Dibujo del número Cincuentenario |
La abogacía, las empresas, El Liberal
Por Julio César Castiglione (su hijo)
Italia no pasa por su mejor situación económica, la
unificación ha tenido lugar hace poco tiempo y el país que estuvo ocupado hace
menos de cincuenta años por los austríacos está lejos de aquellos tiempos en
que estaba a la cabeza de Europa, –hace ya trescientos años, en el siglo XVI en
que bajo ese movimiento cultural vigoroso que le permitió erigirse en líder
cultural de los países europeos.
Brillaban, entonces, ese genio múltiple e incomparable de
Leonardo, maravilloso artista –pintor, escultor y poeta, el admirable y
polifacético artífice, Miguel Ángel Buonarotti, el maestro del orfebre y
escultor Benvenuto Cellini y tantos otros que produjeron ese movimiento
artístico y cultural que ahora denominamos “Renacimiento”. De país que exporta
cultura y arte, ahora expulsa a su gente.
Hay pobreza, sobre todo en el sur y los italianos emigran
para “hacer la América” al nuevo continente, hace sólo unos pocos siglos conocido
gracias a un genovés y que lleva por nombre el apellido de un italiano: Américo
Vespucio. Muchos se dirigen al norte, a los Estados Unidos, otros al sur,
principalmente a Brasil y la Argentina.
A fines del siglo XIX se dieron causas concurrentes para que
hubiera una intensa emigración europea hacia América. En Europa por los
progresos técnicos disminuyen los fallecimientos y la tecnología agraria libera
mano de obra, por lo que se da un exceso de población que no encuentra
fácilmente trabajo. En América, tanto en la del Norte como en la del Sur, el
progreso permite acceder a extensas regiones desiertas que necesitan mano de
obra. En consecuencia dos fenómenos sociales conectados: un continente tiende a
expulsar población y otro lo necesita con apremio. Así en el siglo XIX millones
de europeos vienen a las dos Américas.
En la región del Molise, en el centro sur de la bota, región
montañosa y poco propicia para la agricultura, está un pequeño y pintoresco
pueblito, Capracotta que significa “cabra cocida”, como lo muestra su escudo.
Sin duda la cabra abunda en la región y la gente de alimenta de ella luego de
cocinarla. Sus pobladores se han visto con pesar, por la dureza de los tiempos,
obligados a abandonarla, no sin la secreta esperanza de mejorar de fortuna y
poder volver. Vana ilusión para la mayoría. Luego de unos cuantos años de
afincarse en el extranjero y formar una familia, el retornar se convierte en
una quimera y, además se ha echado nuevas raíces. Ahora hay vínculos que
atrapan: esposas, hijos, amigos, propiedades, recuerdos, acontecimientos. No,
lo pasado pisado. Se podrá volver para recordar, para satisfacer la añoranza,
pero la vida ha tomado ya nuevos rumbos que son inmodificables.
Giovanni Castiglione es sastre y comprende que si quiere
progresar debe irse de su pueblo. Era el cuarto vástago del matrimonio
constituido por el farmacéutico Giuseppe Castiglione y Porzia Di Nucci. Tiene
25 años cuando viaja a la Argentina. Capracotta es un pequeño pueblo, muy
agradable en verano pero frío en invierno. Es la comuna más alta de Italia
(está a más de 1.200 metros) y a comienzos de cada año, en invierno, la nieve llega
a algo más de un metro de altura. Y como otros emigrantes, decide irse donde ya
hay otros connacionales “a fare l´Ámerica”.
La Argentina es un país joven, muy extenso y poco poblado,
rico –abundan las vacas y el trigo. Es el gran exportador y proveedor de
Europa. Ha comenzado un período de progreso producto de la conquista del
desierto y de la inmigración, que le permitirá un monumental progreso. Según
Félix Luna, “entre 1880 y 1920 la Argentina creció ¡42 veces!”
Una onda de optimismo se expandía sobre todas las capas
sociales. “Los índices de crecimiento son notables, los inmigrantes llegaban
porque había trabajo. No había vivienda para tanta gente recién llegada y
muchos tuvieron, en una larga década, estrecheces habitacionales, pero el
enorme desarrollo del sistema creado permitió un crecimiento sostenido”.
Ya hay muchos connacionales en la Argentina, de modo que se
dirige a
Santiago del Estero. La ciudad es la más antigua del país y
la región constituye una mesopotamia formada por los ríos Dulce y Salado –lo es
solo de nombre-.
Llega a fines del siglo XIX y se instala sin mayores
problemas como sastre. Pasa un tiempo y
la soledad lo acucia. Es muy sociable, alegre y simpático.
Le gustan las amistades y el vino, aunque sabe controlarse.
Eso sí, se acuesta tarde porque por las noches sale con sus amigos a divertirse
y tomar unos tragos. No es propenso al ahorro y al sacrificio. Todo lo que gana
lo gasta con los amigos y las diversiones. Con el tiempo quiere casarse, la
soledad es dura y más si se trata de un varón lejos de su país y de su familia.
La ciudad es pequeña, debe de tener unos pocos miles de habitantes y la
inmigración no es tan intensa como en otras regiones del país. Él, desde luego,
prefiere de ser posible para compañera, a una europea y connacional. Allí hay
otra familia italiana muy prolífica como los de Nucci, que tiene varios hijos.
Desde luego, una pequeña ciudad con una de las menores cantidades de
extranjero, que tienden a juntarse con sus connacionales para ayudarse
mutuamente, los Castiglione no pueden ignorar a los De Nucci. Pronto conoce a
una joven que le gusta, es Raffaella una de las hijas. Pero tiene mala suerte,
otro amigo, sastre y del mismo pueblo pero que vive en San Luis, Virgilio Stábile
se le adelanta. Además, hay otro problema, él es simpático, agradable, alegre.
Pero le gusta la diversión y le cuesta ahorrar. Stábile, en cambio, quizá es menos
simpático y alegre, pero es trabajador y previsor. Ahorra todo lo que puede y es
ordenado y metódico. El padre de Rafaela lo prefiere obviamente a él. De modo que
debe rumbear por otros lados. (En esa época ya había una inmigración italiana de
alguna importancia) Giuseppe llegó a Santiago en 1884, retorna luego a Italia
y, quizá sabiendo que la mujer que le gusta no será suya y sintiendo la
incomodidad de la soledad y habiendo encontrado otra joven que lo atrae, se
casa con Carmen Conti y al poco tiempo vuelve a Santiago y se instala
definitivamente vive en la calle Mendoza 119. El matrimonio fue prolífico, como
eran en esa época. Tuvieron seis hijos por orden de edad: José, Antonio nacido
en 1895, Rosario, Mario y Porcia. El menor Cayetano, falleció muy pequeño,
quizá tenía menos de un año.
Pero la adversidad se abate sobre la humilde familia. No se
sabe con exactitud cómo fueron los hechos, pero se supone que fueron así:
corría 1903, y contaba en ese entonces 45 años. Giovanni, al parecer volvía de
La Banda por el puente Negro, luego de entregar un traje a un cliente y lo
sorprende una copiosa lluvia. No puede evitar la larga mojadura y el
enfriamiento consiguiente que le provoca una neumonía. En esa época, con los
conocimientos médicos disponibles y los limitados recursos disponibles, era una
enfermedad muy grave. La pobreza de la familia y la rusticidad de la medicina
de esa época no pudieron salvarle la vida. De ese modo el humilde inmigrante
italiano, dejó en la mayor indigencia a una viuda y seis hijos muy pequeños:
José el mayor, debería tener unos 10 años y el segundo Antonio, ocho. El menor
Cayetano tenía entonces solo un año. Es fácil comprender la tragedia que se
abate sobre la viuda: sin trabajo, sin recursos, en un país extranjero al que
ha llegado hace poco, no tiene familiares y debe alimentar y educar a seis
hijos pequeños – el mayor de solo 10 años y el menor Cayetano apenas un año.
Giovanni no tenía ahorros de ninguna clase, y la viuda debe mantener a seis
hijos pequeños, se comprende el drama.
Recibió alguna ayuda de la colectividad, la que fue exigua
para cubrir todas las necesidades dado sus numerosos hijos. Se dedicó a la
chalequería pero no resultó suficiente por lo que padecieron serias penurias.
El menor Cayetano, moriría pronto por la precariedad de salud propia de los muy
infantes y por la pobreza.
Carmela debió al fin tomar una desagradable medida:
deshacerse de sus hijos varones mayores. José pude seguir de maestro y,
recibido, consiguió trabajo en San Luis. Antonio fue entregado a un connacional
que tenía almacén y Mario, el menor fue enviado a Italia con los parientes
donde hizo toda la escuela secundaria antes de volver al país. Rosa y Porcia
vivieron con la madre y le ayudaron en las tareas domésticas. Rosa pudo seguir
la escuela secundaria, se recibió de maestra y obtuvo un trabajo en una escuela
de la ciudad, Porcia ayudó a su madre y solo terminó la escuela primaria.
Cayetano moriría muy pequeño y José Francisco Luis consiguió una beca para
estudiar de maestro en San Luis, y luego seguiría abogacía en Buenos Aires.
De este modo Antonio (nacido en 1895) a los 8 años quedó
huérfano de padre y la madre, asistida por la colectividad, consiguió que un
connacional que tenía almacén (Terrera) lo tomara a su cuidado. Allí atendiendo
el almacén como dependiente y pudo hacer el Colegio Nacional en calidad de
libre. Era inteligente, estudioso y de gran carácter. Supo recordar que a la
salida de las clases les preguntaba a sus compañeros lo que habían aprendido
como preparación para sus exámenes como libre. Se recibió con las más altas
notas (obtuvo medalla de oro) y Terrera admirado de su inteligencia y
dedicación le costeó sus estudios universitarios en Buenos Aires, donde se
recibiría dos años antes de lo normal (cuatro años en vez de seis) con diploma
de honor y accesit por la tesis sobre” Nulidad de los Actos jurídicos” que fue
publicada por la librería Lajouane y Cía. en 1920.
Con el diploma de abogado vuelve a su terruño y abre un
estudio Jurídico. En cuanto termina también al año siguiente sus estudios su
hermano José se asocian. Es de admirar el afecto y la unión de estos hermanos,
fortalecida por las dificultades que les presenta la vida. Serán socios
mientras vivan y ayudarán a sus otros hermanos. José consigue un trabajo en la
justicia. Ambos se casarán. Antonio lo hará con un compañera de estudios y
colega puntana, María Luisa Stábile, quien es hija del sastre cuyo padre
pretendió a su madre. Cuando Don Virgilio se enteró del interés de Antonio, aún
estudiante, no le gustó mucho la noticia. Comentó: “su padre quiso robarme mi
esposa y ahora el hijo quiere robarme la hija”. Lo cierto es que la joven
puntana se animó a correr el riesgo y acertó, Antonio fue un buen cónyuge, un
gran padre, un honesto y competente abogado y, como si fuera poco, un excelente
empresario. Fue el suyo, primer matrimonio de abogados en la Argentina y de
doctores en jurisprudencia, tuvo lugar el 5 de enero de 1922.
Antonio, inteligente
y hábil se hizo amigo del dueño de El Liberal, el viejo y principal diario
santiagueño y como abogado fue su asesor y consejero en cuestiones jurídicas.
Debe tenerse presente que en esas épocas eran frecuentes las querellas y los
duelos. Figueroa se vio envuelto en varios de ellos y como el diario incursionaba
en la política los roces eran frecuentes y don Juan necesitaba un asesor. Con
el paso del tiempo Figueroa comprendió que no podía seguir mucho más y que en
su familia no encontraría un adecuado sucesor. Como intuyendo el futuro tuvo
una confidencia con su abogado. “Ya estoy viejo y debo dejar, en mi familia no
hay quien me pueda suceder… y dejó entrever que buscaba alguien que pudiera
hacerse cargo de El Liberal. Castiglione no dijo nada, pero lo pensó y seguramente
habló con su hermano. Al día siguiente le dijo a Don Juan ¿Ud. nos lo vendería
a mi hermano José y a mí? Y recibió por respuesta: “Sí, porque sé que son gente
competente y seria y serían capaces de mantenerlo”. Así quedó sellada la compra
del diario. Antonio lo supo recordar alguna vez: “esa noche no pude dormir de
nervios, me dolía el estómago por el miedo que me produjo el paso que había dado”.
No tenían dinero, de modo que sacó préstamos de los cuatro
Bancos que había en la ciudad: Provincia, Nación, Hipotecario y no recuerdo
cual fue el cuarto.
Entregó su casa en la calle Moreno –allí se fue a vivir
Figueroa-.
Tomó José la dirección de El Liberal, secundado por él, que
mantuvo el estudio jurídico. Eso fue en 1929. Pero el espíritu empresarial de
Antonio –que vivía en permanente función- lo llevaría más lejos. Quiso por
ejemplo embotellar el agua mineral de Termas pero comprobó que no valía la pena
porque perdía sus cualidades minerales al poco tiempo de extraída.
Fue abogado de la Compañía Cinematográfica del Norte cuyo
único o principal dueño fue Guillermo Renzi. Debido a que hubo algunos
problemas, Renzi dejó la presidencia y Antonio quedó en ella durante varios
años. Le gustaba el Derecho Procesal y
cuando se creó la Facultad de Derecho en la Universidad Nacional de Tucumán se
presentó en el concurso y lo ganó, en 1940 ó 1941.
El mundo progresaba y la radio, el nuevo invento técnico
perfeccionada por Marconi se difundía por el país. Se llamó a concurso para una
broadcasting en Santiago. Enseguida pensó en presentarse a la licitación (un
poco más adelante cuento las peripecias) tomando contacto con Jaime Yankelevich
que fue quien piloteó el movimiento radial en el país (fue dueño de radio
Belgrano).
Cuando Perón se convirtió en un líder político no lo siguió,
Antonio había participado en política, era radical. Salió diputado y también
miembro de la Comisión Reformadora de la Constitución Provincial en 1939. En
esa oportunidad participó el Obispo, Audino Rodríguez y Olmos, un hombre
inteligente y bien preparado. El aceptó ser convencional con la promesa de la Unión
Cívica Radical Unificada de que se establecería o al menos se defendería la libertad
de enseñanza.
Eso no ocurrió por razones que ignoro y Castiglione votó a
favor de ella porque esa era su concepción. Esto le significó un pequeño
disgusto matrimonial. Le dolió mucho a su esposa María Luisa que era una
ferviente creyente y participante de muchas congregaciones religiosas: de la
Tercera Orden de la Merced y de Santo Domingo, pero no produjo ningún problema
matrimonial. Su cónyuge aunque lamentó la decisión, respetó la convicción de su
marido.
El triunfo del
peronismo le trajo muchos sinsabores a Castiglione. Fue echado de la cátedra,
de Derecho Procesal en la Universidad Nacional de Tucumán, por el único y grave
cargo de no ser peronista. La había ganado por concurso de antecedentes y
oposición y era un correcto y honorable profesor. Además viajaba 170 kilómetros,
en su auto particular para dar las clases semanales y tomar los exámenes, por
un bajo estipendio como todavía sigue ocurriendo en la Argentina. Era buen
profesor, pero, claro está, tenía un grave defecto: ¡No era peronista! El
famoso diputado Visca, célebre no por su capacidad, sino por ignorancia y
torpeza, clausuró en 1950 a más de 140 diarios por el gravísimo delito de no
haber puesto en el ejemplar del 1 de enero “Año del Libertador General San
Martín”. Se trató de un decreto que pasó inadvertido para muchísimos
periodistas. Por esa falta mínima –si se puede calificar así y sin que se hubiera
advertido previamente de las sanciones - el ignorante, grosero y prepotente diputado,
se hizo famoso por las clausuras que él (no una Comisión) impuso arbitrariamente.
En uno de sus discursos aquí en Santiago afirmó muy suelto de cuerpo que si
Perón ordenaba que “Había que votar por Mongo”, el peronista debía hacerlo por
él. Y al parecer no escandalizó a ningún peronista y si lo hubo, al menos nadie
levantó la voz en contra. ¡Es que en el peronismo había disciplina!
Fue una de las más torpes y groseras arbitrariedades del
peronismo, pero consiguió su objetivo, no pudiendo la oposición frenar estas
aberraciones jurídicas, logró amedrentar a la prensa. Se aplicaron penas
antojadizas (o más exactamente castigos para atemorizar a los díscolos) al
voleo. El diario La Nueva Provincia de Bahía Blanca estuvo casi un año y medio
clausurado. El Liberal por cien días. Pero lo más grave no fue lo ridículo de
la presunta falta ni la ausencia de un tribunal y la inexistencia de exigencias
procesales mínimas, sino que no se fijaba el tiempo de duración de las
clausuras. Se trataba de penas cuyo monto o quantum era desconocido o
arbitrario, dado que podía ser cambiado al capricho de la autoridad.
Podía ser una semana, un mes, un año o más. ¿Y qué hacer?
Sin ingresos por la clausura y teniendo que pagar todas los gastos de mantener
la empresa funcionando el problema era mayúsculo y agobiante. El dilema era
cerrar la empresa y despedir al personal o mantenerla abierta y pagar los
sueldos y demás gastos sin saber por cuanto tiempo sería. Se trata de un
fenomenal problema que había que ser brujo para acertar. El Liberal tenía
entonces más de 30 empleados y los sueldos de los puestos jerárquicos eran de
importancia. Se trató de un grave dilema que el famoso “Justicialismo”
(atención con el término) planteó a más de cien empresas y que debieron
afrontar los empresarios sin guía de ninguna clase. Los Castiglione decidieron
correr el riesgo: mantener al personal y vivieron con la incertidumbre sin saber
hasta cuándo. Fueron 100 días pero pudieron ser más. ¡Así se escribió la historia
que muchos hombres de hoy ignoran! Esas fueron algunas de las maravillas que
hizo el peronismo, que era, por supuesto, justicialista.
En 1937 o por esa época se llamó a concurso para una emisora
y Antonio y José se presentaron ganando el concurso. Así nació L.V. 11 Radio
del Norte. El estudio se construyó en el primer piso de El Liberal y fue un éxito.
Fue después de LV7 radio Tucumán la segundo emisora del norte argentino. En el
primer piso de El Liberal Antonio hizo levantar un hermoso auditorium. Aunque
la idea fue de Antonio, como fue su norma, -él era el numen y espíritu
empresario- la compartió con su hermano José en partes iguales como lo hizo
siempre.
Pero Perón o el peronismo, que tanto daño hizo al país
–aunque es cierto también hizo algo de bien- hizo cerrar la radio con el
pretexto de que el Correo necesitaba la onda. Así del golpe y por no ser
peronistas se clausuró abusiva e injustamente la primera emisora de Santiago
del Estero y segunda del Norte del país, que tristemente aunque luego fue
depuesto el régimen no se haría justicia y se autorizaría su reapertura.
Ocurrió aunque en menor dimensión una injusticia y abuso de derecho que pudo y
no fue reparado por el nuevo gobierno a la caída del régimen. Cuando se llamó a
concurso por el nuevo gobierno Castiglione se presentó, pero quien ganó –vaya a
saber porque razones y sobre todo, porque no se reparó la grave injusticia- fue
otra empresa que tenía como integrantes a personas descalificadas moralmente
–una de las exigencias de la licitación era la moralidad de los presentantes- a
quien le fue adjudicada. Estas injusticias debieron dolerle, pero Castiglione
nunca se quejó, sus hijos nunca le sintieron expresarse contra las ofensas y
sus ofensores. Creo que esta capacidad de perdón fue uno de las cualidades más
valiosas de mi padre.
Antonio fue un trabador incansable. Debía de tener unos 65 ó
70 años y se enfermó del hígado (hepatitis). No debía moverse ni hacer
esfuerzo, máxime a esa edad. Pero no pudo con su genio y se hizo traer los
expedientes a la cama y continuó haciendo los escritos judiciales. Fue también,
ya se dijo un empresario nato con coraje y visión. Fue además un hombre
generoso. En todas sus iniciativas empresariales lo incluyo a su hermano José
en igualdad de condiciones, no obstante ser él el autor de las ideas y
proyectos. Cabe decir que José siempre se comportó correctamente y fue un socio
honorable que cumplió debidamente sus obligaciones.
La Argentina progresaba y apareció la televisión. La trajo
al país un cubano exiliado por causa del castrismo, José Goar Mestre. Antonio
decidió en un acto de audacia ponerla en Santiago. Se presentó y obtuvo la
licitación. Compró un terreno en la calle Pellegrini dando a El Liberal con los
fondos. Y en vez de levantar la torre en terrenos lejanos, lo hizo en el mismo
solar.
La inauguración tuvo lugar el 28 octubre de 1965. Fue en sus
comienzos deficitaria y era explicable. La TV es cara y Santiago una ciudad
pequeña en la provincia más pobre de la Argentina. ¡Que hermoso gesto de
audacia y capacidad empresaria! Solo faltó una cosa: tener un espíritu servil o
acomodaticio para acomodarse con el gobierno y ofrecerle los servicios de la
tele a cambio de la publicidad oficial para su mantenimiento.
Como la situación económica del país empeoró resulto
complicado conservar el canal. Unos interesados que venían de Rosario
fallecieron en un accidente de auto y al fin fue vendida a otro joven
empresario que sabía cómo manejarse con el poder, Nestor Carlos Ick.
Un tiempo después se desarrolló la televisión por cable con
múltiples canales y por instancias de Julio César se resolvió poner el cable.
Así nació Tele Imagen
Privada. Lao integraba en sus comienzos uno de los empleados
de El Liberal que mostró cierta agudeza, Alberto Rosales que trabajaba en
publicidad y había estado en otra provincia y la conoció. Nos sugirió ponerla.
Me entusiasmé y viajé a Rosario donde funcionaba con seis o siete canales. Así
se creó el canal por cable. Nestor Ick hizo lo mismo y surgió la competencia
hasta que nos invitó a asociarnos cosa que lo hicimos y de este modo nació Tele
Imagen Codificada.
Esta empresa anduvo bien durante varios años hasta que se
vendió el 70 por ciento a otra empresa nacional de importancia. La familia
Castiglione conservó su parte.
Fue la TV su última creación. Castiglione perdió su
actividad, audacia y capacidad creativa, pero no fue por culpa de la edad o de
algún desengaño. Se debió a la muerte de su cónyuge el 20 de agosto de 1979 a
los 84 años. Ella murió dulcemente un lunes. Ya lo había advertido de algún
modo a su hijo Julio César cuando le pidió que no fuera a un cursillo de cristiandad
que se realizaba en la ciudad. ¿Por qué mamá? Le preguntó él. Yo estaré a cinco
cuadras y si me necesitas vendré inmediatamente.
Lo cierto que el sábado a la tarde, la madre lo mandó a
llamar, pero aparentemente estaba bien. El lunes alrededor de las 6 de la
mañana expiró con los sacramentos y rodeada de los hijos. Antonio llegó un poco
después y depositó un beso en su frente.
Hacía unos años que había fallecido su hermano José. Su
muerte debió sentirla profundamente porque habían sido muy unidos y socios
igualitarios –excepto en el canal de televisión en el que tenía menor
participación- en todas sus empresas.
La vida ya no sería la misma. Antonio prácticamente perdió
las ganas de vivir. Papá -le decía Julio César- vamos a tal parte o hagamos tal
cosa y la respuesta invariable era: “si tu mamá viviera”.
Un día se le escuchó algo insólito: “Que suerte que tu madre
murió antes”. Julio César quedó sorprendido y pensó ¿Es que quería vivir más?
No lo creo ¿Entonces? Y la respuesta la tuvo enseguida, cuando su padre le
dijo: “Si yo hubiera muerto antes tu madre no lo habría podido aguantar”.
Diez años sobreviviría Antonio a su cónyuge. Su férrea
voluntad y su espíritu alegre y emprendedor le ayudaron a soportar la ausencia
de su cónyuge con la que celebraría las bodas de oro. Vivieron juntos 57 años
de casados, un auténtico “record” en estos tiempos de divorcios a los meses de
casados. Había cumplido sus bodas de plata y de oro, un verdadero regalo de
Dios.
Antonio perdió en gran parte las ganas de vivir, aunque la
compañía de hijos y nietos fue un verdadero bálsamo. Tomó la costumbre todas
las mañanas de ir a un bodegón donde tomaba una copa de vino y departía con los
amigos. Almorzaba en su departamento casi siempre acompañado por algún hijo o
nieto (vivían en el mismo edificio “Tabycast” que el construyó y tuvo la dicha
de regalar a cada hijo un hermoso y grande departamento frente a la plaza.
María Luisa a veces le echaba en cara, “nuestros hijos viven frente a la plaza
y nosotros sobre una calle sin interés”. No le faltaba algo de razón, pero así
era de generoso Antonio Castiglione.
Como era muy decidido y seguro rara vez consultaba alguna
cosa que a María Luisa que era una mujer de cultura e inteligencia (fueron
compañeros en la Facultad de Buenos Aires y se recibió con diploma de honor).
Por eso le dolía el que su marido siempre le trajera las cosas hechas, pero
Antonio era un hombre de acción y le costaba consultar o informar a su cónyuge.
Antonio sobrevivió diez años a su esposa y aunque la viudez
lo afectó profundamente no perdió su humor y optimismo, pero la edad y la
soledad dejaron su huella. Ya no tenía el empuje de sus años mozos. Tuvo una
gran alegría cuando su nieto Ariel se ordenó de cura y con la visita de su
cuñada puntana María Edith.
Era muy parecida a María Luisa y estuvo de visita cerca de
20 días. La compañía de su cuñada le agradó mucho, pero debía volver a sus
pagos y dejó un sentimiento agridulce mezcla del gozo de compartir y del dolor
de su vuelta.
Tuvo también una gran ayuda, una joven doméstica que lo
acompañó en sus últimos tiempos, Mirta Luna. Fue la compañera de sus últimos
días. Lo trató y atendió con afecto y benevolencia y cuando entró en coma avisó
a los hijos que pudieron despedirlo con una mezcla de dolor y consuelo dado que
no se le podía pedir más a Dios: había vivido mucho y bien, haciendo obras
importantes y lo que es más valioso, jamás hizo daño. Como abogado nuca
defendió una causa injusta. Cobró lo que el cliente estimó correspondía, nunca
demandó a un cliente por honorarios y contribuyó con sus obras al engrandecimiento
de su terruño.
Tuvo durante su vida muchas distinciones: podemos decir que
en la escuela primaria fue el mejor alumno de la Escuela Normal de Santiago del
Estero, luego fue medalla de oro en el Colegio Nacional (1914). En 1919 se
graduó de abogado y doctor en jurisprudencia con diploma de honor en la
Universidad de Buenos Aires, su tesis doctoral recomendada al premio “Facultad”,
en 1919, y laureada con premio "Accesit". En 1979, fue designado
presidente honorario de la IX Confederación Nacional de Abogados (San
Francisco, Córdoba).En 1983, en oportunidad del segundo Encuentro Panamericano
de Derecho Procesal (Rosario) procesalistas de todo el continente le rindieran
un especial homenaje. La Universidad Católica de Santiago del Estero le
confirió el Doctorado “Honoris Causa”.
El 27 de diciembre de 1976, el Gobierno de la República
Italiana, con las firmas conjuntas de Giovanni Leoni y Giulio Andreotti, le
confirió el grado de “Cavalliere” de la República Italiana (Caballero en el
orden al mérito).
El Concejo Deliberante impuso el nombre del “Dr. Antonio
Castiglione” a la plazoleta enclavada en la esquina céntrica de calle
Avellaneda y Buenos Aires, de la ciudad de Santiago del Estero.
Santiago del Estero, 27 de noviembre del 2009.
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