sábado, 30 de julio de 2011

La fundación de La Banda

Paseo del Siglo de La Banda (Foto Rody Beltrán)-

La historia, Juan Núñez de Prado, el sol en las casas

El departamento Banda cobra fuste en la historia santiagueña, no sólo por el hecho de haber sido en El Polear, la fundación real de Santiago del Estero, efectuada por Núñez de Prado en 1552, como Ciudad del Barco del nuevo Maestrazgo (Barco III), conforme a la “Provisión” del presidente de la Audiencia de Lima, licenciado Pedro de la Gasca, que establecía “Vaya usted al sud, y funde una ciudad en la región del Tucma para afirmar allí nuestra potestad frente a la gobernación de Chile”, sino por ser su espacio geográfico, uno de los más importantes asentamientos de las poblaciones precoloniales y ceramistas. Culturas Mercedes, Sunchituyoj y Averías, que desarrollaron sus vivencias en los años 400, 800 y 1200 de la era cristiana respectivamente. La primera originaria del medio (Mercedes es una localidad del departamento Banda), caracterizada por una cerámica gris negra con decoración incisa y grabados geométricos, y ausencia de motivos zoomórficos y felínicos (también roja, grabada y lisa), que ocuparon toda la margen oriental del río Dulce, desde Chaupi Pozo en el oeste, a Rubia Moreno en el sur este, pasando por Acosta, Los Quiroga y la Cuarteada, Antajé, según Roque Gómez.
Estos asentamientos coincidieron singularmente todos con los espacios posteriores de los albardones del río, es decir donde se juntan las aguas deltaicas del meandroso y divagante río Dulce. Su antiplástico es de arena, asociado con instrumentos de piedra pulida y materiales de hueso, dice Roque Gómez. También aparece este tipo de cerámica en Río Hondo, Guasayán, Capital, Atamisqui, ojo de Agua y Sumampa. “Su origen andino, su cronología por comparación y estatrigrafía podemos suponer que pertenece a los antiguos niveles de Ciénaga y Condorhuasi, con una perduración hasta los niveles de Sunchituyoj y culturas cordobesas”, agrega.
Es importante señalar a este respecto que en el departamento existe una localidad denominada “Condorhuasi”, la cual durante el siglo anterior fue un centro importante en las cercanías de Simbol Cañada y palmares, al noroeste de Clodomira. ¿Simple coincidencia? De este cultura, Antonio Serrano dice, “pudo llegar del noroeste empujada por la Candelaria o como parte de ella, influyó poderosamente en los pueblos vecinos, originando en ellos formas decorativas decadentes y simplificadas”.
Recordemos que de la Candelaria existen restos en Agua Azul, departamento Pellegrini, justo al norte, por donde antiguamente se comunicaban los arroyos la Verde, La Puerta, La Overa, respectivamente.
Sobre estas culturas agrícolas (sus yacimientos son de 200 por 300 metros de superficie), señala Roque Gómez, se asentaron posteriormente Suchituyoj y Averías, ¿y los propios yuguitas? ¿Y lo de yuguitas no es error de inguitas? (pueblos incas menores). De todas modos es advertible que las poblaciones indígenas precoloniales eran mesopotámicas, en su mayoría estaban localizadas entre los ríos Dulce y Salado, que durante mucho tiempo e intermitentemente corrieron juntos a la altura de Mailín. De allí que su conquista real necesariamente implicaba un asentamiento en el propio medio indígena.
Además, la Ley I de Indias, disponía que estos “en caso de edificar en ribera de algún río, dispongan las poblaciones, que saliendo el sol dé primero en el pueblo que en el agua”. Así lo haría Núñez de Prado. Por el capítulo II de la misma ley “se declara si ha de ser ciudad, lugar o villa”. La provisión de Gasca establecía taxativamente “Vaya usted y funde un ciudad”. En cambio, no obstante que estas disposiciones eran severísimas, Francisco de Aguirre aparece fundando a Santiago del Estero de este lado del río, con fecha 25 de julio de 1553.
Sin embargo, él mismo fue enviado por Pedro de Valdivia, con fecha 23 de diciembre de 1552, con el propósito de … “porque tengo entendido que la Ciudad del Barco III que está poblada detrás de la cordillera de la nieve, en el paraje de la ciudad de La Serena, y estimo que tiene aparejo para fundar otras”. Lo que constituye evidentemente una usurpación.
Algún día ha de reverse el dictamen de la Academia Nacional de la historia, respecto a este punto. Mientras, es obvio que el sector oriental del río ofrece mayores posibilidades topográficas de regadío, sobre todo por inundación que es el que siempre se ha practicado en Santiago del Estero.
De allí que en esta latitud, las poblaciones precolombinas estuvieron en la banda mencionada y no en la occidental.
De Rasgos fundamentales de los departamentos de Santiago del Estero, de Mario Ángel Basualdo. 

Hotel Savoy

Hotel Savoy.

Antiguo y moderno, todos los servicios, tres estrellas

El Hotel Savoy, de Tucumán 39, conjuga lo antiguo y lo moderno. Fue inaugurado en 1932. El edificio ha sido restaurado y reciclado y está mantenido en perfectas condiciones hasta la fecha. Tiene un estilo clásico francés, único en Santiago ya que mantiene en sus espacios comunes la historia de uno de los hoteles mas prestigiosos del norte Argentino.
Cuenta con 80 habitaciones, cada una con todos los servicios que se requiere para la atención de sus huéspedes.
Las guías de turismo lo califican como de tres estrellas.
Sus habitaciones cuentan con ambiente climatizado discado directo nacional e internacional, televisión por cable, baños privados y wi fi.
Ademas tiene lavanderia  cochera,  wi fi, restaurant, bar, piscine, salones para fiestas y recibe todas las tarjetas de crédito. Su cochera tiene capacidad para cincuenta autos y seguridad permanente.
Por otra parte tiene salones para fiestas y conferencias, servicios para eventos, pileta climatizada con servicio de bar, toallones y batas.
En su restaurante es possible saborear comidas regionales y un variado menu a la carta, su teléfono es +54 (0385) 421-1234/35.
De informes tomados en el lugar.

viernes, 29 de julio de 2011

María Antonia de Paz y Figueroa

María Antonia de Paz y Figueroa.
La primera ‘rebelde’ santiagueña

Primeros años
El papel de las mujeres argentinas en el siglo XVIII, inmersas en una sociedad patriarcal, era, sin dudas, de un rol subordinado: se dedicaban a las tareas del hogar y se preparaban para el matrimonio.  No podían tomar decisiones por sí mismas, ya que eran los hombres -padres, esposos o hermanos mayores- los que lo hacían por ellas. La cultura imperante por entonces determinaba los modos de conducirse y de relacionarse, según el género. 
Los espacios de sociabilidad de las mujeres eran reducidos: el hogar doméstico, las reuniones familiares, la concurrencia a la iglesia. La educación estaba restringida a unas pocas, sólo a las pertenecientes a familias de la élite, quienes accedían a los estudios elementales en sus propias casas, de la mano de algún familiar o de un maestro particular.     
La niñez de María Antonia de Paz y Figueroa, nacida en Santiago del Estero en 1730, no varió respecto de la de muchas niñas de su edad. Hija del maestre de campo Francisco Solano de Paz y Figueroa y de Andrea de Figueroa, su niñez transcurrió en la encomienda de indios de su padre, seguramente correteando por las tierras de Silípica, jugando con sus hermanas y con los hijos de los nativos que integraban la encomienda paterna. Ello no fue impedimento para que recibiera una esmerada educación, poco frecuente por entonces.
Siendo adolescente, su familia se estableció en la ciudad y allí la joven María Antonia comenzó a visitar la iglesia de los jesuitas, con quienes empezó a colaborar en la preparación de los ejercicios espirituales, que se impartían en el antiguo convento.  Inmersa en estas funciones, a los quince años adoptó la túnica negra como vestimenta, en calidad de beata de la compañía. No era precisamente una monja ya que, por entonces, no había, en Santiago del Estero, religiosas de vida activa. Su consagración a Dios se dio a través de un voto íntimo y personal, como una forma de religiosidad laica.  A partir de entonces, su función fue ayudar a los sacerdotes, enseñar el catecismo a los niños, coser, bordar, repartir limosnas y cuidar a los enfermos. 
Las prácticas benéficas le permitían, junto a otras mujeres de vida consagrada –siempre en forma privada-, desarrollar nuevos roles que la ponían en contacto con otros sujetos sociales, incluidos los provenientes de sectores populares, y salir de la esfera doméstica a la que estaban relegadas las mujeres por entonces. En ella primaba el amor, la paciencia y la entrega, tras el ejercicio del apostolado que había elegido por vocación. 
Las beatas vivían en comunidad, sin votos de clausura, colaborando con las tareas de los jesuitas. Generalmente, tomaban el nombre de algún santo, por ello, María Antonia abandonó su apellido y adoptó el de María Antonia de San José. Consagrada como laica a la vida religiosa, adoptó como vestimenta el sayal negro de los jesuitas y, junto con sus hermanas en la religión, asistía a enfermos, auxiliaba a los pobres y colaboraba con los sacerdotes ignacianos en la preparación de los ejercicios espirituales, que realizaban periódicamente.

La expulsión de los jesuitas y el comienzo de su peregrinar
Cuando, por real orden del rey Carlos III, fueron expulsados los jesuitas, en 1767, quienes estaban bajo su tutela, no sólo temporal sino también espiritual, quedaron desamparados.  El poder alcanzado por la orden de San Ignacio se había tornado ‘sospechoso’ para la corona, que veía peligrar su autoridad. Los jesuitas habían logrado gran influencia entre la población americana, como consecuencia de la instalación de misiones, en zonas donde los blancos no tenían prácticamente acceso, y por el desarrollo de la educación entre nativos y criollos -con su impulso y sostenimiento-, a través de colegios, bibliotecas, universidades y verdaderos centros de investigación científica. Con esta drástica medida, el rey trataba de poner fin a su ascendiente, no solamente en el plano espiritual, sino también en los aspectos científico, cultural y económico.
Sus bienes, que eran muchos y valiosos (propiedades, ganados, esclavos, etc.), pasaron prontamente a manos privadas, diputados como botín de guerra. Los nativos abandonaron las reducciones y  muchos colegios cerraron sus puertas. Las bibliotecas -las de mayor valor en la colonia por la cantidad y variedad de volúmenes- fueron desarmadas y sus libros dispersados. Los ejercicios espirituales que organizaban los religiosos quedaron sin sus figuras rectoras y, como consecuencia, dejaron de realizarse.
Frente al abandono espiritual, María Antonia, que por entonces tenía 37 años, decidió tomar la bandera de los expatriados  y reinstaurar los ejercicios, antes de cumplido un año de su expulsión. Comenzó a transitar, de puerta en puerta, invitando a realizar los ejercicios, bajo la dirección de sacerdotes que la respaldaban y apoyaban.  
Los inició en su ciudad natal y, poco a poco, empezó a caminar los polvorientos caminos del campo santiagueño, expandiendo la práctica de los expulsos a través de los antiguos poblados que salpicaban el camino real: Silípica, Loreto, Atamisqui, Salavina y Soconcho. No conforme con ello, decidió extenderlos por los pueblos del noroeste argentino, para lo que solicitó permiso al obispo del Tucumán, Juan Manuel de Moscoso y Peralta, para pedir limosnas por las ciudades principales de la gobernación, con el fin de solventarlos.
La presencia de los jesuitas, a pesar de la expulsión real, se sentía en los ejercicios organizados por la ‘mama’ Antula –como la llamaban cariñosamente en Santiago del Estero-, ahora no solamente destinados a los hombres, sino también a las mujeres, ambos provenientes de distintos sectores sociales. Casa por casa recorría pueblos y ciudades, invitando a las familias a sumarse a los ejercicios y pidiendo limosna para mantener a los ejercitantes. 
Las prácticas se realizaban, en un primer momento, en casas particulares, donde los fieles permanecían diez jornadas, reflexionando y orando en comunidad, bajo la guía de un sacerdote. Durante esos días, los participantes se alimentaban con la comida realizada con alimentos donados por la comunidad y preparados por el grupo de beatas consagradas. Así, recorrieron las provincias de Tucumán, Salta, Jujuy, Catamarca y La Rioja. 
A los ejercicios concurrían hombres y mujeres, por separado, sin distinción de clases sociales, participando unos y otras con sus criados y sirvientas. En 1777 pasó a Córdoba donde continuó con los ejercicios en la antigua iglesia jesuita, apoyada por Ambrosio Funes -luego gobernador-, con quien cultivó una larga amistad y un interesante epistolario y con quien compartía la admiración por la obra jesuítica. 

María Antonia en Buenos Aires
Dos años más tarde llegó a Buenos Aires. No le fue fácil insertarse en la capital del virreinato. Tanto el obispo como el virrey se mostraron, en un principio, recelosos de estas mujeres, objeto de burlas, calificadas por algunos de locas o de brujas, como cuenta  María Antonia en cartas que escribió al padre Gaspar Juárez, jesuita santiagueño radicado en Roma, luego de la expulsión.
Tras nueve meses de espera, el obispo Sebastián Malvar y Pinto terminó aceptando su petición y, en agosto de 1780, se abrieron los ejercicios en Buenos Aires. Al principio asistían pocas personas hasta que, vencido el recelo, comenzaron a concurrir cada vez más, según lo relata la propia María Antonia: 
"La gente se tira sobre esteras, colchas y colchones. Es necesario que su Divina Majestad y mi señora de Dolores me provean de habitación correspondiente a la multitud de almas que anhelan nutrirse con el mane que adquieren mediante las sabias cristianas reglas que nos prescribió San Ignacio. El alimento(…) lo da Dios muy sobrante, excesivo y sazonado, con que logro complacer a todas las que participan, quien a mas de esta dicha que logro no rehúsan mezclarse las señoras principales, con las pobrecitas domésticas, negras y pardas que admito con ellas1
Las barreras sociales se rompían en la intimidad de los ejercicios. La concurrencia era cada vez más numerosa: 
“Hubo tandas de 200 personas y la Providencia fue tan generosa que diariamente sobraba para proveer comida a los presos de la cárcel y alimentar a los mendigos que concurrían a la casa. Conque a la vista de tanto beneficio, le alabo y le doy infinitas gracias2”. 
Por acción de María Antonia, la fiesta de San Ignacio, que había sido suprimida  en cumplimiento de las ordenanzas reales, fue restablecida después de diecinueve años. Su labor se desplegaba también en la atención de enfermos, visita a las cárceles y ayuda a los carenciados, con los sobrantes de la limosna que ella y las mujeres que la apoyaban pedían para sostener los ejercicios.  Según el obispo Malavar, en los primeros cuatro años de permanencia en Buenos Aires habían concurrido a los ejercicios unas 15.000 personas, 
“…sin que se les haya pedido ni un dinero por diez días de su estada y abundante manutención (…) La gente viene desde la campaña, donde viven lejos de las parroquias y de los curas. Unos que nunca se han confesado, otros que en muchos años no lo han hecho, y todos con arrepentimiento verdadero, lloran sus miserias y hacen firmes propósitos de enmendarse. Y en todos se palpa el aprovechamiento espiritual3”.
Por ello Malvar dispuso que 
"…ningún seminarista se ordenase sin que primero la Beata certificase la conducta con que se hubiesen portado en sus Ejercicios4".
En ocasiones, fue el obispo el encargado de dar personalmente las pláticas. Asistían grupos -separados por sexo- y participaban de los ejercicios, conducidos por sacerdotes que confesaban y daban la comunión. María Antonia tenía la virtud de atraer a la gente, no solamente para participar de estos verdaderos ‘retiros espirituales’, sino también para colaborar con limosnas, que hacían posible el sustento de los participantes.
El virrey Juan José de Vértiz y Salcedo, que en un principio objetaba la realización de estas prácticas religiosas, poco a poco cambió de opinión, no solamente por acción de la beata, sino también por influencia de la llegada del ex virrey de Lima, Manuel Guirior, cuya esposa asistía a los ejercicios con mucha humildad y devoción. Vértiz autorizó a María Antonia a trasladarse a la costa uruguaya para continuar su obra, costeándole el pasaje y yendo personalmente a despedirla. Permaneció tres años en territorio oriental -en Colonia y Montevideo- y dejó todo preparado para la instalación de una casa de ejercicios en Uruguay.
A su regreso a Buenos Aires -respaldada por varias mujeres que la ayudaba a atender a los ejercitantes, realizando labores domésticas y enseñando las primeras letras a los analfabetos-, inició una forma de organización religiosa destinada, precisamente, a mujeres que realizaban una vida en común, hacían votos privados, vestían la túnica ignaciana y obedecían a quien presidiera la casa, en este caso la propia María Antonia de San José.
Conseguida la donación de un terreno, y luego de sortear varios impedimentos, inició la construcción de un edificio, con beaterio para mujeres y un hogar anexo, refugio para prostitutas que querían cambiar su forma de vida. Enseguida comenzó la construcción de la obra y entró a funcionar la casa de Ejercicios, aún antes de estar la obra terminada. Allí, además de auxiliar en las prácticas  religiosas y en los ejercicios, las beatas cosían y bordaban ornamentos religiosos y hábitos para los sacerdotes, además de ropa para familias indigentes.

Su epistolario
Conocedores de la obra de María Antonia, por el epistolario que mantenía con los sacerdotes expulsados, en particular con el santiagueño Gaspar Juárez -residente en Roma-, los jesuitas hicieron traducir sus cartas a diversos idiomas (latín, francés, inglés, alemán y ruso) y difundieron su labor a través de un opúsculo titulado “El estandarte de la mujer fuerte en nuestros días5”. Su fama trascendió el virreinato para expandirse por Europa y Asia, al igual que sus prodigios. 
Las cartas que María Antonia escribió al exjesuita Juárez, durante once años, se encuentran en el Archivo di Stato di Roma y fueron recopilados por Beguirztain. Alicia Fraschina analiza la cuestión autobiográfica en el epistolario de la beata, indagando cómo fue construyendo su ‘yo’, como ‘heredera’ de la Compañía, al tomar como objetivo de su misión el lema de los jesuitas “la mayor gloria de Dios y provecho de las almas6”.
Por pedido del padre Juan Nicolás Aráoz, María Antonia escribió a Juárez narrándole con precisión su empresa: los lugares transitados, las mujeres que la acompañaban y los sacerdotes que daban los ejercicios. Su construcción autobiográfica, en realidad, no sólo está dirigida a los destinatarios de sus cartas, sino que trasciende el tiempo y el espacio, al ser traducidas a distintos idiomas y circular por diferentes países. 
Complementa este epistolario, el que mantuvo Ambrosio Funes con el Padre Juárez quien, consciente de la importancia de la obra de María Antonia, instaba al cordobés a que 
“…desde ahora  y me alegraría fuese una relación exacta desde cuándo comenzó su felicísima misión dicha Beata: con qué ocasión, con qué medios y auxilios de Dios y de los hombres: el número de Ejercicios que se han dado: y en qué partes: con qué fruto particular: o qué conversiones raras ha habido en dichos Ejercicios; qué contradicciones de los hombres, y qué trabajos personales ha padecido ella, etc., etc., etc., para que de esta suerte se pudiese formar aquí una carta edificante de que resultaría grande gloria de Dios y honor de nuestras Provincias Americanas; y de no poco crédito para en delante de dicha Señora para autorizar más sus misiones, y si alguno de sus confesores o directores de conciencia enviase también por escrito un testimonio de algunas cosas particulares suyas, a que ella diese primero licencia, y declarase con humildad de espíritu  y sinceridad de corazón, sería muy acertado y daría mayor realce para dicha carta edificante7” .
El fruto de las cartas de Funes a Juárez, fue El estandarte de la mujer fuerte, opúsculo anónimo, verdadera hagiografía de la beata –descripta como una heroína-, a quien el autor compara con los apóstoles, santos y figuras bíblicas, aunque la describe, también, según la concepción de mujer, vigente en la época:
“…mujer de edad avanzada, ignorada, pobre, sin poder, sin crédito, sin autoridad, sin talentos en apariencia, y aún casi sin razón (…) es el imán, la veneración y aprecio de cuantos la oyen y miran pues en ella está el dedo de Dios  acreditando el imperio de los débiles8”.
María Antonia, en su construcción personal de la vida jesuítica, apeló también a imágenes mediadoras, puestas en evidencia durante las celebraciones o en su vida diaria: el Nazareno, que sacaban en procesión por las calles de Buenos Aires los jueves santos; su Manolito –un cristo niño sobre la cruz- que llevaba al cuello y al que atribuían capacidad milagrosa9; la virgen de los Dolores, imagen de María presenciando la muerte de su hijo, que perteneció a la antigua Compañía de Jesús, y San Cayetano, ‘santo de la providencia’, cuya veneración inicia en la Argentina. 

Muerte y legado
El 7 de marzo de 1799, a los 69 años, María Antonia de San José murió en Buenos Aires. En su testamento  dio cuenta de sus actos y dejó encomendado, expresamente, que una mujer debía hacerse cargo del gobierno económico de la Casa de Ejercicios. Con ello dejaba sentadas las bases de lo que fue, más adelante, la congregación de Hijas del Divino Salvador. Sus restos se encuentran sepultados en la iglesia de la Piedad. En 1905 se inició el proceso de beatificación y canonización y hoy todavía se espera, de  la Santa Sede, su aprobación. En mayo de 1929, Pío XI la declaró venerable. 
La primera ‘rebelde’ santiagueña, consiguió dignificar el papel de la mujer, cumpliendo funciones vinculadas culturalmente a la maternidad, en las que primaban el amor a Dios y a sus semejantes -en particular a los más necesitados-, la entrega, la paciencia y el brindarse en esta misión, que derribaba barreras sociales, ya que se preocupaba también por los pobres, los presos y las prostitutas y, a la vez, le permitía cumplir su apostolado.  Supo también relacionarse con el poder político y religioso, papel que hasta  entonces sólo desempeñaban los hombres, sin dejar de lado los rasgos femeninos que la sociedad de la época le asignaba a las mujeres. 
Si bien los roles que desempeñaron las beatas fueron prolongación de los tradicionales, el grupo tuvo que aprender otros, nuevos para las mujeres de entonces, relacionados con aspectos legales, contables, etc. Sin lugar a dudas, y mirado desde una perspectiva histórica, María Antonia contribuyó a consolidar el papel de la mujer como sujeto social, de allí que se reafirma su denominación de “primera rebelde santiagueña”.
Tomado de un artículo de María Mercedes Tenti, en Sitiales, libro de la Academia de Artes, Ciencias y Letras.

1  Beguiriztain, Justo (1933): Apuntes biográficos, cartas y otros documentos referentes a la sierva e Dios María Antonia de la Paz y Figueroa; Baiocco; Buenos Aires, p. 60-61.
2  Ibídem, p. 31.
3  Ibídem, p. 180, Informe del Illmo. Sr. Malavar a petición de María Antonia (1784).
4  Ibídem, p. 180-181.
5  El Estandarte de la mujer fuerte puede consultarse en Blanco, José (1942): Vida documentada de la Sierva de Dios María Antonia de la Paz y Figueroa fundadora de la Casa de Ejercicios de Buenos Aires, Amorrortu,  Buenos Aires.
6  Fraschina, Alicia (2004): “La cuestión autobiográfica en el epistolario de María Antonia de San José, Beata de la Compañía de Jesús,  1730-1799”, en Congreso internacional del monacato femenino en España, Portugal y América, 1492-1992, Universidad de León, p. 4.
7  Carta de Juárez a Funes del 15 de marzo de 1781, de Grenón, Pedro (1920): Los Funes y el Padre Juárez, La Guttengerg, Córdoba, citado por Fraschina, Alicia (2004): op. cit., p. 10.
8  Carta de Ambrosio Funes a Juárez de 7 de octubre de 1784, citado por Fraschina, Alicia (2004): op. cit., p. 10.
9  Por pedido de María Antonia, el padre Juárez le hizo hacer uno nuevo, que se conserva en la Casa de Ejercicios de Buenos Aires. 


Bibliografía
Barbero, Estela (2002): Mª Antonia de Paz y Figueroa. La mujer fuerte; Fundación Mater Dei, Rosario.
Blanco, José (1942): Vida documentada de la Sierva de Dios María Antonia de la Paz y Figueroa fundadora de la Casa de Ejercicios de Buenos Aires, Amorrortu,  Buenos Aires.
Beguiriztain, Justo (1933): Apuntes biográficos, cartas y otros documentos referentes a la sierva e Dios María Antonia de la Paz y Figueroa; Baiocco; Buenos Aires.
Bruno, Cayetano (1970): Historia de la Iglesia en la Argentina; V. VI; Don Bosco. Buenos Aires.
Fraschina, Alicia (2004): “La cuestión autobiográfica en el epistolario de María Antonia de San José, Beata de la Compañía de Jesús,  1730-1799”, en Congreso internacional del monacato femenino en España, Portugal y América, 1492-1992, Universidad de León.
Gorostiaga Saldías, Leonor ((2008): María Antonia de Paz y Figueroa. La Beata de los Ejercicios (1730-1799): Dunken, Buenos Aires. 
Miglioranza, Contardo (1989): María Antonia de Paz y Figueroa, La beata de los ejercicios; Misiones franciscanas conventuales; Buenos Aires.
Olaechea y Alcorta, Baltasar (1909): Vida religiosa de Santiago del Estero, Santiago del Estero. 
Tenti, María Mercedes (28 de marzo de 1999): “La primera rebelde santiagueña, María Antonia de Paz y Figueroa” en  El Liberal; Santiago del Estero.
Tenti, María Mercedes (julio 2002): “La beata de los ejercicios: María Antonia de San José” en El Liberal, Santiago del Estero.

Ramón Antonio Villagra “Rody”

Rody Villagra
Artesanía, naturaleza, belleza

Este finísimo artesano, nació en Santiago el 30 de julio de 1983, es perito en cuero, en orfebrería, teología, teatro y música y trabaja con maestría el cuero, la platería y la madera.
Ha realizado exposiciones individuales en Santiago, La Rioja, Rosario, Salta, Buenos, Tucumán, Catamarca y Las Termas. En forma colectiva expuso sus trabajos en la Universidad Nacional de Santiago, en la plaza Libertad, el Atelier cultural de La Banda y en el Centro de enseñanza de artesanías santiagueñas.
Es maestro artesano del taller de arte Manos, de Santiago, del instituto Eleonora Duncan de La Rioja, de la Escuela de arte y del Centro de enseñanza de artesanías santiagueñas.
Sus trabajos, la mayoría de ellos usando elementos que se encuentran en la naturaleza en Santiago y el norte argentino, están expuestos en colecciones privadas de varios lugares de la Argentina y del mundo y adornan livings y salas de varias personalidades que pasaron por Santiago y se deslumbraron con la calidad de su producción.
Tomado del registro de artesanos y arte popular argentino.

Lorenzo Fazio Rojas

Lorenzo Fazio Rojas.
El derecho, la magistratura, la política

Nació en la ciudad de Santiago del Estero, el 5 de agosto de 1889. Fueron sus padres don Lorenzo Fazio, nacido en Génova, Italia, el 9 de enero de 1857, que fue periodista y escritor en la prensa italiana primero, en Buenos Aires, y en la prensa nacional después, en Rosario de Santa Fe y en esta ciudad y autor de “Las memorias descriptivas de la provincia de Santiago del Estero". Fue su madre doña Delia Rojas, nacida en Santiago del Estero, hija de don Lorenzo Rojas y doña Ramona Castro y hermana de don Absalón Rojas, que fue gobernador de Santiago.
Fazio Rojas contrajo matrimonio en la ciudad de Córdoba, el 1 de marzo de 1920, con María Mercedes de la Vega Reyes, nacida en la ciudad de La Rioja, el 17 de enero de 1900; hija de don Benjamín de la Vega Plaza y doña Mercedes Reyes.
Sus ijos son María Mercedes, esposa del doctor Jorge Fernández Reuter, Delia Helena, casada con el doctor Oscar Nicolás Vera Barros, Lorenzo Benjamín, César Absalón, Marta Josefina, Teresa, Emma Rosa y Hortensia Beatriz.
Cursó sus estudios primarios en Santiago, terminando el bachillerato en el colegio Nacional de esta ciudad en el año 1908.
Desde 1916 a 1918 vivió en la ciudad de La Plata y ejerció la profesión de abogado en la provincia de Buenos Aires y en la Capital Federal. Fue profesor de Historia en la escuela Normal 7 de la Capital Federal, desde junio de 1918 hasta marzo de 1920, fecha en que fue trasladado al colegio Nacional de Santiago como profesor de ciencias y letras, renunciando en 1923 para dedicarse a la magistratura judicial de la provincia.
Desempeñó los cargos de juez de primera instancia en lo civil y comercial y vocal de la Corte de Justicia hasta el año 1924 y fue diputado provincial en tres oportunidades.
Desde 1932 a 1936, desempeñó el ministerio de Hacienda y Obras Públicas en la provincia, hasta el año 1936, desde esta última fecha, hasta 1940, de representante de la provincia en la Cámara de Diputados de la Nación.
Del número del cincuentenario del Liberal, del 3 de noviembre de 1948.

jueves, 28 de julio de 2011

Manuel Cáceres

Los electores de gobernador de Manuel
Cáceres, lo acompañan poco después
de proclamada su elección en 1920. 

La militancia, la gobernación, el conflicto con Justo

Nació en 1873 y falleció en 1935, ocupó diversos cargos partidarios en Santiago y por varios períodos fue delegado al Comité Nacional de la Unión Cívica Radical.
Dos veces fue elegido diputado al Congreso de la Nación (de 1919 a 1922 y de 1928 a 1932). Renunció a su primer mandato el 29 de abril de 1920 para asumir la gobernación de la provincia, cargo desde el cual mantuvo un serio conflicto con el ministro de Guerra, Agustín Pedro Justo.
La situación se originó debido a un episodio ocurrido la Navidad de 1922 durante la que un sobrino del gobernador Cáceres, Francisco Juárez Cáceres tuvo una discusión con un subteniente de apellido Parera que culminó con la muerte del joven militar. La oficialidad rompió relaciones con el gobierno provincial, agravadas al liberarse a Juárez Cáceres por encuadrar el caso en la legítima defensa. El ministro de Guerra envió un juez instructor militar, que rechazó el gobernador; los militares no desfilaron el 25 de Mayo, el ministro Justo pasó por La Banda sin aviso y, colmada la medida, Cáceres denunció el caso ante el presidente Marcelo Alvear. Pero el Presidente se solidarizó con su ministro de Guerra y se negó a recibir al gobernador santiagueño, quien desairado, publicó una acusatoria carta abierta que significó el fin de su relación protocolar con el gobierno nacional.
Un duro intercambio de notas entre Cáceres y Alvear no mejoró la situación del gobernador de Santiago, enredado en una maraña política unida a una descomunal deuda pública, como así a la reforma de la Constitución local, efectuada tras unos comicios a los que solamente concurrió la fracción partidaria adicta a Cáceres, quien luego vetó parcialmente su propia obra, sin tener autoridad para hacerlo.
A todo ello debe sumarse un cúmulo de otras situaciones –entre ellas la contratación de un empréstito en base a la enajenación de tierras fiscales del departamento Copo, lo que produjo la repulsa de Hipólito Yrigoyen.
En definitiva, Alvear intervino la provincia y en febrero de 1923 se hizo cargo del gobierno Rogelio Araya.
El gobernador Cáceres intentó, sin medios y en un ambiente políticamente complicado, solucionar algunos de los viejos problemas estructurales de la provincia, para lo cual contó, en un primer momento con la colaboración de figuras relevantes e inteligentes del radicalismo local, como el futuro gobernador Santiago Maradona, que fue su Ministro de Hacienda y Obras Públicas y Manuel Ruiz, en la cartera de Gobierno. Ruiz renunció en 1922 al ser electo diputado nacional. A su vez Maradona dimitió el 1 de setiembre de 1923, por serias diferencias políticas con Cáceres, ya que le decía textualmente que “es de notoriedad pública que S.E. ha cambiado de orientaciones políticas y que está incurriendo en procedimientos extraños al credo democrático del partido que lo llevó al gobierno, por cuyos motivos y en el deseo de restituirme a la acción cívica, presento mi renuncia indeclinable.”
En ese instante quedó formalmente dividido el radicalismo de Santiago, avizorando, tal vez con trazos gruesos, lo que sería la cercana secesión antipersonalista.
De un lado quedó el gobernador, a quien se le atribuían rasgos autoritarios, crudamente personalistas, y del otro el ingeniero Maradona, Ramón Gómez, Víctor Alcorta, Leonardo Espeche, el presbítero Prudencio Areal y otros dirigentes.
Luis Alén Lascano señala sobre Cáceres que “superados los enconos momentáneos debió reconocerse en su persona un defensor de la autonomía provincial, temple innato de luchador y una anticipada visión del peligro militarista encarnado en la nefasta actividad del ministro general Agustín Justo, a quien impidió intervenir en causas de jurisdicción ordinaria provincial, basado en el interés gremial de proteger a sus subordinados militares.”
Cáceres continuó su militancia. Se incorporó a la fracción antipersonalista de la muy complicada vida radical santiagueña, plagada en mayor medida que otros distritos de variadas fracciones y múltiples disidencias.
Su segundo mandato como diputado nacional fue interrumpido por la implantación de la dictadura de Uriburu.
Al producirse la quiebra de las instituciones 1930, se apartó del “antipersonalismo” y se sumó decididamente a la reorganización partidaria que, inspirada por Hipólito Yrigoyen, encabezó Marcelo de Alvear. Nuevamente fue delegado al Comité Nacional hasta su muerte.
Cáceres fue autor de varias obras, entre ellas “La simulación de los gobiernos”, “Los veedores presidenciales”, “Política y urbanidad”.

Rubén Mansilla “Shu”

Shu Mansilla

La docencia, el periodismo, su pueblo

Rubén Mansilla nació en Monte Quemado, el 4 de noviembre de 1963. Desde su adolescencia se destacó por su dedicación a las letras y el periodismo, fue colaborador de diarios y revistas de la provincial.
A los 19 años y durante tres años, fue maestro de dos escuelas de campo Para luego marcharse a Buenos Aires en busca de un porvenir. Allá fue vendedor de una librería de la avenida Santa Fe, operador de computadora en una empresa multinacional y enerció la docencia primaria y secundaria en El Tigre, San Fernando y Delta del Paraná.
A través de un programa de radio “El lenguaje de nuestra tierra” por radio de frecuencia modulada de Don Torcuato, todos los fines de semana intentaba un acercamiento entre los santiagueños que viven en lo que se llama el conurbano bonaerense.
A los 28 años volvió a su pueblo y creó las revistas Soberanía, Tierra mía y De nuestro interior, además de publicar su libro Monte Quemado su historia y su gente en el 2005, Adolescencia, paraíso de la realidad y Santiagueños, en el 2006. Además logró un escudo municipal Para su pueblo y una semana dedicada a recordar su pueblo.
Actualmente vive en Absalón Rojas 833 de Monte Quemado y su correo es shumansilla@hotmail.com.

Roberto Delgado "Tuti"

Tuti Delgado (Foto de Francisco Gallo). 

La cultura santiagueña perdió a uno de sus brillantes artistas plásticos

Una larga serie de complicaciones en su estado de salud, terminaron a las dos de la madrugada de ayer con la vida de Roberto Rafael Delgado, a quien todos conocían como “Tuti”. Aunque en su círculo íntimo se conocía su situación, no esperaban el desenlace y por lo consiguiente la noticia los conmovió, como sucedió con todo el ambiente artístico y cultural de la provincia.
“Él era diabético, y tenía severas insuficiencias respiratorias y coronarias, pero siempre confiaba en que iba a salir adelante. ´Ya vamos a salir, vas a ver´, me decía el otro día cuando fui a verlo”, relataba uno de sus amigos durante el velatorio de sus restos.
Y una prueba de esas ganas de vivir y de la confianza que tenía en salir adelante, es que estaba organizando una muestra en la que expondría 15 obras que nunca habían sido mostradas, según revelaron también personas de su entorno.
El 22 de setiembre venidero, “Tuti” cumpliría 62 años. Fue arquitecto, maestro de artes visuales, egresado de la Academia de Bellas Artes Juan Yaparí, donde ejerció la cátedra de Escultura y Fundamentos Visuales, y se desempeñó como director de Cultura de la provincia. El escultor estaba en sus genes, pues su abuelo fue Rafael Delgado Castro (autor de El Kakuy del parque Aguirre) y su padre Roberto Delgado (El Cristo Redentor y Francisco de Aguirre), reconocidos por sus trabajos artísticos.
Personalidades de la cultura, de la arquitectura y la ingeniería, y sus amigos de siempre, acompañaron a sus hijos y sus hermanas durante el velatorio de sus restos que se realizó en una sala de la avenida Pedro León Gallo de esta ciudad, hasta el momento de su sepelio a las cinco de la tarde.
Entre sus obras más recordadas, figuran el Monumento al Maestro que se encuentra en la plaza que está ubicada en Belgrano y Balcarce, Las hermanas, Inocenta, Ramoncito, y uno de sus últimos trabajos conocidos públicamente fue el busto al general Juan Domingo Perón que está ubicado en la autopista que une esta capital con La Banda.
Fue un trabajador permanente, y siempre se enorgullecía por tener “un taller de casi ochenta años dedicado a la escultura”, en referencia a que allí comenzó a trabajar con su abuelo y con su padre, a quien reconocía como “un amigo”.
“Cada herramienta a mi alrededor me invita a usarla, cien obras de mi abuelo y de mi padre me contemplan en este recinto, cada una de ellas es un libro abierto que condensa experiencia y sacrificio. Trabajé mucho con mi padre. Tengo el conocimiento de lo que con sabiduría comprendieron al ver. Ejercité sus técnicas”, supo recordar.
De obituario del Liberal del 3 de agosto del 2010.

Francisco Ordóñez

Francisco Ordóñez.

Un factor decisivo en el progreso de Las Termas

En la vida y desenvolvimiento del balneario invernal de Las Termas de Río Hondo, hay personas a quienes se puede señalar como los más destacados contribuyentes de afanes e iniciativas. Entre ellas, la gente de la localidad recuerda a D. Francisco Ordóñez.
Fue allá por 1932 que llegó el nombrado a Las Termas y desde entonces sus inquietudes fueron consagradas a mejorarla, ya haciendo abrir calles, construyendo buenos edificios para vivienda de sus familias, contribuyendo generosamente para el fondo de la cooperadora escolar.
Constituyó la primera comisión municipal, la misma que inició actividades edilicias y de higiene en el pueblo, dotando a este de la primera usina eléctrica. Por cuenta de Ordóñez se abrió la primera calle de ripio moderno con cunetas. A sus gestiones se debe también, en parte, el que durante el gobierno del doctor Castro, se haya dispuesto la expropiación y venta de lotes. Juntamente con un vecino de la ciudad de Tucumán y oros, el doctor Nicanor Posse, construyeron el primer campo de aviación, donde el entusiasta deportista tucumano aterrizaba con su pequeño aparato.
Era el instante de la verdadera formación del balneario. Son los momentos en que hacen falta siempre los hombres de visión y de optimismo. Ordóñez poesía esas calidades y pudo superar todas las dificultades iniciales por ello. No anotamos sino tópicos de la realidad, conocidos de todos.
Hombre servicial y amigo de todo el mundo, el señor Ordóñez es estimado y respetado por todos.
Tomado de una nota sin firma del número del cincuentenario del Liberal del 3 de noviembre de 1948.

miércoles, 27 de julio de 2011

Los hermanos Ábalos

Los hermanos Ábalos.

El rescate de la música tradicional

Los hermanos Ábalos formaron, en 1939, un conjunto de música tradicional en Santiago, que se mantuvo activo por más de 60 años. Fue el más antiguo de la música folklórica argentina, y uno de los más antiguos de América hispana.
Su formación inicial estuvo integrada por Napoleón ("Machingo"), Adolfo, Roberto, Vitillito y Marcelo Raul Ábalos ("Machaco").
Entre las canciones que incorporaron al cancionero tradicional argentino se cuentan clásicos como "Nostalgias santiagueñas", "De mis pagos", "Juntito al fogón", "Agitando pañuelos", "Zamba de los yuyos", "Chackay Manta", "Chacarera del Cachi Mayo", "Chacarera del rancho", "Todos los domingos".
Los hermanos Abalos formaron su conjunto, en un momento en que la música tradicional tenía escasa difusión, postergada por la hegemonía del tango. Organizaron el grupo como un quinteto de cinco voces, tres guitarras, un piano y un bombo. Agregaron también otros instrumentos como quenas y pincuyos.
Alcanzaron la fama en 1942, al aparecer interpretando su "Carnavalito" en la película La Guerra Gaucha, dirigida por Lucas Demare, con guión del santiagueño Homero Manzi y Ulyses Petit de Murat.
En 1952 editaron su primer álbum, Piano Danzas Y Canciones Regionales Argentinas.
El grupo se mantuvo activo por más de 60 años, hasta que Machaco falleció el 7 de abril del 2000 y Roberto en noviembre del 2001.
Tomado de Wikipedia.


Agitando pañuelos

Te ví, no olvidaré...
un carnaval, guitarra, bombo y violín.
Agitando pañuelos te ví,
cadencia al bailar, airoso perfil.

Me fui diciendo adiós...
En ese adiós quedó enredado un querer.
Agitando pañuelos me fui,
Qué lindo añorar tu zamba de ayer!...

Estribillo
Yo me iré, tú vendrás...
Yo te llevaré, mi rancho se alegrará.
Agitando pañuelos me iré
y en mí vivirá aquel carnaval.
Agitando pañuelos me iré
cantando esta zamba repiqueteadita.

I bis
Volví y te encontré...
Toda mi voz le dio a la copla un cantar.
Agitando pañuelos volví,
sintiendo también mi pecho agitar.

Bailé hasta el final...
engualichao, bailé hasta el amanecer.
Agitando pañuelos bailé.
Qué lindo bailar tu zamba de ayer!

Estribillo
Yo me iré, tú vendrás...
Yo te llevaré, mi rancho se alegrará.
Agitando pañuelos me iré
y en mí vivirá aquel carnaval.
Agitando pañuelos me iré
cantando esta zamba repiqueteadita.