martes, 5 de septiembre de 2017

La vidala

Vidalera
Por Omar Humberto Estanciero

La vidala es una forma de composición poética que generalmente se acompaña con guitarra o caja y se canta a una sola voz. En Jujuy se le llama "yaraví". No debe confundirse con la "vidalita".
Se entonan sobre todo durante el carnaval. La forma de estas composiciones está condicionada por el texto: coplas solas, quintillas o sextillas y más a menudo, coplas con estribillos intercalados a los que a veces se agrega una trova.
Se dice que la vidala nace en los montes de Santiago del Estero como rituales desconocidos. Es un ritmo que llena de vigor a los cuerpos que la rodean, según la mitología santiagueña. Narra la vida del monte. Su poesía es muy difícil de entender, a veces, indescifrable como el mismo monte. No tiene danza

"La embocadura del destino del santiagueño, la tristeza, el dolor"
La vidala es el único canto coral. Cuando el paria, después del alcohol y de la danza, cae en la embocadura de su destino, que es el dolor, apela a la "vidala" para cantar en coro su íntima pena.
Hacinamiento derrotado que se apuntala con la fuerza prestada de cada uno, restos carnavalescos conjurados en torno a la fiesta: esto es el coro.
En vano ensaya sostener su alegría en la vidala; el eco devuelto a la inmensidad del campo es un alarido multánime, una sola queja largamente plañida.
La vidala traspasada, amarga, es el parche de la caja y la gran pena multiplicada del hombre que busca en el abismo de la noche para sentirse vivir.
Esta tristeza de la vidala, en plena alegría de la fiesta, se explica en la letra y en su música; el hombre estuvo a solas con su dolor.
El canto individual limpia el alma de la tristeza; el coral, en cambio, activa la pena, se agremia, en un solo sentimiento de liberación y solo presenta su propio drama, ajeno al drama de todos, absorto en su propio dolor.
Ni siquiera sabe que la voz gemida en conjunto es la queja de todos.
Orestes Di Lullo

La Vidala. Ediciones Folkloricas Kodex. Carlos Vega
Especie musical que se entona preferentemente durante el carnaval. Se acompaña con percusión de caja o tambor.
Los elementos que forman sus estrofas son tres, copla, estribillo y mote.
Los dos primeros son imprescindibles, el mote (agregado) puede faltar.
El mote es una estrofilla generalmente pentasílaba que, con asunto de lo común independiente se intercala entre las estrofas de la canción, en este caso vidala, y en algunas ocasiones entre los versos de la copla, como "joi joi": tomado.
La vidala pertenece a un sistema musical propio de Sudamérica con buen espacio de la vida en el Siglo XVIII, siendo una canción exclusivamente argentina por sus estructuras musicales y poéticas que invade las regiones del antiguo Tucumán y, es evidente de su complejidad porque acusa diferentes sistemas musicales, siendo su rasgo, la permanente bimodalidad (modo mayor y modo menor) con cuarta aumentada.

"La vidala por Mariano Roberto Paz"
Es típico que el santiagueño de la campaña es reservado, reconcentrado y hermético.
El hombre de la ciudad, el refinado por la civilización es capaz, por conveniencia, de ocultar sus sentimientos y emociones.
Sin embargo, hay 3 ocasiones en que nuestro campesino depone su reserva y se entrega libremente a la expresión de lo que se agita en su alma. Esas tres ocasiones le dan: la muerte, el dolor y el alcohol.
La muerte le impone dolor, tristeza y lágrimas viriles como un rito.
En el amor todo transcurre calladamente, sin transportes ni efusiones. En el campesino el amor es flor de silencio y soledad; es el amor que se canta en las vidalas, allí abandona el silencio, busca de las palabras para comunicar sus sentimientos.
Hay infidelidad, pena de ausencia, amor no correspondido, la tristeza del olvido, la herida del recuerdo.
La vidala, canto de amor del santiagueño, es canción del carnaval. Se la concibe y se realiza para esas fechas; hay una pervivencia inconsciente de prácticas antiquísimas.
El Carnaval es el sucesor de los antiguos "bacanales", "Saturnales" y "lupercales" en que se rendía desenfrenado culto al amor.

"Mirarse por dentro" por Daniel Heffes (conductor radial de la plata)
Hay una inclinación a pesar que es políticamente correcto decir que uno disfruta, por ejemplo, de un blues, pero no pasa lo mismo si lo que suena es una vidala, la forma musical más comparable de nuestro folclore con el lamento del pueblo negro de EEUU.

Opinión de Silvia Long-Ohni - Diario La Nación, 14 de agosto de 2010.
La vidalita es una forma musical no danzable auténtica del folclore argentino y uruguayo, tal vez emparentada con la vidala, con la que a menudo es confundida, pero esta última tiene más obvias raíces quichuas. Wilkes(?), cree que la vidala desciendo del "yarahué", al que asimismo se vincula al "yaraví" de tono sentimental, mientras que la vidalita pampeana no sería de origen andino sino deudora de una melodía zaragozana.
La vidala posee versos octosílabos y responden a un pie rítmico de una nota breve y otra larga.
La vidala es una forma cantable que se acompaña generalmente con caja o tambor; en tanto que la guitarra, que puede no estar, acompaña solo con acordes arpegiados o rasgueados.
Se trata de una de las más bellas canciones folclóricas argentinas, nutrida musicalmente por un antiguo modo andino en cuanto a lo tonal con claras influencias europeas perceptible en los elementos poéticos, coplas, estribillos y motes.
La vidala expresa hondos sentimientos y más trágicos que la vidalita; se asemeja a la baguala pero tiene más riqueza musical y poética.-

Isabel Aretz - Opinión
Dejando de lado la errada creencia de que toda nuestra música nos llega de Europa, al penetrar tierra adentro se percibe la existencia de una Argentina poli musical.
Músicos que hablan de un mundo quechua y aymara y de un mundo diaguita-calchaquí, que españolizó su poesía subyacente junto al mundo criollo.

Entonando una vidala
por Julio Rodríguez Ledesma
El rezador o rezadora que entonaba las letanías en el velorio, creó la conjunción del canto a la vida por la muerte. LA búsqueda del misterio a través del dolor, armonizó la orfandad cósmica del santiagueño y así nació el dúo.
Las cajas templaron el alto y el bajo, la vidala irrumpió en las mingas de las cosechas anuales, mimetizándose desde el bosque a las salinas, desde la selva a las sierras.
Era la hondura abismal del quichua, unida al credo político español. Madre americana, padre europeo, hijo criollo.
El Dr. Ezequiel Leyría fue el primer estudioso de la vidala, avanzando desde la metafísica escolástica hasta llegar al paganismo mitológico sudamericano.
Atahualpa Yupanqui advierte su trascendencia folclórica en sus andanzas por Salavina y de la mano del Soco y Cachilo Díaz. Por eso bautiza a Santiago: "La Comarca Embrujada".

Origenes de La copla americana - La vidala- 
"Santiago es Musical" Guillermo Tagliotti
Pretéritamente los andinos acompañaban los sonidos de sus instrumentos de percusión, especialmente la caja, con elocuentes fonaciones guturales literalmente irregistrables.
Una versión primaria de la lírica operística, si consideramos en "el bel canto" prevalecen el tono, la afinación, la intensidad y el color (la dramatización) por sobre la dicción textual.
Las primeras partituras indianas, probablemente varios siglos atrás por misioneros e indígenas adoctrinados por la Compañía de Jesús, han sido encontradas en Chiquitos, Bolivia.
Alcides D'Orbigny, joven francés, investigó durante ocho años la historia natural de América del Sur y publicó 9 tomos en París entre 1835 y 1847 bajo el título "Voyage das la L' Amerique Meridionale" que contiene partituras de cantos indígenas.
Un siglo después, Leda Valladares, registra en su grabador los ecos de los sonidos ancestrales amerindios y mestizos.
Hay tonada de 2,3, 4 y 5 notas como si buscaran la pentafonía que abunda en Tarija.

Pancho Cabral: su apreciación
La vidala chayera se canta entre Catamarca y La Rioja, aquí nace y desde aquí parte.
Convergen formas musicales que a ratos parecen superpuestas, tal es el caso de la vidala y la baguala.
Comparten el mismo ancestro, son de la misma familia y ocupan sus respectivas regiones: baguala en Salta y Jujuy, vidala en Tucumán y Santiago del Estero y la vidala andina en Catamarca y La Rioja.
Son todas vidalas pero, cada una con su acento, su paisaje, con golpes diferentes de caja o tambor.

La vidala según Vicente "Morenito" Suárez
Es una larga e íntima canción, grave, que trata de asuntos profundos, la ausencia, la conquista amorosa y, en la época de los obrajes, se carga de tristeza y se nutre del largo silencio del bosque.
La que se canta (o cantaba) en Santiago, se basa en una trova o verso o copla que va siendo modificada allá por la década del'30 o '40; se hizo música de los barrios y llegó al centro de la mano de los indios vidaleros en las comparsas de los carnavales. Vidalas bailadas.
Los indios de las comparsas que interpretaban las vidalas eran de los barrios: Huaico Hondo, Las Cejas, El Vinalar, Cantarranas, Tarapaya, Chumillo y del borde del Rio Dulce.
La vidala es una serenata santiagueña por antonomasia. La interpretada en Atamisqui se tocaba con caja chirlera, hoy lo hacen con bombo.
La vidala que se interpreta en la zona del Rio Salado se ejecuta a 2 cajas afinadas a dúo y golpeadas en forma discontinua.

Cristian Ramón Verduc. Musico, conductor radial de programa folklórico
Considero que la vidala es la expresión cantora más antigua de nuestra tierra entre las que están vigentes. Es una expresión bien criolla y de honda raigambre en nuestra provincia, a la que debemos valor y sostener.

La vidala en nuestros artistas plásticos
El folclore es uno de los temas de casi todos los artistas plásticos santiagueños. Haciendo un pequeño sondeo, se rescatan a los siguientes:
Mateo Martín López: nació en 1899 en Almería, España y en 1928 se radicó en Santiago y se naturalizó argentino. Pintor paisajista, que el cuadro "Los vidaleros" tuvo una historia muy especial. Esta pintura adornaba uno de los salones de la Casa de Gobierno y en la famosa asonada denominada "El Santiagueñazo" en diciembre de 1993,esta residencia gubernamental fue incendiada. Según trascendidos, este cuadro, fue salvado y rescatado de las llamas y se encontraría nuevamente en la sede del Poder Ejecutivo de la Provincia en Mesa de Entradas.
Este cuadro que Martín López lo pintó en 1953 y estaba expuesto en el Museo de Bellas Artes Ramon Gómez Cornet, fue llevado en 1974 por el Gobernador Carlos Arturo Juárez a la Casa de Gobierno.
Juan Carlos García: nació en 1931 en Santiago . Dibujante, grabador y una de sus obras se denomina "El Vidalero".
José Antonio Soria: nació en 1893 en Villa Atamisqui y fue escultor y, entre sus obras encontramos una denominada "Los vidaleros".
Rafael Delgado Castro: (21-5- 1889, Andalucía, España- 13-6-1957, Santiago del Estero) modeló una escultura denominada "El Vidalero".
Absalón "Absha" Argañarás (12-8-1903 // 21-8-1980 Santiago del Estero) pintó un óleo denominado "El Vidalero".-
Angel Vicente "Vichy" Garay, plástico bandeo pintó en óleo el cuadro "Vidaleros".

Frase encontrada de autor desconocido
"Dice la leyenda que las salinas se formaron con el llanto de todas las vidalas, con el ¡ay! de todas las ausencias, con las penas producidas por todas las ingratitudes".

La caja, el instrumento de la vidala. Rubén Pérez Bugallo
Tamboril prehispánico de tamaño variable compuesto por un cuero cilíndrico de mayor diámetro que altura y 2 parches de cuero cocido a sendos aros y unidos entre si por un cordel en zig zag.
La caja santiagueña tiene hasta 30 centímetros de diámetro por 11 de altura. Su cuerpo es un tronco de ceibo excavado a cuchillo o gubia. Sus parches son vizcacha, unidos por una correa sin nudos, ni presillos.
La bagueta se confecciona con una rama a la que se descorteza y adapta, mediante ataduras de tientos, un abultamiento de lana envuelto en cuero crudo en uno de sus extremos.-

Domingo Faustino Sarmiento dijo de la vidala:
"El pueblo campesino tiene sus cantares propios. El triste (los), que predomina en los pueblos del Norte, es un canto frígido, plañidero, natural al hombre en el estado primitivo de la barbarie, según Rousseau. La vidalita es un canto popular con coros, acompañado por la guitarra y un tamboril (por la caja)...este canto me parece heredado de los indígenas, porque lo he oído en una fiesta de indios en Copiapó, Chile...".
La testimonial y homofónica "vidala del altiplano" o aymará, se sitúa enfrente de la "chayera" o "chayera riojana" que ligado a las cosechas difuma un tono festivo y un mensaje alabancioso. En medio, la vidala santiagueña, refleja ambas tesituras y anexa rasgos propios, como la cualidad amable saludo (que espera contesto) y de acelerar el repique pal carnaval.-

Un derivado del zejel árabe. El Liberal 1 de julio del 2003
Según Nicandro Pereyra, la vidala sería un derivado del zéjel árabe que ideara Muccadam Ben Muafa, el Ciego de Cabra, coetano del Emir Abdallah y de Abderraman II y su semejanza consiste en que ambas tienen mudanzas y estribillos.
Es una creación peculiar americana con antecesoras que guardan semejanzas: las glosas,
Y, si como afirma Menéndez Pidal, el zéjel es la forma arcaica de la glosa, sería innegable el origen árabe de la vidala.
Juan Alfonso Carrizo cita un zéjel del poeta gallego Pedro de Ponte que vivió en el siglo
XIII una e cuya estrofa dice: "¡En forte pont' eu fui nado/Señor por vos e por mi/ señor de corpo delgado/en forte pont' eu fui nado/ Que nunca perdí cuidado/ Nen afán, de que vos vi/ En forte pont'eu fui nado/ señor, por vos e por mí!
Como se puede observar, el estribillo se entremete en las estrofas formando una sola pieza con ellas, pues riman el primer verso con el tríptico monorrimo y el segundo con el cuarto.
La mudanza está constituída por una estrofa de 2 o más versos que pueden tener o no, medida uniforme.
Hay casos de vidalas con una sola mudanza, pero a menudo se organiza con varias estrofas que deben ser iguales entre si en cuanto a metro y acentuación.
La rima, así como el número de versos, el metro y el ritmo, es también la más bella manifestación de la libertad, afirma Nicandro Pereyra y cita a María A. Agüero que expresa: "Oh, voz libre, sin vaso, sin metro solo cabe en guitarras".
Por su parte Orestes Di Lullo sostiene que la vidala es una canción de Carnaval y que constituye lo que podríamos llamar el verdadero cancionero autóctono de Santiago del Estero.
De tres mil versos de vidalas que recopiló Di Lullo, solamente 44, señala Juan Alfonso Carrizo como de origen español.

La vidala y nuestros poetas
 "Vidala" de Dalmiro Coronel Lugones
Honda tristeza norteña/ que estremece el quebrachal / de donde viene tu canto/de donde tu soledad/ que dolor de raza vieja/ que angustia de salitral/ viene golpeando en tus cajas/ cuando llega el carnaval.
Tus coplas cardón herido/ poesía amarga de sal/ urpilas tristeza que gimen/ en la sed del arenal/ tus cajas lunas redondas/ con voz de polvareda l/gargantas mustias sedientas/ roncas de tanto gritar.
Pena nochera del chango/ que en monte callará/ cuando al alba las estrellas / se desmayen de soñar/ todo el noroeste dolido/entre drama secular/ toda mi tierra en tu canto/ estremecido andará.
Vidala, grito del hombre/ herido en su desvelar/ queja que rompe el silencio/ del bosque y del llanural / porque eres triste si naces/ anunciando el carnaval/ porque lloran las trincheras/ cuando escuchan tu cantar.

"La caja" de Dardo del Valle Gómez
Redonda como un vientre/ en las nueve lunas/ la caja es el pájaro dolido/ del hombre que canta/ mientras el rescoldo del verano/ le cuece los pucus/ y la vida silenciosamente/ le trepa por las carnes.
La caja es su nostalgia/es su ayer, su hoy/ es su mañana/es su madre, su novia/ es también su hermano.
Es el pan que tantas veces/ le niega la jornada/ la caja tiene una hostia/ en cada cara/ para que golpeen los cantores/ que quieren comulgar con la vidala.

Versos de Carlos Scheffer Gallo
"Con la caja aborígen en los cerros/ el tiempo está cantando tu alabanza/ el violín legendario de tu rio/ cuatro siglos enhebra en sus vidalas".

"Oyendo una vidala" De Marcos Figueroa
Se oye un aire triste/ cantan la vidala/ entre manos hábiles/ llora la guitarra/ y con sorda nota/ da el compás la caja.
Fue un hermoso tiempo/ cuando la escuchara/ por la vez primera/ una noche cálida/ mientras el silencio/ plácido reinaba.
Increíble queja/ honda y solitaria,/un candor plañía/ por la prenda amada/ queja sin consuelo/ de nativa traza porque se había perdido/ toda su esperanza.
Oh! el cantor venido/ de la selva intacta/ oloroso a flores/ de silvestres plantas/ tierna vidalita/ breve, humilde y casta/ del aroma íntimo/ como aquel que guarda/ junto a los caminos/ fresca flor de alava/ con tu ritmo ingenuo/ dejas añoranzas/ en la raza nueva/ por la muerta raza.
Tierra de leyendas/ tierra ardiente y llana/ madre santiagueña/ de fecunda savia/ llevan tus cantares/ miel, dolor y ansias/ cuando lo más hondo/ de tu entraña cantas.
Sigue el aire triste/ cantan la vidala/ entre manos hábiles/ llora la guitarra/ y con sorda nota/ da el compás la caja/ porque había perdido/ toda su esperanza.

"Romance a la vidala" de Alfonso Pocho Nassif
Himno agreste...trova errante/ médula del bosque inmenso/ tu queja es siempre la queja/ escondida en su secreto/ croquis vertical del pulso/ que a golpe dibuja versos/ el monte es solo el compás/ de la sangre y su recuerdo/ viene la voz de la estirpe/ en tiempo, noche y misterio/ voz del abierto a cuerdas/ surc o vital, sangre y cielo/ en la tierra enamorada/ que se alza en lamento y ruego/ sombra de un canto que llora/ alma de un rancho que es eco.
Saben del amor y el canto/ vibran de poemas y anhelos/ tum,tum,tum los llama adentro/ asi van los peregrinos/ viviendo adentro del pecho/ pulsando dos cueros hondos/ tras un fantasma andariego./ Y cuando el vino se canta/ al pie de algún sol moreno/ yo también voy por la noche/ por la emoción de mi pueblo./ Tenso temblor palpitante/ tanta queja, tanto sueño/ tum,tum,tum, como palpita/ tanto dolor en secreto./ Himno agreste...trova errante/ médula de un grito abierto/ llanto del norte sufrido/ sangre que mojará el cielo.

Santiago y su comarca embrujada. Atahualpa Yupanqui
"soy de la tierra de los calores/ donde florecen hermosas flores/ soy santiagueño, bésame sol". Reza el hombre su vidala .La selva es su templo, el arenal, la sombra del algarrobo o el desierto. Pero ahí está el hombre santiagueño durante 4 siglos esperando la hora azul de la tarde para colgar el fantasma de la soledad en lo alto de una copla: "Cuando se calla la tarde, me pongo a mirar el sol. Si ella me quiere pobre no soy".
La caja es la luna llena de la vidala .El tum,tum de la caja no es la resonancia de un mero golpe, dado con el solo objeto de fijar un ritmo. Quizás lo sea para el forastero, para el que oye desde afuera, para el que no tiene miel de palo y un hondo grito desesperado diluidos en la sangre. El son de la caja contiene el jadeo sublimado de la tierra.
Cuando nace el misterio de la vidala, nace el salmo ungido por los fervores más puros del alma humana. El hombre está rodeado de todas las lejanías necesarias para el advenimiento del canto.
Al levantar la caja hasta la sien, al casi reclinar su cabeza, para escuchar el ´primer sonido wque ha de orientar el tono cabal de su melodía; al sentir que se anudan en su alma todos los caminos, al tener conciencia de que la selva esta junto a él, como un altar apretado de nidos, de viejos mensajes, de abuelos en sombra, al ver que asoma la luz de la primera palabra de la vidala, el hombre sabe ya que está a punto de cumplir con todos los dioses que manejan el aire, la arena, el árbol, la luz y la sangre de su tierra.
Entonces sí, ya puede cantar abiertamente su copla.
Salavina, Sunchio Corral, Campo Gallo o Atamisqui, Troncal, Añatuya, Real Sayana o La Banda, Sumampa, La Cañada o Monte Redondo...Por los 4 rumbos de "La Comarca Embrujada" ruedan los ecos del tamboril vidalero.
Nadie puede debilitar su sagrada quejumbre, porque ella no es solamente un hombre y su tambor, sino el hombre y su universo, la criatura humana, apretada de miedos, de anhelos y fervores ,de amor y de humildad, ayudándose con la luz de su canto para contemplar el misterio del mundo, su propio misterio.
La guitarra-jaguel de soledades- se abrazó con el hombre en la magia de la vidala. Y muchos viejos quichuistas, algunos ciegos, ofrecían en la sobretarde del salitral o de la selva el tímido lloro de los violines, tocando una vidala, sin más palabras que las que musita el alma arrodillada de quien reza su canto "soncko icumpi"(corazón adentro).
Vidalas para el amor y la amistad, para el carnaval y el regocijo abundan en el cantar popular santiagueño.
El solemne temor del hombre-niño. Ese imponderable que, como las espina de la penca, vuela apenitas y se clava en la arena y desde ese momento ya es otra penca, ya es planta. Y ahí se queda. Hasta la muerte -cuando no- tiene sus vidalas.
Y son distintas según la hora. Entre alabanzas y liturgias transcurren las etapas de un velorio en el monte o allá en Salavina. Pero cuando la noche está cumplida, cuando hacia el naciente el cielo ya no tiene estrellas y empiezan a desmayarse los azules de la madrugada, las ancianas rezadoras organizan el ritual de la vidala.
Una voz solista llevará´ la responsabilidad del canto

"El canto del viento" de Atahualpa Yupanqui - 1965.
Me está quemando en el pecho/ la copla de la vidala/ y ando solo por el monte/ no tengo bombo ni caja.
La vida es todo caminos/ todo arenal y distancia/ y esta copla ensimismando/ mi corazón con su brazo.
Allá por sobre los montesa/ la luna redonda pasa/ ay si pudiera ayudarme/ ay, si la luna bajara.
Si la tuviera en mis brazos/ tendría la mejor caja/ para tinkiarla despacito/ mientras suelto la vidala.
Para cantarle a Mailín/ as Añatuya y La Banda/ a Herrera, Suncho Corral/ a Salavina y Barrancas.
Y andar por todo Santiago/ con una luna por caja/ después perderme en el monte/ buscando la Salamanca.-

Encuentros de vidaleros y quichuistas en Fernández
El encuentro de Vidaleros, Quichuistas y Artesanos, se realiza anualmente en la ciudad de Fernández, organizado por el grupo Sapyman (desde las raíces).
La idea surgió de un grupo de inquietos maestros que estudiaban quichua en los cursos dictados por la Profesora Ilda Juárez de Paz.
Estos encuentros datan de 1998 y tenía como objetivo, nuclear a todas aquellas actividades relativas a la música, a la lengua quichua y a las artesanías.
Lo valioso de esta experiencia cultural es que se ha re significado la figura del cantor y la cantora popular de vidalas.
Siempre visitan esta celebración, investigadores de universidades, atraídos por un interés etnográfico.
Mauricio Cucien, alumno de Leda Valladares, acude en busca de recopilar vidalas escondidas que luego vuelca a sus alumnos en Buenos Aires en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA.

Por Casilda Chazarreta aara El Liberal, 31 de julio del 2016
"Vidala habla por mi"
En la Estación de trenes del Ferrocarril Mitre de Fernández, donde se realiza el clásico Encuentro de Vidaleros, hay una pintura con el lema del encuentro: "Vidala habla por mi", obra de la artista plástica porteña Ana Candioti: "Vidala habla por mí, dale una explicacion, dile lo que siente mi corazón, siento que la quiero, mas no la puedo olvidar, me hace sentir, me hace soñar y también recordar, vidala: habla por mí".

Vidaleros santiagueños
El santiagueño tiene como identidad la música y el paisaje de su terruño. Cuando designamos música, hablamos de la música propiamente dicha, canto, baile y ejecución; y cuando hablamos del paisaje, nos referimos del amor a su hábitat, costumbres, ritos, leyendas.
Y a estos símbolos los ama, defiende y protege permanentemente, donde se reconoce y reafirma su cultura.
Nuestra geografía santiagueña, ha parido, pare y seguirá pariendo cultores en todos los rincones de su mapa.
Hemos explorado en archivos y en memoriosos y, se ha recopilado numerosos vidaleros de nuestro pago.
No hay un orden cronológico en su nominación, como tampoco intérpretes exclusivos, pero es obvio de mencionarlos porque fueron autores, compositores y actores de este canto auténticamente santiagueño.

Citamos:
Juan Pedro "El Ruso" Aguero: vidalero, trovero, autor, compositor del barrio Las Cejas. Toda su familia fue vidalera; sus hermanos Néstor y René integraron el conjunto Los Tobas.
A su casa frecuentaban figuras notables del folclore como Atahalpa Yupanqui, los Hermanos Díaz, los Hermanos Abalos y muchos más. Falleció el 24 de octubre de 1968.-
Manuel Antonio Banegas: vidalero con caja de Tala Pozo, padre de los afamados Coco y Horacio.
Pedro Evaristo Díaz: autor y cantor de vidalas que lució en su reducto gastronómico y símbolo folclórico "El Rincón de los Artistas".-
Sixto Palavecino: oriundo de Barrancas que, junto a sus hijos Rubén, Haydeé y Carmen, fueron autores, compositores de vidalas cantadas en quichua.-
Los Morochos Santiagueños: del barrio Huaico Hondo; integraban: Leandro "Ovejita" Guzmán que ejecutaba la armónica y Leopoldo González Neirot, vidalero con caja. Este último, fue tío del afamado Froilán González y pionero en la construcción de bombos.La zamba "Pa Santiago me voy" de Morenito Suárez alude a Don Leopoldo: "...que me traigan algún bombo/ esos que hace Don González/ en el barrio de Huaico Hondo".-
Juana Rosa Neirot de Gonzalez y Ramón Rosa González: vidaleros santiagueños con caja. Doña Juana, cuidaba de niños a los hermanitos Abalos, es decir que, el exitoso conjunto tiene que haber abrevado de corta edad las vidalas.
Marcelo Raúl "Machaco" Ábalos: integrante de Los Hermanos Ábalos, fue el cantor de vidalas del conjunto.
Julio Domingo y Andrés Roberto Ayunta: vidaleros, compositores e integrantes del Alero Quichua Santiagueño.
 Los hermanos Neirot: vidaleros de El Vinalar
Guillermo "Fatiga" Reynoso: vidalero, compositor y figura de Los Manseros Santiagueños.
Casilda Chazarreta: vidalera con caja, quichuista, difusora de nuestra cultura en Radio Nacional.
Los Basharos: músicos autodidactas oriundos de Pozo Grande a que caminaban 8 km. hasta Suncho Corral para hacer conocer su canto y lo integraban: Pepita La Ñaña vidalera con caja, Uki, Rafael y Adrián Leguizamón.
Dúo Suarez-Palomo: el más conocido dúo vidalero que ha dado Santiago a nivel nacional. Ejecutaban vidalas a 2 cajas, destempladas y canto a dúo. Eran casi perfectas sus interpretaciones que, Leda Valladares los invitó a un encuentro de vidaleros y bagualeros del norte argentino.-
Genibero Cáceres: vidalero sumameño que hacía contrapunto con Juan Orellana.
Nicolás Bravo: viejo poblador de Loreto, cantor de vidalas y estilos. Autor de "Pintu mayu sapi" y "La Ayunchera".
Martin Bravo "Gaucho Pobre": oriundo de Ventura Pampa, Villa Atamisqui, vidalero, coplero.-
Ángel Coronel: nació en 1876 en La Vuelta de la Barranca. Violinista y vidalero. Le dictó a Oreste Di Lullo más de 150 vidalas y trovas.
Los hermanos Ibáñez: famosos vidaleros bandeños que Pablo Raúl Trullenque los evoca en su escondido "Fiesta grande en Santiago".
Domingo Bravo: reivindicador del quichua santiagueño, investigador, catedrático, escritor, poeta, autor y cantor de vidalas.
Sebastián Barraza: vidalero bandeño.
Roberto Pajón: Vidalera con caja.
Pancha Gallardo: vidalera con caja.
Nelly Llorens: vidalera santiagueña con caja, madre de 12 hijos, 2 de ellos desaparecidos víctimas de la Dictadura.
Olga Bravo: vidalera, autora y compositora, esposa de "Fatiga" Reynoso. Nació en Rosario y criada en Atamisqui.
Julio Rodríguez Ledesma: vidalero atamisqueño, autor, compositor, escritor, conferencista, quichuista y difusor de nuestra cultura.
Ciríaco Contreras: vidalero quichuista salavinero.
Elpidio Herrera: autor, compositor, vidalero y luthier atamisqueño.
Luis Navarrete: vidalero nacido en Pampa Atun, Departamento San Martín el 25 de agosto de 1915, radicado en Estación Robles.
Pedro Miguel "Cala" Loto: vidalero, quichuista de Fernández, figura clave del Encuentro de Vidaleros de La Capital del Agro.
Albeto "Beto" Mansilla: Vidalero de Fernández, autor, compositor; Director de Cultura de esa ciudad y uno de los mentores del Encuentro de Vidaleros y Quichuistas. Líder del grupo La Greda.
Sapiman:(De nuestras raíces) agrupación que nació en 1996 en Fernández.
Corazón de madera: conjunto de Villa Salavina que estuvo integrada por Antuco Aguirre, Llamu Díaz, Mauro Díaz, Cirilo y Mario Aguirre.
Estanislao Barrera y Marcelo Coria: cantaban a dúo vidalas con caja en el viejo Loreto.
Hector Luján: vidalero de La Dormida que hacía dúo con su hija Norma y su hijo Arturo, según la ocasión.
Zenon Revainera: vidalero de Villa Atamisqui, que murió en el escenario de un festival interpretando una vidala.
Jesús y Francisco Gómez: vidaleros loretanos.
María y Antonia Sosa: vidaleras de Villa Atamisqui.
Rosario y Manuel Roldán Benavidez: notables vidaleros de Villa Atamisqui. Don Manuel es evocado en canciones y concurría habitualmente al grupo cultural La Brasa.
Domingo Revainera- Lastenia Castaño- Conrado Pérez- Miguel Urtubey- Emilio Peralta- Dionisio Escalada- Jerónimo Coronel- Bautista Carabajal- Juan Y Manuel Persalta: todos vidaleros atamisqueños.
Humbi Contreras- Llamu Diaz- Dolores "Niño" Coria: todos vidaleros con caja de Salavina.-
Antuco Aguirre Y Mauro Díaz: vidaleros violinistas salavineros.
Carlos Roldán: vidalero con bombo de Villa Salavina.
Los Fogoneros: conjunto santiagueño que integraron: José "Sori" Díaz, Guillermo Orellana y Carlos Orieta.
Duo Aleromanta: Guilli Orellana y Cristian Verduc, santiagueños.-
Dúo Quichuamanta: Marcelo Salvatierra y Cristian Ramón Verduc, santiagueños.-

A todos estos cultores, agregamos los siguientes: Fidel Fernández- Mauricio Navarrete- Maga Ledesma- Isidoro Sayago- Ciriaco Correa- Antu Ibáñez- Primitivo Guzmán- Ramiro Orellana- Darío Álvarez- Lucho Corvalán- Aldo Juárez- Titi Bustamante- Bernardina Sayago- Justo Pastor Cisneros- Las Cantoras Con Caja- Ramón Piri Leguizamón- Luis Pishquín Rodríguez. Valentín Pajón- Jose Marcelino Ruiz- Luis Antonio Jerez- Graciela Bravo.


miércoles, 5 de octubre de 2016

Un luthier santiagueño suelto en Alemania

Leo Lospennato

Alemania, las guitarras, el salchichón primavera

Para ser santiagueño, Leo Lospennato lleva una vida movediza. Se recibió de ingeniero, pero fabrica guitarras. Lo identifican como luthier, pero mientras tanto él escribe libros. En cuanto lo reconocen como escritor técnico, ahí nomás se pone a escribir una novela. Ahora vive y trabaja en Berlín, un lugar lejos del pago, pero al que también llama su hogar. Aqui cuenta su experiencia, su mirada sobre lo que encontró y lo que dejó atrás.
-¿Qué es lo que más se extraña de Santiago?
-La gente, por supuesto. Mi padre y mis amigos. Al resto de mi familia también, que andan desperdigados por el mundo. Parece que somos inquietos ya por tradición familiar.
-¿Y después?
-La comida. Los lomitos, el locro, y el aquél legendario cuádruple de Sossego’s que venía hasta con palmitos y salsa golf. Pero me parece que en ese caso estoy extrañando otro tiempo, no otro lugar.
-¿También se extraña el incomparable azul del cielo, el chipaco y el moroncito?
-Obviamente. Lo único que me alegro haber dejado atrás es el calor, a pesar de que el invierno allá dura cinco meses.
-¿Cuál era su actividad en Santiago?
-Mi primer trabajo fue en el Nuevo Diario, mientras estudiaba. Es una época de la que tengo hermosos recuerdos, en particular el “Santiagueñazo” de diciembre de 1993. Vivirlo desde adentro de un diario fue una experiencia inolvidable. Luego me recibí y allí empezó la búsqueda de nuevos horizontes: me fui a trabajar en la IBM. La lutería profesional estaba lejos; en aquellos tiempos todavía me ocupaba de las computadoras.
-¿Por qué se radicó en Alemania?
-La crisis del 2001 fue el catalizador. Durante los disturbios y saqueos de aquellos días me bajaron del auto con una pistola en la cabeza para robarme todo. En ese momento decidí que no quería vivir más en esa “Ciudad de la Furia” que es Buenos Aires. Así que me fui a la tierra de mis ancestros: a Italia por un año, y luego a Berlín, por razones profesionales.
-¿Cuándo se le dio por las guitarras eléctricas?
-Empezó como un pasatiempo, cuando era chico. En las guitarras encontré la unión de varias cosas que me apasionan: el arte, el di-seño, y la tecnología. Dicen por ahí, que el mejor trabajo que existe es lograr que te paguen para hacer tu hobby. Y curiosamente, también encontré el hobby dentro del hobby: escribí dos libros que se volvieron seminales en la materia, así que ahora además de lutier también trabajo como escritor. Lo que más me gusta, en realidad, es trabajar independientemente, cometiendo mis propios errores y aciertos, libre de jefes y de subordinados. Claro que eso me obliga a ser un hombre orquesta: soy ordenanza, diseñador, gerente, cocinero, jefe de redacción y cadete. Todo junto.
-¿Sabe y puede fabricar guitarras españolas?
-Algún día me daré el gusto de hacerme una para mí. Pero la construcción de guitarras clásicas sigue reglas muy precisas, porque está muy ligada a cuestiones acústicas y a una larga tradición. Las guitarras eléctricas, en cambio, suenan por acción de un micrófono, lo que me da libertad para crear formas originales y usar materiales innovadores.
-¿Sabía que en Tucumán existe una escuela de luthería desde hace muchísimos años? ¿Habría estudiado ahí en vez de estudiar ingeniería en computación?
-Sí, claro, tuve la ocasión de visitar esa escuela hace ya casi 30 años, durante mi primer año de universidad. Ni se me cruzó por la cabeza cambiarme de carrera, no sé por qué. Igual, no me arrepiento de lo que hice; me arrepiento de las macanas que me mandé en la vida por inacción, más que nada.
-¿Cuál es el grupo o el guitarrista más famoso que haya adquirido uno de sus instrumentos?
-Sin dudas la banda “Kontrust”, una de las más reconocidas de Europa en este momento. Hay varios videos en YouTube; tocan vestidos con trajes tradicionales austríacos pero la música es muy rockera, lo que causa un efecto muy original. Para ellos hice un bajo y una guitarra.
-En cuanto a precios, ¿en qué rango están sus guitarras? ¿Baratas, caras, inaccesibles?
-Hay dos formas de encarar un negocio: ofrecer la mejor calidad, u ofrecer el mejor precio. Y el mejor precio en este negocio lo tienen las fábricas en China, Indonesia, y otros países del lejano oriente que producen guitarras de a millones, pero con una calidad apenas acorde con ese precio bajo. Pero este lutier solitario, crecido en el barrio Autonomía y recibido en la Escuela Industrial, ¿qué puede hacer para competir? Yo no tengo fábricas, ni empleados, ni un departamento de marketing. Entonces mi única opción es apuntar a fabricar las mejores guitarras del mundo, pero pocas y caras. Ojo, la calidad no es solamente una cuestión de talento: es, antes que nada, una decisión de negocios. Es un mercado difícil, porque tengo muchos colegas que hacen cosas maravillosas, en muchas partes del mundo. Pero de última prefiero competir contra ellos y no contra una mega-empresa que destruye los bosques con la tala y contamina los ríos con desechos.
-¿Y cómo se asegura de que sus guitarras no hagan precisamente eso?
-Trabajo con maderas certificadas, sin riesgo de extinción, provenientes de bosques renovables. Todo lo hago minimizando descartes y reciclando de acuerdo a las leyes ecológicas locales. Hasta el servidor que hospeda mi sitio web funciona con energías renovables.
-¿Construye a pedido o primero fabrica un instrumento y luego lo pone a la venta?
-No me gusta vender, por eso trato de hacer instrumentos que se vendan solos. Lo primero es diseñar algo totalmente único, inhallable en cualquier otro lado. Luego lo construyo, y se lo mando a mi distribuidor en Estados Unidos para que se ocupe de venderla, así puedo seguir con lo mío: hacer más guitarras y escribir más libros.
-Dígame por qué tengo que comprar una tuya y no de otro lutier cualquiera.
-Tenés que comprar una guitarra mía porque te enamoraste de ella. Si te enamoraste de la guitarra de otro lutier, comprate ésa otra. Una guitarra es algo que se lleva puesto, casi. A diferencia de otros objetos de la vida diaria, un instrumento musical está en contacto con tu cuerpo, y vibra con él. Además, para el músico profesional la cuestión es otra: ¿Por qué comprar una Gibson o una Fender igualita a la que tienen todos, igualita a todas las copias truchas que vienen de China, si por casi la misma plata te puedes comprar un instrumento hecho por un lutier, en colaboración con vos, a medida para vos? Un instrumento original es muy valioso para un músico, porque lo ayuda a diferenciarse del resto, a forta-lecer su identidad tonal, visual, y artística.
-Bueno, ya que es también escritor, deme sus mejores consejos para escribir bien.
-¿Consejos?
-Sí.
-No tengo. Bukowski sí tiene. Él dice que no hay que escribir; que a menos que las palabras te salgan del alma como un cohete, no hay que escribir nada, que todo se escribirá por sí mismo cuando llegue el momento. Dolina dice lo opuesto: hay que empezar como sea, incluso con una mala idea; si no, las buenas ideas no llegan nunca. No sé cuál de los dos tiene razón.
-¿Facebook fue un adelanto en su comunicación con Santiago o una pérdida de tiempo?
-Metáfora extraña: al Facebook yo lo comparo con un cuchillo de cocina. Con un cuchillo vos puedes cometer un crimen o puedes preparar un locro de antología: todo depende de cómo lo uses. La web me permite estar en contacto con mi familia y mis amigos, lo que de otra manera sería imposible. Es más: la web se ha vuelto un recurso central en mi negocio. Pero creo que la clave está en usarla como facilitadora del contacto humano, y no como sustituto del mismo. En la web no puedes compartir un café con un amigo, no puedes hacer el amor, no puedes darle un abrazo a un ser querido. Es una herramienta nomás, no es la vida misma.
-¿Conoce a muchos santiagueños que vivan en Alemania?
-Aquí tengo tres o cuatro amigos argentinos. Santiagueños en Berlín todavía no he encontrado. Pero, aunque no sean santiagueños igual saben hacer ricos asados, con carne argentina y todo. Y en mi casa se hacen las mejores empanadas que se consiguen desde Islandia hasta el Mar Mediterráneo. Pero de vez en cuando nomás, porque es mucho trabajo.
 -¿Está casado con una argentina o con una alemana?
-Estoy casado con una argentina, con una italiana, y con una (próximamente) alemana. No es poligamia: al igual que yo, mi esposa tiene varias ciudadanías. Andrea es politóloga, y dirige una organización que capacita activistas por los derechos humanos en el uso de tecnología para contrarrestar la persecución del Estado en países con gobiernos totalitarios.
-¿Es difícil adaptarse a Alemania, o después de aprender el idioma todo es más fácil?
-El idioma es la principal barrera. En Italia, luego de un año ya me preguntaban: “¿Y vos, de qué parte de Italia sos?” Había algo raro en mi acento, pero no me identificaban como extranjero. Claro, el italiano es un idioma hermoso, y relativamente fácil de aprender. El alemán es otra cosa. Alguien decía que el alemán no es un lenguaje, sino una conspiración contra la humanidad. Hace ya 13 años que vivo acá, y todavía estoy aprendiendo este idioma maldito. Lo más gracioso es que con mi médico, con mi abogado, y con mi asesor de impuestos hablo sin problemas; el problema lo tengo en la panadería y con el portero de casa, porque me hablan en dialecto berlinés y se me escapa la mitad de lo que dicen.
-¿Los alemanes son tan fríos y distantes como dicen?
-Los alemanes no son fríos, pero son protocolares. Tienen una fuerte tendencia a hacer lo correcto, a seguir las reglas. Por eso la “gauchada” es una cosa relativamente rara. Uno llega corriendo a la parada del tranvía, y el chofer te ve venir por el espejo retrovisor, pero igual arranca y se va. No lo hace de maldito: lo hace porque allá todo sigue un procedimiento, y el tipo no puede retrasar a todo el pasaje demorándose un minuto de más para esperarte. Si llegaste tarde a la parada, es un problema tuyo. El lado positivo es que, como todo funciona ordenadamente, sabes que en cuatro minutos llega puntualmente el próximo tranvía, porque el chofer de este nuevo tranvía tampoco se demoró esperando a nadie. Distinto es con alguien en silla de ruedas, por ejemplo: ahí el chofer se baja, extiende la rampa, lo ayuda a subir, etcétera. Pero estoy seguro de que esas demoras ya las tienen calculadas en el esquema de recorridos, y el gesto no es visto como solidaridad, sino como lo que corresponde hacer. En Alemania se deja poco librado a la improvisación: todo se planea y se ejecuta lo mejor posible.
-¿Qué diría si oye que alguien dice “¡Tanto tiempo, chincanqui!” y resulta no era para usted el saludo?
-No podría decir nada, por la sorpresa. Si llega a pasar, ojalá que alguien me saque una foto justo en ese momento. Te juro que la pongo como foto de perfil en mi Facebook.
-¿Qué sabemos los santiagueños de los alemanes y en qué estamos equivocados cuando pensamos en ellos?
Un amigo porteño me preguntó una vez qué hacía yo en Alemania, un lugar que él creía lleno de nazis, perros ovejeros y policías grandotes. Imagen errónea, por supuesto. Es cierto que todavía quedan algunos nostálgicos de los peores tiempos, pero es una actitud que la sociedad no tolera más: aquí cualquier apología fascista o nazi te puede valer hasta cinco años de cárcel. Vos sabes que mi hermano vive en Colombia. Una vez me dijo: “Bogotá es una ciudad muy segura: puedes andar tranquilo por la calle porque hay policías con ametralladoras por todos lados”. Y yo pensé que no, que en realidad estar seguro es andar tranquilo por la calle sin necesidad de que haya ningún policía armado en cada esquina. Eso sí, si llamas a la policía, aparecen en tres minutos. Otro ejemplo: una vez en la calle sentí un dolor repentino en el pecho; llamé a la ambulancia y me quedé esperando sentadito en la vereda. Resultó que no era nada serio, pero ocho minutos después del llamado ya me estaban haciendo entrar en la sala de emergencias del hospital más cercano, acostado en una camilla. Como te decía antes, la clave de Alemania es que todo, todo funciona.
-¿Qué ha aprendido de los alemanes, algo que usa en su vida diaria?
-Esa preocupación por hacer las cosas bien, sea lo que sea que hagas. No importa si sos barrendero o neurocirujano: vos tienes que hacer bien tu trabajo, y basta. A veces son un poco irritantes con esa obsesión, pero creo que a la larga es positivo. Y otra cosa interesante: la política no está presente en la vida diaria, como pasa en Argentina. Nadie me habla de política, nunca, para nada. Me hablan de otras cosas. Me hablan de cine, de arte, de deportes, del clima. A veces salen en la charla los grandes temas nacionales, como los refugiados de Siria o el terrorismo internacional. Pero no se arma polémica. Nadie se mete en tu vida privada, tampoco; a nadie le importa qué auto tienes, si sos gay o no, o de qué marca es tu reloj. Se respeta mucho al otro. Piropear, insultar, hablar fuerte por el celular en público... son todas cosas vistas como fuera de lugar. Y tampoco existe el chismerío, tal vez como consecuencia de haber sufrido los ciudadanos en carne propia el espionaje del Estado, tanto durante el fascismo como en los tiempos de la Guerra Fría.
-¿Piensa volver y radicarse en la Argentina o en algún lugar de América?
-En 1930 mi abuelo dejó Europa para irse a Buenos Aires; en 1970 mi padre dejó Buenos Aires para irse a Santiago; en el 2000 yo dejé todo eso y terminé en Europa, cerrando un círculo que me llevó a encontrar mi lugar en el mundo. Siempre voy a llevar a Santiago y a la Argentina en el corazón, siempre serán mi pago querido, pero lo que yo llamo “mi hogar” está del otro lado del océano, en Berlín.
-Entonces, sin vueltas: ¿Qué es al final?, ¿santiagueño o alemán?
-¿Soy santiagueño? Por supuesto. Pero eso no es lo único que soy. Ser argentino, ser varón, ser bautizado católico... esas son todas cosas que me tocaron ser. Pero ser lutier, ser viajero, escritor, ser esposo... esas son las cosas que yo hice de mí mismo, y por lo tanto son las cosas que realmente me definen.
-¿Qué es lo primero que hará si vuelve a Santiago alguna vez?
-Ir a la despensa de mi padre sobre avenida Alsina, entrar con cara seria, y pedir cien gramos de salchichón primavera y una bilz Secco. Para ver la cara que pone, nomás.
-Última: ¿Cómo se dice “Santiago del Estero” en alemán?
-Se dice “Sankt Jakob an der Flussmundung”. Ahora, cómo se dice “cien gramos de salchichón primavera y una Bils Secco”, eso sí que no sé.

Brevísimo manual del santiagueño trotamundos
-¿Qué es lo primero que le recomendaría que haga a un santiagueño que va a Alemania a quedarse?
1) Irse bien. Si es posible, arreglar un retiro voluntario en el trabajo actual, de modo de crear una reserva de dinero. En cualquier caso, hay que irse expresando tu gratitud por la oportunidad que te dieron. Uno nunca sabe cuándo puede desandar camino.
2) Llegar bien. Asegurarse de tener los papeles en orden para quedarse a donde sea que llegues: tener ciudadanía o permiso de estadía, y luego obtener la residencia. Son trámites complejos, que demoran mucho, pero sin eso no tienes chances de quedarte. Cuidado con los “gestores” que prometen resultados y después desaparecen con la plata.
3) Aguantar bien. Llevar una reserva de dinero para mantenerse por al menos 6 meses sin trabajar.
4) Aprender el idioma antes de irse. O irse a un país hispanoparlante.
4) Tener un plan de contingencia. Contactar a alguna comunidad allá que ayude a los inmigrantes. No cualquier conocido o comprovinciano, sino gente especializada en el tema. Y de última, comprar un pasaje con el regreso abierto, o mantener siempre una reserva extra de dinero para comprar un pasaje de vuelta. En el peor caso, si las cosas no van como uno esperaba, se puede volver y tal vez intentarlo de nuevo más adelante.
©El punto y la coma.

martes, 2 de febrero de 2016

Andrés Chazarreta y Walt Disney

En el hotel Alvear de Buenos Aires
La fotografía, el documental, la crítica

Fotografía tomada en 1941 en la terraza del hotel Alvear Palace, cuando Disney y su grupo recorrieron nuestro país durante el rodaje de un documental, los amplificó y desde allí eligió los puntos de referencia para ir reconstruyendo cada detalle de la travesía en un documental muy bien recibido por la crítica, cuyo estreno en la Argentina es una incógnita.

Del contacto con figuras del espectáculo como el Profesor Chazarreta y su compañía de músicos y bailarines, nacieron poco después dos exitosos largometrajes: Saludos amigos , de 1942, y Los tres caballeros, de 1945. En la fotografía puede apreciarse a Walt Disney bailando una zamba junto a Anita Chazarreta (h) y de fondo la orquesta dirigida por Chazarreta.
(Toma aportada por Adriana Lizondo),

sábado, 9 de enero de 2016

Estudios folklóricos: justificación y exégesis

Portada del libro.
Prólogo de “El folklore de Santiago del Estero a través de sus estudiosos”, de Amalia y Hugo Martínez Moreno
Hebe Luz Ávila

Escribir el prólogo de un libro de Amalia y Hugo Martínez Moreno significa un privilegio que, en mi caso, sólo se puede explicar en esa larga y acrisolada amistad que ambos mantuvieron con mi padre y que, extendida a las familias, tuve la suerte de heredar.
Representa, también, una gran responsabilidad: ¿Qué puedo decir yo que no desmerezca al lado de su ingente obra?  Sólo se me ocurre ser fiel a mí misma, tratando de hacer docencia, es decir explicando por qué se estudia el folklore y cómo surgen y se desarrollan estas investigaciones, de manera que pueda resultar un aporte a sus lectores.
Si bien el nombre folklore y el tratamiento científico de estos estudios son nuevos, el objeto existe desde los comienzos de la humanidad, a la vez que en todo el mundo el material folklórico se refleja en la literatura y en las artes representativas.
Ya el mismo Homero, en su Ilíada y su Odisea, habría actuado como Juan Alfonso Carrizo o nuestro Orestes Di Lullo, es decir recolectando cancioneros tradicionales, de los que extrajo los personajes y las historias que narrara. En todos los pueblos ocurre lo mismo: Así, en la España de 1335, los Enxiemplos del Conde Lucanor, recogidos por el Infante Juan Manuel; o en la Inglaterra de 1360, los Cuentos de Canterbury, de Chaucer; lo mismo que el Decamerón de Boccaccio, en la Italia de 1351.
La tarea de recolectar y estudiar la materia que hoy llamamos Folklore comienza cuando el hombre toma conciencia del enorme y rico caudal de tradiciones de sus pueblos. Surge así la inquietud por conocer su pasado y perpetuar sus testimonios.
En aquel culto al saber popular, un aspecto privilegiado es la importancia que se le da a la Paremiología (estudio de refranes, dichos, proverbios y frases populares), que ya la encontramos en Aristóteles, en la Antigua Grecia del s. IV a. C.
En España, el Marqués de Santillana cumple similar función con su Refranes que dicen las viejas tras el fuego, de 1440.
Siempre servirá, también, en la conformación de los países y la consiguiente necesidad de sostenerse en tradiciones que les son auténticas.  Así, en la España de los Siglos de Oro, dominada por la Inquisición, y ante la necesidad de borrar la influencia de musulmanes y judíos, se privilegia la cultura del cristiano viejo, heredero de la tradición hispanorromana. Se recopilan, entonces, romances, canciones, villancicos, lo mismo que proverbios y refranes.
Igualmente, con el Renacimiento y Humanismo, el conjunto de países que conformaban Italia se consideraban de pasado más ilustre, pues allí había nacido el Imperio romano. Así, surgió un gran interés por rescatar ese pasado, con un consiguiente “movi-miento anticuario”, representado principalmente por la obra de Giambattista Vico, que en 1710 publicara De antiquísima Italorum sapientia (Sobre la antiquísima sabiduría de los ítalos).
Más cercano en el tiempo, el movimiento romántico tiene como idea central la afirmación del nacionalismo y un consiguiente interés en el desarrollo de las lenguas nacionales y tradiciones locales. Se intenta recoger todo lo que corre peligro de desaparición. De esta manera, podemos considerar folkloristas, aun sin conciencia de ello, a los hermanos Grimm, quienes por toda Alemania acopian cuentos y leyendas, que publican en 1812. Lo novedoso de su aporte es que, al compararlos con los de otras partes del mundo, descubren un fondo común en los temas, tanto en mitos clásicos como en leyendas europeas y hasta en los países orientales. Comprobar que estos tesoros culturales hayan pasado de unos pueblos a otros significará, en cierto modo, el comienzo de la formación de la ciencia del folklore. Febrilmente esta actividad se expande por otros países de Europa, de modo que a mediados del s. XIX  las revistas literarias recolectan gran parte del saber popular: no sólo cuentos, sino también supersticiones y hasta tradiciones, que se designan como Antigüedades Populares o   Literatura popular, y que  William Thoms propondrá que se denominen  Folklore en la consabida carta de 1846.
De esta manera, será característica del s. XIX una declarada inclinación colectiva hacia lo popular y tradicional y, como reacción contra los excesos del frío intelectualismo de la era iluminista y neoclásica, surgirá el interés hacia lo rústico y espontáneo, así como por lo legendario y lo anónimo. La palabra ya estaba creada. De allí, con la recolección y estudio sistemáticos de esos fenómenos, había solo un paso al surgimiento de la ciencia llamada Folklore.
Otra circunstancia que favoreció la formación de esta nueva ciencia fue el auge del cientificismo, que tuvo sus aplicaciones en el mundo colonial y sus sorprendentes nuevas realidades. Si bien los primeros en ocuparse de temas del hoy llamado Folklore fueron los hombres de letras, cuando lo hacen los científicos amplían su campo. De ahí el nacimiento de la Sociología, la Etnografía, la Etnología, la Antropogeografía, la Etnolingüística y otras que vendrán en poco tiempo, hasta la Semiótica y la Psicología social, todas - como también la Historia y la Geografía- auxiliares de la ciencia del Folklore.
En nuestro país, los estudios folklóricos comenzaron a fines de 1800, con la multifacética generación del 80, y con una práctica que tendrá vigencia hasta por lo menos la década del 70 del siglo XX.  El contexto histórico que justifica sus inicios se caracteriza por el proceso de modernización de finales del siglo XIX y - muy especialmente - la ingente inmigración, con su consecuente transformación cultural. Esto producirá un movimiento de revitalización de lo rural como reservorio de valores identitarios en crisis. Por otra parte, la incorporación de nuevos territorios (como la Patagonia y Chaco) provocará una reconfiguración del país, e incentivará viajes “interiores” exploratorios.
Un primer movimiento tradicionalista se da con la llanura pampeana como escenario y con carácter gauchesco, simultáneo a la aparición del Martín Fierro (1872-1879) de José Hernández, con el circo criollo, las payadas públicas de contrapunto y la primera recopilación tradicional, de Ventura R. Lynch en 1883, reeditada en 1925 bajo el título de Cancionero bonaerense.
La segunda corriente tradicionalista tendría su escenario en el noroeste argentino, con nuestro Andrés Chazarreta y su valioso trabajo de recopilación musical, en las primeras décadas del siglo XX, tarea enriquecida por Ma-nuel Gómez Carrillo.
Ya en esta región originaria del país se habían dado lo que podríamos llamar trabajos inaugurales de los estudios de folklore, con Samuel Lafone Quevedo y su Londres y Catamarca, en 1888, Juan Bautista Ambrosetti, con Supersticiones y Leyendas, pu-blicado en 1917, pero que reúne trabajos de 1893, y Adán Quiroga, con su Folklore Calchaquí, de 1897.
Poco después, en el siglo XX, la consolidación del Folklore como ciencia tiene sus causas en el Centenario y su proyecto estatal de rescate bibliográfico, investigación y procesamiento de las producciones literarias conside-radas autóctonas. Más adelante, los estudios folklóricos se verán favorecidos con la conformación del pensamiento nacionalista y el posterior surgimiento de movimientos políticos de masas como el yrigoyenismo y el pero-nismo.
 En cuanto a la publicación de cancioneros populares, tendrá su figura tutelar en Juan Alfonso Carrizo, que comienza en 1926 con la publicación de su Cancionero popular de Catamar-ca y continúa con lo podríamos llamar el mapeo de la literatura popular de la región, como la de Salta, Jujuy, Tucumán y La Rioja.
 Por entonces será nuestra comarca a la que la nación en formación considere como reservorio de la cultura tradicional. Ésta es la zona más antigua, de pervivencia de lo autóctono, es decir lo auténtico, frente a los espacios nuevos Y sobre todo, la menos contaminada por la inmigración que, en aquellas primeras décadas del s. XX, había transformado la región del Plata en una Babel.
Y será un ilustre pensador santiagueño el que influya principalmente en el pensamiento nacional. Efectivamente, Ricardo Rojas, en La restauración nacionalista (1909), expone su programa: “Necesitaremos igualmente reconstruir todo nuestro rico folclor (sic), provincia por provincia, comarca por comarca”.
 Del cumplimiento de esta premisa va a depender la supervivencia como nación: “Si el pueblo argentino (…) abdica de su personalidad e interrumpe su tradición y deja de ser lo que secularmente ha sido, legará a la historia el nuevo ejemplo de un pueblo que, como otros, fue indigno de sobrevivirse, y al olvidar su pasado renunciará a su propia identidad.”
Con esta breve reseña de situaciones anteriores al desarrollo de los estudios folklóricos en Santiago del Estero, espero haber contribuido a preparar el terreno para la lectura de este libro, refiriendo escuetamente (como corresponde a un Prólogo) por qué se estudia el folklore y cómo surgen y se desarrollan estas investigaciones. Me queda señalar que fueron hechas con pasión, y llevadas a cabo generalmente con gran sacrificio por los investigadores que, junto a su obra, aquí se nombran en merecido homenaje.
Amalia Gramajo y Hugo Martínez Moreno son los continua-dores hasta nuestros días de estos grandes estudiosos – y rescatadores- de lo auténtico de nuestra cultura ancestral. Con su infatigable labor, ellos no sólo enriquecieron el caudal de lo investigado, sino que hoy cierran su larga trayectoria con este libro justiciero.
Para terminar, mi subjetividad me lleva a traer la palabra de un apasionado de la ciencia folklórica que descubrí hace poco tiempo. Alguien a quien la reciente lectura de sus libros – desde las primeras páginas- me llenó de admiración y entusiasmo. Me refiero a Tobías Rosenberg, de significativa actuación en la vecina Tucumán, creador y presidente de la Asociación Tucumana de Folklore, y cuya revista dirigió desde 1950.
De él rescato esta exacta descripción de los estudiosos protagonistas de este libro que prologo:
“El recopilador de folklore es el héroe olvidado de nuestra ciencia. Su labor, muchas veces ingrata, no ha sido valorada aún en toda su significación, y junto a él, a veces en un mismo individuo, trabaja el erudito; el investigador que, con los materiales en mano, discrimina, compara, analiza y llega así a los elementos primigenios de la cultura. Uno y otro son los que cubren el área del auténtico Folklore, que es brindado luego al poeta, al escritor, al artista para su posterior labor creadora.”
©El punto y la coma y la autora.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Guillermo Renzi, zar de la cinematografía del norte

Guillermo Renzi
Guillermo Renzi fue el propulsor del gran desarrollo del negocio de los cines, tanto en en Tucumán como en el resto del norte. Fundó la Compañía Cinematográfica del Norte. Nació en Italia, se radicó en Santiago del Estero y murió en Buenos Aires, en 1953.
Alberto Horacio Elsinger

"Solo triunfa en el mundo quien se levanta y busca a las circunstancias, creándolas si no las encuentra".
La frase de George Bernard Shaw, escritor, crítico y activista político irlandés, define la personalidad del empresario italo-argentino y santiagueño -por adopción- Guillermo Renzi.
El pionero de las proyecciones cinematográficas al aire libre, en la segunda década del siglo pasado, y propulsor del gran desarrollo del negocio cinematográfico no sólo en esta provincia sino también en el norte, construyó un auténtico emporio a partir de esa exhibiciones a la intemperie.

De Rímini a la "Madre de Ciudades"
Sin embargo, el concepto del literato irlandés -ganador del Nobel de literatura (1925) y del Oscar (1938), por el guión de "Pigmalión"- no puede obviar la paradoja de que, esa notable evolución de la industria del celuloide en nuestra provincia, se originó en la vecina y hermana provincia.
Antes de la primera guerra mundial (1914-1918), según los archivos de La Gaceta, "el entonces niño Guillermo, nativo de Rímini -en la región de Emilia, Italia- antes de iniciarse el siglo XX se radicó en la ciudad "Madre de Ciudades", junto con sus hermanos Ricardo y María. Todos habían emigrado desde Europa.

Voluntad férrea
Cuentan quienes conocieron o integraron el entorno de Renzi, que para el denominado "zar" de la cinematografía del noroeste argentino, no había dificultad que lo abatiera. No sólo fundó sino también construyó, administró, arrendó y transfirió, a través de la empresa que formó -primero conocida como Compañía Cinematográfica del Norte y luego Cinematográfica del Norte Sociedad Anónima- numerosas salas o cines del Noroeste y hasta de Buenos Aires, Rosario y Córdoba.
Tampoco eran pocos quienes lo consideraban un hombre de voluntad férrea. "Todos los caminos le resultaban cortos cuando trataba de imponer alguna de sus iniciativas", dice la necrológica publicada por nuestro diario, en la edición del 13 de febrero de 1953 al día siguiente de su fallecimiento en Buenos Aires.

Emprendedor y visionario
"Renzi fue el primero en comprender, entre los empresarios de su época, que la expansión del cinematógrafo, en el aspecto orgánico de su explotación, representaba no sólo una ventajosa inversión económica sino también una interesante expresión de cultura popular de extraordinarias proyecciones", comentó alguna vez el doctor Antonio Castiglione.
El primer trabajo, en Santiago -donde cursó la escuela primaria y aprendió a leer y escribir en castellano-, del cinéfilo emprendedor fue en el aserradero de don Eugenio Billoni. En esa época, el abuelo del luego gerente de la Compañía Enrique Billoni, era proveedor de durmientes al ferrocarril.
"Don Guillermo era un apasionado de la electricidad y la mecánica -no solo leía textos al respecto sino también se capacitó en ese rubro-, abrió un negocio de artículos e instalaciones eléctricas de todo tipo, en un local frente a la plaza Libertad de la capital santiagueña. Más tarde amplió el negocio con otro local, en Libertad 927. Poseía la mejor casa del ramo. Por entonces ya se había erigido en uno de los técnicos más competentes de la capital santiagueña", destacó el autor de "Comienzo y extensión del Cine en el Noroeste", en la primera parte de la Etapa de Oro.
En Frías, mientras Renzi se consagraba a otros trabajos, efectuó la primera perforación en procura de agua para la población. Antes había efectuado el mismo trabajo en La Banda, con idénticas finalidades. Fue también en Frías donde instaló la primera usina eléctrica para proveer de alumbrado a la población. Diez años más tarde vendió las instalaciones a la compañía Sudamericana de Servicios Públicos.

Primer contacto con el cine
En la segunda mitad de la primera década del siglo pasado Renzi se vinculó con la construcción del teatro 25 de Mayo, de Santiago del Estero. Ya se había constituido como empresa de artículos e instalaciones eléctricas Guillermo Renzi. Ganó la licitación para la confección e instalación de los tableros eléctricos de comando, reflectores y otros artefactos de esa sala. Después colocó las instalaciones de la biblioteca Sarmiento.
Según el diario El Liberal, la iniciación de don Guillermo Renzi en el negocio del cine la realizó en la capital santiagueña, en un zaguán de la casa de José M. Romero. Más tarde continuó en otro galpón... Después Renzi junto a Fortunato Molinari y Vicente Edipo armaron una empresa para arrendar a don Pablo Mazure el cine teatro 25 de Mayo. Financieramente el negocio no prosperó y la sociedad se desarmó. El empresario siguió en el rubro y después de un largo tiempo pasó a explotar el Petit Palais. Ese fue el primer paso para erigir un auténtico emporio que desembarcó en Tucumán.
PRIMERAS NUPCIAS. Guillermo Renzi se casó en primeras nupcias con Bruna Osimani Quadrelli. Ella también era italiana, nacida en el pueblo de Camerano, en la provincia de Ancona, en la región Las Marcas. Pero de este matrimonio no hubo descendencia.
SIN ACENTO. "Don Guillermo se hizo tan santiagueño que no se le notaba su origen italiano. No tenía acento al hablar. Le resbalaban las ´eses´. Además, siempre consideró a Santiago del Estero su patria chica", cuenta Billoni en sus memorias sobre la Compañía.
DISTRIBUIDORA. En 1926, Renzi fundó la primera distribuidora de películas del noroeste. La North Argentina Films e instaló en Tucumán, en 24 de Septiembre al 400, frente a la plaza Independencia. Contrataba películas en exclusividad y a precio fijo para todo el norte.
LA MUERTE. El zar cinematográfico del noroeste murió en Buenos Aires, luego de ser sometido a una intervención quirúrgica, por un afamado cirujano. El 12 de febrero fue velado en la capilla del sanatorio porteño. Solo Billoni y Francisco Gramajo lo velaron durante la noche. Luego fue trasladado a Salta y desde allí a Tucumán.
La última morada. Los restos del pionero del negocio del cine en la región fueron sepultados en el mausoleo del Cementerio del Oeste -junto al féretro de su primera esposa-, que el propio Renzi había mandado a construir en 1948.
INCENDIO. En la madrugada del 11 de octubre de 1937, consigna El Liberal, se incendió el Petit Palais. Se destruyó totalmente y nunca se pudieron establecer las causas.
(De La Gaceta de Tucumán, del 3 de diciembre del 2013)