar de la cinematografía del norte

Guillermo Renzi
Guillermo Renzi fue el propulsor del gran desarrollo del negocio de los cines, tanto en en Tucumán como en el resto del norte. Fundó la Compañía Cinematográfica del Norte. Nació en Italia, se radicó en Santiago del Estero y murió en Buenos Aires, en 1953.
Alberto Horacio Elsinger

"Solo triunfa en el mundo quien se levanta y busca a las circunstancias, creándolas si no las encuentra".
La frase de George Bernard Shaw, escritor, crítico y activista político irlandés, define la personalidad del empresario italo-argentino y santiagueño -por adopción- Guillermo Renzi.
El pionero de las proyecciones cinematográficas al aire libre, en la segunda década del siglo pasado, y propulsor del gran desarrollo del negocio cinematográfico no sólo en esta provincia sino también en el norte, construyó un auténtico emporio a partir de esa exhibiciones a la intemperie.

De Rímini a la "Madre de Ciudades"
Sin embargo, el concepto del literato irlandés -ganador del Nobel de literatura (1925) y del Oscar (1938), por el guión de "Pigmalión"- no puede obviar la paradoja de que, esa notable evolución de la industria del celuloide en nuestra provincia, se originó en la vecina y hermana provincia.
Antes de la primera guerra mundial (1914-1918), según los archivos de La Gaceta, "el entonces niño Guillermo, nativo de Rímini -en la región de Emilia, Italia- antes de iniciarse el siglo XX se radicó en la ciudad "Madre de Ciudades", junto con sus hermanos Ricardo y María. Todos habían emigrado desde Europa.

Voluntad férrea
Cuentan quienes conocieron o integraron el entorno de Renzi, que para el denominado "zar" de la cinematografía del noroeste argentino, no había dificultad que lo abatiera. No sólo fundó sino también construyó, administró, arrendó y transfirió, a través de la empresa que formó -primero conocida como Compañía Cinematográfica del Norte y luego Cinematográfica del Norte Sociedad Anónima- numerosas salas o cines del Noroeste y hasta de Buenos Aires, Rosario y Córdoba.
Tampoco eran pocos quienes lo consideraban un hombre de voluntad férrea. "Todos los caminos le resultaban cortos cuando trataba de imponer alguna de sus iniciativas", dice la necrológica publicada por nuestro diario, en la edición del 13 de febrero de 1953 al día siguiente de su fallecimiento en Buenos Aires.

Emprendedor y visionario
"Renzi fue el primero en comprender, entre los empresarios de su época, que la expansión del cinematógrafo, en el aspecto orgánico de su explotación, representaba no sólo una ventajosa inversión económica sino también una interesante expresión de cultura popular de extraordinarias proyecciones", comentó alguna vez el doctor Antonio Castiglione.
El primer trabajo, en Santiago -donde cursó la escuela primaria y aprendió a leer y escribir en castellano-, del cinéfilo emprendedor fue en el aserradero de don Eugenio Billoni. En esa época, el abuelo del luego gerente de la Compañía Enrique Billoni, era proveedor de durmientes al ferrocarril.
"Don Guillermo era un apasionado de la electricidad y la mecánica -no solo leía textos al respecto sino también se capacitó en ese rubro-, abrió un negocio de artículos e instalaciones eléctricas de todo tipo, en un local frente a la plaza Libertad de la capital santiagueña. Más tarde amplió el negocio con otro local, en Libertad 927. Poseía la mejor casa del ramo. Por entonces ya se había erigido en uno de los técnicos más competentes de la capital santiagueña", destacó el autor de "Comienzo y extensión del Cine en el Noroeste", en la primera parte de la Etapa de Oro.
En Frías, mientras Renzi se consagraba a otros trabajos, efectuó la primera perforación en procura de agua para la población. Antes había efectuado el mismo trabajo en La Banda, con idénticas finalidades. Fue también en Frías donde instaló la primera usina eléctrica para proveer de alumbrado a la población. Diez años más tarde vendió las instalaciones a la compañía Sudamericana de Servicios Públicos.

Primer contacto con el cine
En la segunda mitad de la primera década del siglo pasado Renzi se vinculó con la construcción del teatro 25 de Mayo, de Santiago del Estero. Ya se había constituido como empresa de artículos e instalaciones eléctricas Guillermo Renzi. Ganó la licitación para la confección e instalación de los tableros eléctricos de comando, reflectores y otros artefactos de esa sala. Después colocó las instalaciones de la biblioteca Sarmiento.
Según el diario El Liberal, la iniciación de don Guillermo Renzi en el negocio del cine la realizó en la capital santiagueña, en un zaguán de la casa de José M. Romero. Más tarde continuó en otro galpón... Después Renzi junto a Fortunato Molinari y Vicente Edipo armaron una empresa para arrendar a don Pablo Mazure el cine teatro 25 de Mayo. Financieramente el negocio no prosperó y la sociedad se desarmó. El empresario siguió en el rubro y después de un largo tiempo pasó a explotar el Petit Palais. Ese fue el primer paso para erigir un auténtico emporio que desembarcó en Tucumán.
PRIMERAS NUPCIAS. Guillermo Renzi se casó en primeras nupcias con Bruna Osimani Quadrelli. Ella también era italiana, nacida en el pueblo de Camerano, en la provincia de Ancona, en la región Las Marcas. Pero de este matrimonio no hubo descendencia.
SIN ACENTO. "Don Guillermo se hizo tan santiagueño que no se le notaba su origen italiano. No tenía acento al hablar. Le resbalaban las ´eses´. Además, siempre consideró a Santiago del Estero su patria chica", cuenta Billoni en sus memorias sobre la Compañía.
DISTRIBUIDORA. En 1926, Renzi fundó la primera distribuidora de películas del noroeste. La North Argentina Films e instaló en Tucumán, en 24 de Septiembre al 400, frente a la plaza Independencia. Contrataba películas en exclusividad y a precio fijo para todo el norte.
LA MUERTE. El zar cinematográfico del noroeste murió en Buenos Aires, luego de ser sometido a una intervención quirúrgica, por un afamado cirujano. El 12 de febrero fue velado en la capilla del sanatorio porteño. Solo Billoni y Francisco Gramajo lo velaron durante la noche. Luego fue trasladado a Salta y desde allí a Tucumán.
La última morada. Los restos del pionero del negocio del cine en la región fueron sepultados en el mausoleo del Cementerio del Oeste -junto al féretro de su primera esposa-, que el propio Renzi había mandado a construir en 1948.
INCENDIO. En la madrugada del 11 de octubre de 1937, consigna El Liberal, se incendió el Petit Palais. Se destruyó totalmente y nunca se pudieron establecer las causas.
(De La Gaceta de Tucumán, del 3 de diciembre del 2013)

sábado, 5 de diciembre de 2015

Carlos Figueroa


Carlos Figueroa
La generación del 60, Meira Delmar, los sonidos

Carlos Eduardo Figueroa es uno de los poetas de Santiago, de la generación del 60, la que empezó a destrabar las palabras para llevarlas a otra dimensión lírica.
Silencioso, callado, serio y siempre muy amable, dice que nació en Buenos Aires en febrero de 1939. Sus primeros años estudió en la escuela Nicolás Avellaneda, la secundaria la hizo en la Escuela de Comercio, en la que se recibió de perito mercantil y los estudios universitarios los realizó en las Universidades de Buenos Aires y de Tucumán, se recibió de Contador Público en 1963.
Hasta la fecha ha publicado “Los juguetes del sueño” 1978, “Diálogo secreto” 1984 (traducido al alemán por María Bamberg), “Señales de dos mundos” 1993, “Soles de la memoria” 19998, “Días sin regreso” 2005, “La palabra encendida” 2008, “Los rostros del tiempo” 2011. Está incluido en la antología “Poesía Argentina Contemporánea, editada por la Fundación Argentina para la Poesía, una de las más importantes del país.
Vivió en Buenos Aires, Tucumán y Berlín, en esta última ciudad estuvo tres años. Estuvo becado seis meses en Río de Janeiro, Brasil, para estudiar formulación de proyectos. Está casado, tiene cuatro hijos, un varón y tres mujeres y cuatro nietos, tres mujeres y un varón.
Cuando se le pregunta si tiene algo más para agregar a su historia personal sostiene que “esto es todo lo que puedo aportar sobre mi vida, como un simple habitante de provincia, agradecido de lo conseguido en lo profesional y en lo artístico.
A continuación, una entrevista en la que muestra con sencillez lo que tiene que decir de su poesía, sus ideas, sus maestros y los poetas que admira.
-Qué es la poesía, amigo o en todo caso por qué escribe. Qué o quiénes lo impulsaron a dedicarse a este difícil género de la literatura.
-En principio quiero aclarar que el tema de la poesía está tomado, en mi caso, como la visión de alguien que no ha estudiado literatura. Por ello pienso que los lectores de esta entrevista pueden disentir o no con mis apreciaciones sobre este maravilloso quehacer literario, ya que la poesía “es algo sin tiempo ni medida”, el poema es la materialización de ese absoluto en un texto literario.
Los académicos hablan de un género literario, al igual que la narrativa (la novela, el cuento).
Cada uno puede tener una visión personal sobre la poesía, lo importante es ser auténtico y expresar su propia voz, no copiar a nadie porque ello nos priva del goce de crear algo nuevo que se incorpora al mundo de la cultura.
Al respecto comparto con usted lo que opina Diana Bellesi:
“La poesía es la hija díscola y subversiva de la lengua”
“La escritura de un poema es un acto de fe”
“Hay que despegarse de la coraza desplegada por el peso normativo de la lengua, hacer lugar a lo inesperado y al silencio, es en la aventura de la incertidumbre donde abreva la poesía”.
En lo personal, el hecho poético me llega desde el pasado, porque el presente es fugaz y sucesivo. Escribir sobre la emoción es propio de los poetas líricos, porque siempre está presente el recuerdo de alguien que golpea las puertas de nuestro corazón.
Mis comienzos se remontan al último curso de la Escuela de Comercio, cuando tenía por compañero a Felipe Corpos, quien nos incitaba a escribir poemas, él era mayor que nosotros y ya escribía muy buenos poemas.
Después me alejé un poco de la poesía cuando comencé a estudiar ciencias económicas en Buenos Aires y en Tucumán, aunque siempre que podía asistía a recitales de poetas consagrados de aquella época en los años 1957 a 1963. La llama de la poesía ya estaba prendida en mí.
En el año 1963, siendo ya contador, viajé a Berlín, junto a un grupo de estudiantes del idioma alemán. Estaba prevista una estadía de seis meses, pero me quedé tres años.
-Para quién escribe, es decir ¿piensa en alguien en particular cuando redacta una poesía o sólo en lo que se le va ocurriendo?
-En mi caso, al haberme dedicado solamente a la poesía, escribo cuando me llega el hecho poético o motivo generador del poema, después comienza la tarea de llevar el tema al texto. En ese momento uno se encuentra solo, nadie puede apoyarlo.
-¿Tiene horas del día para escribir o alguna rutina a la hora de ponerse a escribir versos?, ¿se le ocurren en la calle, en la casa, en otro lugar?, ¿escribe con lápiz, lapicera o directamente teclea la máquina?
-Cuando el tema se presenta lo escribo donde esté y a cualquier hora, lo anoto en un papel que tenga a mano para que no se me escape, luego comienza la ardua tarea de encontrar las palabras apropiadas, la búsqueda de sonidos acordes al texto literario. En este momento surge la impronta personal, el uso de las palabras preferidas que tiene todo poeta y que definen su estilo.
Cuando el poema está encaminado, lo grabo en la computadora y comienzo a trabajar sobre él, especialmente a la mañana, cuando las correcciones se hacen con más decisión. Cuantas veces estuve empantanado en un texto en la noche, pero al día siguiente lo tenía resuelto. Parece que nuestro cerebro sigue trabajando mientras dormimos.
-¿Cuáles son sus influencias más marcadas?, ¿Es cierto que una de los predominios más grabados en su poesía es el de la poetisa Olga Isabel Chams Eljach, que firmaba sus poemas como Meira Delmar?, ¿cómo conoció su obra?, ¿estuvo alguna vez personalmente con ella?, ¿llegó a saber que tenía un seguidor en Santiago del Estero?
-Durante mis comienzos abordé la poesía lírica, más aún cuando conocí un pequeño libro de la poetisa colombiana Meira Delmar. Su lirismo me avasalló. Por suerte a través de una amiga conseguí la dirección de su casa en Barranquilla, Colombia, le envié mi libro “Soles de la memoria”. Después ella me mandó su antología personal y un disco compacto con la grabación en su propia voz de muchos de sus poemas. Estos regalos los guardo con mucho cariño.
-¿Cómo se va abriendo paso la idea de una poesía en su mente?, ¿viene primero en figuras aisladas que luego compone para hacer un verso o ya está completo cuando lo vuelca al papel?, ¿corrige mucho?
-Sólo escribo cuando tengo el tema, que surge de recuerdos, de lugares y personas que están cerca de mi estima y cariño, es lo que llamo “el hecho poético”, que se presenta como una emoción traducida en imágenes a veces muy fuertes, es entonces cuando su concreción es más rápida, en cambio si la imagen de esa emoción es difusa, la escritura se torna dificultosa. Corrijo mucho, me guía el sonido y el significado de las palabras, su ubicación adecuada en el texto que voy escribiendo.
-¿A qué poetas admira en todo el mundo?, ¿y en la Argentina tiene referentes que le gusten aunque no los haya seguido?, ¿en Santiago hay buenos poetas?, ¿quiénes son?
-Admiré a muchos poetas vigentes en mi juventud, actualmente tengo cerca los libros de Eugenio Montale, José Emilio Pacheco y Meira Delmar. Puedo decir que sólo sé de memoria uno de los poemas de la poetisa colombiana que empieza así: “yo me iré una tarde de lluvia gris, estarán como ahora silenciosos los árboles y apagados detrás de la niebla, el agua cayendo, soñando apenas, dibujará fantasmas desvaídos y ángeles tristes cerrarán las nubes con manos de marfil, entonces yo me iré tan vagamente como se va un camino y tú quedarás pensando que me he quedado quieta”. Considero que en nuestro país hay poetas muy buenos.
-¿Por qué es tan necesaria la poesía en el mundo actual, en caso de que lo sea? ¿si tuviera en sus manos la educación de los jóvenes, propendería a que estudien más letras o que sepan más de números?
-La poesía como las demás artes forman parte del acervo cultural de las personas, aunque creo que ninguno haya podido cambiar al mundo.
-¿Es necesario el estudio de la literatura para ser un buen poeta o solamente alcanza con tener inspiración y el fuego sagrado de componer las palabras?
-Cuanto más amplio sea el bagaje cultural del escritor, estará mejor preparado para incursionar en la actividad creativa, aunque en el caso de la poesía ese bagaje solo no es suficiente si no existe el genio creativo, lo que es propio de los auténticos poetas.
-¿Cómo se llama su próximo libro?, ¿sobre qué temas versará?
-Estoy preparando un nuevo libro que no tiene título todavía, me falta desarrollar algunos temas que me tienen en una encrucijada, sin poder avanzar.
En este libro espero incluir poemas sobre el tiempo y algunos muy queridos, como los dedicados a mi nieto Francisco.
©El punto y la coma.

San Francisco Solano en Santiago del Estero

Imagen frente a la celda
capilla que ocupó el santo
cuando estuvo en la ciudad
El cruce del Río Hondo, los mosquitos, la pacificación

El padre Francisco Solano se puso en marcha hacia Santiago del Estero. Pero, antes, le preguntó a nuestro conocido testigo, Pedro de Vildósola, a la sazón un joven de menos de 20 años pero ya con ganas de trotamundos, si quería acompañarlo.
El joven aceptó la invitación y, pensando en su formidable apetito, se preocupó de las provisiones. Pero el Padre desatendió sus afanes, diciendo que “no era necesario y que Dios proveería”.
Después de dos o tres buenas jornadas de camino y de 16 leguas de recorrido, llegaron al río Hondo -a poca distancia de la actual “Termas de Río Hondo”- que iba muy caudaloso, y no pudieron pasar.
“El acompañante se afligió mucho, tanto por no traer provisiones como porque el paraje estaba infestado por una insoportable plaga de mosquitos, tanto que, para que las cabalgaduras no se escaparan, hubo que manearlas”.
Por el oro lado del río había unas cuarenta carretas con sus conductores que esperaban que mermase el río. El cauce era hondo, pero no muy ancho y de una parte a ora podían transmitirse noticias y cuitas.
Ante todo, el Padre se compadeció del hambre del joven y le aseguró que “no tuviese pena, que Dios lo remediaría y les daría de comer”.
Luego el padre sacó una red y un anzuelo que traía de ordinario consigo, fue al río y “pescó gordo”, o sea, tal cantidad de peces que bastaron para los dos y para la docena de españoles y de otros tantos indios, que esperaban el vado del río.
Después el Padre dio orden de que todo el mundo se sentara, mientras él encendería el fuego y les prepararía la cena. Se arremangó los hábitos, preparó la cena y se la sirvió “atentamente”, como un gran señor.
Al final, se retiró, se puso bajo una carreta para pasar la noche y comió una mazorca, que fue su único alimento.
Vencida el hambre, quedaba aún la preocupación de los mosquitos. También inervino elPadre y durante la noche nadie sufrió molestia alguna. “La cosa causó mucha admiración”.
Quedaba todavía por resolverse el asunto más importante, el vado del río: pero también en ello pensó el padre Solano y consoló a todos, tanto de una orilla como de la otra, con estas hermosas perspectivas:
“No tengan pena. Mañana pasarán el río tan claro como un espejo”.
Y así fue, por supuesto. A las nueve del día siguiente, el río estaba bajo, claro y manso. Todos pudieron pasar de una parte a otra respectivamente.
Entre los pasajeros favorecidos había un sacerdote, Francisco Núñez, quien dio al Padre las más rendidas gracias y reverencias en nombre todos, por diversamente habría podido pasar el río hasta terminada la época de las lluvias.
Una vez que todos, tanto hombres como animales cruzaron el río, éste “volvió a ponerse muy caudaloso, sin poderse vadear y sin haber llovido”.
El episodio bíblico del paso del Mar Rojo, volvió a repetirse en pleno corazón argentino.
Continuando la marcha, nuestros viandantes llegaron a un paraje despoblado llamado “El Hospital”, donde se descargó un violento aguacero.
El padre Vildósola quedó completamente calado y hecho una sopa: en cambio al Padre parecía ni le hubiera rozado el agua. El joven le tocó el hábito y, besándoselo, le preguntó:
-Padre mío, ¿cómo yo vengo mojado y Vuestra Paternidad seco?
-Provéalo Dios –respondió el Padre. Y siguieron viaje.

“Bienaventurados los pacificadores”
Santiago del Estero, mansamente recostado junto al río Dulce, su fuente de bienestar en las bonanzas y su enemigo en las temibles crecidas, era la capital de la gobernación con más quinientas familias españolas, sin contar las numerosas poblaciones indígenas que habitaban en sus vastas llanuras. Era también la sede central de la obra franciscana.
Santiago del Estero es una ciudad privilegiada, ya que más que en cualquier otra parece palpitar la presencia santa y benéfica del Padre Solano.
Allí, en su santuario, abundan los recuerdos y las reliquias de su estadía. Allí se transmiten de padres a hijos las tradiciones y las leyendas vinculadas a su labor o a sus profecías. Allí todos lo veneran, lo sienten y lo proclaman como “el santo de la tradición”, porque ha amalgamado en simbiosis el pasado precolombino y el colorido colonial y, sobre todo, porque ha hermanado en la fraternidad de Cristo tanto a los naturales como a los conquistadores.
Allí los habitantes en cuyas venas bulle una catarata de melodías, sones y arpegios, quieren rivalizar con el santo en el uso de los instrumentos –guitarras, quejas, charangos y violines- bajo las dulces miradas de las estrellas. Allí “la Semana de Santiago”, desde el 17 de julio hasta el 24, quiere ser, sobre todo, un homenaje al santo de sus amores y de su devoción.
Al entrar en Santiago del Estero, como custodio, fray Francisco encontró una ciudad en discordias. He aquí las palabras de su primer biógrafo, fray Diego de Córdoba y Salinas:
“Halló a todos los vecinos fedatarios, alborotados de enojos y pesadumbres que entre sí tenían. El Padre los convocó, los hizo amigos y los apaciguó a todos”.
Encontró, pues, una ciudad dividida por viejos rencores y nuevas ambiciones, pero el siervo de Dios, que pudo amansar a los toros, pudo también serenar los espíritus de los habitantes y restañar sus heridas, enarbolando los suaves ideales franciscanos de paz ybien.
Una vez terminada la visita canónica, fray Francisco regresó a Ibatín, primer asiento de San Miguel de Tucumán.
(Tomado de San Francisco Solano, el apóstol de América, de Contardo Miglioranza).

viernes, 4 de diciembre de 2015

El Centro Recreativo de La Banda

Escenario del club en el baile
de carnaval de 1940. Actuaba
la orquesta "Los Ases"
Los inicios, las autoridades, la comisión de damas

El Centro Recreativo de La Banda nació por iniciativa de un grupo de ferroviarios, encabezados por José Otero, jefe de la estación bandeña del ferrocarril, el 27 de enero de 1935. Ocupó desde sus inicios, el local de Besares y Alberdi. En él funcionó hasta ese año, la escuela Normal, que en ese momento tenía como directora a la señora Meyer de Oero. A través de los años se sucedieron los presidentes, entre otros Federico Lannes, José Salas, Luis Peci (durante su gestión se compró el local y se edificó el actual), José Polido, Carlos Soria, Julio Argentino Ordóñez, Carlos Rubén Bravo, Oscar Eduardo Salvatierra (hizo construir la vereda sobre la calle Irigoyen, cambió el sistema de iluminación de la pista y construyó los sanitarios de la plana baja). Otros responsables de la conducción fueron Ramón Pérez, José Antonio Guzmán, María Elena Herrera de Juan, Rodolfo Jesús Rey y María Eduardo Valoy. Todos tesoneramente, contribuyeron al engrandecimiento de la entidad, aunque se atravesaran momentos de bonanza o de profunda crisis.
En la década del 50, la comisión de damas estuvo integrada, entre otras, por Adriana de Ledesma, Nelly Aboslaiman de Peci, Amelia Achával, Nora Azar, Olga Montenegro, Norma Pérez, Negrita Romagnoli, Negrita Ledesma, N. Lencina y Costas de Tagliapietra, que colaboraba con las autoridades del club.
En la lista de asociados a través de los años, figuraron Atilio Macció, Dámaso Costas, Guillermo Milligan, Daniel Ratti, Emilio Adle, Luis Mazzucco, Luis Castiñeira, Manuel Valladares, Carmelo Macarrone, Julio Grimaldi, Musa Llugdar, José Estévez, Carlos Montoto, Luis Venturini, Mauro Pereyra, José Lofiego, Ángel Grecco, Rodolfo Perversi (h), Luis Baccino, Alfredo Polido, Luis Trucco, Elías Sarquiz, Marcelo Ábalos, Pedro Bessone, Fantusatti, Gaggero.
El Centro Recreativo acogió en deportes, en primera instancia las bochas, con el correr de los años incorporó otras disciplinas: vóley, gimnasia, patín.
Artistas de renombre pasaron por su escenario, como Jorge Cafrune, Horacio Guaraní, Los Altamirano, Joge Arduh, Los Cantores del Alba, Luis Sandrini, Alberto Olmedo, Los de Salta, Los Froterizos, Hernán Figueroa Reyes, Chango Nieto, Daniel Toro.
Faoso fueron tanto los bailes de carnaval como los “vermouth danzantes” para los jóvenes. También se hacían bailes de disfraces para niños, con elección de la reina y de los mejores trajes.
(Tomado de La Banda, imágenes y recuerdos – testimonios, de Lidia Grana de Manfredi y María de las Nieves Salido de Martínez).

martes, 1 de diciembre de 2015

Germán Rafael: un boxeador que promete

Germán Rafael
El boxeo, Méjico, la familia

Juan Manuel Aragón
Es santiagueño, se llama Elio Germán Rafael, tiene 31 años, vive en Méjico y es muy posible que el año que viene sea protagonista de alguna pelea importante por el título mundial de su categoría, los semipesados. Para conocer su historia, El punto y la coma lo entrevis-tó en Méjico, donde vive actualmente, a fin de conocer un poco más de cerca las circunstancias de que lo llevaron a estar en ese lugar expectante del boxeo mundial.
Cuenta que estudió hasta tercer año de la secundaria, en el colegio Santiago Apóstol, de La Banda y luego comenzó a trabajar. Su padre es Miguel Rafael, del Zanjón, departamento Capital y su madre es Yolanda Mussi, de La Banda. “Cuando yo nací se fueron a vivir a La Banda, a la Urquiza y Sáenz Peña, donde aún siguen viviendo”, recuer-da. Es el número 7 de 8 hermanos, de los cuales dos han fallecido. Vive con su mujer, Natalia Vásquez, desde los 15 años, con la cual tiene cuatro hijos, Amira de 13, Nahir, de 10, León de 7 años y Shams, de 3 meses, que nació en Méjico, dos mujeres y dos varones. Sus hijos y su señora viven con él en el país azteca desde hace 10 meses.
En una entrevista que dio a la revista “Primer guante”, contó que su primera pelea, en el debut, subió con la camiseta de la Argentina. “Por suerte noqueé y al final del combate la besé ante todo un estadio que me gritaba cosas. Ahora me siguen gritando, pero ya no llevo tantas cosas de la Argentina.  Igualmente, no tengo ningún problema en ponérmela ante todo el Coliseo que me esté gritando cosas”.
En ese mismo medio contó que a los 26 empezó a entrenar box, hizo taekwondo desde los 8 años. A los 28 se fue a México porque quería formar parte de uno de los mejores equipos del mundo, en realidad quería sumarse al de “Maravilla” Martínez, porque es un fanático de él. Pero “por cosas de la vida”, dijo fue a parar a Méjico. De amateur combatió en la Argentina, pero muy pocas peleas porque no le daban la licencia. Le decían que era grande de edad, nadie le prestaba atención. Entonces, llegó al país azteca y lo pusieron de profesional.
La entrevista con esta publicación.
-Desde cuándo boxeas, cuál es tu record al día de hoy. Cuál fue tu primera pelea y dónde la hiciste. Cuántas hiciste de amateur y qué record cosechaste ahí.
-Entré a un gimnasio de boxeo en mayo del 2010, fue en el Club del Maes-tro, con el profesor José Córdoba. En febrero del 2013 llegué a Méjico para comenzar mi carrera de profesional. Hoy tengo 9 peleas ganadas y voy invicto, no hice carrera como amateur. Mi primera pelea fue en mayo, en Cancún (Méjico). Debuté a seis rounds y gané por nocaut en el quinto a un boxeador de diez peleas.
-Cuándo y por qué te fuiste a Méjico. Digo, por qué tan lejos, Méjico y no quedarse en Santiago o en Buenos Aires.
-Vine a Méjico porque Pablo Sarmiento, el entrenador de Maravilla Martínez no me pudo ayudar. Yo fui a su casa en Córdoba, a pedirle una oportunidad y me dijo que no me la podía dar. Además, quería irme a otro país porque en la Argentina pensaba que no hay futuro boxístico. Un amigo me contactó con gente de Méjico para que venga a entrenarme con Nacho Berinstain
-¿Hay una manera de pelear, digamos “a la argentina” y otra forma “a la mejicana” o en todas partes es igual?
-La diferencia que yo veo es que en la Argentina abrazan mucho y falta corregir la técnica. En Méjico nadie abraza y la técnica es casi perfecta. Mi entrenador dice que los argentinos son más fuertes que los mejicanos y muy ineligentes, pero carecen de técnica.
-¿Cuánto te falta para que pelees por el título mundial de tu categoría?, ¿es cierto que estás “ahí” de que te den una oportunidad para pelear con el número uno?
-La verdad es que no sé cuánto faltará y ojalá sí pueda pelear por el título. Nos ofrecieron peleas importantes, pero mi entrenador me dijo que todavía no estoy listo para esas peleas. Nuestra idea es ir combatiendo con los mejores el año que viene. Siempre con cautela, obvio.
-Aquí los muchachos dicen que sos alguien famoso, que hasta firmas autógrafos cuando vas por la calle, ¿es cierto?
-Tuve la suerte de ser reconocido en la calle o en algunos actos y la gente me pide fotos o autógrafos. Los niños me imitan, aúllan como Lobo.
-Dime, ¿el boxeo en Méjico es un deporte marginal como en la Argentina o le dan mucha más importancia que en la Argentina?
-El boxeo es como el fútbol en la Argentina. Aquí la gente quiere y respeta a los boxeadores.
-Cuánto hay de talento y cuánto hay de entrenamiento en un buen campeón del mundo? Un 5 por ciento de habilidad y un 95 de sudor, o es otra la proporción?
-En un campeón del mundo aún no lo sé. Pero en un buen boxeador yo diría que es mitad y mitad, una cosa sin la otra no es nada.
-Algunos ven los canales que pasan boxeo internacional los sábados a la noche y, al menos los dos programas más famosos son mejicanos. ¿La intensidad que se vive en Méjico con respecto a este deporte es mucho más profunda que aquí o es solo una casualidad, porque están al lado de los Estados Unidos, donde sí hay mucho boxeo?
-En Méjico hay mucho box, muchos campeonatos de box y muchísimos boxeadores. Todas las semanas se llenan varios estadios con funciones de boxeo. Y los sábados hay cuatro canales de televisión que transmiten las peleas de Méjico.
-¿Piensas en Santiago, en u mujer, tus hijos, tus padres, tu gente cuando estás peleando o solamente en ganarle al otro?
-Cuando peleo entro en otra dimensión y sólo pienso en dormir a la persona que me quiere hacer daño. En mi mujer y mis hijos pienso cada día de entrenamiento. Y en Santiago y La Banda pienso cuando me voy a tomar fotos para el Face (risas).
-¿Has pulido tu estilo desde que has salido de Santiago, peles igual, peleas distinto?
-El estilo es el mismo porque lo llevo dentro de mí. Pero mi técnica cambió totalmente, cada día voy progresando técnicamente
-¿En qué te ha cambiado la vida Méjico?, y no hablo solamente de lo deportivo, sino de todo el resto de tu vida también.
-Méjico no me cambió la vida, yo siempre me imaginé esta vida, incluso antes de ser boxeador y hoy la estoy viviendo. Venir a vivir a Méjico me hizo dar cuenta de la mujer que tengo y de que con mis cuatro hijos formamos un equipo.
-Qué es lo que más te llamó la atención del entrenamiento de los mejicanos. En qué son distintos de los santiagueños y en qué son parecidos, siempre hablando de boxeo, claro.
-Los mejicanos son muy bromistas y muy buenas personas. Lo parecido es que son muy fajadores y muy vagos para entrenar. Pero también son unos guerreros, igual que los argentinos.
-Qué te causó curiosidad de los mejicanos en general, de los de la calle.
-En realidad más que curiosidad me causa admiración ver cómo se conserva la raza de los mayas y los aztecas en los mejicanos y cómo defienden su cultura.
-Cuando los de otras provincias nos imitan, muchas veces les sale como mejicanos. ¿Somos parecidos a ellos o son muy distintos de nosotros?
-Siempre digo que los mejicanos son santiagueños en una ciudad grande. Somos muy parecidos en la forma de ser.
-Aquí las comidas más comunes son el guiso, la milanesa, el kipi, el asado. ¿Cuáles son las comidas más comunes de allá? ¿Es cierto que a todo le ponen ají?
-Aquí comen tacos, tamales y posole que es algo como el locro nuestro. Y le ponen ají picante hasta a las frutas y las cervezas. Hombres, mujeres y niños comen con ají muy picante. Hay caramelos, chicles y paletas, todas picantes.
-¿Qué es lo que más se extraña, aparte de la familia y los amigos, por supuesto?
-La comida no la extraño porque mi mujer nos cocina lo mismo que comíamos en la Argentina y nos hace mucha comida árabe. Extrañamos a los hermanos y sobrinos. Pero más que todo, el olor que se siente cuando vas llegando a Santiago. El aire tiene un olorcito único y especial.
-¿Te irías a vivir a Méjico si luego de tu carrera te ofrecen un buen trabajo o no dejarías Santiago, La Banda, por nada del mundo?
-Dejaría Santiago, La Banda, Méjico y hasta mis bienes materiales como ya lo hicimos, pero no dejaría a mi familia por más de dos días. Cuando consiga mi objetivo, si Dios quiere, veremos el futuro de mis hijos y nos iremos como equipo, adonde a ellos les convenga
-En la Argentina te decían “Bestia”, ¿en Méjico te han puesto otro apodo o sos Germán Rafael nomás?
-Cuando llegué a Méjico, don Nacho me vio sin remera y a ver todos los pelos en mi cuerpo me dijo “tú eres un hombre lobo, pero te voy a poner Lobo”.

©El punto y la coma.

Quién es Ignacio Beristáin
Ignacio Beristáin, “Nacho” (nacido en Actopan, Veracruz, el 31 de julio de 1939) es entrenador mexicano, miembro del Salón de la Fama del Boxeo y considerado uno de los más grandes entrenadores de la historia del boxeo.
Desde joven estuvo en este deporte como aficionado en la división de peso mosca. Más tarde se convirtió en profesional, pero se retiró prematuramente en 1959 debido a una lesión en el ojo.
Después del retiro, fue mánager adjunto de Vicente Saldívar. Como entrenador en las filas de aficionados, lideró equipos de boxeo de México por la medalla en múltiples victorias en los Juegos Olímpicos de 1968, 19767 y 1980. En 1979 perdió a su esposa y su hijo más pequeño, tiene tres hijas y un hijo y está casado.
Su primer campeón profesional fue poseedor del título en dos divisiones y Salón de la Fama Daniel Zaragoza. Ha entrenado a varios otros boxeadores notables, entre ellos los hermanos Juan Manuel y Rafael Márquez y el miembro del Salón de la Fama Ricardo López, Gilberto Román y Humberto “Chiquita” González, habiéndolos entrenado a partir de sus carreras iniciales hasta la cima del ranking libra por libra.
También tuvo un breve paso en el entrenamiento de Óscar de la Hoya cuando De La Hoya se enfrentó a Manny Pacquiao en diciembre del 2008.
El 29 de mayo de 2014 fue internado por complicaciones de salud en un hospital al sur de la Ciudad de Méjico y fue operado por habérsele diagnosticado un preinfarto después de un chequeo.

Los boxeadores que entrenó
Ricardo López, cuatro veces campeón (miembro del Salón de la fama).
Juan Manuel Márquez, cuatro veces campeón de división.
Rafael Márquez, dos veces campeón de división.
Daniel Zaragoza, cuatro veces campeón (miembro del Salón de la fama).
Humberto González, cuatro veces campeón (miembro del Salón de la fama).
Victor Rabanales, campeón de peso gallo.
Óscar de la Hoya, seis veces campeón de división.
Jorge Arce, cuatro veces campeón.
Guty Espadas, Campeón peso mosca.
Guty Espadas, Jr. Campeón peso pluma.
Alfredo Angulo, jr prospecto de peso mediano.
Enrique Sánchez, campeón peso gallo.
Gilberto Román, dos veces campeón (con 11 defensas de título)
Johnny González, dos veces campeón de división.
Melchor Cob Castro, dos veces campeón.
Rodolfo López, campeón peso pluma.
Alejandro Barrera, jr prospecto de peso mediano.
Abner Yeguas, campeón peso gallo.
Vicente Escobedo, antiguo retador del título.
Juan Carlos Salgado, dos veces campeón.
Jorge Páez, dos veces campeón.
En el 2006, Beristáin se convirtió en miembro del Salón de la Fama del Boxeo Mundial como entrenador. Después, el 7 de diciembre de 2010, fue exaltado al Salón de la Fama del Boxeo Internacional, junto con el legendario campeón mexicano Julio César Chávez, el campeón de peso pesado Mike Tyson y el actor Sylvester Stallone.

lunes, 23 de noviembre de 2015

El ajusticiamiento del cabo Paz

El cabo Paz
Julio César Castiglione

En 1933 el mundo estaba en crisis. En Europa, Hitler había llegado al poder y Mussolini era ya primer ministro italiano. Reinaba una paz intranquila, por las pretensiones que exhibían los dos dictadores, pero nada hacía presumir el sombrío porvenir con la Segunda Guerra Mundial, que costaría más de 16 millones de muertos e inmensos daños materiales.
Paraguay y Bolivia estaban en guerra. Ambos habían padecido crueles sufrimientos: Paraguay, la Guerra de la Triple Alianza (1864-70) y Chile contra Perú y Bolivia en 1879-83 (Guerra del Pacífico), que le costó a ésta la secesión de su litoral marítimo.
La Argentina, era uno de los países más desarrollados del mundo. En ese tiempo, por $4 se podía comprar un dólar; un auto Ford, costaba unos de $ 1.200, el cambio de monedas y de mercaderías no estaba controlado. Había ganado las elecciones la Concordancia y tenía unos 12 millones de habitantes.
Santiago solía ser azotada por olas de langostas y el bravío Río Dulce desbordaba de vez en cuando y amenazaba inundar sus suburbios, por lo que se había construido hace poco la majestuosa costanera con poderosas escolleras.
La ciudad tranquila y somnolienta por el calor, mostraba una quietud propia de la estación. Tenía unos 50.000 habitantes, sus calles estaban empedradas, muy pocas asfaltadas y la mayoría de tierra, que con las lluvias se transformaban en un barro muy pegadizo.
Era característica su acequia, que la atravesaba corriendo por la Avenida Belgrano de Norte a Sur, bordeada por hermosos álamos.
En la zona Norte, cerca del río, está instalado el Regimiento 18 de Infantería, al mando del coronel Eduardo López.
Se seguía las noticias por el diario “El Liberal”, pues no había radio en la ciudad, ni en todo el Norte. Un desdichado suceso se habría originado, cuando un contingente de soldados regresaba desde Tartagal. El mayor Carlos Elvidio Sabella, había prescindido del cocinero Sierra por reiterados incumplimientos, ordenando al cabo Luis Leónidas Paz que lo bajara del tren, pero Paz apiadado no lo hizo. Llegando, Sabella vio que Sierra descendía del tren. Indignado le aplicó, diez días de arresto. La sanción enfureció a Paz, considerándola muy injusta.

Los prolegómenos
Debió pesar su foja de servicio y próximo a casarse, la sanción imprevista trastornaba sus planes.
Era un 2 de enero, el cabo Paz solicitó una entrevista con Sabella, para disculparse, pero éste se negó. Insistió ante ello; fastidiado el mayor ordenó su arresto. Pero antes que se pudiera cumplir la orden, en rápida reacción se escabulló, ingresó en el comedor y efectuó un disparo, para que los oficiales que flanqueaban al mayor se apartaran. Inmediatamente le apuntó a la cabeza y le disparó cinco proyectiles.
Para mejor comprender, debe tenerse en cuenta, que en los ejércitos la disciplina es de gran valor, tanto, que el lema del Ejército Argentino es: “Subordinación y Valor”. Como se observa, la subordinación es más importante que el valor. Un ejército sin disciplina no puede triunfar, el desorden lo hace fácil preso del enemigo.
El cabo Paz tenía 28 años. Era santiagueño y popular entre la gente por su actuación como jugador de fútbol en el Club Santiago. El arresto dañaba su carrera, postergaba su ascenso cuando tenía pensado casarse. Y todo, por algo minúsculo; seguramente el mayor comprendería. Así que resolvió ir a pedirle reconsideración.
Pero, Sabella se negó a recibirlo. Fastidiado, inició un tercer intento. A la hora del almuerzo, se hizo anunciar por un conscripto. Pero Sabella voz fuerte, para que el cabo la oyera, ordenó al teniente Damundio, que arrestara al cabo.
Entonces, ocurrió lo inimaginable. El cabo Paz penetró en el comedor, llegó hasta la mesa de Sabella, extrajo un revólver y le disparó los tiros. Paz salió corriendo, perseguido por Damundio y el subteniente Vera. Lo alcanzaron a las dos cuadras y lo llevaron al calabozo.

El Consejo de Guerra
Superada la estupefacción, se constituyó un Consejo de Guerra Especial, presidido por el jefe de la V División de Ejército, coronel Eduardo López. El capitán Guillermo Améstegui levantó el sumario, con testimonios de los presentes en el comedor. El tribunal deliberó el 3 y el 4 de enero. En las dos declaraciones que prestó ante sus miembros, el cabo Paz narró con calma el incidente.

Pena de muerte
Durante el juicio, el capitán Máximo Garro, defensor de Paz, advirtió que se trataba de un hombre bueno, exaltado por una actitud inesperada y descortés, en un momento especial de su vida: su próximo enlace, lo que imponía una actitud tolerante. Explicó que no hubo premeditación, ni perversidad. Sus antecedentes, además, lo hacían merecedor de comprensión e indulgencia. Describió y juzgo a su defendido, como hombre temperamental, pero buen soldado y buen compañero. Alegó que había obrado bajo emoción violenta, que estaba enfermo de sífilis y que, cargaba los antecedentes de un padre alcohólico. La exposición era oral y Paz, lo interrumpió: “No es verdad”, dijo. Garro quedó descolocado pidiendo un receso para hablar con su defendido. “No hay nada que aclarar”, le manifestó Paz. “Mi padre era un hombre completamente normal y decente”. Mancillar el honor de su padre le resultó intolerable y no transigió. Debió callarse el defensor.
Oídas las exposiciones de la acusación y defensa, el Consejo de Guerra pasó a deliberar. Su fallo previsible: la pena de muerte. El defensor apeló a Buenos Aires, ante el Consejo Supremo de Guerra y Marina, pero fue confirmada el día 6 de enero.

Santiago en convulsión
El suceso había conmocionado a Santiago, en todas sus franjas sociales. Lo reflejaba la prensa. Desde Buenos Aires, el diario “Crítica” destacó un enviado especial, Roberto Cejas Arias. Todo es historia, lo narraría en “1935: fusilamiento en Santiago del Estero”.
El pueblo, se solidarizaba sin vacilar con el cabo Paz. Despertaba simpatía por el santiagueño, por deportista y por buena persona; siempre las arreglaba para repartir el sobrante de comida entre la gente pobre que se acercaba al cuartel.
También por los rumores: que Sabella perseguía a Paz, arrestándolo por nimiedades. Y se musitaban motivos personales, vinculados con mujeres. Y otros argumentos: ¿No era posible abolir estas penas insólitas, que afectaban los derechos de la persona humana? El clamor y la indignación popular crecían.

El “cúmplase” de Justo
Se organizaron manifestaciones, cada vez más nutridas, incluso el gobernador, Juan Castro, debió prometer que pediría clemencia. La Cámara de Diputados, el Concejo Deliberante, el Colegio de Abogados y una cantidad de agrupaciones gremiales y culturales remitían notas con idéntico sentido requerimiento. Un clima de agitación crecía en la ciudad.
Pero el hecho resultaba intolerable: trastornaba de raíz su sistema de jerarquías. Era previsible que el presidente, un general, no vacilaría. Y lo confirmó el 8 de enero.

El fusilamiento
El cabo Paz tenía su orgullo. Se negó a solicitar clemencia, pese se lo habían sugerido su defensor y sus amigos. Recibió la noticia con serenidad. Escribió cartas, se despidió de la novia y de los familiares, presenció el bautismo de un sobrino en su celda, con hondo patetismo. El día fijado, hubo gran expectación. El comercio cerró sus puertas y grupos compactos vociferantes, blandían letreros o rezaban en las inmediaciones del cuartel. Soldados con fusiles se habían distribuido en posiciones estratégicas.
En el cuartel, alta tensión. Los compañeros y amigos de Paz, compungidos rezaban y esperaban alguna solución que no llegó. A las 14 horas del 9 de enero de 1935, el jefe del Regimiento ordenó ocho fusileros a quince metros, en el patio de maniobras del regimiento.
Solo cuatro fusiles tenían municiones, los otros solo pólvora, para que nadie sepa quien lo mató. No quiso que se le vendaran los ojos, enfrentando con serenidad al pelotón. Fue el sargento Medina, quien disparó el tiro de gracia.

La protesta
En las inmediaciones del cuartel, la gente, esperaba el milagro. El estampido de las descargas desencadenó una impresionante protesta. La multitud recorrió enfurecida las calles, desahogando su cólera. Destrozó vidrieras, apedreó “El Liberal”, el Obispado, la Casa Radical, entre otros desmanes que la Policía controló con esfuerzo.
Fueron detenidos los abogados Manuel Fernández y Ruperto Peralta Figueroa, como cabecillas de la protesta. Pero otra inmensa manifestación popular sitió la Casa de Gobierno el día 12, obligando a liberarlos.
La última carta de Paz. “Muero sin rencor para nadie”, decía, y daba gracias a Dios por el auxilio espiritual de los capellanes. “Doy gracias también a todos cuantos se han interesado por mí y a quienes no pude darles el último adiós en vivo, y pido a Dios por mi queridísima hermana y familia, a quien Dios bendiga. ¡Viva la Patria¡ ¡Viva el Ejército!”.

¿Fue justo el fallo?
La aplicación de justicia supone un reparto igualitario. En el Antiguo Régimen en toda Europa, como en el resto del mundo, la justicia era desigual, había privilegios reservados para las capas sociales superiores. En Santiago del Estero en este caso, la justicia no se impartió del mismo modo para todos. La profesora Marta Sialle de Gauna, considera que el falló mostró una justicia parcial y, por ende, inequitativa.
Recuerda que: “Un año antes, el teniente coronel Quiroga había sido víctima de un hecho similar, al ser baleado por un sargento en una guarnición cordobesa. Si bien resultó ileso de la agresión, murió en cambio el teniente J. Martínez de Sucre, quien heroicamente se interpuso en el trayecto de la bala homicida. El agresor fue sentenciado a muerte, pero Justo le conmutó la pena por reclusión por treinta años”.

La defensa
El defensor leyó un escrito tendiente a aclarar los hechos y las acusaciones formuladas contra el cabo Paz. En ellos destaca su buen comportamiento y las razones que explicaban y tenuarían la gravedad de la falta. “No intentaré rebatir los graves cargos, pero si reclamar la atención (...) sobre las circunstancias que provocaron este hecho (...) capaces de llevar a un hombre sencillo y bueno a incurrir en un delito en un momento en que roto el equilibrio psicológico, el hombre no es más el ser libre y responsable de sus actos como lo es por definición (...), sucesivos castigos, sucesivas postergaciones en su carrera, agravado por apremios económicos, que le hacían sobrellevar difícilmente su situación de hermano ejemplar. Es bien sabido que aspiraba a la realización de un legítimo anhelo: formar un hogar, anhelo cuya materialización se iba postergando en contra de sus deseos. No resulta difícil comprender, que el nuevo castigo fue la causa inmediata que produjo la acción de la gota de agua que rebalsa la copa, rompiendo ese equilibrio psicológico, convirtiéndose así en el autómata que obra al impulso más fuerte o a la emoción más reciente (...) el mismo cabo lo declara con una franqueza que honra su carácter de soldado, fue ese castigo y nada más; no tenía agravios contra su superior, no inventa motivos. Pero mi defendido no obró en su estado normal. No puede considerarse normal a un hombre hijo de un padre alcohólico y que, para colmo, padece de una enfermedad que puede haber obrado como causa de carácter orgánico o la razón que nos explique esto que es inexplicable, por la desproporción que hay de causa efecto: su ficha médica consta que el día 13 de septiembre da parte de enfermo afectado de chancro”.
En el momento en que se refería a su padre, el cabo Paz lo interrumpió diciéndole, perdone “pero Ud. se aparta de la verdad”. El capitán sorprendido, pidió al tribunal un receso para conversar con su defendido, pero el cabo elevando la voz, expresó: “No creo que tengamos nada que aclarar. Mi padre era un hombre completamente normal y decente”.
Esta actitud parece pintar con claridad la clase de persona que era el cabo Paz.
Terminada la lectura de la defensa, el presidente le pidió al cabo que expusiera sin rodeos los motivos cercanos o lejanos que tuvo para cometer el hecho. Consigna el diario “El Liberal”, que visiblemente emocionado por la paternal amabilidad con que le hablaba el presidente del Tribunal, se puso de pie y con palabras entrecortadas dijo que no premeditó el crimen, que obro en un arrebato, provocado por el mayor, que se negó reiteradamente a escucharlo y que disparó fuera de sí.

El veredicto
El fallo del Tribunal fue rápido, fue declarado culpable del asesinato sin hallarle justificativos atenuantes.

Irregularidades en el proceso
El historiador Néstor Montezanti considera que en el juicio al cabo Paz se cometieron una serie de irregularidades que justificarían su anulación. No correspondía formar un Consejo Especial, debido a que el regimiento no constituía una guarnición fronteriza, ni distaba a más de dos días de la Capital Federal.
Las pruebas de cargo se recibieron durante la mañana, en ausencia del cabo y dado que el defensor Garro no estuvo en el lugar de los hechos, no podía determinar que preguntar a los testigos o determinar si éstos decían la verdad, tal como lo establecían los artículos 368, 369, 422, del Código de Justicia Militar. “La prueba se realizó in absentia del procesado”.
La versión del cabo difería de la de los oficiales que presenciaron el crimen, pues el cabo expresó que apenas comenzó con los disparos los presentes se alejaron del lugar. Por ello debió efectuarse un careo.
Una falla descalificante según Montezanti, constituía el hecho de que al plantear el defensor la inimputabilidad, y en vistas de que el Código de Justicia Militar, no regulaba esta materia, debía aplicarse el Código Penal, que sí la regulaba. Al respecto expresa “El consejo no planteó el problema ni por las tapas, influido por el sofisma, aún hoy presente, de que lo que no está en el Código de Justicia Militar no está en el mundo. Hubo una omisión de tratamiento de cuestiones esenciales, una de las causas de apertura del recurso extraordinario federal”.
El 6 de agosto del 2008 el Senado convirtió en ley la derogación del Código de Justicia Militar erradicando la pena de muerte, pasó el tratamiento de los delitos esencialmente militares a la órbita de la Justicia común. Sancionada: Agosto 6 de 2008. Promulgada: Agosto 26 de 2008. Publicación en el Boletín Oficial el 29 de agosto del 2008.
Otra, es que ante el Consejo Supremo, no se proveyó al acusado de un defensor tal como lo estipula el C. J. M., ni se le hizo saber la elevación. Al no poder trasladarse el capitán Garro a la Capital Federal para continuar su cometido, el cabo debía tener otro defensor según el artículo 446. Además, antes de pasar el expediente al Ministerio de Guerra para tramitar el cúmplase tampoco se notificó a Garro.
Una vez que se dispuso la ejecución el reo pasó a capilla. De esta manera, cualquier defensa se imposibilitaba.
Montezanti expresa que la ley 4.055, del 11 de enero de 1902 (artículo 6) establecía que los fallos de los tribunales supremos militares constituían sentencias definitivas, que abrían el recurso extraordinario para ante la Corte Suprema, como lo establece el artículo 14 de la ley 48, de 1863. Pese a que la ley otorga diez días hábiles desde la notificación, el cabo Paz fue ejecutado en veinticuatro horas.
Consigna una falla que califica de grosera que es la siguiente: según los Artículos 80 y 104 del Código Civil, la muerte de las personas se prueba con asientos formulados en los registros públicos, tal como se probó con el mayor Sabella, pero en las actuaciones con las que se tramitó el proceso ante el Consejo de Guerra, el capitán Améstegui omitió hacerlo. “No obstante la presencia del auditor, nadie advirtió la falencia. Tampoco lo hizo el Consejo Supremo convocado para juzgar, precisamente quebrantamiento de formas.
Ni Rodríguez, ni Justo se apercibieron tampoco. Si lo hizo el jefe del regimiento, luego de notificar al reo y dispuso la agregación de la olvidada partida, a fs. 71 A fs. 72 obra el acta de fusilamiento. Luego, se procesó y condenó a muerte a una persona por insubordinación seguida de muerte del superior ¡sin estar legalmente probada esta muerte!”.

La resistencia de la sociedad santiagueña
El país entero y no solo Santiago, se vio conmovido y los pedidos de clemencia al presidente Justo no cesaron hasta minutos antes de la ejecución.
La sociedad, el pueblo santiagueño, el encadenamiento de las causas, tejía otra historia, la gente murmuraba que el cabo sufría permanentes arrestos de parte del jefe, que así evitaba el encuentro con su novia, a la que el mayor habría pretendido y que sólo para humillarlo lo postergaba en los ascensos, que la fecha para el casamiento estaba fijada para el 5 de enero.
“Con el correr de los días apareció otro argumento tan vago como el anterior. Se acusaba al capellán del Regimiento, Amancio González Paz, de haberse encargado mediante su apostolado de silenciar al reo y de controlar cualquier noticia inconveniente. Se menciona que el capellán concurrió al domicilio de la hermana de Paz a rescatar una carta que el reo había remitido al señor Roberto Cejas Arias, enviado especial del diario “Crítica”. Cejas Arias había concertado una entrevista con el cabo Paz que no fue autorizada por las autoridades militares. En virtud de ello el reo, escribió una carta que entregó a su novia con especial recomendación de hacerla llegar al periodista y no mostrársela a nadie. La novia la llevó a la casa de la hermana del cabo Paz. Allí concurrió el capellán a pedir la carta argumentando que el procesado quería hacerle un agregado. La novia de Paz negó haber recibido alguna carta, pero el capellán, habría apelado a su condición de sacerdote y esgrimió una serie de argumentos que habrían resultado convincentes y decidieron la entrega del documento, cuyo contenido nunca se conoció ya que ni fue devuelto ni publicado”.
Pavón Pereyra avala esta versión y considera que en ese documento, se denunciaba atropellos que dieron lugar a sucesos similares al del cabo Paz, en Paraná y Córdoba. Por otra parte el diario “El Liberal”, con fecha 11 y 12 de Enero, hace referencia a dos cartas que Paz habría escrito a los diarios “El Combate” y “La Unión”, que según los rumores su contenido denunciaba cuestiones que el Ejército no deseaba que trascendieran.
Caluroso 9 de enero de 1935, en el barrio El Triángulo, los vecinos invitaban al comercio a clausurar sus puertas. Colocando crespones en las viviendas, el pueblo se agolpó desde la madrugada frente al cuartel. Entonando el Himno Nacional, grupos de mujeres llevaban el compás de un llanto rítmico, que se prolongó por horas, hombres que increpaban, expresiones que habrían llevado al cabo Paz a decir: “No habrá poder que haga callar a quienes piden por mi vida. En estas breves horas, mi sufrimiento se ha centuplicado. ¿Cree que hay tormento comparable al tener que escuchar sin intermitencia las voces de millares de madres que ruegan por un indulto con tanto fervor como acaso lo harían por sus propios hijos? Ya vio usted mi tranquilidad hasta la víspera. Estaba dispuesto a celebrar mi condena como si se tratase de una liberación. ¡Que caray! ¡Tenía que decirlo ¡ Algunos consideran inevitable que para salvar el pellejo tenga uno que declararse hijo de perra”.
Las solicitudes de clemencia fueron tantas que se habilitó un servicio especial para recibirlas. Los pedidos se hicieron desde las más altas autoridades: el gobernador Juan B. Castro, la Cámara de Diputados, el Centro Renovación de la Unión Cívica Radical la Acción Católica Argentina, la Cruz Roja, la Comunidad Mercedaria de fuerte influencia en la curia, la Federación de Asociaciones de Fomento y Cultura de los Barrios, el diario “El Liberal”, el Colegio de Abogados y Procuradores, los vecinos del barrio El triángulo, los empleados del Ferrocarril Central Argentino, inclusive el entonces conocido senador socialista Alfredo Palacios, quien expresó: “Desde el punto de vista legal la sentencia es inobjetable. El Código de Justicia Militar establece de modo terminante la penalidad para el delito cometido por el cabo Paz; establece también que el Presidente de la Nación puede poner el cúmplase a la sentencia dictada por los tribunales militares; pero el presidente también el atributo de indultar al reo, como antes lo tenían los reyes para perdonar la vida de sus súbditos. En cuanto a mi opinión personal, no es más que la del hombre que cree y quiere que el general Justo indulte al condenado...”.
“Apenas conocida la confirmación del fallo del Consejo Especial de Guerra, la señora Francisca Paz de Fernández, única hermana del cabo, dirigió al presidente de la República el telegrama siguiente: “Deploro sinceramente el hecho delictuoso de que fue protagonista el cabo Luis L.  Paz y agobiada por el dolor que me produce la condena del Tribunal Militar hago llegar al señor Presidente mis súplicas y ruegos para que su infinita bondad y reconocidos sentimientos cristianos amengüen el rigor del castigo y disponga la conmutación de la pena”.
Es sabido que el cabo podía a su vez solicitarla. Al respecto refiere Enrique Pavón Pereyra, que el capellán del Ejercito, lo convenció de no hacerlo, con expresiones similares a la siguiente: “Dios te ha mandado esta desgracia, acéptala como prueba del infinito, del Todopoderoso, acéptala”. Tal capellán, agrega Pavón Pereyra, estaba lejos de querer salvarlo, puesto que era del tipo de sujeto que solamente congraciaba con el jefe de la división12. Por mi parte puedo decir: no dispongo constancia alguna de que así hayan sido los hechos. Si realmente lo fueron, lo deploro. Creo que obviamente la pena de muerte es una medida extrema que sólo se debe tomar en casos muy extremos y éste no lo era. En cuanto al presunto juicio de Pavón Pereyra, si fuera cierto mi pregunta es ¿qué le habría dicho él? Dado que se negaba a solicitar la conmutación ¿que se rebele?, ¿que maldiga su suerte?, ¿que mande a todos los infiernos a sus jueces? Creo que sólo le quedaba aceptar la situación y declarar que la condena era injusta e inmerecida, que si se cumplía la posteridad lo iba a absolver y reprobar la ley que lo condenaba, a la sentencia y a los jueces que lo habían condenado a esa pena tan extrema.
Pero, hubo también, al parecer un orgullo excesivo del cabo. No quiso solicitar clemencia, nunca lamentó haberse dejado llevar por una ira incontenible. Es cierto que Sabella obró mal, que el castigo fue desproporcionado, pero también Paz mostró una soberbia desafiante: se negó a pedir clemencia, no reveló arrepentimiento y sostuvo convencido que había obrado correcta y responsablemente.
Pocas horas antes de su muerte, cuando su hermana, algunos camaradas y su defensor, insistieron al cabo que solicitara clemencia, su negativa se textualizó: “Estoy contento de morir. Ahora, voy con el cercano corazón de mis hermanos, asistido por ellos, con el amparo de los sacerdotes; y eso está bien. Quien sabe cómo moriría más tarde, lejos, sin auxilios de nadie, en la prisión, viviendo dolorosamente. Que me peguen cuatro tiros, es mejor”.
Poco antes de ser llevado al lugar de ejecución, expresó ante el jefe de la guardia: “Cree usted que seré menos bueno por haberme desgraciado”.
El 9 de enero, “en todas las calles, en todos los lugares públicos, en las casas, en los comercios, no se hablaba sino del trágico destino del cabo Paz. La gente hizo abandono de sus tareas, pues era imposible apartarse de la verdadera ola de angustia que afligía a todos por igual, sin importar la condición social. La población de nuestra ciudad estuvo ansiosa durante horas por el desenlace del drama que se vivía y por conocer como concluiría el trágico destino del ahora querido cabo. Pero siempre, hasta el último minuto, se confió en que se salvaría esa vida joven del designio sombrío del frío código jurídico. Hasta los diarios, asociándose a ese pesar unánime, no aparecieron esta tarde en Santiago del Estero, en señal de duelo por la ejecución”.
A la 1 de la tarde llegó el gobernador de la Provincia. Lentamente transcurrieron los momentos previos, que de escasos minutos se prolongaron más de una hora, debido a que se esperaba de un momento a otro la llegada del telegrama del General Justo, que conmutaría la pena. A las 2 y media perdida ya toda esperanza, se dio la orden de que fuera traído el cabo Paz. Caminó con paso marcial, resuelto muy sereno. Su semblante fue de total imperturbabilidad, al punto que en su paso, al encontrarse con el gobernador Castro, le expresó con palabra clara y altiva: “Señor Gobernador quiero agradecerle profundamente cuanto ha hecho para salvarme la vida” y frente al pelotón pidió que no le vendaran los ojos y que le abrieran la chaquetilla del pecho. Estaba esposado hacia atrás. Se leyó la sentencia, el cabo Paz se paró del banquillo y con palabra vibrante, casi gritando dijo al pelotón: “¡Al pecho muchachos! Y levantando la mirada al cielo dijo con gesto de absoluta dignidad: ¡Viva Dios y mi Patria!”
La onda expansiva arrojó el cuerpo a tres metros del banquillo. Un suboficial sin poder reprimir el llanto, le dio con mano temblorosa el tiro de gracia. Era su superior inmediato y su gran amigo.
Enrique Pavón Pereyra, con quien el cabo solía practicar deportes, emocionado en una la entrevista sobre el acontecimiento recordó: “Yo vi cuando lo fusilaron (encaramado a un árbol), trajeron un banquito blanco de la enfermería, lo sentaron ahí, y el sargento Maldonado dio la orden: Fuego. Yo tengo esta creencia, que le dieron 8 tiros en lugar de 4, porque el cuerpo saltó a dos metros más atrás.
En las afueras del cuartel, la gente estaba a la espera de los acontecimientos, con la secreta esperanza de un perdón. Un silencio de segundos medió entre las detonaciones y la explosión de la muchedumbre que, convencida del desenlace, inmediatamente en actitud exaltada, se precipitó sobre el alambrado de los cuarteles y entre un desaforado griterío disparó una lluvia de piedras, cascotes y cuanto material encontraba a mano, dirigidos a oficiales, suboficiales y soldados. Desde el interior del cuartel, sólo se atinó a contestar con descargas de fusiles al aire para atemorizar. El Ejército no pudo evitar lo que se puede juzgar como alguien lo ha calificado de “el primer santiagueñazo”.
La respuesta del Ejército ante la reacción popular, fue obvia: efectuar disparos al aire, golpes a los más exaltados que se adelantaron y detenciones a los que pudieron ser parados. En las adyacencias de los cuarteles se veían mujeres desmayadas, la multitud se dirigió al centro de la ciudad desahogando su ira contra el diario “El Liberal”, el distrito militar 61, comercios, el comité de la Unión Cívica Radical, la sede del Obispado, el edificio de Rentas, la casa de Gobierno.
“Frente al hecho consumado la impotencia del pueblo santiagueño se expresó con una ansia de destruir todo lo que pareciera tener que ver con lo que consideraba un asesinato, una tremenda injusticia: el oficialismo local y las estructuras de poder civil, económico y religioso”. Fue un resultado previsible, la cólera estalla destruyendo lo que puede, como medio de desahogo o, al menos liberando la tensión contenida.
En ese tiempo, tenía ocho años, vivía en la avenida Belgrano 632. La casa de mis padres estaba pegada a la ferretería de la Casa Bonacina, tenía rejas metálicas, como los tres balcones que daban a la calle y la puerta era de hierro. Recuerdo con alguna vaguedad que estaba en el patio, supongo serían aproximadamente las 4 o cinco de la tarde, cuando sentimos el grito de la multitud que avanzaba.
Mi padre, que seguramente estaba prevenido, había cerrado con llave la puerta de calle y puesto el cerrojo a un portón que daba a un callejón conducente al garaje donde guardaba el automóvil. Como el griterío era ensordecedor y creo se habrían detenido frente a casa y tirado cascotes, mi padre hizo disparos al aire con un revolver y la gente se dispersó.
Los recuerdos son vagos, pero nunca los perdí y eso me movió a escribir esta nota, que refleja un acontecimiento tan importante de mi niñez.
Una ultima reflexión. ¿Qué decir de la pena impuesta al cabo Paz? El hecho ocurrió hace unos ochenta años. Parecen poco, pero si pensamos lo que ha cambiado la sociedad en estos últimos años, advertiremos que la variación es significativa y las ideologías y convicciones se han modificado con alguna importancia.
De todos modos, una cosa parece evidente: el nudo de la cuestión parece estar en determinar el estado mental del cabo Paz en el momento del homicidio del mayor. ¿Estaba en pleno ejercicio de su libertad o la pasión lo obnubilaba? La respuesta parece intermedia: no estaba obnubilado, pero si presa de una fuerte pasión, que la menguaba. En esta situación, la condena a muerte es excesiva. Ante todo, ella es extrema, sólo cabe recurrir en condiciones especialísimas.
Creo que aquí no se dieron. Hubo sin duda, una presión psicológica en Paz, que si bien no anuló su libertad, la restringió en buena medida. Por otro parte, sus antecedentes son honorables y toda su conducta durante el juicio lo muestra generoso, noble, honesto. No miente ni busca disminuir su falta, al contrario, pudo no solo aceptar la excusa de su padre sifilítico y la rechazó airado.
También es obvio que no estaba en la plenitud de su libertad cuando mató a su superior: estaba indignado por su conducta despectiva y desconsiderada. Mereció sin duda, un castigo, que pudo ser cierta cantidad de años en la cárcel, nada más. Éste es mi parecer lo repito, esto no ocurrió, en parte por las ideas de la época, por tratarse de una cuestión militar que tienen un trato diferente del común y por el orgullo del cabo Paz, que no quiso ni aceptó recurrir a algún atenuante para justificar o atenuar su falta. Todo ello habla en definitiva de su altivez, pero también de su dignidad y honestidad.
(De "Producción Académica", libro de la Academia de Artes y Ciencias de Santiago del Estero).